Capítulo 05
Melissa
Tuve que irme.
Chiara llamó a las seis de la mañana para decirme que su mamá había llegado de Italia y que debía irme hoy del piso porque necesitaba la habitación. Ahí fue cuando me di cuenta que mi mundo comenzaba a tambalear de verdad y que no sabía qué haría con un pie lesionado y ahora sin casa.
Como pude me arreglé y salí del apartamento de Akın, el cual curiosamente quedaba en la misma zona que una vez vi para encontrar un apartamento, solo que no me gustaba el sitio.
Otra casualidad.
Aún tengo el tobillo adolorido, pero no tan inflamado como anoche, sin embargo, está muy feo. Me cuesta caminar correctamente y estar saltando de aquí para allá cansa mucho.
Entonces, cuando salí de allí, me asusté al ver a Conrad, el chofer de Akın, en el ascensor.
Él estaba en ropa deportiva, supongo que estaba yendo a hacer ejercicio.
Me miró y me preguntó si estaba bien; le conté como pude lo que ocurría y el pobre hombre me vio con cara de lástima y me dijo que me llevaría a mi edificio.
Estando en el auto, con un silencio incómodo y mirando solo por la ventana, le digo a Conrad—: No le diga a Akın que me ayudó, por favor... Creo que lo mejor es dejar todo así.
Cuando le dije eso, él me miró sin entender, pero luego volteó su mirada a la carretera.
—¿Así como, Melissa hanım?
—Siendo una casualidad.
Él no emitió más palabra. Cuando llegamos a mi edificio, no se quiso ir, a pesar de que le dije que lo hiciera. Es por ello que ahora está afuera del apartamento de Chiara, esperando a que yo recoja mis cosas y poder salir de aquí a quien sabe dónde.
Chiara y su madre se disculpan por lo ocurrido, pero aun así no me dicen que me quede hasta encontrar un sitio. Supongo que son así y que ya me dieron mucho tiempo para irme, pero no lo había hecho porque no he encontrado otro lugar.
Mi vecina me pregunta sobre el hombre que está afuera esperándome, solo le dije que era un conocido que me está ayudando.
Toda la situación cambia cuando toques suenan en la puerta de entrada y la madre de Chiara abre y ve a un hombre de casi un metro noventa de alto y que con acento turco pregunta por mí.
Mi vecina y yo nos miramos, mis ojos deben estar bien abiertos cuando veo al susodicho entrar al apartamento.
—Melissa —anuncia al mirarme. Se presenta ante todas y solo se me queda viendo—. ¿Estás bien?
—¿Qué haces aquí? —pregunto, luego dirijo mi mirada hacia la puerta—. Le dije a tu chófer que no te dijera nada.
—Ya estoy aquí —afirma—. ¿Qué está pasando? ¿Necesitas alguna ayuda?
No sé por qué está aquí, no debería. ¿Por qué intenta ser un salvavidas en cada momento?
Esto de que alguien quiera ayudarme no es tan seguido, y desequilibra un poco mi independencia.
Desde que me divorcié, creé una coraza en que nadie ni nada puede lastimarme, en que solo soy yo ante el mundo; pero él está aquí, tratando de ayudarme y con una sincera preocupación en sus ojos.
Me desequilibra por completo.
—Ven —le digo para hablar a solas con él en una parte más apartada de la sala, lejos de las dos mujeres que esperan a que me termine de ir.
Una vez que estamos alejados, le miro y hago una mueca—: Pues, aquí es donde me estaba quedando.
Debo irme hoy a otro lugar, porque la mamá de mi amiga llegó a la ciudad y necesita la habitación.
—¿Y a dónde irás?
Me encojo de hombros, su mirada se vuelve más intensa.
—No tengo a donde ir... —Hago una pausa, tragando saliva. Me da mucha pena esto—. He buscado apartamentos, pero ninguno alcanza o es acorde para mi salario.
Él se queda pensando en lo que le he dicho, su rostro está enseriado y por último lame sus labios antes de hablar.
—Vendrás conmigo —dicta sin chistar—. Puedes quedarte en mi casa hasta que consigas un nuevo lugar.
Lo miro con asombro, un poco confundida por lo que dijo. Le digo que no inmediatamente, no puedo seguir molestando su vida con mis infortunios.
—No eres una molestia, Melissa —dice en voz baja—. Ya somos amigos, ¿no?
Un suspiro se cuela y eso le hace ladear una sonrisa.
—Salgamos de aquí y ya veremos qué hacemos... ¿vale?
—Taman.
Luego de nuestra conversación, terminé de recoger mis cosas, agarré mis maletas con la ayuda de Akın y Conrad, salimos de aquel edificio lleno de muchos recuerdos en cinco años.
Extrañaré esa zona, también porque mi antiguo apartamento queda allí.
Supongo que es hora de cerrar esa etapa de mi vida, y comenzar una nueva.
Siento la mirada de Akın de vez en cuando, él no quiso que nos fuéramos con Conrad, sino que iríamos en su auto.
No sé hacia dónde está conduciendo, pero llevamos diez minutos en carretera y el centro de Seattle lo pasamos hace un momento.
No hemos hablado mucho, me da pena contarle mis problemas, pero sé que me está dando el tiempo para que yo misma sea quien hable primero.
Tomo una bocanada de aire, suspiro y le miro.
—Gracias por ayudarme —expreso con una sonrisa ladeada que es más una mueca que eso—. Antes... estaba casada.
Sus cejas se alzan y me mira.
—Estuve casada... me divorcié hace poco. Por lo que no tenía donde quedarme luego de ello, Chiara me alquiló una habitación por unos meses, hasta que consiguiera un lugar, pero su madre tiene una cirugía y estará viviendo con ella. Ya era mi tiempo de partir de allí.
—¿Por cuánto tiempo estuviste casada? —inquiere Akın, quien ha detenido el auto porque estamos en un semáforo en rojo.
—Cinco años —le respondo.
Él asiente.
—Bastante tiempo.
—Sí, algo —musito.
Akın nota que no quiero hablar sobre el tema.
—Vayamos a desayunar, porque son las nueve de la mañana y tengo hambre —emite una risita—. ¿Tienes hambre?
Ladeo una mueca.
—Mucha. No he tenido tiempo de comer.
—Entonces vayamos a comer, así hablamos un poco más.
Le doy un asentimiento y dejo que él siga conduciendo. La radio está encendida y hace un viaje ameno hasta la cafetería a dónde vamos.
El lugar al que hemos venido es acogedor, muy bonito el ambiente. El olor a pan recién hecho y a café, hace que mi estómago haga un ruido por el hambre. Un letrero en grande dice que está cafetería se llama Life's, nunca había venido a pesar de tener tantos años en Seattle.
Con ayuda del turco a mi lado, camino con cuidado hasta una mesa para sentarnos.
—Está bonito el sitio, ¿No crees?
Sonrío.
—Muy lindo, me gusta.
Un chico con una boina muy colorida nos atiende, escribe nuestro pedido y se va, al rato llega con nuestro desayuno.
—¿Ya habías venido a este lugar? —le pregunto a Akın, mientras comemos.
No lo había detallado hoy, luce apuesto. Él tiene un encanto que cualquier mujer se daría cuenta de su belleza al pasar al frente de ella. No está vestido con un traje como ayer, hoy está más casual. ¡Hace rato estaba usando lentes de sol!
Muy apuesto. No puedo negarlo.
—Sí, vine una vez con una amiga que trabaja en la empresa de en frente.
Miro con curiosidad por el ventanal que da hacia la calle. Un edificio alto y moderno se ve desde aquí. En la entrada hay un cartel que dice «Sunshine».
No lo había visto antes.
—Hace un año hice negocios con esa empresa. Tienen una sucursal en Turquía. Son buena gente.
—Se nota que te llevas bien con ellos.
—Así es —contesta, comiendo de sus panqueques tan americanos que me da risa verlo comer eso. Lo hacía más tradicional y al estilo turco, pero me sorprende con esta forma de ser.
Comemos en silencio de vez en cuando, hay comodidad entre ambos. Pero cuando recuerdo su propuesta de vivir con él, dejo de comer.
—¿Qué ocurre? —pregunta de inmediato.
—Tu propuesta...
Él también baja sus cubiertos, se limpia su boca y entrelaza sus dedos sobre la mesa para mirarme con atención.
—No te conozco, Akın. Además, no quiero incomodarte viviendo en tu casa. No quiero incomodar tu vida de soltero.
—Entiendo, pero a veces es molesto tanta soledad. Será un tiempo, Melissa. ¿Qué podría salir mal? Ambos trabajamos todo el día, si nos topamos en la casa sería en la noche. No tengo ningún problema con eso.
Él tiene razón, interactuaríamos poco viviendo juntos. Su mirada incesante no me deja pensarlo bien; ni siquiera puedo hacerlo, porque es la única opción que tengo en estos momentos.
—Vivir en tu casa... —murmuro para mí, pero él lo oye.
—Entonces, ¿compañeros de piso? —Su pregunta viene con una sonrisa que me hace sonreír también. No puedo con eso, su carisma me transmite comodidad y me hace sentir bien.
—¿Cuánto sería el costo del mes? Aunque sé que un lugar como ese debe ser muy costoso.
—No te preocupes por eso, si tanto te molesta lo del pago, puedes comprar la comida del mes y estaremos bien.
—Vale, lo acepto, porque mi salario del museo no tiene muchos ceros lamentablemente. Un mes, uhm, quince días como mucho. Prometo buscar algo pronto.
—No hay apuro, Melissa —dice Akın con tranquilidad—. Solo espero que no seas una mala compañera de piso.
Él se ríe, niega y sigue comiendo su desayuno.
¿De dónde salió este hombre? ¿Por qué es tan amable conmigo? ¡Por Allah! Sin ninguna otra opción en planes, mi llegada al apartamento de Akın ya es una decisión tomada. Ahora veamos cómo nos llevamos en este tiempo viviendo allí.
Solo espero que esto que me hace sentir con su presencia deje de existir una vez que tenga más trato con él. No puedo ir por la vida sintiéndome nerviosa a su lado o mirándolo como alguien cautivador que llama la atención a miles de millas de aquí.
Me estoy metiendo en la casa del lobo, lo sé muy bien, pero no hay otra opción. Así que solo queda confiar.
Confiar en Akın Bozkurt.
◆◆◆
El andar saltando y apoyando el pie de vez en cuando hizo que este se inflamara de nuevo, empezara a doler y luciera tan feo como anoche. ¡Ush!
Akın me dio la bienvenida a su casa, así como lo hizo anoche, solo que esta vez me llamó «Rommie», me reí por eso.
Me dijo que mi habitación sería la misma que utilicé anoche, mis cosas ya estaban aquí, por lo que veo él sabía que aceptaría su propuesta.
Conrad trajo todo lo que metimos a la camioneta.