Dulce deseo Capítulo 03 #2
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Capítulo 03 #2

Vine a este país con muchos sueños, unos los he cumplido, otros no, pero no vine a agradarle a las personas. Eso es algo que me quedó muy en claro cuando estuve en Turquía, cuando me lo dijo mi madre aun estando moribunda en una cama.

—No siempre le caerás bien a las personas, hija. No intentes igualarlos, ni siquiera tratar de caminar como ellos. Haz tus propios pasos, no te estanques ni te quedes atrás. Nunca te dejes.

Esas palabras siguen grabadas en mi mente como una cicatriz, permanente e imborrable.

Suspiro al notar que he llegado a la parada cercana al edificio.

Recuerdo que olvidé comprar pan para la cena, miro al cielo y gruño por lo bajo al ver que pronto va a llegar la tormenta.

Niego mientras camino rápido hasta la panadería que está cerca de aquí, y gimo del dolor cuando veo que hay fila para comprar.

Miro varias veces hasta la calle, viendo si no ha comenzado a llover como es debido.

Lo bueno es que el apartamento no es tan lejos de aquí, solo a una cuadra.

—Por favor, muévanse rápido —mascullo entre dientes, pero la persona frente a mí voltea.

—¿Disculpa? Hubieses venido ayer, haz la fila y ya.

—Estoy apurada, va a llover.

—¿Y? Todos nos vamos a mojar si llueve.

Me quedo callada, resoplo y espero a que la fila avance para poder comprar. Unos ocho minutos más, por fin es mi turno, pero ahora el pan que quería se ha acabado, por lo que terminé comprando otro que no me gusta tanto, pero servirá para la cena y el fin de semana.

Cuando salgo de la panadería, un trueno me hace estremecer, inmediatamente la lluvia comienza a caer de manera torrencial. ¡Sabía que me mojaría! Es que últimamente no pego una.

Mis pisadas no son del todo largas, tampoco es que soy alta ni larguirucha, por lo que llegar al edificio me cuesta. El tacón de mi zapato derecho se quiebra por haber pisado donde no debía. ¡No puede ser! Quiero gritar de la molestia.

Dolor, mucho dolor hay en mi tobillo. ¡Lo que me faltaba!

¡Que me torciera el pie! No es posible, de verdad.

Mis ojos se llenan de lágrimas, pero me quedo confusa cuando no siento que la lluvia caiga sobre mí como antes.

Alzo mi mirada y noto que alguien está sosteniendo un paraguas de color negro sobre mí.

Cuando bajo hasta la persona quien está a mi lado, me sorprendo.

Mis ojos se abren sin poder creer que esté mirando a Akın.

¿Es esto una casualidad?

El tiempo se detiene como en una película de amor, mientras nos miramos, la lluvia está cayendo a nuestro alrededor, pero ninguno dice nada. Es solo él y yo mirándonos como si no pasara más nada.

—¿Es esto una casualidad? —inquiero en voz alta, veo como él sonríe.

—Eso parece, güzelim.

No puedo creer que sea él. Es que ni siento del todo el dolor sobre mi tobillo, la sorpresa de verle, me tiene fuera de órbita. Pero todo vuelve a la realidad cuando me pregunta si estoy bien.

—No, mi tobillo duele demasiado —confieso, mirando hacia él, quien se ha comenzado a inflamar.

—Ven, te llevaré al hospital —dice rápidamente.

—¿Qué? ¡No! Estaré bien.

—Claro que no lo estás, tienes cara de querer llorar. Se nota mucho que te duele. Sino quieres ir a un hospital, te llevaré a mi apartamento y haré que un doctor te revise.

Me quedo pensativa, esto es una locura.

—Te estás tardando, ¡vámonos! —Cuando intento reclamar algo, él ha soltado el paraguas y me está cargando hasta su auto.

¿En qué momento han abierto la puerta? ¡Él también se está empapando por la lluvia!

Nos mete a ambos dentro de la camioneta negra que tenía la vez pasada.

Su chofer me mira, me da un asentimiento y comienza a manejar.

Impresionante como en todo ese trayecto, no solté en ningún momento la bolsa de pan.

No podía que se cayera y se mojara. No hice una fila y me mojé en vano.

—¡Estás loco! —exclamo mirando a Akın. Me quejo ante el dolor sobre mi tobillo.

—Velo por tu salud, ¡mira cómo se está poniendo eso! —Señala a mi lesión. Mi tobillo se está poniendo de todos los colores—. Eso fácilmente es grado uno o dos, necesitas que te revisen.

Algo me tiene haciendo ruido.

—¿Qué hacías cerca de mi edificio? —pregunto de pronto, él se queda callado, se pone serio.

—Estaba de paso —responde sin dar detalles.

Me quedo viéndole. Él enarca sus cejas.

—¿Está prohibido, Melissa? —Su tono de voz cambia a alguna más profunda y grave.

Eso me hace tragar saliva.

—Solo me sorprende verte de nuevo...

¡El plan era mentir si lo volvía a ver!

—Me alegra saber que te acuerdas de mí. —Hace una pausa, esbozando una sonrisa—. ¿Me extrañaste?

Su pregunta me hace reír. ¡Es todo un seductor!

—¿Qué esperas que te diga? ¿Qué no podía dormir sin pensar en ti?

¡Pero Melissa!

No es mentira...

—Podías comenzar con eso, sí. No está mal, porque yo tampoco podía dormir bien sin pensar en ti.

Eso es completamente un jaque, me deja sin palabras.

—Karşılaşmak seninle yeniden ne güzel, güzelim. —Qué bueno es encontrarme contigo de nuevo, hermosa.

—Bu bir tesadüf sen biliyorsun —Sabes que esta es una coincidencia.

—Debes creer en el destino, Melissa.

—Hazme creer en él entonces —declaro, tomándole con la baja guardia.

Él se lame los labios, sonriendo con picardía. Sus ojos brillan mientras me miran, se hacen más oscuros, como si estuvieran llenos de algo... Yo tampoco lo dejo de mirar. Si esto es una guerra, no seré yo quien pierda.

—Con gusto, güzelim.

No se cómo tomar eso, pero no voy a negarme a esta coincidencia o casualidad tan loca que tengo con este hombre.

¿Es hora de creer en el destino?