Dulce deseo Capítulo 10
28%

Capítulo 10

Melissa

—A esa pared le falta pintura —dice Akın por enésima vez cada vez que pasamos por una parte del apartamento que estamos viendo, está en el centro de la ciudad, es algo pequeño, y está muy cerca del museo.

Pero lo vi en una publicación de internet y me pareció muy bonito a simple vista, por lo que le pedí a Akin que viniéramos a verlo.

No sé por qué pensé en él y en que me acompañara, quizás así me hacía la idea de que es momento de dejar su casa, pero muy en el fondo, no quiero hacerlo.

Vamos caminando por el corto pasillo que conecta la sala con las dos habitaciones que tiene. Akın le ha encontrado cada detalle y defecto que ya me empieza a molestar.

¡Sé que no es perfecto! Pero si lo pinto, lo decoro a mi gusto y le doy calor de hogar, podrá verse hermoso en algún tiempo cercano. No puedo pedir más nada que un lugar donde vivir sin molestar a nadie.

—Dos grietas en el techo, no me parece seguro —critica algo nuevo en la habitación central—. Mira esas ventanas, deben cambiarse en algún momento, están que se caen.

Me detengo en el momento en que vamos a salir de la habitación. Pongo mis manos en forma de jarras y lo miro enarcando una ceja.

Él se da cuenta que no sigo caminando y que le estoy mirando fijamente.

—¿Qué ocurre? —inquiere sin entender.

—¿Vas a criticar todo el apartamento? ¿Tan Señor Perfección eres? Le has conseguido hasta el más mínimo defecto, sé que tiene muchas cosas por mejorar, pero puedo esforzarme un poco e ir arreglando, decorando a mi gusto, y en algún momento se verá bonito y acogedor. ¿Por qué no te gusta, Akın?

Él se queda en silencio, veo un dejo de culpabilidad en sus ojos y me doy cuenta que hay algo más cuando baja su cabeza con pena.

Al paso de un minuto de silencio, él comienza a hablar.

—No quiero que te vayas —confiesa, eso me sorprende, él sube su mirada—. Me acostumbré a tu presencia en el apartamento, sin ti se siente vacío. Puedes seguir siendo mi compañera de piso... Yo no te estoy echando de mi casa; y no, no me molestas si piensas eso. Más bien me encanta tenerte allí.

—Akın...

—Tú le das alegría al hogar que intento tener aquí, Melis. Y a mi vida también —añade con una sonrisa tímida.

Eso nunca me lo habían dicho, siempre pienso que molesto a la gente con mi presencia, quizás, por eso sea el porqué de no reunirme seguido con mis amigos, o los que compartía con mi exesposo; Ferit se cansó de mí, Chiara no pudo tenerme más en su casa, y mi familia no le bastó ni un segundo para deshacerse de mí.

Y ahora viene este hombre a decirme que alegro su vida y su hogar, que no le molesto y que le encanta estar conmigo, me hace pensar que es irreal y que él es de esos tipos que son sacados de los libros o de las dizis turcas donde todo es perfecto.

Tengo miedo de enamorarme perdidamente de él, de que me guste más de la cuenta y más allá de lo sexual y el deseo descabellado que nos tenemos el uno por el otro. Porque... probablemente, no lleguemos a ningún lado en un futuro.

Es algo... complicado.

Estoy sin palabras, ni siquiera sé qué responderle. Nunca me había pasado esto antes.

Cuando voy a tratar de hablar, algo pasa por mis pies de pronto, pego un grito al darme cuenta que es un pequeño ratón que ha salido de no sé dónde y me ha tocado los zapatos de tacón que cargo puesto. Odio los ratones, me dan asco, son tan horribles.

Corro hasta donde está Akın, aferro mis manos a sus brazos.

—¿Te dan miedo los ratones? —pregunta con un dejo de risa en su voz—. Es tan pequeño, no te hará nada, Melissa.

—Vámonos, no voy a vivir en una casa donde haya ratones.

Y con eso he aceptado seguir viviendo en su casa, solo que esta vez sí le diré que le pagaré una cuota por mes, no puedo vivir gratis allí. No somos novios, aunque haya aceptado salir con él, no significa que tengamos una relación oficial.

Sin embargo, el recuerdo de estas noches durmiendo juntos me cae como agua al cuerpo.

Desde que hace unas noches no pude aguantar las ganas de estar con él, me tomé el atrevimiento y decidí salir del cascarón una vez más.

Llegué a la habitación de Akın solo en ropa interior para seducirlo, pero eso hizo que esa noche durmiera con él, y los días siguientes también.

No sé qué ocurre con mi sentido común, pero estoy dejándome llevar tanto por lo irracional. Es algo que debo analizarlo conmigo misma, porque si no me volveré loca pronto. Y lo peor ocurrirá: Me enamoraré de Akın Bozkurt; y no habrá vuelta a atrás cuando eso suceda.

Porque caeré tan a fondo por él y será tan difícil de salir cuando deba hacerlo.

Él no es un hombre de tener una relación seria, lo sé muy bien.

Akın es un hombre de mundo, de negocios, viajes y de tener muchas mujeres a su alrededor; tiene tantas tentaciones, que fácilmente puede caer en una, así como hizo Ferit, que no le importó meterse con una chica diez años menor que él, mientras estaba casado conmigo.

No es fácil confiar otra vez en alguien.

¿Podré aprender a hacerlo por Akın?

Esa es una de las preguntas que últimamente me hago mucho cuando pienso en él.

◆◆◆

La exposición de diciembre está casi lista, solo le faltan algunos detalles para que quede perfecta.

Fred ha estado trabajando muchísimo por las restauraciones de las obras que han llegado al museo, los chicos de logística ya tienen todo preparado, y las muestras cada vez están más que listas para exponerse en un mes.

Noviembre va volando, ya van quince días y solo quedan treinta para la presentación al público.

El quince de diciembre será mi segunda exposición como coordinadora de la aérea turca asiática, quiero que todo salga muy bien.

Pero el trabajo ha sido arduo este último mes, y sé que cuando falten menos días, todo será un caos.

Dejo la computadora a un lado, estiro mi espalda y procedo a levantarme; desde que empecé a leer la nueva actualización de la revista de arte turco, no pude dejar de leer todo el material que publicaron.

Me encanta toda la historia que hay detrás de una pieza artística; desde lo más mínimo que no se sabía hace unos años, hoy ya hay más investigaciones y ese tipo de información me gusta leer mucho.

Hoy no he escuchado a Akın por la casa, supongo que está trabajando y aún no ha llegado. Reviso mi teléfono y veo que el día ya está terminando, las seis de la tarde marca el reloj digital, me pasé casi que tres horas leyendo sin parar desde que llegué del trabajo, hoy terminamos temprano.

El toque a la puerta de mi habitación me hace sonreír.

Esta semana se ha comportado tan bonito Akın, que no puedo evitar emocionarme por saber que ya llegó a casa.

Cada día que pasa congeniamos más, hablamos y nos conocemos.

Es muy raro que algo nos moleste del otro.

Hay veces en las que hablamos en turco de una manera tan fluida, que tenía tanto tiempo sin hacerlo, que había frases que no recordaba y él se reía por eso, pero me ayudaba a formularlas de manera correcta.

Me levanto por completo, acomodo mi cabello y abro la puerta, del otro lado se encuentra Akın con la corbata desecha, las mangas de su camisa enrolladas en sus antebrazos y su pelo un poco desaliñado.

—¿Un día ajetreado? —le pregunto al verle su aspecto, él esboza una sonrisa ladeada, entrecerrando sus ojos y haciendo que en su mejilla se le forme un hoyuelo tan besable...

—Un día muy ocupado y lleno de estrés —responde ahora con una mueca—. Pero, en este momento, me siento tranquilo al verte.

Por alguna razón que desconozco, eso me hace sonreír y sentir un arrebato de emociones en mi pecho.

—A mí también me da gusto de verte, Akıncito.

Él pega una carcajada que me hace reír también.

—¿Akıncito? ¡Por Allah! —Vuelve a reírse—. Dime, Akın el grande... Tú sabes.

Sus palabras con suposición me hacen abrir un poco más los ojos y reírme mientras niego con mi cabeza.

Él siempre con sus comentarios subidos de tono. Nos quedamos mirando, hasta que mi mano empieza a pasearse por su pecho para ir bajando por su abdomen y quedar suspendida sobre la hebilla de su correa.

Este un atrevimiento que lo hago por inercia, ya mi cuerpo conoce tan bien el suyo, que me es natural hacerlo.

Veo cómo sus ojos se van oscureciendo más de lo normal, me mira con deseo e inmediatamente mi cuerpo reacciona. Trago saliva y lamo mis labios. Nos quedamos viendo, pero sonrío al atreverme a hacer algo que ni lo hubiese pensado hacer en mi vida.

Sigo bajando con mi mano hasta más abajo de su correa para sentir el bulto en su entrepierna; lo toco y Akın se tensa, eso me hace sonreír más de la cuenta.

Me encanta ver el efecto que tengo sobre él.

Pero el juego no solo queda en mí, él se acerca más a mi cuerpo, y sus manos acarician los pezones de mis pechos sobre la tela de mi blusita, estos se yerguen a su toque.

Mi respiración se vuelve escasa, y mi boca se seca cuando él masajea uno de mis pechos.

Cierro mis ojos instintivamente, sintiendo lo que me hace. Su respiración la siento muy cerca de mi oreja. Se ha acercado más.

—¿Te quieres bañar conmigo, güzelim?

—Sí —contesto sin chistar, cuando estoy con él en este tipo de situaciones, no pienso, solo me dejo llevar y, tal vez, es por eso que lo sigo como borreguito hacia el corral; camino detrás de él para que me llene de placer con sus dotes de galán que sabe lo que hace con sus manos y boca.

El pelinegro sonríe al verme ir con él hacia el baño de su habitación; veo como abre el agua caliente de la bañera, le vierte algún líquido y ésta se empieza a llenar y a hacer espuma.

Se acerca a mí y poco a poco me va desvistiendo, mientras que me da besos suaves y lentos; pero mi paciencia es corta y le muerdo un poco el labio para que me deje besarlo como quiero: con pasión y deseo.

Sus besos son dulces... Así como el sabor de una manzana.

Tan peligrosa, sabrosa y tentadora.

◆◆◆

Hay un camino de tierra que no me conduce a ningún lado.

Camino, camino y camino.

Pero no sé a dónde ir.

No quiero mirar hacia atrás, porque allí solo hay tristeza.