Capítulo 06
Akin
No me aguanté, tuve que besarla ante su petición. Sus suaves labios hacen que mi cuerpo tiemble de una manera inexplicable y nueva. Ella con solo este pequeño toque me hace sentir vivo.
Pero todo se desvanece cuando se separa bruscamente y comienza a balbucear algunas palabras mientras intenta zafarse de mí. Sus pasos son torpes, al igual que sus movimientos.
—Creo que mejor me voy a la habitación.
Ni siquiera se lleva el vaso con agua. No habla de lo que acaba de pasar. ¿Qué ocurre? ¿Se arrepintió?
Todas las señales indicaban a que quería lo mismo. ¡Me pidió que la besara! ¿Por qué reacciona así? Joder, ¿y ahora?
Mi cabeza es todo un lío, intento pensar qué hacer, pero mientras me quedo fijamente mirando a la nada; termino dándome un golpecito en la frente y me digo que soy un idiota.
Tomo una bocanada de aire, agarro un vaso de cristal y lo lleno con agua para poder llevárselo, la pobre ni siquiera hizo lo que vino a hacer a la cocina.
Camino por el pasillo sobrepensando en qué decir si ella pregunta o si no lo hace. Ella me paraliza, me pone ansioso, pero al mismo tiempo quiero hacerle muchas cosas. Es una mezcla muy rara de sentimientos y emociones que me confunden demasiado.
La puerta de su habitación está entreabierta, veo que está sentada sobre la orilla de la cama, está ensimismada viendo el suelo. Pero al mover un poco la puerta, ella mira hacia donde estoy.
—Hola —digo ladeando una sonrisa—. Olvidaste tu vaso de agua.
Me acerco a ella para entregárselo, ella lo toma con una sonrisa que ni les llega a los ojos.
—Ah, sí, gracias... —Es lo único que dice.
—Melissa, lo que ocurrió...
—Mejor no hablemos de eso, por favor —me interrumpe—. Dormiré.
Entiendo su mensaje. Muy claro.
Me alejo de ella, la miro por última vez antes de salir de su habitación. No había detallado su vestimenta, está usando una pijama tan corta que hace lucir muy bien sus piernas. Ella nota que estoy mirándola, veo como traga saliva y se me queda mirando.
Hay deseo en su mirada. Ella quiere ceder, pero no lo hace.
Prefiero llevar esto con calma por el bien de ambos.
Me despido de nuevo y salgo de allí, tratando de controlar mis ganas de estar con ella. Gruño por lo bajo, emito un suspiro con frustración y con la cabeza más confundida de lo normal, entro a la ducha para poder despejar mi mente y poder dormir con tranquilidad.
Me gusta esa mujer, joder.
◆◆◆
He estado todo el día en la oficina, Melek y Conrad me han traído un montón de documentos para revisar.
El día ha sido agotador, pero a pesar de todo, mi mente no deja de pensar en la mujer de sonrisa alegre y mirada cálida que está en mi casa.
El beso que nos dimos hace dos noches no deja de rebobinarse en mi cabeza una y otra vez.
Ayer no hablamos, Melissa está en una misión de evadirme, que es un poco molesto, pero mi alma de buen entendedor no se enoja del todo por la situación, quizás ella no quiere arruinar todo, más sabiendo que está en mi casa porque no tiene a donde ir.
Sin embargo, se les extraña; me gusta escucharla hablar sobre cualquier cosa. Tampoco intenté decirle algo, no quería molestarla más. Con mi arrebatamiento del beso, creo que fue suficiente.
Sigo revisando mi correo con nuevas ideas de mi gente en Turquía, aunque seamos solo nosotros tres en la oficina, en Estambul tengo a cientos de empleados. Por lo que trabajar a distancia no ha sido tan difícil.
Dos mensajes nuevos llegan a mi teléfono, lo reviso con la esperanza de que uno de ellos sea de Melissa, pero fallo al ver que uno es de Leslie y el otro es de un número desconocido. Abro el segundo por curiosidad.
Pero inmediatamente mi ceño se frunce, mis alarmas internas comienzan a sonar y mi corazón late rápido por la angustia.
El mensaje reza:
Ya sabemos dónde estás.
Estamos cerca.
Si no trabajas con nosotros, no trabajarás con más nadie.
Ni con los sucios americanos.
¡Por Allah! Ya saben dónde estoy, ¡maldita sea! Aunque sabía que me encontrarían.
Joder, joder, joder.
Me levanto de la silla, tenso mi mandíbula, miro a todos lados. No puedo dejar que ellos lleguen a mí tan fácilmente. Pero ahora mismo, mi mente está tan nublada que ni siquiera sé qué hacer.
Inmediatamente llamo a Conrad para contarle, él llega a mi oficina en un minuto.
—Señor.
—¿Qué vamos a hacer? Ni porque tenga tanta seguridad me voy a salvar de ellos.
—No se preocupe, tenemos cinco guardaespaldas, usted siempre está pendiente de dónde va, con quien se relaciona. Tenemos un control de la zona en donde vivimos y trabajamos. Ellos no se acercarán a usted.
—¿Qué pasa con el apartamento? Si estamos aquí, ellos pudiesen entrar... —Mis ojos se abren de pronto más de la cuenta al acordarme de que ya no vivo solo—. ¡Melissa! Ellos pueden hacerle daño si la ven allí.
—Ese daño colateral debemos evitarlo, señor Akın.
Me rasco la sien por quinta vez, paso mi mano por mi rostro, me siento, vuelvo a levantarme. Soy un manojo de nervios.
—Aumentemos la seguridad, Conrad —le digo a mi chofer, que es casi un todo para mi equipo de trabajo. Se encarga de la seguridad, de encomiendas, chofer, es como mi mano derecha. Confío mucho en él.
—¿Más hombres?
Asiento.
—Más que todo a la casa cuando no estemos... No quiero que le pase algo a Melissa por mi culpa. No puedo echarla, no tiene a dónde ir.
Él se me queda mirando en silencio, pero asiente.
—Tamam, Akın Bey.
—Conrad... —El hombre se detiene antes de irse—. ¿Sabes si Melissa salió del apartamento hoy?
—No, señor. Pero puedo llamar a vigilancia para que me corroboren esa información.
No digo más nada, solo doy otro asentimiento, afirmando que haga lo que dijo. Me quedo mirando por el ventanal de la oficina. Pensando en qué haré con todo esto, con Melissa y en cómo sobrellevar una vida normal en Seattle mientras el tiempo en que esté aquí.
Suenan toques en la puerta, ésta se abre y veo el cuerpo de Melek entrar a la habitación. Ni siquiera su vestido corto muy arriba de sus muslos pueden llamar mi atención por completo. La miro con el ceño fruncido, no estoy de buenas en estos momentos.
—Dime, Melek, ¿qué necesitas? —inquiero al verla.
Ella no se inmuta ante mis palabras.
—¿Ocurre algo?
Niego con la cabeza, mientras menos gente sepa lo que ocurre mejor.
—¿Sigue aquella mujer en tu casa?
Su pregunta me altera.
—Pardon? —¿Disculpa?
Melek pone los ojos en blanco.
—Sabes de quien hablo, Akın.
—Creo que te estás pasando de la raya de nuevo, Melek. A partir de ahora solo háblame de señor Bozkurt o señor Akın. Tenemos años conociéndonos, pero no me tutees delante de la gente. Y aquí tampoco porque estamos en nuestra área laboral.
Veo como enarca una de sus cejas.
—¿Todo esto a cuesta de esa mujercita? Que ni sé de dónde demonios salió.
—Ese no es tu problema, y te lo advierto, Melek, deja de hablar de ella de esta forma. Ahora vive conmigo, para que sepas que ya no vivo solo.
—¿Y a cuenta de qué ahora vives con alguien?
—Melek —siseo con molestia—. ¡Ya te dije! No entiendo tu escena de celos absurdos. Eres mi asistente, entiéndelo.
La rubia suelta un suspiro lleno de frustración y rabia.
—Eso no me lo decías cuando estábamos en Ibiza o en Suecia, y estaba bien enrollada en tu cama de hotel.
Sus comentarios son innecesarios, me están cabreando más de lo que estoy.
—Señorita Özdemir, quédese en su lado de la línea laboral y ya deje estar diciendo tonterías. Eso ya pasó, quedó en el pasado. —Hago una pausa, sin dejar de mirarla—. Si quieres conservar tu trabajo, no digas más nada, Melek. Sabes que necesitas de este trabajo...
Ella sabe de qué le hablo, por lo que no chistea, respira hondo y se da media vuelta. Es muy orgullosa para replicar algo más.
Sé que el haberme enrollado con ella sería un problema, pero estábamos bien con el hecho de no lazos ni nada por el estilo. Aunque ya veo que ella no está cumpliendo con eso. Por lo que espero que ya deje sus tonterías y no saque a relucir ningún otro comentario en contra de Melissa.
¡Maldición! Me urge tanto saber de ella. Ugh.
De verdad que mi cabeza es un lío y me estoy llenando de muchos problemas.
◆◆◆
El otro mensaje que llegó más temprano era de Leslie Walts, mi gran amiga americana que es mi confidente en este país.
Su mensaje decía que teníamos que encontrarnos hoy en un restaurante y que debíamos ponernos al día con nuestras vidas.
Como corderito perdido, acaté su orden y fui tras ella.
Por lo que me estoy bebiendo un vaso de ron enfrente de ella, mientras le cuento mis problemas personales.
Les me mira escuchándome en cada momento mientras se bebe un jugo de frambuesas por estar embarazada y no poder acompañarme a beber.
—Aunque este jugo esté muy bueno, sí me provoca tomarme una copa de vodka y acompañarte en la bebida; tienes una cara de que no sabes ni qué hacer con tu vida.
Hace unos minutos le conté sobre Melissa, el cómo esa castaña llegó a mi vida y en la atracción que ambos tenemos por el otro.
—Así me siento —le digo, tomando otro sorbo de mi trago.
—Entonces, ¿ella está viviendo contigo? ¡Vaya! —exclama riéndose—. Eres un caos, Akın.
—Es que es tan hermosa, no puedo dejar de pensar en ella, quisiera hablarle, pero... sé que ella se arrepiente del beso que nos dimos.
—¡¿Se besaron?! ¡Oh por Dios! —Se vuelve a reír—.
Eres hombre muerto, querido amigo. Esa atracción explotará en cualquier momento, no lo van a poder evitar.
Cuando hay un deseo que se desborda de esta manera, no hay quien detenga la explosión.
Te lo digo por experiencia... Viví algo así con mi esposo.
Me bebo de un solo tiro el ron, siento como quema mi garganta.
—¿Y qué hiciste? —pregunto como un crío que apenas está conquistando a su primera chica.
—Solo me dejé llevar, no pude evitarlo más —responde, encogiendo sus hombros y sonriendo—. Fue lo mejor que pude hacer, mírame, tengo una familia con él ahora.
Sonrío al ver cómo su vida ha mejorado después de todo lo que pasó con Raymond, su esposo. A pesar de todo, el amor entre ellos nunca volvió a tambalear.