Capítulo 04
Akin
No pude evitarlo.
No pude seguir evadiendo la manera en cómo no he dejado de pensar en Melissa desde hace semanas. Es que la castaña hasta ha aparecido en mis sueños como una intrusa a la cual le gustó quedarse en mi mente y no se piensa ir.
A veces cuando miraba por la ventana del auto, veía a chicas parecidas, pero ninguna era Melissa.
Y me frustraba que el destino no nos juntara de nuevo.
Es por eso que le dije a Conrad que me llevara a su edificio.
Solo que las cosas se pusieron difíciles cuando comenzó a llover.
Nuestro encuentro fue algo complicado, porque se lesionó su tobillo al llegar al edificio y mi única sugerencia en el momento fue traerla a mi apartamento.
Y aquí estamos.
Obviamente tuve que mentir y decirle que solo estaba de paso por los lados de Montlake, porque sería muy extraño y ella desconfiaría de mí de inmediato, si le dijera que fui a verla.
Ella está con cara de dolor y molestia en su rostro, mientras yo la miro desde el otro lado de la gran sala del apartamento.
—El doctor ya vendrá —le notifico a la castaña que me mira con recelo—. Deja de mirarme así. Solo me preocupo por ti. ¿Está mal hacer eso?
Veo como se queda pensativa, me mira y niega con su cabeza.
—Es que sigues siendo un extraño para mí, Akın. ¡Ni siquiera sé tu apellido! ¡Mírame, estoy en tu casa! —Se queda en silencio y termina diciendo—: Es una locura.
Tiene razón, puede que sea un poco loco tenerla aquí. Pero yo ya no la veo como una extraña, ya podemos considerarnos ¿conocidos? No lo sé, pero no es alguien que es de simple paso.
No quiero que sea así.
—Tamam, lo entiendo. Tienes razón, Melissa. —Ella me mira fijamente cuando digo su nombre—. ¿Quieres que empecemos de nuevo?
Noto que se encoge de hombros.
—Me llamo Akın Bozkurt, soy dueño de la empresa Yıldız en Turquía. Por asuntos personales, tuve que venir a Estados Unidos. Trabajo desde aquí. Me gusta el pastel de manzana, como te dije la vez pasada y me gusta la pesca.
Le hago una seña con mi mano para que ella se presente o diga algo más de lo que ha dicho en este tiempo medio conociéndonos.
Ella luce dudosa, pero toma aire y empieza a hablar.
—Melissa Deniz, directora del museo turco asiático en Seattle, estoy comenzando... Uhm, me gusta leer historia universal y turca, supongo que de allí viene el querer trabajar en un museo —Ladea una sonrisa, también le sonrió—. De postre... Me gusta el Baklava[9].
Nos quedamos mirando en silencio, no es incómodo, más bien se siente bien solo apreciar su belleza y estar conectando con ella a través de nuestros ojos.
Es como si nos entendiéramos de esa forma.
Sé que ambos somos muy distintos. Lo poco que hemos hablado, cada uno tiene una opinión diferente sobre algo.
Pero igual nos llevamos bien o eso creo.
—Disculpa por ser tan desconfiada —confiesa, veo que se muerde el labio inferior—.
Es que estamos en un mundo en el que la persona que menos parezca, puede hacerte daño.
Entonces, vienes y te apareces en mi vida, una persona con dinero y siendo tan gentil...
Pues, uno desconfía sobre si realmente estás siendo sincero o tienes otras intenciones. ¡Mírame, estoy en tu casa!
Agradezco su sinceridad. Eso dice mucho de ella.
—¿Y has sentido que tengo malas intenciones contigo?
—Ella niega—. No las tengo, Melissa. Sabes cómo son nuestras costumbres y valores.
Somos leales. Somos sinceros y, siempre hablamos con la verdad.
Sí, puede que haya personas engañosas, es cierto, siempre hay que estar pendientes a nuestro alrededor.
Pero conmigo puedes dejar de preocuparte, tomémoslo cómo que quiero hacer amigos en esta ciudad.
Y tú... Me llamaste la atención desde el primer momento en que te vi en la barra del pub.
Melissa vuelve a ladear otra sonrisa.
—Quieres hacer amigos —dice riéndose—. Auch, me he acordado del dolor.
Ella inmediatamente se mira su tobillo inflamado. No sé por qué el doctor no ha llegado. Lo llamé hace veinte minutos. El timbre del apartamento suena, Conrad lo ha dejado pasar.
Cesar Kalligan es un médico que contraté cuando llegué, siempre hay que tener a alguien a la mano. Puede que esta sea la segunda vez que venga a dar una consulta para mí.
—Buenas noches, doctor —le saludo, levantándome y estrechando su mano cuando nos encontramos a mitad de la sala—. Ella es Melissa Deniz, se lesionó su tobillo hace una hora, le duele y está muy inflamado. Queremos saber si es necesario ir al hospital y hacerse un chequeo.
—Buenas noches, señor Bozkurt. Déjeme examinarla y ya le contaré.
Le doy un asentimiento, dándole paso para que ellos se conozcan y comience la valoración médica.
Quince minutos después el doctor termina de anotar algo en una hoja y se lo entrega a Melissa.
—Antinflamatorio, reposo... —Recita otras recomendaciones, que por lo que supongo no es nada grave—. No es grave, es un esguince grado uno. No tiene clínica para el dos o el tres. Igualmente puede ir a una consulta mañana temprano y hacerse una radiografía para estar seguros.
Gracias a Allah.
—Como en estos momentos tiene mucho dolor, le recomiendo descansar y tomar el antinflamatorio que le indiqué.
Melissa asiente a todo lo que el doctor le dice. Le agradecemos y nos despedimos de él. Una vez que la puerta se cierra, volteo para mirar a la castaña.
—Menos mal no es grave —le digo acercándome—. Puedes quedarte aquí, tengo una habitación desocupada, como ves, el sitio es muy grande para mí solo.
—¿Y Conrad dónde vive?
—Unos pisos más abajo.
Oigo como suspira.
—Lo que me faltaba, de paso tengo tanto trabajo que debo estar en movimiento siempre. Así no podré. —Se mira su tobillo—. Él me ha dado una constancia de reposo por una semana. ¡Es demasiado!
Me impresiona que no haya dicho nada de mi propuesta a quedarse. Supongo que me está dando confianza. Y yo respeto mucho eso.
—¿Qué es más importante, Melissa? —Ella me mira sin entender—. ¿Tu salud y bienestar o el trabajo?
En la habitación se escucha un suspiro audible proveniente de ella. Sabe que tengo razón, no puede poner la salud por encima de su trabajo.
—Mi salud —responde en voz baja.
—¿Entonces? ¿Te quedarás?
—Sería una locura, pero con este pie tan inflamado, me duele mucho poder caminar.
—¿Vives con alguien?
Ella asiente. Eso me pone en alarma al pensar que tal vez tenga novio o una pareja.
—Vivo con una vecina —responde, eso me hace respirar con alivio. Aunque me hace ruido su respuesta—. Es una amiga.
Quisiera preguntar de más, pero no sé si eso le molestaría. Aún se nota dudosa a estar aquí. Es momento de sacar mis buenos valores turcos y ofrecerle un té.
—¿Quieres un çay[10]? ¿Un café? ¿Comer algo? Puedo hacerte un gözleme[11]. O podemos usar el pan que llevabas contigo.
Melissa esboza una sonrisa.
—¿Eres un buen anfitrión? —inquiere mirándome con suspicacia.
—El mejor con el que podrías haberte topado en tu vida —respondo sonriendo también. Es tan fácil hacerlo con ella.
—Vale, sorpréndeme.
Eso me toma desprevenido, no esperaba que de verdad fuera a aceptar mi propuesta de quedarse.
Creo que es mi primera invitada en el penthouse, solo mis trabajadores y yo hemos estado en este apartamento en el poco tiempo que llevo aquí.
Ella se posiciona mejor en el mueble, se queja un poco, pero igual se me queda mirando.
—Le pediré a Conrad que compre todo lo que te indicaron.
—Te daré mi tarjeta —dice de inmediato, yo la interrumpo.
—No hay problema. Puedo ayudar, déjame hacerlo, Melissa.
Ella suspira.
—Ya has hecho mucho.
—Otra ayuda no hace daño —refuto, dándole un guiño y una sonrisa—. Por cierto, tengo un pantalón y una franela que podría quedarte, puedes tomar un baño... No lo sé, no te vayas a resfriar por la lluvia.
Melissa cierra sus ojos y asiente.
—Cierto, la lluvia. —Se mira el cabello húmedo, su blusa y el pantalón de vestir de color negro que lleva puesto, con el tiempo se han ido secando en su cuerpo, sin embargo, sigue mojada—. ¿Podrías decirme por dónde es la habitación?
Asiento, caminando hasta ella y mirándola como pidiendo permiso para poder cargarla y ayudarle a ir a la habitación. Ella niega con su cabeza.
—Puedo saltar de aquí hasta allá —declara, retándome con su mirada.
—¿Estás segura? —Mi voz ha sonado más grave de lo normal, pero es que estar tan cerca de ella me hace sentir ansioso y deseoso de tocarla.
Ella no dice nada, solo da un asentimiento y espera a que le diga donde debe ir.
Le señalo la habitación y dice que está cerca y puede ir hasta allí, pero en el primer paso que realiza, pega un grito por el dolor que sintió cuando empezó a saltar.
Pude verlo en su rostro, cambió por completo.
Me rio por lo bajo, negando para mí mismo.
Me acerco nuevamente y la tomo en brazos, ella se queja, pero de igual forma la llevo hasta la habitación.
Todo eso sin ocultar mi sonrisa.
—¡Akın, no! —exclama Melissa, dándome golpecitos en la espalda con sus manos.
—¿Quieres sentir más dolor? —inquiero, abriendo la puerta de la habitación y entrando en ella, aún sin encender la luz. Melissa estuvo a punto de bajarse de golpe y no podía dejar que se fuera a lastimar—. Sé que no te gusta nada, pero no te hagas más daño.
La deposito sobre la cama con cuidado, ella me mira a regañadientes, luce muy linda molesta. Su ceño está fruncido y pareciera que quisiera lanzarme dagas por sus ojos. Muy divertida.
—¿Ves? Ya estás a salvo en la cama.
En la cama...
Melissa también me miró cuando dije eso, mira alrededor y sus ojos se abren. Por lo que me recuerda que estamos a oscuras. Corro a encender la luz y le doy la bienvenida a la habitación de huéspedes.
—Hoşgeldin, canim. —Bienvenida, cariño.
—Sigo diciendo que todo esto es una locura —dice para sí misma riéndose, pero al verme se mantiene callada.
—¿Necesitarás ayuda para bañarte?