Capítulo 05 #2
Suspiro al ver que mi vida está resumida en cuatro maletas. Las cosas que tenía en mi antiguo apartamento está en un depósito que pago cada mes mientras consigo algún sitio. Ese es otro gasto que tengo en mis cuentas.
Es sábado por la tarde, el día está un poco opaco, pero él sol ha hecho su presencia durante el día, por lo que es un buen día.
Akın salió hace un rato a hacer ejercicio por lo que me dijo.
Me tomé una ducha caliente, para así poder relajar mi cuerpo, ha estado muy tenso desde que me desperté con la llamada de Chiara.
Ella me envió un mensaje disculpándose otra vez, pero le dije que estuviera tranquila y que esperaba que la cirugía saliera bien.
Miro el techo de la habitación, cansada de estar acostada esperando que el dolor en mi tobillo cese, pero estoy harta de estar así. Por lo que me levanto y camino hasta la cocina.
¿No estaría mal hacer un almuerzo para Akın como agradecimiento por toda la ayuda, cierto?
No lo pienso mucho, saco algunas cosas que él tiene en su nevera y empiezo a preparar el almuerzo para los dos.
Más tarde le diré que me acompañe a hacer las compras de la semana, con este pie así no podré hacer mucho. O tal vez pida todo a domicilio.
No lo sé. Esperaré a que llegue a ver qué dice.
La comida está casi lista, el olor de la buena comida se impregna en el apartamento, huele muy rico.
Tal vez le guste la comida turca americana que he aprendido a hacer en este tiempo viviendo aquí. Es una mezcla de ambas culturas; me gusta preparar algunos platos de esa forma.
El timbre suena, haciendo estremecer mi cuerpo, ¿será que Akın olvidó sus llaves? Limpio mis manos y me dirijo hasta la puerta de entrada, veo por la mirilla y mi ceño se frunce un poco al ver que es una mujer alta muy bonita.
Me tomo el atrevimiento y abro la puerta, ella se sorprende al verme.
—¿Tú quién eres? —Es lo primero que dice. No saluda, no pregunta por Akın ni por Conrad. Por el tono de su voz, también es turca. ¿Será alguien que trabaja con Akın? ¿O es su novia y él no lo ha mencionado?
—Soy Melissa, ¿y tú?
—No me interesa tu nombre, ¿quién eres tú y que haces aquí?
Ya sus preguntas comienzan a molestarme.
—¿Estás buscando a Akın?
Su rostro se enfurece más cuando lo menciono. Ella no dice nada.
—Akın salió —le digo, acomodándome el cabello hacia atrás—. ¿Le dejo un recado de tu parte?
—¿Qué demonios? —Sisea para sí. De un momento a otro, entra al apartamento como perro por su casa y mira todo el lugar.
—Hey, respeta, ¿cómo vas a entrar así? ¿No te enseñaron modales?
—Cállate, perra americana.
Lo que ella no sabe es que eso se lo he entendido perfectamente. Por lo que mi respuesta también es en turco.
—Si piensas insultarme en otro idioma, ten la decencia de averiguar primero si la otra persona no habla el mismo, chica mimada.
Ella no se esperaba eso, sus ojos se han abierto más de la cuenta. El olor de la comida me recuerda que estoy cocinando, por lo que intento llegar lo más rápido posible hasta allí y terminar lo que estaba haciendo.
—¿Qué haces cocinando? ¿Quién demonios eres tú? —Vuelve a preguntar la rubia.
—Ella es Melissa, es mi nueva compañera de piso, ¿hay algún problema, Melek?
La voz de Akın hace que mi piel se erice, volteo a mirar a los presentes y ellos me miran también al mismo tiempo. ¿Quién es ella? ¿Por qué siento que estorbo aquí?
—¿Qué estás diciendo? —inquiere la chica que ahora conozco como Melek—. ¿De dónde salió esta mujer?
El rostro de Akın es de mil poemas, su seriedad se está encaminando a la molestia.
—Detén tus preguntas y quédate en tu línea de asistente, señorita Özdemir.
Ella se inmuta, traga saliva y emite un suspiro de frustración.
—¿Necesitas algo? —le pregunta a ella, aún con tono serio.
—Vine por la carpeta que te di ayer, el de las empresas norteamericanas que estábamos estudiando.
El tono de voz que emplea Melek es muy diferente al de hace un momento. Por lo que me confirma que ella es su asistente, pero sé que aquí hay otra cosa. Hay algo entre ellos, se nota a leguas. Esta mujer no hubiese reaccionado así si no tuviera algo con su jefe.
—Lo tengo en el despacho, lo traeré.
Él me mira, da un guiño y se va a buscar la carpeta que le ha pedido Melek. La castaña me mira con cara de pocos amigos, casi que me incinera con su mirada.
El ambiente está tenso y si no me avispo, hasta la carne que estoy preparando se quemará.
Apago la cocina eléctrica, muevo los vegetales y los salteo junto con la carne. Me gusta lo que he hecho, espero que también le guste a mi compañero.
Dos minutos después, Akın llega de nuevo a dónde estamos.
Le dice algo a su asistente y ésta se va sin decir más nada, no se despide ni se presenta como tal.
Hago una mueca para dejar de darle importancia y me fijo en el hombre que está caminando hacia donde estoy.
Su rostro cambia completamente cuando me sonríe.
—¿Estás cocinando?
Le hago una seña a las ollas y a los platos puestos en el mesón de la cocina.
—Nah, solo estaba jugando con todo eso —respondo bromeando. Él se ríe.
—Vale, qué juego tan divertido. ¿Puedo unirme?
Eso me hace sonreír.
—Tenemos un nuevo jugador —anuncio con voz de computadora—. Bienvenido al juego de cocina del día de hoy.
La risa de Akın llena el lugar, dentro de mí se siente una especie de emoción al escucharle. ¿Qué me sucede? ¡Allah!
Nos adentramos en la especie de juego que hemos creado, que en realidad es servir la comida y sentarnos en el comedor que tiene Akın en este apartamento. Noto que es poco el uso que le da.
Reímos, hablamos de Seattle, de algunas cosas estadounidenses que no nos gustan o parecen extrañas. Él ha alabado mi comida, dice que tenía mucho tiempo sin probar algo casero tan rico. Pero nunca mencionamos Turquía.
—Me gusta la mezcla de ambas culturas —me dice al terminar de comer—. Los sabores se combinan de una manera espectacular. Allah bendiga tus manos, Melissa.
Tenía mucho tiempo sin escuchar ese refrán turco.
—Gracias, Akın. Me alegra mucho que te haya gustado, quería hacer esto en modo de agradecimiento por la ayuda de hoy.
Él sonríe.
—Güzel, çok güzel. Gracias, güzelim.
—Compañera —lo corrijo—. Siempre como compañeros de piso.
Se vuelve a reír como lo ha hecho varias veces en lo que va del almuerzo.
—Claro, como compañeros...
Él se ofrece a lavar los platos, algo que me sorprendió, pero que lo deje hacer fácilmente. Qué bueno que sea de ese tipo de hombre que se ofrece en hacerlo.
Ferit no era así... Era tan turco y con esos valores de que la mujer hacía todo.
Al principio no me molestaba, porque así nos crían, en que hay que complacer al esposo y siempre estar dispuesta a todo en casa.
Pero con el tiempo me cansé, me di cuenta que eso no debía ser así y que él también tenía los mismos deberes que yo en la casa.
Tal vez había muchos puntos que ya no me gustaban en cinco años, por lo que el amor se fue deteriorando y ya dejando de existir. Además, con lo que hizo, me dio la valentía de terminar y decirle que nos divorciáramos. No valía la pena seguir.
Él tampoco insistió. Creo que fue lo que más me dolió en el momento.
Es tan raro ver a otro hombre cerca de mí, aunque sea en este plan de compañero. La espalda ancha de Akın tan marcada por el ejercicio se visualiza muy bien desde donde estoy sentada. Él está vestido con ropa deportiva, que le sienta excelente.
—Melissa.
—¿Uh?
—Sobre Melek... —Hace una pausa y me encara—. Ella es mi asistente, disculpa el mal momento con sus preguntas y su mal comportamiento ante ti.
Asiento con extrañeza.
—Vale... Ella parecía otra cosa cuando llegó preguntando que quién era yo. Sonaba más como una novia —digo riendo un poco.
Él se pone incómodo, mira a otra parte y se rasca el cuello.
—Solo es mi asistente —recalca, acomodando los platos y secando sus manos.
Su respuesta no me convence del todo, pero es un tema que no me debería de importar. Apenas nos estamos conociendo y su vida privada no me interesa en absoluto.
Akın prepara té para pasar el rato mientras reposamos, pero una hora después se despide de nuevo al decir que trabajará en su despacho. No me dio tiempo de decirle lo de ir al supermercado, por lo que terminé comprando todo por internet y esperando a que lo trajeran al edificio.
Mientras espero, reviso mi teléfono y la decena de correos que tengo del trabajo. Lo que me recuerda que debo enviar el permiso médico que me dieron por lo de mi lesión en el tobillo. Todavía sufro por esto. La inflamación no se baja y la molestia en él tampoco.
El nombre de Fred se visualiza en mi pantalla, anunciando que está llamando. Estoy sentada en la sala del apartamento esperando el pedido, pero de igual forma contesto la llamada.
Fred pregunta cómo estoy, por lo que le cuento lo que me sucedió anoche. Él se preocupa, pero le digo que todo está bien, que ni siquiera necesito de una radiografía, creo. Tampoco quiero ir a un hospital en estos momentos, ya me mejoraré.
—No puedes ser irresponsable con eso, Meli. Ve al médico. Te buscaré e iremos.
—No, Fred, estoy bien. No te preocupes. Ya se bajará la hinchazón.
—Meli, no voy a poder estar tranquilo si estás mal.
Esbozo una sonrisa suave.
—Estoy bien, créeme. Ya un médico me examinó y dijo que no es grave. Ya para el lunes espero estar mejor e ir a trabajar.
—¿No harás reposo?
—No puedo, sabes que la exposición será pronto y hay mucho trabajo que hacer.
—Debes pensar en ti, Melissa. Siempre estás trabajando y debes darte este descanso, puedes trabajar desde casa.
—No sería yo si hiciera todo eso. Es mi responsabilidad esa exposición, todo tiene que salir muy bien.
Él suelta un suspiro.
—Está bien, igual te enviaré comida para que no intentes hacerla, así como estás.
¿Enviarme?
—Fred, no. Ya no vivo donde siempre.
—¿Dónde estás? ¿Conseguiste un nuevo lugar?
Suspiro mirando en dónde estoy.
—Sí, algo así... —Miro que Akın está caminando por el pasillo hasta la sala—. Debo colgar, espero que tengas una bonita noche. Gracias por preocuparte por mí, Fred.