Dulce deseo Capítulo 09 #2
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Capítulo 09 #2

Justo en el momento en que aún tengo la nota en mis manos, la puerta de entrada se abre, escucho ruido y luego veo a una Melissa cargando algunas bolsas llenas de productos del supermercado; me aproximo a ayudarla.

—Lamento haber tardado, es que no conseguía un taxi —explica la castaña con una sonrisa—. Compré todo lo que pudiéramos necesitar para cocinar algo rico.

Me he quedado mirándola como si fuese un ángel quien ha llegado a iluminar esta casa. Es impresionante cómo Melissa trae un aura de ternura y belleza a este apartamento, que por un tiempo se sintió tan vacío y gris.

Ella le ha puesto color, así como lo ha hecho a mi vida.

—Akın, ¿me estás escuchando? —me pregunta muy cerca, mirándome de nuevo con preocupación. Hace tanto tiempo que no me veían de esa manera.

Desde...

Suelto un suspiro, dándole una pequeña sonrisa. Nos quedamos mirando.

—¿Estás bien?

—Ahora lo estoy —confieso con sinceridad, ella esboza una sonrisa muy suave que hacen achicar sus ojos—. ¿Cómo estás tú?

—Estoy bien, Akın. Entusiasmada para que hagamos algo sabroso —dice, señalando las bolsas sobre el mesón—. ¿Qué se te antoja?

—Para ser honesto, tú eres mi antojo.

Me rio cuando veo que sus mejillas se han teñido de color, se ríe también y niega con su cabeza.

—De comer —aclara, obviando mi respuesta.

—Quiero comerte —le digo de vuelta, ella sigue sonrojándose más. Me rio un poco de su ternura y timidez, que a veces no es tan tímida como lo parece—. Hagamos algo combinado como haces tú, una mezcla de dos culturas.

—Te gustó mi comida.

—Cocinas muy rico, güzelim.

Ella sonríe.

Hablamos un poco más sobre el tráfico y lo que ha comprado; nos lavamos las manos y comenzamos a cortar los vegetales, Melissa hace masa con harina de trigo y, con música de fondo, risas y algunos toques pequeños hacia el otro, hacemos la cena. Me encanta pasar el tiempo con ella.

Con tan poco tiempo y ya está calando fuerte en mí.

Servimos la cena y nos sentamos en el comedor a degustar de nuestro estofado turco americano que sabe delicioso junto con unas tostadas de trigo y yogurt aliñado al estilo mediterráneo.

Ya estamos por terminar de comer, cuando Melissa hace una pregunta que me hace sentir escalofríos.

—¿Alguna vez te has enamorado, Akın?

Su interrogante me toma con la guardia baja, no me esperaba eso. Mi silencio parece incomodarla.

—Vale, si no quieres hablar de ello, no hay problema... Yo... Olvídalo —dice rápidamente.

Lamo mis labios antes de hablar.

—Me enamoré una vez —contesto a su pregunta—. Hace muchos años.

Me vuelvo a quedar callado. Ella entiende la seña y no pregunta más nada.

—No está mal que me preguntes algo así, Melissa —le digo para calmarla—. Solo que no me gusta hablar de eso. Es algo... privado, por así decirlo. Un recuerdo agridulce.

Su rostro cambia a uno con cejas fruncidas, mirando el vaso con agua que tiene en la mano.

—No quería incomodarte, Akın. —Ella levanta la mirada—. Solo... tenía curiosidad.

—¿Por qué?

No puedo evitar preguntarle el porqué de su curiosidad.

—Porque... —Ella mueve su mirada a otro lado, con mi mano derecha, toco su mentón y la giro para que me mire de nuevo—. Porque me interesas, ¿tamam mı?

Una sonrisa se me escapa.

—Y tú me interesas a mí, güzelim.

◆◆◆

Los días han pasado, ya es otra semana en la que el trabajo es cada día más escaso porque mis viajes a otros países o en Turquía se detuvieron cuando tuve que venirme a Estados Unidos.

Eso me está molestando bastante, mis ganancias están bajando y el mercado turco está decayendo por todos los acontecimientos mundiales que están ocurriendo actualmente.

No sé qué estaría haciendo o como me estuviese sintiendo si la presencia de Melissa no estuviera en mi vida; esa mujer me tiene embelesado, es como si cada día me atrajera más a ella. Su sencillez y belleza me hacen querer besarla y darle cariño todo el tiempo.

Una semana ha transcurrido desde que hemos empezado a salir. Solo eso, sin títulos. Sin embargo, hay noches en las que le digo que duerma conmigo, pero ya van tres días seguidos y ya no quiero que eso cambie.

Todo mi cuerpo se emociona al recordar cómo llegó a mi habitación una de estas noches; ella solo llevaba ropa interior y de pronto apareció en la puerta de mi habitación y comenzó a tentarme como si fuera un diablito llena de seducción.

¿Dónde había quedado el ángel radiante? Esa noche se había convertido en otra persona y eso me encendió como puberto recién empezando a tener relaciones con una chica.

—Güzelim... —susurro al verla con un conjunto de ropa interior de encaje de color negro. Luce alucinante.

Miro su cuerpo de arriba abajo y mi entrepierna se comienza a emocionar.

—Estoy saliendo de mi cascarón —dice mirándome—. Quiero jugar contigo... Quiero hacerte sentir muchas cosas.

Melissa sube poco a poco a la cama, montándose en mí. Cuando su intimidad toca la protuberancia de mi entrepierna, ambos jadeamos. Estar solo en bóxer ha sido una muy buena opción esta noche.

—Te deseo, Akın Bozkurt —murmura en mi oído, dándome pequeños besos en el cuello y haciendo un camino hasta mi boca.

—No tanto como yo te deseo a ti, hermosa mía.

Me gusta estar con ella, me hace sentir bien. Además, nuestros encuentros calientes cada vez son mejor que el otro. Melis es un ángel endemoniado que hace que arda de placer y deseo por ella.

Llamarla Melis ya es común en la casa, cuando se me escapó llamarla así, ella me sonrió de una forma tan bonita; no se lo esperaba.

Melissa está sentada en la sala con su computadora apoyada en una almohada sobre sus piernas, está concentrada en lo que hace porque no se da cuenta cuando llego a la sala. Tiene una canción turca muy nostálgica sonando en su portátil, la veo tararear de vez en cuando.

—Melissa... —la llamo para tener su atención e invitarla a cenar afuera, pero ella no me escucha porque no voltea—. ¡Melis!

Inmediatamente su cabeza gira hasta donde estoy, al verme me sonríe con sus ojos brillosos y achicados.

Qué hermosa se ve.

—Es la primera vez que me llamas así —me dice poniendo su computadora a un lado—. Disculpa, estaba concentrada en un correo del trabajo.

—¿Te gusta que te llamen Melis?

—Así me llamaba Annecim. —Su mamá...—. Las personas que conozco aquí me llaman Meli, pero me gusta más Melis.

Le doy una sonrisa, entendiendo lo que me dice.

—Melis... Me gusta.

Ella vuelve a sonreír.

Su trabajo sigue en pie, cada día va al Museo, por lo que me contó pronto tendrá una exposición importante y están trabajando de lleno en eso.

Me encanta escucharla hablar de su trabajo, sus ojos brillan con tanta pasión por lo que hace.

Como mi trabajo comienza más tarde, le pedí a Conrad que la llevara temprano al trabajo, pero ella se negó, dijo que no quería molestar.

Por lo que va a su trabajo por su cuenta; no pude persuadirla, además no quería tomarme exigencias que no me corresponden.

Por otro lado, en Estambul las cosas han estado en calma, aunque me enojó que la policía me llamara para decirme que no se encontró nada importante para la investigación, que viera si tenía enemigos y que cualquier cosa les avisara.

Del resto, todo quedó sin resolver. Pero sé que esto seguirá ocurriendo hasta que no tenga una reunión de nuevo con ellos.

Melek entra a la oficina, trae la tablet en una mano y un café de tienda en la otra. Me lo entrega y empieza a recitar la agenda del día. Es lunes y es una nueva semana para empezar con buen pie.

Dejo de escucharla cuando mi teléfono empieza a sonar, veo la pantalla y mi cuerpo reacciona con una sonrisa al ver el nombre de Melissa.

Miro a Melek, quien se ha callado y me mira con seriedad.

—Estamos trabajando, ¿no? —inquiere con molestia en su voz.

—Podemos continuar en unos cinco minutos —le digo, ella refunfuña, pero sale de la habitación—. ¡Qué humor!

Cuando ya estoy solo, contesto la llamada.

—Hola, Akın —saluda la castaña.

—Melissa.

Increíble como ha pasado más de un mes desde que vive en mi apartamento y que nos hayamos conocido en aquel pub turco.

—¿Estás ocupado?

—Un poco, ¿qué pasa? —pregunto por si acaso. No sé cuál podría ser el siguiente paso de los hermanos Erdem.

Con ella he sido más cauteloso, a pesar de que mis asistentes aún no la ven con buenos ojos, su opinión hace días sobre haberla incluido al protocolo ha traído cierta renuencia.

—¡Conseguí un apartamento! —exclama con alegría—. Está céntrico, es pequeño y no es muy lejos del trabajo. Quería preguntarte si me quieres acompañar a verlo.

Mi corazón se detiene por alguna razón, pero luego comienza a latir con rapidez. Ella se irá de casa. Tanto tiempo sin sentir estos sentimientos y emociones... El cuento de hadas que estaba viviendo se acabará cuando ella consiga un nuevo lugar en donde vivir. Y eso está pasando ahora mismo.

No quiero que se vaya. Hayır, lütfen