Capítulo 08
Melissa
El sonido de una alarma me despierta de golpe, pero la claridad del lugar me molesta cuando abro los ojos.
Busco el sonido, pero éste deja de sonar.
Intento recomponerme, viendo a mi alrededor.
Me asusto cuando noto que no es mi habitación, ¿es un hotel?
¿Dónde estoy? Algo o alguien a mi lado se mueve, volteo y me sorprendo al ver a un hombre moreno con pelo negro acostado boca abajo; los músculos de su espalda se ven marcados y su piel luce suave.
Además, tiene un tatuaje muy oscuro, que no descifro, en su omóplato derecho.
El hombre gira su cabeza en mi dirección y mi boca se abre tanto que me cubro con mis manos.
¡Es Akin!
Intento recordar lo que sucedió anoche, pero nada claro viene a mi mente. Solo recuerdo que estábamos bebiendo vino, hablando y comiendo. ¿En qué momento pasó todo esto? Miro mi cuerpo y no llevo ropa, solo estoy cubierta con una sábana.
—Te despertaste primero —masculla con voz ronca, me está mirando con un solo ojo abierto—. ¿Estás bien?
Me quedo en silencio, solo le miro.
—No te acuerdas, ¿cierto? —inquiere Akin, esperando mi respuesta. Yo solo meneo mi cabeza en negación—. Tamam.
Veo como apoya su frente contra la cama, da un suspiro hondo y se levanta para sentarse.
Su abdomen bien trabajado se visualiza perfectamente, la sábana se mueve, pero solo le cubre la parte baja de su cuerpo.
Él se pasa una mano por su cabello, peinándolo hacia atrás. Abre sus ojos y me mira directamente.
Trago saliva al momento en que me ve.
—¿Cómo quieres tomar esto? —Hace una pausa, muerde sus labios y niega—. Te pregunté si no estábamos tan ebrios como para hacerlo, y tú dijiste que lo hiciéramos igual. No fue obligado —explica con apuro.
De pronto recuerdo ese momento, frunzo mi ceño tratando de descifrar más y poder entender el cómo llegué a la cama de Akin, y el hecho de que ambos estamos desnudos.
¡Mierda! Sí acepté a estar con él... Los recuerdos de querer pasarla bien y dejar que los prejuicios de la gente se esfumaran de mi cabeza, me hicieron aceptar acostarme con el hombre a mi lado.
—Melissa.
—Estoy recordando algunas cosas. —Empiezo a decir—. Me siento un poco confundida, tengo el estómago revuelto y un fuerte dolor de cabeza. Yo... no sé qué decir.
—En la cocina hay un analgésico, te lo traeré —dice levantándose, pero se ríe al verse desnudo cuando pone un pie afuera de la cama. Voltea y me mira.
Puedo sentir mis mejillas arder, no paso desapercibida la desnudez de su cuerpo, pero de igual manera, miro hacia otro lado de la habitación. La alarma vuelve a sonar, pero Akin se acerca a la mesita de noche junto a su cama y la desactiva.
—Tatlı, çok tatlı, güzelim —dice antes de caminar por su habitación y buscar su ropa por el suelo. Por el rabillo del ojo veo que se pone un bóxer y sale de la habitación.
Tan dulce...
Me llevo las manos hacia mi cara, frotándomela para ver si estoy en un sueño erótico en donde Akin es participe.
Pero cuando le veo venir con un vaso con agua, semidesnudo y sonriéndome, me doy cuenta que esto no es ningún sueño, es real.
Ese hombre está luciendo su cuerpo bien ejercitado frente a mí.
—Toma —dice, dándome el vaso y el analgésico—. Iré por tu ropa, está esparcida por la sala.
Arrugo mi cara y él se ríe. No dice más nada y se da la vuelta para irse de nuevo por el pasillo rumbo a la sala de estar. Trae mis cosas, las deposita en la cama y me mira.
—¿Estás bien? —Vuelve a preguntar como hace un rato—. ¿Estás abrumada? —Se rasca su barba.
Muerdo mi labio inferior antes de hablar.
—Lo estoy, pero... no me arrepiento de lo que sucedió anoche —confieso, viéndole directo a los ojos, su rostro cambia, hace un minuto lucía muy preocupado por lo que yo estuviera pensando—. Somos adultos, ¿no?
—Sí, lo somos, hermosa.
—Lo que me preocupa es que tú y yo vivimos juntos en este apartamento, ¿las cosas cambiarán de ahora en adelante?
Eso es lo que más me preocupa ahora mismo, en que yo prácticamente soy una inquilina en este lugar, él me puede echar en cualquier momento si algo sucede entre nosotros. Obvio, sé que debo buscar algo más pronto, pero ¡joder! Ha sido tan difícil.
—Eso lo sabremos en la manera en que tú actúes ante esta situación.
—Ahora suena más serio de lo normal—. Por mi parte, yo no tengo ningún problema.
Como te dije ayer, quiero conocerte, pasar tiempo contigo.
Evet, ocurrió que esto se fue a más —Señala la cama y la manera en cómo estamos—.
Pero yo no tengo ningún arrepentimiento, más bien quiero ir contigo a desayunar. Muero de hambre.
Sus palabras me hacen dar cuenta que va en serio con lo que dice, no es solo acostarse conmigo y ya. ¿Será que puedo darle una oportunidad y confiar en él? Me cuesta demasiado, pero creo que puedo hacerlo.
Esto también significa una oportunidad para mí, para darme un empujoncito y confiar; por lo que le doy una sonrisa y comienzo a tomar mis prendas de vestir para ir a mi habitación y darme una ducha para que podamos salir a comer.
—Yo también muero de hambre —digo riéndome. Él me sonríe de vuelta, entendiendo que nos estoy dando una oportunidad.
—Ya sé dónde podemos ir a comer, güzelim.
◆◆◆
Akin llamó a su chofer para que nos trajera a un restaurante de comida francesa y europea en el mercado de Pike Place. Conrad al verme que estaba yendo con su jefe, no me vio como muy buenos ojos, pero en el momento en que Akin lo ve, él cambia sus facciones y da una sonrisa.
No supe cómo interpretar nuestro encuentro. ¿No le caeré bien al señor Conrad? O ¿fueron suposiciones mías? No lo sé, pero en el recorrido hasta aquí, él se mantuvo serio y, de vez en cuando, me miraba por el retrovisor.
Por supuesto, Akin no se dio cuenta de la situación, porque él venía hablando de sus pasatiempos favoritos y lugares a los que ha ido en Seattle. Yo también le comenté mis lugares favoritos aquí, y le recomendé ir a otros muy bonitos que puede visitar.
Hablamos sobre algunas estatuas que vimos cuando pasamos por algunas de ellas. Le expliqué la historia de algunas, porque no me las sé del todo, pero él me escuchó como mucha atención.
—¡Qué hermosa vista! ¡Mira, Akin! —exclamo al mirar el gran ventanal que da a la Bahía, desde aquí se ve perfectamente la Noria, los barcos y las montañas. Son las nueve de la mañana, el sol está resplandeciente y hay pocas nubes en el cielo.
El día está espectacular.
Volteo para mirar a mi acompañante, quien está sonriendo mientras me mira.
—Eres tan preciosa, Melissa —expresa con esa sonrisa que tanto me encanta y los hoyuelos que se le forman en sus mejillas—. Es tan bonito que te guste admirar las simplicidades de la vida.
Mis mejillas se tiñen un poco, no sé por qué me he sonrojado. Siento como si me hubiesen atrapado haciendo algo.
—Siempre me han gustado los atardeceres, amaneceres, las vistas así de bonitas. Es como mirar el arte, es una belleza que se admira y se contempla.
—En tus ojos se nota que amas el arte y su historia —dice Akin, acomodándose en su asiento—. Algún día debes mostrarme el museo.
Sonrío al pensar en eso, sería bonito llevarle al museo y explicarle las obras.
—Algún día —murmuro.
Es un poco descabellado pensar en que eso podría suceder en el futuro. No sé cuál es la siguiente movida con este hombre; todo es tan incierto.
Un mesero toma nuestras ordenes, al rato llega con nuestros platos y empezamos a degustar de nuestro desayuno. Todo está tan delicioso, además la conversa con Akin es agradable como siempre. Me cuenta un poco sobre su trabajo y sobre su amiga americana.
—En Estambul está mi empresa central, en Izmir hay una sucursal, en Bodrum también.
—Eres un hombre ocupado —bromeo con una sonrisa.
—Con Sunshine solo hice la sede de su sucursal, fue un buen convenio. Eso me trajo una bella amistad con Leslie.
—¿Se conocieron a partir de ese acuerdo? —pregunto bebiendo de mi jugo de piña.
Él asiente.
—Así fue, puede que haya intentado conquistarla —cuesta riéndose—. Pero fallé, como te dije una vez, eligió a su ahora esposo.
Me rio mientras meneo mi cabeza.
—Te faltó un poco más de carisma.
—Bah, ya ellos tenían una historia. Yo ya no pintaba nada allí, por lo que la ayudé con tenerle de vuelta y nos convertimos en buenos amigos. Es una persona maravillosa.
—Te creo, hablas bonito de ella. —Veo hacia el ventanal—. Yo antes tenía a una amiga así de increíble, pero cuando me vine a Estados Unidos, mi contacto con ella se perdió.
—¿Y las redes sociales? —pregunta él, enarcando una ceja.
—No uso redes sociales —contesto sin más.
—¿En estos tiempos? ¡Vaya! —Él se carcajea—. Hasta yo tengo Instagram.
—He escuchado de esa aplicación, es para fotos, ¿no?
Él cierra sus ojos y niega con su cabeza.
—Debemos abrirte una cuenta pronto —asegura—. No importa si solo subes fotos de obras de arte o atardeceres.
Le doy una sonrisa.
No sería mala idea lo que dice. Puede que si teniendo esa cuenta consiga a Leyla.
La extraño mucho, quisiera saber de su vida.
Si se pudo graduar de la universidad o si se casó.
Me hace ilusión volver a saber de ella. Tenía tanto tiempo sin pensarle, que hablar sobre mi vieja amiga, me hace sentir añoranza por volver a Estambul.
—Está bien, ¿señor Milennial? —le digo con burla.
Akin se carcajea, hasta que termina solo sonriéndome y mirándome de una forma tan bonita.
¿Quién eres Akin Bozkurt?
◆◆◆
Después de comer nuestro desayuno, decidimos caminar un poco por la zona, es sábado y el día está bonito.
Hoy no toca trabajar. Al menos no tengo turno en el museo este fin de semana.
La comida me ha caído bien, pensé que con todo lo que bebí anoche me darían náuseas o vómitos, pero he estado bien.
El dolor de cabeza se me quitó con el analgésico que me dio Akin más temprano.