Capítulo 07 #2
Eso es estar con él, sin ropa, dejar que nuestros cuerpos sean uno y se encuentren en la pasión.
Akın introduce sus manos por debajo de mi blusa blanca de botones, acariciando mi espalda a su gusto, sus toques me dan pequeñas cosquillas, pero que poco a poco se van convirtiendo en necesidad.
Que me toque, que me toque cómo quiera.
Mis manos temblorosas buscan los botones de su camisa, y como puedo, se los voy desabotonando, hasta que queda su pecho descubierto.
Me separo de su boca y me quedo mirándole.
Nos miramos con demasiadas ganas de comernos el uno al otro.
No importa el alcohol, no importa el momento, solo importa lo que sentimos ahora mismo.
Y tal vez mañana me arrepienta, pero ¡Joder!
Estoy harta de prohibirme tantas cosas por la maldita cultura con la que crecí, pensando que estoy haciendo mal si tengo momentos como este con un hombre que solo he conocido en pocas semanas.
Harta de sentirme culpable por el mero hecho de tomar una decisión como adulta de algo que pueda hacerme bien.
Ya no más.
—Melissa, no sabes cuánto te deseo —susurra Akın, posicionando sus labios sobre mi cuello, dándole pequeños besos que me están volviendo loca.
Para ayudarle, me quito la blusa y la lanzo a algún sitio. Estamos en la sala del apartamento, solo él y yo.
Fuego, calor, pasión y deseo.
Bozkurt hace su camino de besos por mi hombro, mis clavículas y poco a poco va descendiendo para besar el borde de mis pechos.
Sus manos pasan a mi espalda, termina de desabrochar mi sostén y libera lo libera, me lo quita por completo y sin tomar mucho tiempo, con una mano masajea suavemente uno de ellos y con la otra toma mi pecho y se lo lleva a la boca, haciéndome gemir al momento en que siento su lengua jugar con mi pezón.
Todos estos movimientos me hacen nublar la mente, me siento perdida.
Deja de hacerlo y se me queda mirando de nuevo.
—¿No estamos muy ebrios como para hacer esto, güzelim?
—No me importa, Akın. Hagámoslo, por favor.
Él nota mi necesidad y sin dudar, me tumba sobre el mueble y comienza a bajarme la falda que cargo.
Dejándome solo en ropa interior. Me besa todo el abdomen, bajando hasta donde la liga de mi braga choca con su boca.
Con cada caricia y beso me hace mover, es demasiada excitación. Me está volviendo loca.
—No lo hagamos aquí, vamos a mi habitación —dice Akın, volviendo a besarme en la boca con desesperación.
En mí solo sale un sonido de confirmación.
Él como puede, me toma en sus brazos y me lleva por el pasillo. No dejo de mirarle con deseo; quiero hacer muchas cosas con él.
—Aquí estamos, canım —susurra cerca de mi oído—. Solo somos tú y yo... Déjame hacerte sentir como la reina que eres.
—No sé qué me sucede contigo, pero te necesito... Quiero... Sentirte en mí.
En cualquier otro momento no habría hecho esto, lo hubiese pensado millones de veces, pero no me hubiese acostado con él.
Solo porque mis valores y toda esa mierda que me contaron desde pequeña seguían en mi mente cada vez que intentaba salir con alguien desde que me divorcié.
En aquellos momentos en el que Chiara me invitaba a fiestas y salía con ella y sus amigas.
Pero mírame, ahora estoy a punto de tener sexo con este hombre, que ha sido todo un caballero desde que lo conocí. Y que me prende como no tiene idea.
—Beni seninki yap, Akın. —Hazme tuya, Akın.
—Şu yapacağım, güzelim. —Eso es lo que haré, hermosa mía.
Él sigue su recorrido de besos por todo mi abdomen, sus manos se pasean por mi cuerpo, igual que las mías por el suyo. Los músculos de su espalda se sienten perfectamente cuando le acaricio. A veces, se tensa o se mueve por mi toque.
Beso su cuello, mordisqueo el lóbulo de su oreja y eso le hace respirar más rápido.
Él se deja besar, poco a poco va bajándome las bragas hasta que éstas se encuentran en alguna parte del suelo de su habitación.
Nunca había entrado a aquí, pero en estos momentos no me pondré a detallarla; necesito bajarle los pantalones a este hombre, quien sigue jugando con cada uno de mis pechos como un niño con juguete nuevo.
—Eso... me encanta —musito, tratando de respirar. Me tiene nublada por completo—. Antes... no era así.
—Yo sí sabré cómo darte cariño.
—Ya estás haciendo mucho.
Su boca se posiciona sobre la mía para hacer que deje de hablar, besarme con fiereza, su lengua se mueve en una danza que está haciendo que mis piernas tambaleen y se muevan sin control.
Lentamente, su mano derecha baja hasta mi intimidad y empieza a hacer caricias sobre mi clítoris; volviéndome aún más loca y necesitada.
—Oh... eso... —Las palabras no me salen por los jadeos y gemidos que salen de mi garganta.
—Siente todo, hermosa. Disfruta del momento.
—Voy a...
Él se detiene, de una vez le miro, está sonriendo.
—Aún no, güzelim.
Akın se separa de mi cuerpo, se levanta y camina por la habitación hasta llegar al peinador de madera y vidrio que tiene a un lado.
Su virilidad se manifiesta de una forma que deja que mi boca se seque.
Él se ríe. Veo que toma con sus manos algo de allí, lo rasga y se voltea para que le mire ponerse el preservativo. ¡Jodidamente sexy!
—Mejor... —Mi voz suena muy rasposa—. Porque... tengo meses sin un control.
—No te preocupes, yo lo hago por los dos esta vez.
Suspiro hondo cuando veo que se lo ha puesto por completo; luce tan imponente, que mis piernas tiemblan de solo pensar tenerle dentro de mí.
La sonrisa pícara y traviesa que Akın tiene en sus labios me enciende más, muerdo mis labios y él se aproxima rápidamente a mí.
—Ven a acá, güzelim —pide, atrayéndome a su cuerpo, pegándolo al mío.
Me vuelve a besar hasta que poco a poco va entrando en mí, haciendo que gima cuando le siento.
Los jadeos no se hacen esperar, mis gemidos tampoco.
El vaivén lento con el que empieza me hace alucinar; hace que mi cuerpo se acostumbre a él y de un momento a otro, los embistes se hacen fuertes y rápidos, haciéndome volver más loca por él.
No sé si me siento tan ebria por Akın Bozkurt o por el vino que hemos bebido.
—Akın.. Akın... yo...
—Oh, güzelim, me tienes a tus pies. No hay una mujer tan hermosa como tú —me dice al oído.
Gimo fuerte cuando siento que se sale, me voltea a un lado y mientras da besos a mi cuello, busca otra posición y ahora me embiste con la misma sincronía en la que mis caderas le siguen el ritmo. Sus jadeos se escuchan cerca de mi oreja, él también lo está disfrutando tanto como yo.
Esto es... lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo.
Embiste tras embiste, gemidos, jadeos, nombres, susurros y un grito agudo cuando llego al momento más deseado. El orgasmo me arropa todo el cuerpo, también le escucho gruñir y decir mi nombre junto con algunas palabras en turco que no descifro porque realmente mi mente está en blanco.
—Eres un dulce deseo, cariño —susurra, dándome un beso en el hombro mientras su rostro está escondido en mi cuello.
Eso fue impresionante.
¡Por Allah!