Dulce deseo Capítulo 06 #2
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Capítulo 06 #2

—Ella está divorciada recientemente, Les... Tal vez no esté preparada para tener algo con alguien.

—Pregúntaselo en algún momento, y con su respuesta, tú verás si vale la pena arriesgarse.

Y con esas palabras tan retumbantes en mi cabeza, me fui a casa, luego de casi hora y media de plática sobre la vida y el trabajo. Me alegra saber que nuevamente es la Gerente de negocios de Sunshine, ella hace un muy buen trabajo, y que tiene una familia hermosa.

Las luces de la sala están apagadas, me parece extraño, porque ni siquiera son las ocho de la noche. ¿Será que Melissa no está en casa? Camino hasta la cocina, pero allí tampoco está. Meneo mi cabeza negando, no puedo comportarme así por alguien que he conocido hace poco. ¿Qué carajos me sucede?

Me dirijo hasta mi habitación, mejor me tomo una ducha para poder descansar un rato, hoy tuve un día muy ajetreado. Lo bueno es que me relajé hablando con Leslie, sin embargo, aún la incertidumbre que tengo con mi compañera de piso, tampoco es que me hace sentir relajado del todo.

Al pasar por la habitación de Melissa, la puerta no está cerrada completamente. Trago saliva con dificultad al verla solo con su braga y sin sostén. Esto está mal, me repito muchas veces, está mal verla mientras ella no se da cuenta.

Parece que acaba de salir del baño, tiene su cabello húmedo y la toalla está sobre la cama.

Se está vistiendo.

Me alarmo cuando mi teléfono empieza a sonar en el momento menos indicado, de una vez Melissa voltea para mirar a la puerta, pero no se cubre y sus pechos están a la vista. Mis ojos viajan desde sus ojos hasta todo su cuerpo.

Melissa... çok güzel[13].

Trato de disimular, pero mi vista sigue cayendo en su cuerpo.

Ella no tarda en cubrirse con la toalla. Mi teléfono no deja de sonar, por lo que lo tomaré como una señal para huir de este momento. Le doy un asentimiento a Melissa y contesto mi teléfono mientras entro a mi habitación.

Respiro hondo una vez en la que he puesto distancia con aquella hermosa mujer.

Me tiene mal, muy mal.

◆◆◆

Es viernes. Las cosas siguen igual en casa, hablamos poco, nos vemos poco, ni siquiera sé cómo está.

Aunque creo que ha vuelto a trabajar, porque ya su pie ha mejorado mucho en estos días.

Extraño hablar con ella. Es muy difícil tener una compañera de piso y no hablarle todos los días. Es tan extraño.

Pero ella no se acerca, y yo tampoco voy a dar el brazo a torcer. Tal vez somos un par de orgullosos. Aunque, así es mejor, así el deseo baja milésimas y luego podremos estar bien como al principio. ¿O no?

Melek ya me ha dicho varias veces que estoy con un humor de perros, pero no le presto atención. Conrad me informó que todo está bajo control y que la seguridad ha aumentado. Al igual que la de Demet.

Extraño Turquía, nada es igual aquí.

A veces me frustro por todo esto, mi vida estaba de maravilla allá, y ahora por unos imbéciles tengo que estar lejos.

No sé cómo haré, pero debo volver a Estambul. No voy a pasar mi vida en este país.

No dejo de darle vueltas al asunto con Melissa. Estoy cansado de esto.

Esta distancia tiene que terminar hoy.

Tomo las llaves de mi auto, me voy sin despedirme de Melek y salgo del edificio rumbo al Museo, ella debe estar todavía allí.

Intento llamarla, pero no contesta. Conduzco hasta allá, pido información de su oficina y me dirigen al área de Turquía asiática.

No sabía que había este estilo en este museo.

Camino por los pasillos en búsqueda de la castaña. Escucho su voz y luego hay risas, acompañada de la voz de un hombre.

Al llegar hasta donde están, supongo que es el área de restauración, porque hay muchas herramientas a los alrededores. Melissa se sorprende de verme y el hombre me mira con curiosidad.

—Merhabalar. —Hola a todos.

—Akın —escucho decir a Melissa—. ¿Qué haces aquí?

—Vine por ti —digo directo al grano.

Nuestras miradas se conectan en una, pero todo se termina cuando el hombre carraspea para hacernos saber que está en la sala.

—Claro, disculpa, Akın —me mira aun sin entender—. Él es Frederick Robbinson, nuestro coordinador de restauración de obras.

—Akın Bozkurt, mucho gusto. —Tiendo mi mano para estrecharla con él, doy un apretón fuerte y me alejo—. ¿Ya saldrás?

Ella se ve confundida, mira a su compañero y luego a mí. Asiente y se comienza a despedir.

—Nos vemos el lunes, Fred —le dice al pelinegro, que es casi de mi tamaño y muy flaco. Se nota que entre ellos hay cercanía, ¿sería él con quien hablaba la otra noche?

—Vale, Meli. Ten buen fin de semana, te llamaré.

¿Disculpa? Sus palabras me hacen fruncir el ceño, lo miro con detenimiento. ¿Por qué la llamará?

—Vamos a buscar mis cosas en la oficina, Akın.

La sigo sin mediar alguna palabra, miro todo el lugar, qué diferente es el detrás de cámara de un museo. Solo son oficinas y salas con obras de arte.

—Realmente, ¿qué haces aquí, Akın? —pregunta Melissa cuando ya estamos solos en su oficina. Pero ella no está tan lejos de mí, quizás unos dos metros. Por lo que comienzo a acercarme. Ella lo nota y empieza a respirar diferente.

—Vine por ti, ya te lo he dicho —contesto, acercándome aún más—. Ya me cansé de no saber nada de ti, ¿no se supone que nos llevábamos bien?

—Evet. Solo que... —Intenta buscar la manera de hablar, pero mis pasos hacia ella no la dejan. Está nerviosa de nuevo, así como lo estuvo en la cocina antes de besarnos—. ¿Puedes mantener distancia?

—¿Por qué? ¿Te sigo poniendo nerviosa?

Veo como lame sus labios, hasta muerde el inferior. Eso hace que trague saliva, y tome una respiración profunda.

Ella es deseo.

Cuando estoy tan cerca de ella, veo como cierra sus ojos como si esperara algo. Sonrío al ver su gesto. Eso es una confirmación muy directa, aunque no diga nada.

Miro sus labios, sus ojos cerrados y siento su respiración ralentizada.

—Te invito a comer pastel de manzanas, te lo debo, ¿no?

Melissa abre sus ojos y al mirarme, allí estamos de nuevo, inmersos en una burbuja en donde el tiempo se detiene y no hay nadie a nuestro alrededor.

—Es... —traga seco, pero se recompone—. ¿Es una salida como compañeros de piso?

Dejo que los segundos pasen mientras detallo su hermoso rostro, sus ojos brillan y sus labios son muy rosados y finos.

—Hayir[14], es una cita, güzelim.

¿Una cita? ¿En qué te estás metiendo, Akın? Me pregunto a mí mismo, pero ahora mismo, realmente no me importa, con solo verla de esta manera y volver a hablarle me hace sentir muy bien.

Me hace sentir vivo.