Dulce Amenaza Capítulo 25 Bruja Muerta de Excursión #4
92%

Capítulo 25 Bruja Muerta de Excursión #4

“Apresúrate.” -Le grité mientras la sombra que emergía del caldero se movía bajo los mandatos de Edora.

Ella dio un grito, obligándome a mirar en su dirección.

Edora cae al suelo, sosteniendo su cabeza entre las manos, pero sin hacer ningún movimiento.

Primero pensé que el Max Yawa la había lastimado hasta que noté a Jerome sujetando un tronco.

Mientras Edora lo había abandonado para que se desangrara, Jerome se había levantado para golpearla.

El tronco cayó al suelo y Jerome abrió sus ojos enormemente mientras el Ang Max Yawa lo rodeaba con sus fluorescentes garras y colmillos sobresaliendo por todas partes.

“Ahora.” -Susurraron las dos mujeres a mis espaldas. Edora no se dio cuenta pues estaba aturdida por el golpe que Jerome le propinó.

Mis manos estuvieron libres. Por primera vez no quería matar a nadie. Mi taza estaba tan llena de deseos de venganza que la maldad se derramaba por todas partes a mi alrededor.

“Olvida al hombre, Morgan. Huye y sálvate.” -Me pidió la mujer mientras rompía el pentagrama que nos rodeaba.

-“Él será tu perdición. Tienes que escoger salvarte o salvarlo. Si escoges al hombre, tu hermana acabará con él tarde o temprano. Créeme que él no es bueno para ti. ¡Eres una bruja, Morgan! Acéptalo.” -Dijo en voz alta.

Lavender, la versión reluciente, ni siquiera se encogió ante la revelación.

Esta versión de Lavender permaneció observando, callada, sin expresiones extravagantes como suele ser la Lavender versión original.

Tenía tantas preguntas.

“Pero yo… yo lo amo.” -Confesé por fin. Las palabras se sintieron como rocas lanzadas a mi corazón.

Una trinchera de fuego crecía en lo profundo de mi ser.

Tragué la realidad, pero esta quemaba mi garganta peor que un hirviente té de jengibre, canela en granos, limón y tequila.

Lavender se agacho frente a Sam y le removió el bozal para que pudiera respirar en libertad.

Los ojos de Sam se abrieron y su boca también. Supe que él iba a gritar. Llamaría la atención de todos.

Desvergonzadamente, puse mi pie sobre la boca de Sam. La aterradora sorpresa evitó que Sam hiciera ruido alguno. Ahora estaba completamente despierto.

“No puedo tomar parte activa entre tu hermana y tú, pero puedo prometerte algo. Los aquelarres estarán mejor contigo como reina. Tu hermana es la maldad, debes aceptarlo y es mejor para todos si ella muere.” -Me advirtió cruelmente.

Si esta mujer era quien yo imaginaba, estaba causando una pésima primera impresión. Es mejor para todos si Edora muere.

“También soy malvada.” -Me digné a protestar. Era cierto que Edora era una feroz y despiadada mercenaria, pero hablar así de ella era inhumano. Mis palabras me rebotaron. ¿Inhumano? ¿No era inhumano intentar matar pueblos enteros? -“Si ella ha de morir, yo debo morir también.”

“¿Por qué la proteges? Ha intentado matarte desde tu concepción. Un día lo logrará si continúas dándole la oportunidad. Mátala o déjala que te mate. No hay más opciones. Debes saber, si ella no tiene éxito, otros vendrán por ti. Algunos con más destrezas que tu hermana. Si quieres mantener a salvo lo que te queda de familia, es mejor que escojas con sabiduría.”

La mujer se retiró, y llevándose a la Lavender dorada con ella, desaparecieron entre los árboles.

Jerome corría, tropezando con raíces y ramas.

El Max Yawa -un poder inquebrantable, obediente sólo a la Maghkia oscura que lo había invocado- lo seguía zigzagueando entre las ramas y hojas bañadas de rocío.

Era mejor avanzar y desaparecer antes que el demonio completara las instrucciones dadas por Edora.

Sam yacía despierto pero ausente de su cuerpo. Sus pupilas dilatadas y el color de sus ojos se había disipado. Su cuerpo estaba vacío y su alma permanecía robada. Mi poder y mi Maghkia estaban robados también, pero con Edora inconsciente, su hechizo comenzaba a romperse.

Poco a poco sentí mi control volver, mi Maghkia tomando posesión de mi ser como cualquier día normal.

Me arrodillé frente a Edora sintiendo pena de ella.

Quise quererla como la hermana que era, pero Edora era solo un ser de maldad.

Quise sentir la urgencia de ayudarla a ser buena pero no había motivos ni tiempo para intentarlo.

Como la mujer había dicho, no había mucho que hacer… solo ayudarla a morir.

No. Matarla no me haría diferente a ella.

Metí mis manos en los bolsillos, incapaz de mover un dedo contra mi perversa hermana.

Algo se quemaba entre mis dedos. Saqué lo que tenía guardado en el bolsillo.

Los trozos de papel del libro podrido. Me quedé mirándolos por largos segundos mientras consideraba si esa era la solución a mis problemas.

Edora se retorció entre las hojas. Pequeños tallos le hacían cosquillas en el cuello y las orejas.

Un hechizo.

Las páginas rotas del libro me estaban regalando un hechizo. No había tiempo para debatir los pros y los contras de este conjuro. Edora y Sam habrían despertado para cuando yo terminase de considerar si podría o si debería. Pero el tiempo era muy corto y había mucho en riesgo.

Era mejor perder una hermana que nunca había amado. Una hermana que jamás me amaría.

Lo mejor era ayudarla a desvanecerse, robándole su sufrimiento y empujando su alma al otro lado.

Muerta en vida.