Dulce deseo Capítulo 16 #2
52%

Capítulo 16 #2

Yo miro para atrás y me da miedo caer, mi padre no deja su agarre, intento zafarme de él, pero su fuerza me lo impide.

Por un momento veo que los presentes van llegando a nuestros alrededores, mi hermana mayor Başak, se acerca para decirnos que las personas están viendo nuestro alocado momento familiar.

Mi padre se pone nervioso al verlos, me suelta en el momento en que estaba tratando de quitar sus brazos, haciéndome tropezar y caer por la pequeña colina que separa los dos recintos de la fiesta.

Mi cuerpo cae y rueda, yo solo pienso en el bebé, mis manos se posicionan sobre mi vientre, pero doy tantas vueltas que no veo más nada cuando todo se oscurece.

Le cuento todo a Akın, él no deja de verme con frustración, enojo y tristeza. Bajo mi cabeza una vez más, no quiero que me siga viendo llorar.

—Melis... —Él no dice más nada, me atrae a su cuerpo y me da un fuerte abrazo. Eso me hace llorar más. Nadie me había consolado de esta forma. Todos lo evadían, Ferit lo hizo todo el tiempo. Nunca más hablamos sobre este tema; ambos lo ocultamos cuando llegamos a América.

—No tengo palabras para decir algo más allá de que eres la mujer más fuerte que he conocido.

No puedo creer que tuviste que soportar todo eso.

Y apuesto a que fue peor luego... —Con un mohín asiento con mi cabeza, gimoteo de nuevo—.

Ya entiendo por qué querer olvidar todo lo que te lleva a pensar en Turquía.

—No es que no quisiera viajar contigo... Es que iremos al lugar que tanto me hizo daño.

—Pero, cariño, fue tu familia quien te hizo daño. No el país como tal...

—¡También lo hizo! —exclamo con dolor, me mira sin entender—.

Su machismo, sus mentes retorcidas dónde veían normal golpear a un hijo y juzgarlo, su sistema de salud que si no estabas casada o con aprobación de un padre no podían hacerte un procedimiento quirúrgico.

Allí ven a las mujeres como un trofeo o como algo para tener, y odio eso.

Él no me contradice, porque sabe que es cierto.

—Simplemente quise olvidar e irme, alejarme de todo y de todos.

¿Estuvo mal? ¡No, no estuvo mal, porque estaba velando por mi bien!

Por primera vez me estaba poniendo como prioridad, me estaba defendiendo de mis agresores.

Ferit también estaba harto de ese ambiente y decidió venirse conmigo, ambos estábamos desamparados, sin familia y en un país nuevo.

Alzo mis hombros un poco y digo—: Una nueva Melissa nació esa noche en la que le dijeron que había perdido a su bebé.

—Todo esto me termina enfureciendo, me levanto del mueble y exclamo—: ¡No por su culpa!

¡Por la culpa de alguien más que en vez de protegerla como un padre debería de hacerlo, fue quien la lastimó hasta marchitarla y hacerla añicos!

Pero me quiebro de nuevo, al pensar que ahora tuviera a un niño o niña de cinco años que posiblemente se hubiese parecido un poquito a mí y me estuviera diciendo «mamá».

Es lo que más me duele. Que me había ilusionado con ese bebé, le había agarrado tanto cariño y de pronto ya no estaba en mi cuerpo.

En mi corazón se abrió una herida profunda y nunca he podido sanarla.

—Lamento mucho todo lo que ocurrió, Melis.

No sabes cuánto quisiera que no sintieras este dolor y que pudieras superarlo, sé que nada cambiará el hecho de haber perdido a un hijo, porque...

Eso es difícil. Pero al menos, no guardar tanto rencor en tu corazón, de que vivas tu vida plena y con tus propias decisiones.

Él se detiene, se levanta para estar a mi altura, pone sus manos sobre mis hombros y me mira directamente a los ojos.

—Quiero ayudarte a sanar tu corazón, güzelim.

—¿Y cómo podemos hacer eso? Estoy cansada de sentir este dolor sordo que escoce mi corazón. No se quita, solo lo disimulo.

—Enfrentando el pasado, o por lo menos, volver y ver que eso ya pasó, que no ocurrirá de nuevo. Ni siquiera tienes que hablar con tu familia, no lo merecen, sin embargo, si quieres, puedes hacerlo. Volver a verlos.

—No, no quiero —niego inmediatamente.

—Eso está bien, hermosa. Nadie te obliga a hacerlo.

—¿No me estaría traicionando al volver? —pregunto con inquietud.

—Estarías siendo mucho más fuerte enfrentando lo que te hizo daño y haciéndole saber que ahora eres esta hermosa mujer fuerte y luchadora, que trabaja en lo que ama y que está bien consigo misma a pesar de las adversidades.

Aún siento que estoy renuente a la idea, pero lo que dice no es malo. Una parte de mí quisiera alejarse del bullicio que es Seattle en estos momentos, pero también tengo miedo de lo que pudiera pasar en Turquía. Estoy en una diatriba que no sé cómo salir.

—Sabes que estoy contigo, Melissa. Siempre estaré tomando tu mano, no sientas miedo. Estoy aquí contigo, para apoyarte y estar ahí para cuando me necesites.

Lo miro sin saber qué responder. Nunca pensé que está podría ser una posibilidad, el volver me hace sentir ansiosa, miedosa y sin querer mover un pie; pero no puedo seguir así toda mi vida.

No puedo ocultar el hecho de que soy turca, nací en Turquía y ese siempre será mi país de origen.

Dar este paso me haría sentir un poco más libre, estaría cerrando una etapa de mi vida que no puede seguir definiéndome por el resto de mis días.

Tampoco quiero eso, no quiero seguir con este dolor en el pecho, con el trauma de ser golpeada o maltratada.

Fui a un par de psicólogos para poder salir de mi caparazón y crearme una vida en Estados Unidos, aunque tal vez, el haberlo hecho hizo que olvidara mis raíces, adoptara otra vida solo para dejar atrás mi vida pasada.

Pero debo hacer esto, con miedo, pero hacerlo. No puedo seguir estancada en un recuerdo que no me deja avanzar por completo.

Akın tiene razón, debo enfrentar mi pasado, y con todo el miedo que siento, lo haré.

Puede que me arrepienta cuando esté allí, pero al menos me daré la oportunidad de intentarlo.