Dulce deseo Capítulo 15
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Capítulo 15

Melissa

El tiempo pasa, la vida también lo hace; todo tiene un curso y el destino hace y deshace a través de tus decisiones día a día.

El frío, los adornos navideños, los muérdagos y los santas están colgados en todas partes.

El último mes del año ha llegado y dentro de poco será la exposición de arte.

Mis nervios cada son más y más, así como los tuve en la primera exposición hace seis meses.

Ya sé cómo se hace, lo que se vive en ese día de apertura, sin embargo, me da terror que algo salga mal.

Llámenme perfeccionista, pero necesito que todo se lleve a cabo de la mejor manera.

Frederick no volvió a salir a almorzar conmigo, ni se bebe el café expreso en mi oficina. Tampoco he querido molestarle cuando trabaja, por lo que las semanas pasan y nuestra amistad se siente desolada.

Por lo que he decidido comprar un pie de limón e ir a su taller de trabajo a visitarle, tratar, una vez más, mejorar nuestra amistad.

—¿Puedo pasar? —Le pregunto cuando lo veo pulir una obra, él me mira, veo que suspira y asiente.

Miro alrededor y solo tiene una pieza en el taller.

—Te traje algo, Fred —le digo con una sonrisa, intentando tantear las aguas y ver cómo estamos.

—Gracias, Meli —responde, esbozando una pequeña sonrisa ladeada—. ¿Cómo estás?

Siento un poco de alivio cuando él da un paso para seguir hablando.

—Bien, he estado bien, nerviosa por la exposición. ¿Y tú, cómo has estado, Fred?

Veo una silla disponible al frente de dónde está él. Mi compañero no ha dejado de pulir la pieza de arte, sin embargo, me da miradas de vez en cuando. Es un poco molesto esta actitud, pero supongo que está trabajando y no quiere detenerse por tenerme aquí.

—Para decir la verdad, diré que cansado, muy cansado.

—¿Has tenido mucho trabajo?

—Algo, pero el problema es con mis hijos, Logan ha estado enfermo y eso me ha tenido muy ocupado.

—Pero me dijiste que estaban bien... —le interrumpo preocupada.

Él se queda callado.

—Sabes que puedes contar conmigo, Fred.

—Lo sé, Melissa. Solo que... —Deja de hablar, niega y me mira—. Disculpa si he estado alejado, ¿quieres salir a cenar hoy?

Una mueca se forma en mi boca.

—Esta noche saldré con mi novio —le cuento casi que en voz baja. Veo como su rostro cambia de un momento a otro.

Se cierra de nuevo. Tenemos tanto sin hablar, que no le había dicho que ahora estoy en una relación.

—¡¿Tienes novio?! ¿Desde cuándo? —Alza su tono de voz y me inquieta un poco su comportamiento.

Titubeo porque no entiendo lo que está pasando.

—Desde hace unas semanas.

—Es el hombre de traje de la otra vez —afirma sin que yo le dijera—. ¿Lo es?

—Sí, es Akın.

Veo que masculla algo, pero no puedo escuchar por la distancia que hay entre ambos. Su temperamento ha cambiado por completo, su rostro está enrojecido y acaba de tumbar un taburete con herramientas.

—Fred... —exclamo casi en un susurro.

Veo como respira varias veces y me hace señas de negación, me da la espalda y eso es un gesto de que me vaya.

¿Pero qué le sucede? ¡Él no es así!

Mis ojos se llenan de lágrimas, hago un mohín y salgo del taller. Sintiendo tristeza en mi pecho por sentir que he perdido a un amigo. Creí que eso éramos todo este tiempo, más allá de compañeros de trabajo.

Me duele, ¡es tan triste!

Me queda el consuelo de que lo intenté, esperé que volviéramos a hablar como antes, pero con esta actitud, ya veo que algo ha cambiado.

Vuelvo a mi oficina con el corazón afligido.

◆◆◆

Mañana es la exposición de navidad, estoy ansiosa. Toda la semana ha sido un trajín entre terminar de decorar, limpiar y mover las piezas nuevas. También he estado estudiando la historia de cada una porque debo dar un discurso de bienvenida y dar el inicio a la llegada del público a nuestro museo.

Estoy feliz por todo el trabajo logrado.

Akın ha sido tan paciente conmigo, me ha ayudado a relajarme cuando llego a casa, me lleva al trabajo por la mañana y también hemos salido una vez a comer por fuera para que le contara todos los detalles de la apertura.

Es tan bonito tener a alguien que se interesa por tu trabajo de una forma sincera y no por obligación; Akın me escucha atento cada vez que le cuento sobre alguna obra, un percance del trabajo o simplemente una anécdota del día.

Él también lo hace con el suyo, esas conversaciones nos conectan al final del día.

Porque podemos pasar tiempo juntos, hablar de cualquier cosa mientras cenamos o salimos.

Akın es una excelente compañía en mi vida. Me hace sentir querida y escuchada.

Siento que estamos construyendo una buena relación a base de comunicación y confianza en el otro. Además de mucho amor.

—¿Estás lista para mañana? —me pregunta mi novio al entrar a su –nuestra– habitación.

Desde que decidimos comenzar a ser una pareja, su habitación empezó a ser de ambos. Tengo mis cosas en la otra, pero dormimos juntos y mi ropa está aquí, al igual que mis cosméticos en su peinadora junto a sus colonias.

Ha sido muy fácil convivir con el otro, como si hubiese pasado en otra vida. Por supuesto, ha habido discusiones por nimiedades, pero que, al hablarlo, exponer el punto de vista del otro y entenderlo, no ha sido difícil para nosotros.

—Ya arreglé mi conjunto, los tacones y elegí que peinado usar. Aun así, me siento nerviosa. ¡No es la primera vez!

Él me sonríe, acercándose para rodearme con sus brazos y verme por el espejo del tocador.

—Todo saldrá de maravilla, güzelim. Has trabajado duro por esto. Lo que se hace con esfuerzo y dedicación, al final se obtienen los buenos resultados. —Me abraza—. Lo harás muy bien, amor.

Le sonrío de forma tan honesta como agradecimiento a sus palabras de aliento.

—Gracias por apoyarme, Akın.

—No me agradezcas, para eso estamos. Somos una pareja, nos apoyamos incondicionalmente.

Asiento a lo que dijo, tiene razón.

—¿Tienes trabajo mañana?

Él niega.

—Tengo un evento en el museo en dónde mi novia trabaja.

—¿El museo de arte? —me hago la sorprendida—. ¡Pero qué casualidad! Yo también iré.

Akın se carcajea.

Ayer me dijo que me acompañaría a la apertura, que no podía faltar a algo tan importante para mí.

Mi corazón se aceleró y se sintió calientito por el amor que siento por él.

—Nos vemos allá entonces —me sigue el juego. Me encanta bromear con él.

Akın me sonríe por el espejo. Nos quedamos mirando tiernamente.

—Sen seviyorum, canım.

—Bende, aşkım —respondo «Yo también a ti, mi amor», volteándome para atraerlo a mí y darle un beso en sus dulces labios.

Luego el camino de besos se va por sus mejillas, cuello y, poco a poco, voy quitándole la camiseta que lleva puesta.

—¿Quieres que te haga el amor esta noche, cariño?

Su pregunta me da ternura, porque él es tan cuidadoso conmigo; puedo jurar que él no les hacía esta pregunta a sus antiguas parejas.

Pero me encanta, me gusta que sea así. Disfruto estar con él, pero me encanta mucho más cuando los dos conectamos en el sexo.

No solo somos dos cuerpos uniéndose, sino que somos dos almas encontrándose y volviéndose una.

Conexión, eso es todo.

Él se ríe cuando le hago retroceder hasta que su trasero toca la cama en el momento en que lo empujo a ella.

Veo que ladea su cabeza, me mira travieso y vuelve a sonreír.

—Tu mirada me dice que quieres hacer travesuras.

—Travesuras con amor —respondo con firmeza.

Akın no vuelve a hablar cuando mis labios capturan los suyos y comenzamos la danza de lenguas sin parar. El baile de dos almas que disfrutan estar juntas, que se aman y que agradecen a Allah o al destino por haberse encontrado.

Es divertido ver como Akın me hizo creer en el destino, porque aquí estamos, el famoso destino del que tantos hablan, nos trajo hasta donde estamos. Y no sé hasta donde nos lleve. Pero como mi turco me dijo una vez, «Cree en el destino» y eso es lo que haré.

Creer.

◆◆◆

El evento comenzó hace media hora, los invitados gubernamentales llegaron hace unos minutos, el público aceptado está listo para degustar del buen arte oriental.

Mis manos sudan por el nerviosismo, pero Akın me da apretones de vez en cuando, me susurra en el oído que todo saldrá bien y me da besitos en la sien para darme valor y tranquilidad.

Cuando el presentador oficial del museo me invita a dar el discurso inicial, tomo una bocanada de aire y camino hasta el lugar en donde me llaman.

Comienzo a relatar el trabajo arduo que se hizo en meses para llevar a cabo la exposición de hoy, la historia de cada pieza de forma resumida y el agradecimiento a todo el personal del museo por haber hecho esto posible como un equipo día y noche.

Las palabras salen perfectamente, hay un momento en el que sonrío cuando veo que Akın tiene su teléfono alzado y en mi dirección. Él me sonríe también diciéndome que me está grabando.

¡Ese hombre me enamora tanto!

Hablar de arte me llena el alma, cuando lo hago, todo sale tan natural. Me encanta la historia, el museo y el conocer cada vez más obras que me apasionan y me entusiasman.

Por un momento, cuando mi mirada se posa en Fred todo se siente extraño. Él me mira enojado, sombrío y con tristeza en sus ojos. ¿Estará mal? Siento un mal sabor de boca cuando veo que saca un arma y me apunta.

Mi respiración se acelera inmediatamente, miro a Akın con miedo y él ve a la dirección a la que señalo.

Veo que le dice algo a alguien, vuelvo a ver a Frederick, quien no deja de sostener el arma, dispara a un lado de donde estoy y mi cuerpo cae al suelo para cubrirme, un grito ahogado sale de mi boca.

El ruido de la gente me asusta más, otro disparo se escucha en la sala; hay gritos, llanto y muchas personas hablar al mismo tiempo.

Siento los brazos de alguien rodearme, subo mi mirada y es Akın quien me cubre con su cuerpo.

—¿Estás bien? —pregunta con preocupación en su mirada.

Intento asentir, pero realmente no estoy bien.

Estoy demasiado asustada, no sé qué demonios está ocurriendo. ¿En realidad era Fred? ¡Joder, no!

Akın me hace levantarme, aún estoy cabizbaja, no quiero alzar la mirada y ver cómo el trabajo de meses se echó a perder en segundos.