Capítulo 13 #3
Cualquier segundo es importante, ellos pueden hacerle daño, así como intentaron hacérmelo a mí hoy. No podría perdonarme si le hace algo a cualquiera de las dos o a ambas.
Se escucha toques a la puerta de mi habitación, me aproximo rápidamente para abrirle a Conrad.
—¿Conseguiste un vuelo? —le pregunto de una vez, sin esperar absolutamente más nada—. Necesitamos estar en Seattle.
—Pero... ¿Qué está pasando, señor? Yo llamé al vigilante del edificio y todo está bien. La señorita Melissa no ha salido hoy del edificio.
Mi ceño se frunce.
—¿Cómo qué no? ¡¿Y esto que significa?! —Le muestro las fotos que me enviaron—. ¡Además está con Leslie! Ellos están allí, merodeándolas. ¡Joder! Les está embarazada. Y Melis...
Me quedo sin decir algo más. No quiero pensar en nada negativo; mi mente está dando tantas vueltas, que solo necesito irme de aquí.
Melek llega también a la habitación, pregunta que ocurre y le ordeno que empaque, que nos vamos a Seattle.
—Pero no hemos terminado aquí, mañana tenemos una cita con nuestro aliado de Russia.
—¡Me importa un comino, Melek! ¿No ves que todo esto se jodió? ¡Ellos saben que estamos aquí! Mañana probablemente nos busquen de nuevo, si es que ya no están aquí. Pueden estar en cualquier lugar.
Melek se aflige, ahora sí tiene miedo.
—Además... —intento agregar, pero ella me interrumpe.
—La están vigilando a ella —concluye, haciendo alusión a Melissa—. Eso es todo lo que te importa ahora mismo, ¡nosotros no te importamos! Ahora corres como el príncipe al rescate porque la damisela americana de pacotilla está en apuros.
—Cállate la maldita boca, Melek. Estoy harto de esta mierda, y tú haces comentarios innecesarios. Todos aquí estamos en peligro —Nos señalo—. Ahora debemos buscar un lugar seguro. ¿Es o no es seguro Seattle?
La pregunta va dirigida a Conrad.
El hombre en sus cincuentas solo asiente.
—Entonces estamos perdiendo tiempo, compren el primer vuelvo a Estados Unidos. No me importa si es en la peor clase, pero nos vamos. —Los miro con dureza, nadie puede objetar a mis palabras—. Es una orden.
En este momento odio no tener un jet privado.
Ellos saben que cuando digo eso, no estoy jugando. No soy un amigo, sino su jefe y quién paga sus sueldos.
Es momento de volver, de decirle a Melissa que la amo y que la protegeré de cualquier persona que quiera hacerle daño.
Porque ahora ella se ha convertido en parte de mi vida. Nadie va a cambiar eso.
◆◆◆
Son las seis de la mañana del domingo, luego de casi catorce horas de vuelo, finalmente he llegado a la puerta del apartamento.
Abro en busca de que todo esté en orden.
Como todas las noches, las luces están apagadas y algunas otras están tenues.
Melissa debe estar en su habitación durmiendo, dejo mis cosas en la sala, y me dirijo hasta allá para poder sentir el alivio que necesito al verla.
Cuando abro la puerta, mi preocupación se eleva al no verla acostada en su cama. Enciendo la luz y todo está en su lugar. Corro hasta mi habitación y el aire vuelve a mis pulmones. La castaña está acostada en mi cama, acurrucada a una de mis almohadas y durmiendo profundamente.
Alivio. Eso siento ahora mismo.
Siento que vuelvo a respirar. Me quito la ropa de viaje, quedando solo en bóxer, me siento en la cama y acaricio el cabello de Melissa.
Ella se asusta al sentir el toque, abre sus ojos y se sorprende de verme, sonríe un poco somnolienta, pero luego se vuelve a quedar dormida.
¿Cree que está soñando? No dejo de acariciarla, estoy feliz de verle.
Esos tipejos no le hicieron nada, lo que me hace sentir un poco tranquilo.
Más tarde debo cerciorarme que Leslie está bien también.
Le doy un beso en la comisura de la boca a la mujer a mi lado, ella vuelve a moverse, pero hago silencio para no despertarla. Con cuidado me adentro a la cobija que la cubre, acercándome a su cuerpo para abrazarla de lado y sentirla cerca de mí. Allí sí se despierta por completo.
—¿Akın? ¡Llegaste!
—Selam, güzelim... —El beso que le doy ahora es en la frente, veo como ella cierra sus ojos—. Durmamos un poco más, el vuelo estuvo pesado. Muchas horas tratando de evadir mi miedo a las alturas.
Intento bromear, ella sonríe sin dejar de mirarme.
Me abraza.
—No sabes cuánto te extrañé, aşkım.
¿Mi amor?
Sonrío al sentir como mi pecho se infla de emoción y amor por esta mujer.
—Estoy feliz de estar contigo, Melissa Deniz.
—Y yo estoy feliz de que hayas regresado sano y salvo, Akın Bozkurt. No te vayas más —pide en ruego, afianzando su abrazo.
Esto era todo lo que quería y deseaba. Estar en sus brazos, sintiendo este dulce amor que brota de mi corazón por ella. La acerco más y vuelvo a darle un beso en su sien.
—Me haces bien. No me iré a ningún lado, cariño. —Es lo último que le digo antes de quedarme dormido a su lado.
Sin preocupaciones. Sin persecuciones. Sin turcos mafiosos. Sin nadie a nuestro alrededor.
Somos solo ella y yo.
En nuestro cálido hogar. Así como tanto quise desde hace algún tiempo.
Tener a alguien con quién compartir la vida.
Y Melissa llegó a mi vida para iluminarla con su belleza, su dulzura y su resiliencia.
Güzelim...