Dulce deseo Capítulo 05 #3
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Capítulo 05 #3

—Ya me contarás, igual estoy pendiente. Estoy para ti.

—Lo sé, gracias. Siempre lo tengo en cuenta. —Me despido por última vez y cuelgo la llamada.

Akın está al frente de mí mirándome.

—Selam, güzelim. —Hola, hermosa.

Le sonrió. No sé por qué ahora me llama así, pero es algo que no me molesta. Es tan extraño todo esto con él.

—Selam.

—¿Todo bien?

—Sí, todo bien. Revisando el correo del trabajo.

—Uhm... Vale.

—¿Ocurre algo?

—No, nada. —Da media vuelta, pero no termina de dar el primer paso cuando voltea a verme de nuevo—. ¿Actualmente estás saliendo con alguien?

Su pregunta me toma desprevenida, ¿a qué viene eso?

—Eh, lo digo porque estabas hablando con alguien...

Aunque es extraño que me pregunte eso, pero no estaría mal responderle. No oculto nada.

—No, no salgo con alguien. ¿Y tú?

¿Por qué le estoy preguntando lo mismo?

—No —responde en seco.

Nos quedamos en silencio mientras nos miramos. ¿Por qué siento esta atracción hacia él? ¿Por qué cautiva tanto su mirada, así como su sonrisa?

El timbre de la casa nos saca de nuestra burbuja y miramos hacia ella, como si estuviera interrumpiendo un momento entre ambos.

Yo intento levantarme del sillón para ir a abrir, pero Akın me hace una seña de que él lo hará.

Frunce su ceño cuando ve al repartidor con bolsas de supermercado en sus manos.

—Es para mí —digo tratando de acercarme—. Hice mercado.

Él me mira sin entender toda esta modalidad de compras de víveres sin moverte de casa, se nota en su rostro. Le agradecemos al repartidor y le cuento sobre la app que usé. El chico se despide, da las buenas noches y se va.

Akın lleva todo a la cocina, pone las bolsas sobre el mesón.

—Pudimos haber ido a comprar todo esto al supermercado —dice mirando lo que compré.

—Estabas ocupado con tu trabajo, no quise molestar. Además, como existe esta opción, pues resulta más fácil sabiendo que no puedo ir por lo del pie.

El pelinegro asiente dos veces con su cabeza, me mira y sonríe.

—La próxima vez podemos ir.

Le sonrío de vuelta.

—Puede ser —musito, al saber que no sé si la próxima vez estaré aquí.

◆◆◆

Son las diez de la noche, la casa está silenciosa, no sé qué está haciendo Akın. Desde hace rato no lo escucho andar por allí.

Aunque en su habitación se escucha el ruido del televisor. Él está aproximadamente a tres metros de distancia de mi habitación. En la cena no estuvimos juntos, él salió y regresó hace ratico. No lo he visto desde que arreglamos todo en la cocina.

No sé por qué me importa lo que haga, solo somos compañeros de piso, más nada.

Intento dormir para poder mañana levantarme temprano y ver si busco algunas opciones de apartamentos o habitaciones en alquiler.

El único pensamiento antes de quedarme dormida es Akın y el hecho de que es tan bueno conmigo.

¿Quién es él y por qué ha llegado a mi vida de esta forma?

◆◆◆

Abro un ojo y miro mi teléfono, el reloj marca las tres y media de la mañana, tengo mucha sed, por lo que decido ir a la cocina por un vaso de agua. Cuando salgo de mi habitación, veo la silueta de Akın caminando por el pasillo. ¿Qué hace despierto a esta hora?

Camino sin hacer tanto ruido, pero el apoyar el pie sobre el piso me duele.

Llego a la sala, todas las luces están tenues y se ve un poco oscuro el apartamento.

Él está en la cocina, intento ver qué hace.

Respiro hondo al notar que está sin camiseta, solo en un pantalón de pijama de color gris. No puedo evitar suspirar.

Se ve tan sexy... Esa espalda... Esos músculos...

No sé cómo mi suspiro fue tan audible que él volteó para ver quién estaba detrás de él. Mis mejillas se tiñen de rosa en el momento, me siento como si me hubiesen atrapado.

En realidad, así fue.

—Güzelim —me llama—. ¿Qué haces despierta?

—Me levanté por un vaso de agua. —Mi voz no suena como la mía. Así estoy de nerviosa. ¡Allah, Allah! Mira ese abdomen...

Todo en mí se tensa al ver su cuerpo tonificado. Es un hombre que se ejercita mucho, se le nota demasiado.

Me doy cuenta de mi ensoñación, por lo que más se sonrojan mis mejillas. Intento lucir calmada, me acerco a dónde está. Paso a su lado para tomar un vaso y abrir la nevera, pero mi cuerpo se eriza cuando él se acerca a mí y toma el vaso que está en la estantería donde no alcanzo del todo.

Pero la sensación de su cuerpo tocando el mío me tiene respirando con dificultad.

—¿Tú también sientes la atracción? —susurra cerca de mi oído.

Trago saliva.

—¿Qué dices? —balbuceo por el nerviosismo—. No sé de qué hablas.

Trato de decir, volteándome para poder ir a la nevera, pero fue mala idea.

Ahora estamos frente a frente y mi corazón no deja de latir de forma desenfrenada.

Akın me mira con un brillo en sus ojos que me hace sentir gelatina.

Su mirada va de mis ojos a mi boca. Lo que hace que lama mis labios y vuelva a tragar.

—También la sientes... Estás nerviosa por algo. —Sigue hablando en voz baja, casi en susurro muy cerca de mí.

No puedo evitar ver sus carnosos y rojos labios.

Deseo... Es deseo lo que siento por él.

Esa es la respuesta ante mis inquietudes acerca de su cuerpo.

M—elissa, si no me detienes, te voy a besar —dice a pocos centímetros de mi boca.

Mi respiración es escasa, así como la de él. También está ansioso.

—Bésame —respondo en un hilo de voz. En estos momentos Melissa se ha ido, todo mi cuerpo lo aclama y simplemente se deja llevar... Ni siquiera pienso correctamente.

No hay otro pedido, Akın posiciona sus labios sobre los míos, dejándome sin aire.

Joder, esto sí que es un dulce deseo.

Un deseo que está en llamas y que hay la necesidad de apagar.