Capítulo 11 #2
Han pasado algunas horas de lo ocurrido esta mañana con Melissa, Melek y todo ese asunto de anoche.
Aún me sigue sonando tan extraño todo lo sucedido; no le encuentro ni pies ni cabeza a quedarme dormido por tanto tiempo.
Se lo comenté a Conrad cuando el hombre finalmente llegó a mi casa para hablar, también le reclamé que no me haya buscado en la oficina, él dijo que pensaba que no lo necesitaba porque Melek le contó que estaba durmiendo.
Estamos en mi despacho hablando, le expuse lo sucedido y él comentó algo que me hizo ruido en la cabeza.
—Señor, ¿y si en el almuerzo le colocaron algo a su comida? Porque por lo que me cuenta, solo recuerda el haber llegado al restaurante, ¿y después qué? ¿Nada?
Su comentario prende todas mis alarmas, me asusta, me pone nervioso.
Y como si todo tuviera una casualidad inesperada, mi teléfono comienza a sonar, anunciando una llamada.
Veo la pantalla y leo que es un número desconocido. Miro a Conrad, quien me mira con curiosidad. El teléfono deja de hacer ruido e inmediatamente llega un mensaje de texto.
"¿Dormiste bien, querida Bella Durmiente? Esta fue otra probadita de que, si no nos haces caso, podemos ir a más".
Miro de nuevo a mi asistente, pero mi cara lo dice todo y él entiende el mensaje.
Otro problema.
Otra amenaza.
¡Y esta vez fue hacia mi persona!
¿Hasta dónde pueden llegar?
Mi humor evoluciona a uno peor, si ya estaba cabreado por lo ocurrido con Melissa, ahora estoy peor por todo esto. Los hermanos Erdem no me van a dejar en paz hasta que no haga negocios con ellos, ¡pero no quiero hacerlo!
¡Estoy harto!
Mi temperamento no es bueno ahora mismo, el enojo me hace tirar todo lo de mi escritorio al suelo, maldecir y decirle a Conrad que ya estoy harto.
En ese momento el rostro afligido de Melissa aparece en la puerta, ella no sabe lo que ocurre, estamos distanciados, ni si quiera sé en qué términos estamos, pero corro hasta ella para abrazarla.
Necesito aferrarme a su cuerpo para no seguir perdiendo la lucidez.
Estoy lleno de enojo, pero cuando su cuerpo se une al mío en un fuerte abrazo, siento una calidez y una calma que me es difícil de explicar.
No sé cómo estamos, pero este abrazo es todo lo que está bien en mi vida en estos momentos.
Joder, la necesito, la necesito demasiado conmigo.
◆◆◆
Conrad se fue hace cinco minutos, le dije que hablaríamos después. No podía dejar que Melissa se fuera así sin más; sin poder hablar con ella otra vez, y que me disculpara por lo de anoche.
Ella se separó de mí, caminó por mi despacho y empezó a recoger el desastre que hice hace unos minutos atrás. Todo en silencio, no me mira de nuevo ni me habla. Yo tampoco sé qué decir.
Este hecho fue un arrebato de mi parte, perdí el control. Me da vergüenza que Melissa me haya visto de esta manera.
Me siento en el sillón que hay en la habitación, apoyo los codos sobre mis rodillas y entierro mi rostro en ambas manos. Tomo varias respiraciones para poder calmarme. Subo mi cara y me quedo mirando al horizonte, pensando qué debo hacer para poner fin a todo esto.
Giro mi cabeza a la dirección en la que Melissa se acaba de sentar a mi lado. Su mano se posiciona en mi muslo izquierdo, dándole un apretón y dándome una mirada de apoyo.
No decimos nada, solo nos quedamos mirando.
—Todo lo que pasa ahorita, Allah lo disolverá mañana, o algo así decía mi madre cuando estaba viva —dice con una mueca ladeada.
Eso me hace sonreír, sé que ella no es religiosa y que reniega de sus raíces a veces, pero sé que aún Turquía está dentro de ella, su cultura y costumbres están allí.
En algún momento debo preguntarle sobre qué ocurrió en la nación que la vio nacer y crecer.
—Hay un proverbio turco que dice: «El hombre es más duro que el hierro, más fuerte que un toro y más ágil que una rosa».
Sé que serás capaz de resolver lo que sea que esté pasando a tu alrededor; he visto lo fuerte que eres y la dedicación a tu trabajo.
No entiendo mucho lo que ocurre, pero todo estará bien, sé que así será.
No dejo de mirarla. No dejo de pensar que todo lo que quiero ahora en mi vida es a ella. Me hace tanto bien. No quiero perderla ni que se aleje de nuevo.
—No te distancies, Melissa —le pido casi en un ruego, mi mano se posa en su mejilla—. No quiero perderte. Te necesito...
Uno mi frente a la suya, rozo nuestras narices y veo como ella ha cerrado sus ojos.
—Lo siento mucho por no haber llegado anoche, me quedé dormido y Melek respondió mi teléfono.
—Eso escuché —susurra también—. Disculpa por juzgarte.
Niego con mi cabeza.
—Entiendo tu posición, has pasado por un divorcio, tu corazón está dolido aún. Pero ten seguridad de que yo le daré todo el amor y el cariño que merece.
Ella abre sus ojos.
—¿Qué quieres decir?
Esto era la otra noticia que le diría en la cena. Le pediría que tuviera una relación formal conmigo. Pero no salió de la manera en que quería hacerlo. La cena era la ocasión perfecta. Nada salió como yo quería.
—Seamos una pareja, Melis. Sé mi novia, vive conmigo...
Prometo que todo estará bien. Y haré de esta relación la mejor.
Sé que sientes la misma conexión que yo —Tomo un respiro y termino de decir—: Melissa, ¿Quieres entablar una relación amorosa con este turco que no deja de pensar en ti desde que te conoció?
Veo como en sus ojos se debaten la respuesta; quizás le estoy pidiendo demasiado, y más en mi posición, en cómo mi vida ha cambiado en tan poco tiempo, pero no voy a perder a esta mujer tan increíble.
Hace tiempo decidí darme una nueva oportunidad en el amor, dejar en el recuerdo a Hande y seguir con mi vida.
Y quiero eso con Melissa Deniz.
Quiero vivir mi vida con ella de ahora en adelante.
—Déjame pensarlo —contesta, una pequeña molestia se siente en mi pecho, pero al mismo tiempo siento esperanza. No ha dicho que no, dijo que lo pensará.
Hay esperanza...
—Todo esto ha sucedido tan rápido, que necesito pensarlo bien... Yo apenas salí de un matrimonio de cinco años, no es tan fácil para mí. Tal vez, he hecho cosas que dan una señal diferente, pero quiero hacer esto desde mi lado racional.
—No te preocupes, güzelim. Puedo esperar... —Hago una pausa, respiro y asiento—. Haré todo lo posible para que me digas que sí.
Le doy una sonrisa con ternura.
—Te quiero en mi vida, Melissa Deniz.
Ella se ríe un poco, pero deja de hacerlo para mirarme. Quisiera saber qué piensa, pero debo darle su tiempo. Puedo esperar.
—Esperaré por ti, solo te pido que no te vayas y que nos tratemos como lo venimos haciendo, ¿tamam mı?
La castaña enarca una ceja.
—No hablo del sexo, sino de seguir con la amistad que tenemos detrás de nuestros sentimientos.
Ella alza su cabeza haciendo como que ahora sí entiende de lo que hablo.
—No más deseo ni tentaciones —sugiere con suspicacia.
No puedo evitar reírme.
—Eso es muy difícil de evitar, güzelim.
Quizás no gané la batalla en estos momentos, pero al menos es una tregua y ella sigue en la lucha.
Haré todo para seguir teniéndola en mi vida.