Dulce deseo Capítulo 15 #2
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Capítulo 15 #2

—No quiero ver, no quiero, Akın —le digo en ruego. Cubriendo mi rostro en su pecho.

Mis lágrimas bajan por mis mejillas, siento que no respiro y que mis piernas flaquean.

¿Él quería dispararme?

—Hermosa, debemos irnos —me informa el turco—. No podemos quedarnos aquí, no es seguro.

«Está muerto» escucho decir al fondo.

¿Quién murió? ¿Le disparó a alguien más? Mi miedo se acentúa. Esto es una pesadilla.

«Todo limpio en la zona, señor» le escucho decir a alguien más.

Las alarmas del museo empiezan a sonar. Ya ni escucho el murmullo de la gente. De pronto, todo es silencio en la sala.

—¿Es... Es.. Frederick? —Mi voz suena tan quebrada, llena de decepción y una tristeza profunda.

No quería que él confirmara lo que ya sabía. Quería que todo fuera mentira.

—Es tu compañero, Melissa —dice con pena.

Lloro, lloro tanto que siento que mi corazón se llena de dolor. ¡No puede estar ocurriendo esto! ¿Qué pasó, Fred? ¿Por qué hiciste esto? Me siento tan confundida.

No siento mi cuerpo.

Sé que estoy caminando, pero no siento mis piernas. Sé que he entrado en un auto, pero no estoy del todo segura dónde estoy.

Me siento perdida.

Esto es algo que no debió haber sucedido.

Un rato después, ya estando en casa, Akın me ha preguntado miles de veces si me siento bien. Me está cansando, ya de por sí me siento tan ansiosa.

—¡No lo estoy! ¡¿No ves?! —le respondo ya harta de la misma pregunta—. Mi amigo se acaba de matar en nuestras narices. ¡En la exposición en la que tanto trabajamos! ¡Juntos!

Mis lágrimas vuelven a aparecer y el llanto se atraganta en mi garganta. Me duele tanto todo esto.

—Lo siento, Melis... No me gusta verte así, no sé qué hacer.

Su voz suena afligida, preocupada, lleno de impotencia.

—Solo abrázame y no me sueltes, por favor.

Gimoteo por quinienta vez. Él me mira y asiente, se acerca, me rodea con su brazo y me atrae. Vuelvo a llorar en su pecho.

Esto es una tragedia, ¡por Allah!

◆◆◆

Han pasado dos días de lo ocurrido en el museo, cada vez que cierro mis ojos veo a Fred apuntándome, pero lo que más me duele es recordar su mirada, llena de tristeza y rabia.

La policía me citó a declarar, hablar de lo sucedido.

Akın me buscó un abogado por cualquier situación.

Me preguntaron si yo le gustaba a Fred, si él estaba enamorado de mí, porque lo captado en cámara se vio que él estuvo mirándome toda la velada hasta el momento en el que me apunta con la pistola, dispara y luego se dispara él.

También veo que tres hombres intentan llegar a su cuerpo para quitarle el arma, pero en ese momento Fred se disparó en la cabeza.

Fue horrible de ver.

Las investigaciones seguirán por un buen tiempo hasta revelar qué fue lo que sucedió en el museo. El cadáver de mi querido compañero ya estaba en una urna, su funeral estaba sucediendo mientras la policía revisaba su casa.

Vine junto con Akın, todas las personas visten de negro.

A lado del ataúd veo a uno de sus hijos llorando desconsolado.

Me duele tanto verle así. La última vez que lo vi estaba riendo feliz junto a su padre en una salida que tuvimos.

Me pregunto si era verdad que estaba enfermo, porque luce bien físicamente.

Es muy fuerte estar aquí, luego de todo lo que pasó, de mis intentos de mejorar nuestra amistad o compañerismo, la última vez que hablamos...

Todos esos recuerdos llegan una y otra vez.

Se lo conté a la policía, se lo conté a Akın, y todos caen en lo mismo: Quizás, él sentía algo por mí más a allá de una amistad.

Y me cuesta demasiado pensar que haya sido así; nunca sentí dobles intenciones.

Ya a estas alturas no sé si realmente lo conocía.

En lo que va de días, las llamadas no paran de llegar, mi teléfono lo apagó Akın ayer por la mañana porque no dejaba de sonar.

Hoy amanecí con el correo de despido del museo, por no haber prevenido el altercado o haber controlado la situación.

Algo que ni entiendo por qué, soy una víctima después de todo.

Es un despido injustificado, pero no quieren llenarse de más mala fama, además soy extranjera, en estos momentos fácilmente me pueden estar tildando de terrorista sin haberlo hecho yo.

Tantas cosas están sucediendo actualmente que no sé ni cómo estoy respirando.

Akın me abraza, se preocupa por mí, me pregunta si comeré, si quiero hablar o si simplemente se sienta a mi lado a acompañarme. Ha sido un apoyo incondicional y agradezco mucho eso.

Le doy mis condolencias a sus padres, la nostalgia se siente en mi voz.

—Lo siento mucho, señora Robbinson, Fred fue un buen amigo y compañero, lamento todo lo ocurrido. —Mi voz se corta en medio de mi condolencia, trago el nudo en mi garganta y añado—: Siempre estará en nuestros corazones.

—No sé por qué has venido, después de todo es tu culpa —empieza a decir, con una serenidad en la que no alza mirada, sino que su dureza va en su voz—.

Mi hijo se enamoró de ti, y tú ni cuenta te diste.

Sufría desde hace tiempo, pero recayó cuando alguien llegó a tu vida, se empezó a encerrar en su habitación, cada vez se apagaba y yo no sabía qué hacer.

Siempre hablaba de ti. ¿Dónde andabas tú cuando eso pasaba?

—Cuando alza la vista, ve a Akın detrás de mí—. Ya veo.

No sé qué decir, me ha tomado con la guardia baja.

Tomo aire, trago saliva y hablo, sin dejar nada en mí.

—Muchas veces traté de hablar con él, y cada vez se alejaba más. Nuestra última conversación no terminó bien, señora Robbinson... Lamento no haberle ayudado... No sé qué decirle. Me duele mucho todo esto. Yo lo consideraba un amigo.