Capítulo 13 #2
Llegamos al hotel, subo al piso donde nos estamos quedando y no puedo evitar ir a ver a Melek; ella podrá ser como es, pero es mi asistente, trabaja para mí, y yo velo por el bienestar de cada uno de mis empleados.
Toco la puerta varias veces hasta que finalmente abre. Su maquillaje está corrido y hay lágrimas aún en sus ojos. Ella no aguanta y me abraza.
—¡Estás vivo! —exclama con alegría—. ¡Allah escuchó mis súplicas! No podía... Pensar en que te podían haber lastimado...
Este momento cualquier persona podría malinterpretarlo, ella luce como si fuera mi pareja, y no lo es. Pero está tan asustada, que permito que me abrace.
—Todos estamos bien, Melek. Gracias por preocuparte... Fue un momento angustiante —le respondo, dándole un apretón, pero alejándome de ella.
—Estaba tan asustada cuando los vi a todos desesperados, esquivando autos y tocando bocinas. No podía respirar. Kerem me trajo cuando perdieron a los autos que nos perseguían.
—Lo siento por hacerte pasar por esto. Sabes que puedes renunciar cuando no puedas más con todo esto.
—¡No! La lealtad siempre ha sido el lema de esta empresa; no voy a abandonarte... Digo, abandonar mi trabajo, señor Bozkurt.
A pesar de todo, ella siempre ha velado por el bien de Yıldız desde el día uno. Quizás por eso nos llevamos bien al trabajar.
Le doy una sonrisa sincera.
—Gracias por ser fiel a nuestra empresa, la lealtad siempre presente. —Ella asiente, intenta arreglar su aspecto—. Iré a descansar... Tengo todo el cuerpo tenso.
—Si quieres te doy un masaje...
—No, gracias. Estaré bien. Llamaré a Melissa, sé que hablando con ella podré relajarme.
El rostro de Melek cambia radicalmente, como si hubiese nombrado a Voldemort, el tipo de las películas de Harry Potter. Me despido con un asentimiento, camino hasta mi habitación y me encierro allí. Exhalando de una manera como si hubiese tenido todo el aire contenido por mucho tiempo.
Pero veo con suspicacia un par de sobres que están en el suelo muy cerca de la puerta. Los tomo, exasperado porque sé que son ellos. Rasgo uno para ver qué hay adentro.
Es una nota que dice:
Buonanotte, Signore Bozkurt...
Esperamos que le haya encantado el recorrido por esta bella ciudad. Nos disculpamos por el disparo a su auto, no era nuestra intención. Pero si usted no coopera... ya sabe lo que le podrá pasar en un futuro cercano. Disfrute de su estancia en la bella Roma. Ciao.
¡Desgraciados!
Abro con rapidez la otra carta y dentro hay fotos, como más de cinco. En ellas, aparezco yo bebiendo café, saliendo del hotel, subiéndome al auto, en mi reunión al aire libre con Coviello. Han estado persiguiéndome desde que llegué. Esto es inaudito.
¿Cómo supieron que estaba aquí? Desde el primer momento en que decidí hacer este viaje, le pedí a un hermano que me hiciera un pasaporte falso, algo muy ilegal para todos, pero era la única manera de pasar desapercibido y así no supieran que estaba viajando.
Todo fue en vano. Ellos ya sabían que venía. Están en todos lados. Me asusta demasiado todo esto. Habrá un momento en que ya no soportaré tantas amenazas que la única forma de salir de todo será encontrándome con los Erdem en Turquía.
Creo que es la única solución, porque lo de esta noche ha sido una completa locura; el tiempo es tan efímero.
En cualquier momento puedes perder la vida así sin más, y muchos sueños o metas pasarán a estar inconclusas.
A ser simplemente una idea que nunca alcanzaste y que no podrás hacerlo más, porque simplemente estarás muerto.
Tengo tantos proyectos en mente, tanto personales como laborales, que pensar en no estar vivo me hace sentir el cuerpo pesado, sin aire y con manos temblorosas.
Me siento en el borde de la cama, apoyando mis codos sobre mis rodillas y acunando mi cabeza sobre mis manos. Pienso en todo lo ocurrido y la sensación de pesadez en el pecho vuelve.
Saco mi teléfono del bolsillo del pantalón, me quejo cuando veo que está descargado. Me levanto para buscar el cargador y poder encenderlo, necesito localizar a Melissa. Aún en Seattle es pasado el mediodía.
Verla o hablar con ella hará que mi cuerpo se relaje un poco; Melis tiene ese efecto en mí. Es como cuando la abracé en mi despacho la vez que ocurrió lo del incidente de los almacenes. Su abrazo me reconfortó tanto, que no quería soltarla.
El teléfono no enciende y estoy perdiendo mi paciencia. No creo que me deje llamarla con solo 1% de carga.
Gruño frustrado, dejo el aparato sobre la mesa de noche y me meto al baño para tomar una ducha, tal vez así me sienta mejor.
Media hora he esperado para que se cargue bien el teléfono, cuando ya tiene la mitad de la carga, llamo a Melissa. Pero cuando voy a hacerlo, me llegan fotos de un número desconocido. Frunzo mi ceño al pensar que quizás son ellos otra vez.
Abro el chat, sintiendo como mi cuerpo se comienza a tensar de una manera inexplicable. Mi respiración empieza a ser escaza, es imposible hacerlo bien. Si sigo apretando con mi mano el móvil, siento que podría quebrar la pantalla.
¡Maldita sea! ¡Demonios, no!
Las fotos que me han enviado son de Melissa junto con Leslie, ellas están en un centro comercial al parecer. Van riendo y hablando. Se han conocido, ¿cómo?
Esta es la tecla que no iba a permitir tocar. Con ellas no se pueden meter.
¡Jodidamente no!
Leslie y Melissa son lo más bonito que tengo luego de mi hermana. Ellas son parte de mi vida; que no le toquen ni una hebra de cabello porque ahí sí conocerán a Akın Bozkurt.
Como loco empiezo a empacar, llamo a Conrad y le digo que nos vamos, que necesito volver a Seattle.
No puedo perder ni un segundo. No sé cómo carrizo haré para irme en el primer vuelo que haya a Seattle. Pienso en que olvidé dejar seguridad para Melis; ella había dicho que estaría solo en casa. Me reclamo una y otra vez lo estúpido que fui en no dejarle al menos un guardaespaldas.
Marco su número, pero ella no contesta.
—¡Responde! ¡Joder!
Una, dos, tres veces más, pero no atiende su teléfono. Me estoy desesperando. Siento que mis manos sudan, mi cuerpo se siente lleno de ira, pero también de preocupación.