Dulce deseo Capítulo 08 #2
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Capítulo 08 #2

Estamos caminando cerca del Mercado, casi estamos llegando a donde se encuentra el Acuario de Seattle, creo que en el tiempo que he vivido aquí, solo he ido dos veces. Y eso fue porque Ferit trabajó un tiempo allí.

Hay momentos en los que Akin se me queda mirando, yo también lo hago cuando puedo. Entre ambos hay una complicidad, una conversación pendiente un poco más seria y hasta se siente un poco de anhelo por tocarle.

Se puede sentir la tensión entre nosotros... una tensión sexual indescriptible.

Desde que salimos del restaurante siento que nos miran, como si tuviéramos muchos ojos encima de nosotros. Intento mirar de forma disimulada sin que Akin se dé cuenta, pero él nota mi comportamiento.

—¿Ocurre algo, Melissa? —pregunta con su entrecejo fruncido.

Disimuladamente me acerco a él, le digo que baje su cabeza un poco y le susurro que nos están mirando.

—¿Dices que nos están mirando?

Veo que hace muecas en la cara, intenta no reírse. Inmediatamente me pongo seria, ¿se está burlando?

Me alejo de él.

—Sí, siento que hay personas viéndonos, no lo sé. Siento miradas sobre mí.

Akin detiene su paso.

—Güzelim, tengo guardaespaldas —me explica, dándome una suave sonrisa, es como si le estuviera explicando a un niño la situación—. Recuerda que soy un empresario importante en Turquía.

Siento que no me está diciendo del todo la verdad, pero asiento a lo que dice. No me había dado cuenta de eso, ni siquiera me pasó eso por la mente. Pensé que solo era Conrad quien estaba con él.

Pero es muy buena su seguridad, porque no está encima de nosotros. Por lo menos mantienen distancia. Aun así, no sé cómo sentirme con el hecho de que este hombre no es un tipo común y corriente. Él tiene dinero, fama y escoltas. ¿Con quién me estoy relacionando?

Le doy una última mirada a Akin antes de seguir caminando, pero cuando continúo mi paso, mi cuerpo se paraliza al ver a Ferit en frente de mí. ¿Es en serio?

Él castaño se sorprende también de verme. Detiene su andar y me saluda.

—Melissa —dice mi exesposo—. Cuanto tiempo...

—Hola, Ferit —le saludo de vuelta, alzando mi mano en su dirección.

Siento como Akin se posiciona a mi lado y mira al castaño con el que hablo. Ferit lo nota enseguida, el casi metro noventa de Akin Bozkurt no pasa desapercibido en ningún lado. Él siempre luce imponente.

—Así que andas con alguien —sisea Ferit, mira a Akin de arriba abajo.

La mirada penetrante de Akin puede incinerar a mi exesposo en cualquier momento. Luce tan serio que asusta.

—Akin Bozkurt —dice el pelinegro, extendiendo su mano para que Ferit la estreche.

Él le da una mirada a la mano extendida, bufa y extiende la suya.

—Ferit Aydin. Así que eres turco... —Habla en turco para todos.

—Evet —responde Akin.

Ver la estrechada de mano entre mi exesposo y el hombre con el que me acosté anoche me hace sentir sin aire y con el pulso a millón.

—¿Qué haces por aquí, Ferit? —Trato de preguntar para terminar de irnos, dejar a este hombre atrás y seguir.

—Estaba de paso, querida.

—Vale, sigue tu camino entonces. Hasta luego —me despido, comenzando a caminar.

—Issa —me llama Ferit. Tenía tanto tiempo sin llamarme de esa forma, mi cuerpo siente un escalofrío—. Esta semana irá un comprador a ver la casa, ya te contaré en qué quedo.

—Espero que esta vez sí sea la definitiva.

Así podré cerrar ese capítulo de mi vida, seguir y ya no saber de Ferit ni de su familia.

Camino sin mirar a atrás, no sé ni siquiera adónde voy, pero cuando siento que la mano de Akin se posa en mi antebrazo y me detiene por completo, me doy cuenta que he olvidado con quien estaba y qué estaba haciendo.

Él me mira con ojos preocupados. Verle es como estar en otra realidad y no en la que estuve hace dos minutos atrás.

—¿Estás bien? —No sé cuántas veces me ha preguntado eso hoy.

—Iyiyim, tamam mi? —Estoy bien, ¿vale?

—Tamam —responde, alzando sus manos al aire—. ¿Era tu exesposo, cierto?

Solo asiento como respuesta.

Son dos mundos tan diferentes, este hombre enfrente de mí, me ha preguntado cómo estoy tantas veces de las que el anterior con el que nos topamos, lo hizo en el último año de casados.

En los ojos de Akin se ve la preocupación de cómo me encuentro, cómo me siento, si estoy bien en hacer algo o no.

Él me trata tan bien que me es irreal creer todo esto.

Mi mente da muchas vueltas al asunto de que esto es una locura; volverlo a intentar con alguien me aterra.

Pero luego pienso en la manera en cómo el pelinegro me trata, todo lo demás se me olvida.

Agregando el hecho de que me gusta y que anoche fue estupendo.

Porque sé que, aunque mi mente no recuerde mucho, mi cuerpo sí lo hace.

Este se siente anhelante ante el toque de Akin, mis manos pican por tocarle de nuevo y mis labios hormiguean al recordar sus besos.

Sin contar el gran deseo que tengo por él, porque mi cuerpo se quema ante su toque, empieza a sentir una necesidad por estar con el suyo que es de una manera que nunca había sentido. Es demasiada pasión y lujuria por él.

Nuestro regreso al apartamento fue en silencio, sin embargo, hablábamos de vez en cuando. Akin me contó que debía trabajar un rato, pero que más tarde podríamos estar juntos; tal vez hacer la cena como hace unos días.

—Chequearé si en la nevera hay buenos ingredientes para que inventemos algo para cenar —le digo con una sonrisa.

Tal vez podamos hablar mientras cocinamos.

—Me parece bien, Melissa.

El timbre de la casa suena, ambos nos hacemos muecas como preguntándonos quién llama.

Pero probablemente sea uno de sus trabajadores.

Él dice que abrirá la puerta, cuando lo hace, lo primero que vemos es la cara de Melek y escuchamos el repiqueteo de sus tacones cuando comienza a caminar dentro del apartamento.

En sus manos lleva un sobre amarillo, capaz es del trabajo, por lo que me disculpo para irme a mi habitación. Iré a investigar por internet sobre arriendos, pagar cuentas y ver los correos del trabajo.

—Así que sigues aquí —dice entre dientes Melek al acercarse a donde estoy.

—Buenas tardes para ti también —replico, dejándola de mirar y enfocarme en Akin.

Ella le entrega el sobre a su jefe, creo que hablarán, por lo que es momento de irme.

Me doy media vuelta para caminar hasta mi habitación, pero en el camino escucho cómo Akin gruñe y maldice en voz alta.

Vuelvo a darme la vuelta y veo a un Akin desencajado, con su rostro enfurecido y con el sobre arrugado en sus manos, pero en ellas también hay unas fotos impresas.

—¡Hijos de puta!

¿Qué está ocurriendo?