Dulce deseo Capítulo 11
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Capítulo 11

Akin

Demonios, mi espalda duele horrores. Intento abrir mis ojos, pero la oscuridad me sobresalta al darme cuenta de que es de noche.

La oficina está con las luces apagadas. Me levanto de golpe, pero mi espalda truena por la mala posición que tenía y mis músculos contraídos emiten un dolor que me hace volver a encorvarme.

Abro y cierro mis ojos con dificultad, trato de ponerme de pie, pero mi cuerpo se siente débil.

Veo a mi alrededor y sigo en el trabajo.

¿Me quedé dormido? No recuerdo mucho de lo que hacía más temprano, sé que fui a almorzar con el empresario Almah Bi de Israel, y al volver sentía el cuerpo muy pesado, y creo que fue allí cuando me quedé dormido.

¿Por qué Melek no me despertó? ¡Ella sabía que tenía una cita!

¡Melissa!

El nombre de mi castaña me hace dar cuenta que todo está jodido. Busco por todos lados mi teléfono, lo consigo en una esquina del escritorio. Está silenciado, tengo muchas llamadas perdidas de Melissa. Maldita sea, ¿qué demonios ocurrió? ¿Por qué dormí tanto?

Veo la hora y todo se pone peor cuando el reloj marca las cuatro de la mañana. He dejado plantada a Melissa.

Me llevo las manos con frustración a la cara, no puede ser que esto me haya pasado. Ella debe estar odiándome, ni siquiera le vi puesto ese hermoso vestido de color negro que le regalé.

Me recrimino las veces que sean posibles por haberme quedado dormido.

Me levanto de mi asiento, con todo el cuerpo bien contraído por haber dormido sobre el escritorio. Busco las llaves del auto que está en el estacionamiento, tomo mi teléfono y mi chaqueta. Me siento mareado, como si hubiese bebido hasta emborracharme.

Bajo al estacionamiento subterráneo, subo en mi auto y espero a que me sienta bien para poder manejar. Mi cuerpo se siente tan raro.

Mi único pensamiento es Melissa, no sé cómo explicarle que me he quedado dormido por tanto tiempo.

Al abrir la puerta del apartamento, ya son las cinco de la mañana, todo está en silencio y las luces están apagadas.

Camino hasta la habitación de Melissa, ésta está cerrada, intento abrir, pero tiene seguro.

Primera vez que hace eso... ¿Estará en mi habitación?

Me dirijo hasta allí, pero no hay nadie, está sola y apagada.

Debe estar enojada por no llegar a la cena.

La presión en el pecho por sentir decepción y enojo conmigo mismo, me hace sentir pesado, más de lo que siento mi cuerpo. Me preocupa cómo esté Melissa, todo estaba bien entre nosotros.

Me meto a la ducha, tomo un baño rápido y me acuesto a dormir; pero los pensamientos no me dejan hacerlo, por lo que las horas pasan y ya ha amanecido, miro mi teléfono por enésima vez y no hay más mensajes de ella ni llamadas perdidas.

En algún momento, me quedo dormido y cuando me levanto, ya son las diez de la mañana.

¿Por qué tengo tanto sueño?

Me levanto de la cama, voy al baño, me arreglo para poder salir y hablar con Melissa. Cuando lo hago, la veo en la cocina, lleva ropa deportiva, la observo lavar unos platos; creo que no nota que estoy aquí o está ignorándome.

—Melis —llamo su atención, pero ella no voltea—. Melis...

—No me llames así —replica sin mirarme todavía.

—Discúlpame por no llegar anoche a la cita... Me quedé dormido... No me di cuenta de la hora. —Empiezo a explicarle, pero ella se voltea y su mirada es tan indiferente.

—¿Tan buena estaba la compañía anoche? Hasta te quedaste dormido. —Interroga de vuelta, entrelaza sus brazos por encima de su pecho—. ¿Soy un juego para ti? ¿Una mujer más a la que ilusionas?

Mi entrecejo se frunce inmediatamente. ¿De qué está hablando?

—Melissa, no estuve con nadie anoche. ¿De qué hablas? ¡Estuve en la oficina!

—No me mientas, Akın. ¡No me quieras ver la cara de estúpida! Ya ese cuento me lo sé de memoria.

—Anoche me quedé dormido en la oficina, no te estoy mintiendo. Me desperté en la madrugada.

—No te creo, no cuando una mujer respondió cuando te llamé.

¿Qué carajos? ¿Melek?

Me quedo en silencio, no entiendo nada. Es que ni siquiera recuerdo por qué me quedé dormido.

—¿Ves? Sabes de lo que hablo —agrega ella con un tono de voz tan diferente al angelical de siempre—. Yo pensaba que teníamos algo especial...

—Detente —le digo, acercándome a donde está, posándome frente de ella para que nos miremos fijamente, la castaña intenta evadir mi mirada, pero con mis manos hago que solo me mire a mí.

Su ceño también está fruncido, a pesar de todo, mira mi rostro más no mis ojos.

Tengo tanto que decir que las palabras en inglés se me olvidan, por lo que comienzo a hablarle en turco. Sé que ella me entenderá.

—Bana bak[15] —dicto, pero ella no hace caso—. Melissa, mírame.

Ella lucha con no hacerlo, pero cuando se lo pido por tercera vez, lo hace. Me mira directo a los ojos.

—No estoy mintiendo, hermosa. No sé qué sucedió anoche, pero estaba muy emocionado por tener esa cita contigo... Demonios, me cabreo al recordar que no te vi puesto ese vestido tan bonito que compré para ti. No estuve con nadie, te lo juro.

—Te esperé por una hora y no llegaste —cuenta con ojos afligidos—. Te llamé muchas veces, hasta que en una llamada me contestó una mujer y me dijo que no estabas disponible, que si quería hablar contigo, te llamara más tarde.

Nos quedamos en silencio.

—Estabas con una mujer —dictamina, por lo que me enoja que no me crea—. No estoy loca, y si quieres buscamos mi teléfono y corroboramos la hora de la llamada.

Sé que está diciendo la verdad, ella no miente. ¡Joder! ¡Yo tampoco!

—Recuerda que no hablo más turco, por lo que háblame en inglés, por favor. Porque no te responderé si lo haces de nuevo.

¿Qué le pasa? ¿Por qué reniega de sus raíces ahora? ¿Quién es esta Melissa?

Ella se mueve de mi agarre y me separa de su cuerpo.

—No voy a permitir que me mientas, podrás ser un hombre de mundo, pero no vas a jugar conmigo, Bozkurt.

Siento que la estoy mirando como si le hubiese salido una cabeza más, pero es que no reconozco a la mujer que tengo al frente de mí.

—¿Por qué te estás comportando de esta manera? —pregunto con un dejo de tristeza en la voz—. ¿Por qué te estás cerrando? Te estoy diciendo la verdad. Tal vez fue Melek quien contestó mi teléfono y te dijo eso.

—Lo pensé mucho anoche, y... —Veo como traga saliva—. Es mejor que no nos pasemos de la línea, solo seamos compañeros de piso hasta que yo consiga un lugar.

—No... —susurro—. No hagas esto, Melis.

—Y, por favor, no me llames más así.

Con eso dicho, Melissa se retira de la cocina; sin creerme, poniendo un muro de distancia entre nosotros y con un comportamiento tan diferente a cómo es ella.

¿Quién te hizo tanto daño como para no darte la oportunidad de vivir de nuevo, Melissa?

Necesito resolver esto de esa mujer misteriosa, Melissa debe creerme.

◆◆◆

No pude ni siquiera desayunar, llamé de inmediato a Melek para que viniera al apartamento, necesito respuestas de lo que sucedió anoche. No puede ser que me haya quedado dormido, y venga Melis a decirme que alguien respondió mi teléfono mientras yo dormía.

La rubia se tardó unos minutos en llegar, a pesar de que vive unos pisos más abajo de mi apartamento. No puedo dejar de mirarla con rostro enseriado y labios fruncidos. Estoy muy molesto con todo esto.

Anoche se supone que iba a ser una gran noche, no este desastre.

—Aquí me tiene, señor Bozkurt —dice al llegar, ni siquiera le he dicho que vayamos a mi despacho, si hablamos en la sala, al menos Melissa podría escuchar nuestra conversación y creerme de una buena vez por todas.

—¿Qué ocurrió anoche? ¿Por qué me quedé dormido hasta la madrugada? ¿Por qué no me despertaste sabiendo que tenía un compromiso en la noche?

Ella mantiene su serenidad.

—Tantas preguntas, pocas respuestas —argumenta sin decir algo sensato—. Usted lucía como alguien en un sueño profundo desde la tarde, no quise despertarlo. Habíamos trabajado desde temprano por lo que deje que descansara. ¿Hay un problema en ser buena asistente y preocuparme por mi jefe?

—Eso no explica el hecho de que no me despertaras para irme a la cena con Melissa.

Ella acomoda su blusa y vuelve a subir su mirada.

—Seguía dormido, pensé que ya no la tendrían. No quería molestarle, Bozkurt Bey.

Sus respuestas son tan rápidas, que parecieran ensayadas. ¡Carajo!

—¿Fuiste tú quien respondió el teléfono anoche?

Melek se queda callada, pero luego asiente con su cabeza.

—Usted estaba durmiendo plácidamente, ¿para qué despertarlo? Por eso cuando noté que su teléfono sonaba mucho contesté y tranqué. Usted no estaba disponible. ¿Estuvo mal?

No sé por qué me cabrea su actitud tan arrogante. Si no fuera porque sabe mucho de mi vida y la empresa, además de que es una buena asistente, la hubiese despedido hace rato. Se ha tomado derechos de más.

—No lo vuelvas a hacer, Melek —digo con todo el poder de jefe que se me confiere—. Y no contestes mi teléfono sin mi permiso. Además, si ves que es algo extraño de que yo no esté bien, debes notificarlo a Conrad o, simplemente, despertarme. Sabes que el trabajo es sagrado para mí.

Özdemir mira a otro lado, pero termina dando un asentimiento.

—Tamam, Akın Bey. —Es lo único que dice.

Su mirada se dirige para mirar a mis espaldas, volteo y allí está Melissa mirándonos.

Ella simplemente asiente y se va hacia la cocina, me dio una mirada rápida y se fue.

Su actitud me duele. No sé qué hacer para que me crea.

Espero que haya escuchado nuestra conversación, porque cómo le hago saber que no me interesa más nadie que solo ella.

Estábamos bien, güzelim. ¿Por qué estamos así?

Vuelvo mi atención a Melek, quien deja de sonreír cuando la miro.

—Te divierte —le digo, ella solo hace una mueca con sus cejas y labios—. Si sigues comportándote de esta manera, sabes muy bien que hay muchas más asistentes a quien contratar.

Ella se acerca, toca mi corbata y me da una sonrisa.

—Pero no tan buena como yo, y lo sabes —susurra muy cerca de mi rostro.

Gruño por lo bajo cuando un ruido detrás me informa que Melissa ha visto este arrebato de Melek. ¡Maldita sea!

◆◆◆