Capítulo 07
Melissa
Ha sido tan difícil ignorar a Akın esta semana.
Todo el apartamento huele a su colonia fuerte y varonil.
Todas las mañanas deja el café hecho antes de irse a trabajar y una galleta de almendras u otro tipo de sabor a un lado de la cafetera.
Es algo noble de su parte, aunque no nos veamos todos los días ni nos topemos en la casa; igual ha sido muy difícil no hablarle.
¿Por qué le ignoro? Mejor dicho, la palabra correcta es que huyo de él. Luego de lo ocurrido en la cocina, todo en mí se desequilibró. Mi cuerpo tiembla ante su presencia, comienzo a sudar y a ponerme muy nerviosa.
Pero cuando lo vi llegar al museo, ya no podía echarme más para atrás. Él me invitó a una especie de cita entre ambos; y aquí estamos, en una pastelería muy bonita que se llama Claire’s. Ambos sabemos que pedir pastel de manzanas va más allá que ser un simple pastel.
Las manzanas son un hecho bíblico que representa el pecado, para la cultura occidental. Y eso es lo que se desborda cuando estamos juntos... El deseo por pecar.
Aunque ahora realmente solo venimos a comer un pedazo de pastel de manzanas, ese hecho está presente, aunque no lo mencionemos.
—Estoy ansioso por probar ese pastel —comenta Akın, sentado enfrente de mí. Él me sonríe con complicidad, no sé si realmente se refiere al pastel. Todo en su mirada es muy misteriosa con un dejo de lujuria y picardía.
Él me pone nerviosa. Carraspeo, intentando mirar a otro lado.
—Se nota que es nuevo este lugar, nunca había venido. Ya tengo dos primeras veces contigo —le digo mirándole luego de echarle un vistazo al local. Hay muchas flores en todos lados; la luz es tenue y tiene una música suave en los altavoces. Una pastelería muy bonita.
Akın sonríe.
—Espero que vengan más primeras veces contigo, güzelim.
¿Por qué eso se escucha como una promesa?
Akın es todo un misterio. Y sé que, en el fondo, quiero conocerlo.
Aunque me aterra salir lastimada de nuevo.
Siento que no sé nada de citas, tengo tantos años sin tener una.
Ferit dejó de hacerlas cuando conseguimos trabajo.
Nos enfocamos tanto en eso que todo se acabó de pronto, y la monotonía empezó a hacer de las suyas.
Es tan loco hacer retrospectiva y ver que tu vida no era para nada de color de rosas. Le faltaba mucho color a nuestra relación. Le faltaba color a mi vida.
—¿Cómo has estado, Melissa? —pregunta Akın con mucha curiosidad en su mirada.
—He estado bien, mi tobillo ya no duele tanto, solo debo tener cuidado en dónde piso. Y en cuanto a buscar apartamento, sí he fallado, nada aún.
—No te apures, no te estoy corriendo de mi casa —dice el negando con su cabeza, tiene los brazos entrelazados sobre el pecho—. ¿Te quieres ir tan pronto?
«Es que tu presencia es demasiada tentación», quisiera decirle. Pero solo meneo mi cabeza.
—No quiero incomodarte —confieso, lamiendo mis labios—. Tú tienes tu vida de soltero allí, me siento como una intrusa.
Él se ríe.
—Eres una intrusa bonita entonces —bromea—. No te preocupes, Melissa. No me estás incomodando... No hay apuro.
—Es que...
Iba a decir algo, pero una mesera nos interrumpe, trayéndonos nuestro pedido.
Dos trozos de pastel de manzana y dos cafés.
Él se me queda mirando esperando por mis palabras, pero solo olvido el momento y comienzo a comer del pastel.
Sé que podría arrepentirme si confieso lo que realmente pienso de vivir con él.
No sé qué más decirle; su mirada penetrante me hace respirar con dificultad. No es en mal sentido, solo que no quiero arruinar el momento.
—¿Por qué te callaste de pronto? —Akın mueve su cabeza un poco mientras me hace su pregunta. Veo cómo come de su pedazo y trago en seco cuando miro sus labios.
Él ladea una sonrisa.
—Ya entiendo —dice en voz baja.
—¿Qué entiendes? —inquiero de vuelta, frunciendo mi ceño.
—Luces hermosa cuando frunces tu cara, ¿lo sabías? —halaga, tomándome con la guardia baja.
—No me cambies el tema.
El pelinegro se ríe, come más pastel y lame sus labios.
—El deseo se desborda en ti, canım.
—Al parecer no soy la única —contraataco, él abre más sus ojos y enarca una ceja.
¡Demonios! ¡Él me tienta! ¿Qué carajos estoy diciendo?
—Así que sí puedes decir cosas de más... Me gusta, güzelim. Sé que hay una Melissa más atrevida y más suelta dentro de ti. Pero... No tengo apuro en conocerla o tal vez sí...
A este hombre le encanta tentarme, le divierte y yo sigo su línea como un corderito. Pero es que no puedo evitar responderle; ¿Qué hago con él?
No sé qué decir ni cómo actuar, por lo que tomo aire y solo soy yo misma. No quiero fingir ni ser condescendiente como lo fui con Ferit.
—¿Qué quieres de mí, Akın? —cuestiono directo al grano—. ¿Por qué tanto interés desde que me conociste en aquel pub?
Su rostro adquiere una cara de suficiencia, pero no de arrogancia, sino de una persona que sabe lo que quiere. Es un tipo que no va con medias tintas, él va directo y sereno. Algo que es enigmático, pero al mismo tiempo, asusta. Porque puede tenerlo todo si se lo propone.
—Porque me gustas —responde sin pena ni temor—. Me llamas tanto la atención que quiero conocerte. Tienes algo que me cautiva.
Su respuesta es tan directa como mi pregunta. Ya nos estamos entendiendo. Siento que somos tan diferentes, pero cuando realmente nos sentamos a hablar, nos entendemos perfectamente.
—No hay mucho que conocer de mí.
Él niega.
—No lo creo, todos tenemos una historia, cariño. ¿Está mal que nos conozcamos?
Me quedo mirándole sin decir nada, dejando que el ruido del local sea el protagonista por unos segundos.
Él termina de comer.
—No soy un mafioso ni nada, Melissa, si eso es lo que piensas —añade, dándome una sonrisa suave.
—No, no, no —me apresuro en responder—. No pienso eso... Discúlpame si te he ofendido.
—No lo has hecho, Melissa.
No saben cuánto me encanta que diga mi nombre, se escucha tan bien salir de su boca.
—Me casé muy joven, ¿vale? Cinco años después me divorcié, así que... Puede que desconfíe de los hombres y también de la gente. Llevo meses sola, independizándome, y tú llegas de pronto, que siento que todo se desestabiliza.
El rostro de Akın se ha enseriado, sabe que esto es importante para mí.
Además, no soy de abrirme a las personas y contarles mi vida, eso solo lo hago con Fred, porque se ha convertido en un buen amigo.
La vida me ha enseñado que, si confío tanto en alguien, esta persona puede traicionarme, echarme a los perros para que me coman sin tener ningún remordimiento.
Quizás es por todo lo que viví hace años con mi familia.
Es tan difícil confiar en los demás.
—No quiero cambiar nada, canım —se disculpa con un rostro un poco preocupado—. No es mi intención.
—Tú no eres el problema, Akın. Está bien. Es que... No quiero que me lastimen de nuevo. Ferit, mi exesposo, me engañó y mi relación con él no fue color de rosas.
—Entiendo, güzelim. Yo no te lastimaré, lo prometo. ¿Volvemos a empezar?
—Oh, Allah, no otra vez —digo riéndome—. Ya han sido suficientes presentaciones. Podemos avanzar.
—Avanzar... Me parece muy bien.
Le doy una sonrisa cómplice, él me la devuelve.
Y en eso consistió nuestra cita a comer pastel. Luego nos fuimos al apartamento, dónde él pidió comida a domicilio y sacó un vino blanco que tenía guardado.
La noche solo estaba comenzando...
◆◆◆
Akın sacó la segunda botella de vino. Yo desde la cuarta copa, ya me he sentido más que achispada, pero es tan bueno hablar con él.
Comimos sabroso y la plática ha sido estupenda.
Ha viajado tanto que sabe mucho del mundo.
Me contó desde sus momentos en nuestro país, hasta cuando vivió en China o en Alemania.
Él es un hombre tan interesante, que me llama demasiado la atención. Así como él dijo que le parecía yo a él, ahora es él quien me tiene con curiosidad sobre su vida.
En ningún momento ha mirado su teléfono, ha sido atento y siempre sonríe.
Es algo tan característico de su persona, que te envuelve con tanta belleza.
Sé que no solo su belleza es física, con lo poco que me ha demostrado en estas dos semanas es que es un hombre que se preocupa por los demás, o al menos, por los más cercanos a él.
También es divertido, seductor y muy bromista. No sé cuántas veces he sonreído en lo que va de noche. Tenía tanto tiempo sin sentirme a gusto con una persona, vale, puede que con Fred me sienta así, pero es diferente. Fred es mi amigo, en cambio, Akin... me atrae demasiado.
—Cuando vivía en Estambul, me encantaba comer en un puestico de Kebap que estaba cerca de mi secundaria. No sé si exista todavía.
El pelinegro aunque no luce ebrio, tiene las mejillas sonrojadas y sus ojos un poco entrecerrados, pero en ellos hay un brillo muy bonito. Un brillo alegre.
—¿En qué calle quedaba? —pregunta sonriendo.
¡Dios mío! Su sonrisa es mi perdición.
—Deja de hacer eso —le digo.
—¿Hacer qué?
—Sonreír tan bonito... Es...
Me levanto para llegar a dónde se encuentra él sentado, que no es muy lejos de mí; está en el sillón más alargado. De un momento a otro, me he sentado en sus piernas y le estoy tomando el rostro con mis dos manos.
Él me mira curioso, pero ya sus ojos han cambiado y se han puesto más oscuros.
El alcohol no me deja pensar demasiado.
—Te ves tan guapo cuando sonríes —declaro viéndole, él inmediatamente sonríe de nuevo. ¡Por Dios!—. Te dije que dejaras de hacerlo.
—Oblígame —sisea mirándome directo a los ojos. Nos quedamos mirando por un segundo, porque al siguiente me encuentro besándole.
Fuegos artificiales se sienten por todo el lugar, como en esas películas americanas en dónde al dar un beso todo es chispas y luces en el cielo.
Así se siente en este momento. Este hombre besa como los dioses, y más cuando muerde mi labio inferior e introduce su lengua para marearme más y hacerme jadear.
Deseo.
Mucho deseo.
Hay calor.
Mucho calor.
Y las palpitaciones por todo mi cuerpo es un indicio de que esto se encendió y solo una cosa podría intentar apagarlo.