Capítulo 16
Melissa
Los fuegos artificiales se escuchan desde afuera, ni siquiera los estoy viendo o festejando el año nuevo.
He estado pensativa desde que Akın me dijo que quiere llevarme a Estambul.
Estoy sentada en el mueble de la sala, con las piernas cruzadas sobre él y abrazando un cojín.
Debo lucir muy desorientada ahora mismo.
Siento la presencia de Akın llegar, veo que se sienta en el otro mueble disponible, me mira con cuidado.
También le miro de vuelta. Ninguno dice algo, pero veo como respira hondo y comienza a hablar.
—No quiero hacerte sentir mal, Melis... Solo que no quiero dejarte aquí sola.
No en estos momentos, en el que todo es un caos.
—Hace una pausa, tragando saliva y jugando con los dedos de su mano.
Está sopesando qué decir—. Sé que tienes un pasado...
Estuviste casada, tuviste una vida antes de que yo llegara a ti.
Luce tan preocupado que no quiero que piense que esto es sobre él. No lo culpo por querer llevarme con él, que me sienta bien luego de todo lo sucedido con Fred.
—Akın, detente, esto no es sobre ti. Yo... —Mi voz se quiebra, pero tomo una bocanada de aire y me doy la oportunidad de poder contarle qué sucedió en mi vida—. El hecho de que no quiera volver a Turquía es que allí me hicieron mucho daño cuando solo tenía veinte años.
Él no dice nada, supongo que espera a que le cuente todo. Veo que se da cuenta y dice—: Sigue, no quiero interrumpir.
Me cuesta contar todo esto. Mis manos sudan y mi respiración está entrecortada.
—Mi familia era muy conservadora en ese tiempo en el que vivía allá, toda nuestra vida era regida por la religión; ellos eran sumamente religiosos, más mi padre. Cómo sabes... Mi madre murió hace muchos años. Pero él se volvió a casar con una mujer muy... religiosa también.
Los recuerdos se maximizan en mi mente, vuelven a retomar cabida en la pantalla de mi vida. Estaban guardados en un sitio muy recóndito en el que era imposible evocar. Sin embargo, aquí estoy, contándole mi historia al hombre que amo actualmente.
Esto no es fácil, pero es un modo de que me entienda.
—Entonces todo era Allah y los profetas, era autoritario y exageradamente estricto con mi vida, era la siguiente que debía casarse con quién ellos quisieran. Pero... Conocí a Ferit.
El rostro de Akın está serio, escuchándome con atención.
—Ellos no sabían eso, nunca les conté que estaba viéndome con alguien. Salimos como tres meses a escondidas, pero una cosa llevó a la otra y me quedé embarazada. —Bajo la mirada porque me da vergüenza, aún hay vestigios de sentirme culpable por no haberme cuidado en ese momento.
—Hey, no te avergüences, son cosas que pasan. —Akın se acerca a mi puesto y se sienta a un lado, me toma de las manos y les da un apretón.
—Mi familia sabía hasta cuándo el período me venía, estaban pendientes de mí. Un día, Namin, la esposa de mi papá, llegó diciendo que tenía dos meses sin menstruar, que había algo raro conmigo. Todo fue un caos.
Recuerdo perfectamente cuando Namin llegó a la mesa de comer dónde mi padre y yo estábamos comiendo un tentempié. De un momento a otro, todo se volvió gritos, bofetones y lágrimas. Mi padre era otra persona, decía cosas fuera de lugar, hasta ramera me gritó así sin más.
—Papá... Por favor, no me golpees más —ruego aún tirada en el suelo, él me ha abofeteado muchas veces, siento que mis mejillas están calientes y arden.
Su rostro se acerca al mío, me toma del cabello y me grita—: ¡Eres una ramera!
¿Con quién demonios has estado acostándote?
¡Allah te castigará y arderás en las pailas del infierno!
—Yo no... —Ni siquiera sé que decir, porque joder, me acosté con Ferit una vez y esto fue el resultado de ese momento alocado.
Tal vez… sí es mi culpa por descuidada.
—Namin, compra pruebas de embarazo, ¡Ahora mismo!
Los minutos pasan tan lentos, ya me hice las tres pruebas que compraron, mi corazón no deja de latir ansioso por el resultado.
La alarma del teléfono de Namin anuncia que es tiempo de ver las tiras.
Cierro mis ojos con tanta fuerza que ni las lágrimas que estaba formándose en mis ojos se salieran de allí.
Siento como el agua fría de una cubeta cae sobre mi cuerpo en el momento en que dice:
—Positivo, positivo, positivo.
Las tres pruebas dan un rotundo positivo que me aturden.
Los gritos de mi padre se escuchan en toda la casa.
Siento como me mueve de un lado a otro, sus manos me dejarán marca por la fuerza que está haciendo sobre mis brazos.
No tengo ni siquiera la fuerza para refutar, para decir algo, para defenderme. Nada. Nada sale de mi boca.
Es como si mi alma se hubiese ido de mi cuerpo, no reacciona, solo se deja violentar por su padre.
—Yo no quería eso para mi vida, Akın —digo con voz ronca, hipeando y aferrándome más a sus manos.
Sus ojos están húmedos mientras me miran.
—Luego de que todos se enteraran, mis hermanos me empezaron a juzgar también, mis cuñados me veían como el peor pecado cometido en la faz de la tierra. ¡Como si hubiese matado a alguien!
—¿Buscaron a tu exesposo? —pregunta Akın, doy un asentimiento.
—Sí, me insistieron demasiado en saber quién era, yo no quería que me golpearan más ni me juzgarán, pero fue mucho peor cuando Ferit llegó a mi casa traído a la fuerza por mis hermanos.
Suspiro de forma audible, negando con mi cabeza.
—Él me veía sin entender lo que estaba ocurriendo, cuando mi padre le dijo que debía responder por mi embarazo, Ferit se puso pálido, sus ojos me miraron con asombro y luego había miedo en ellos. Él tampoco quería tener hijos tan pronto. Todo era tan inesperado para ambos.
—¿Pero él de verdad te quería? ¿O solo era para salir un rato?
Es una buena pregunta, una que por muchos años me hice: ¿Él realmente me quería o solo se sentía culpable de lo que ocurrió en ese tiempo?
—No te sabría responder a eso, porque no lo sé.
Siempre tuve la curiosidad de si él estaba conmigo por presión, por sentirse culpable o por si me quería realmente.
Por muchos años dijo que me quería, que estaba conmigo, pero no sé si solo era porque su familia también lo obligó a estar conmigo. Y aun, estando aquí, siguió conmigo.
—Pero, Melis... ¿Y el bebé? —Esa es la pregunta que duele, que arde y que supura aún la herida.
Más lágrimas caen por mi rostro.
—Mi papá nunca aceptó que estaba embarazada, cuando me veía se acordaba y volvía a golpearme, era insano su comportamiento, su temperamento cambiaba por completo...
Pero nadie decía nada. Todos veían como normal que su padre reprendiera a su hija —digo lo último haciendo comillas con mis manos—. ¡Por Dios! ¡Eso era maltrato!
Trago saliva con dificultad, absorbiendo mi nariz y quitando mis lágrimas del rostro.
Odio contar esto.
—Te buscaré un vaso con agua.
Akın se levanta, va a la cocina y vuelve rápidamente con el agua. Me entrega el vaso y bebo un sorbo.
—Ferit me defendía en algunas ocasiones, pero mi padre iba contra él también.
—Sigo contando, Akın vuelve a tomarme de la mano, eso me da fuerzas para continuar relatando esos momentos tristes—.
Pasó un mes, fuimos a una sola consulta con el doctor, escuché su corazón, todo estaba siendo muy real.
Ferit estaba ilusionado también. Pero...
Los problemas comenzaron cuando lo obligaron a casarse conmigo, todo en una semana.
En mis sueños de niña tenía pensado que casarse era algo mágico, algo bonito y no un momento tan triste y trágico.
Mi matrimonio fue tan premeditado, con apuro y sin un ápice de emoción.
Namin le dijo a mi padre que me debía casar, porque qué diría la gente de la colonia cuando viera que mi abdomen estaba creciendo y que estaba embarazada. No podían pasar esa vergüenza.
Por lo que hablaron con la familia de Ferit, organizaron una boda express y de lunes para viernes todo estaba planeado. Mi pareja ni yo queríamos eso, pero fue lo que nos tocó.
El día de la boda, Ferit se pasó de tragos y comenzó a decir cosas que no debía, cosas que hicieron enfurecer a mi padre, a mis hermanos y hasta a la misma Namin.
—Todos ustedes son una farsa religiosa, ni Allah les perdonará todo lo que le están haciendo a Melissa... ¡Son unos desgraciados maltratadores, inmorales y pecadores! —Ferit está ebrio, se tambalea y arrastra sus palabras.
—Tú... ¡¡¡Malnacido!!! —Vocifera mi padre con un tono tan fuerte que gruñe al final y se abalanza contra Ferit.
Lo golpea tanto que cae inconsciente al suelo.
Corro para ver si respira, pero mi padre me lanza a un lado, gritándome que lo deje darle un merecido a ese bocón de mierda que no iba a venir a decirle pecador a él.
No me dejé, por primera vez estaba defendiéndome, defendiendo a mi ahora esposo.
Me levanto del suelo y me guindo a su cuerpo, tratando de quitarle de encima del cuerpo inconsciente de Ferit.
Pero él me toma de los brazos, su rostro está lleno de ira, me da bofetadas en ambas mejillas, me batuquea como si sus ojos no estuvieran viendo a su hija sino a alguien más.
—Tantas cosas que hice por ti y tú me pagas con esta mierda, Melissa Deniz. Estoy harto de ti, de que avergonzaras a esta familia, la hicieras ver como si no tuviéramos valores, cuando Allah es quien nos confiere el poder de tener una buena vida. ¡Eres una puta que no supo con quién meterse!
No paro de llorar, sus palabras son dagas, duelen más que los golpes físicos, duele más que la decepción que siento por él.
El nefasto evento hecho por nuestras familias se está llevando a cabo en una colina, un poco empinada y en la cual estamos muy cerca de la orilla. Una parte de las personas están en la parte de arriba y otras abajo, ambas en toldos que la familia de Ferit contrató.