Capítulo 25 Bruja Muerta de Excursión #3
Mientras estaban ocupados, Sam se movía, enroscándose como bebé. Su cara estaba cerca de mi pie y, mientras quise golpearlo, forcejeé para no hacerlo. Todo lo que había escuchado de él era difícil de creer.
Edora y Jerome estaban muy ocupados; tan ocupados que interrumpieron su acalorada charla para besarse asquerosamente.
Deseé que mi prima estuviera allí para ver a su gran y respetado esposo. El fino caballero que ella defendía tanto. Deseaba que Lavender apareciera más de lo que deseaba estar libre de esas ataduras.
“¿Esto es lo que quieres?” -Edora le gritó a Jerome mientras se acercó a mí para golpearme. -“¿Mi coja hermana es tu deseo? ¿Acaso has perdido la mente tu también?”
Otro golpe de Edora y quise sujetarme la barriga. Mi cuerpo se retorcía de dolor y ardor. Un nuevo golpe tras otro. En mi rostro también. Sentía como si mi quijada se estuviera rompiendo y mi piel se desgarraba como papel de seda.
“¿Por qué ella? ¿Por qué no dinero o venganza? ¿Por qué mi odiosa hermana?” -Se quejó ella con gritos de dolor desgarrador.
Los golpes se detuvieron mientras ellos discutían acaloradamente.
Intenté llamar a mi Maghkia pero tenía tanto miedo que no podía crear ni un pequeño hechizo.
Golpeé mi cabeza contra el árbol, culpándome por no usar mis poderes a menudo.
Mi Maghkia era sólo un importante catalizador de deliciosos postres y comidas satisfactorias.
Yo no era una bruja. Era una repostera con ventaja.
Sam gimió y lo empujé con la punta del zapato un par de veces. Estaba inconsciente como roca.
Con sigilosos movimientos hacia arriba y hacia abajo, intenté aflojar la soga que escarbaba la piel de mis muñecas.
Estaba atada con tanta fuerza que yo parecía un barco sujeto por un ancla gigante.
La soga se tornó ligeramente más apretada, tallando su marca muy profundo en mi piel.
Hice el esfuerzo de mirar hacia un lado para no perder de vista a Edora y Jerome por más de un segundo.
Dejé de moverme para no seguir cortándome la piel con la atadura. Cerré los ojos, respiré profundo e invoqué las palabras del libro. No sabía ningún hechizo, ningún rito. Solo sabía que su poder habitaba en mí.
Llame a mis ancestros. Reclame su presencia. Le pedí a la Luna y a la Naturaleza que me asistieran. Si mi Maghkia estaba realmente destinada a ser grande, este era un buen momento para darme una señal.
Vi un ligero movimiento en el bosque y sentí terror de que fueran más refuerzos de Edora. El árbol al que estaba sujeta comenzó a moverse lentamente, y el tronco fue haciéndose unos centímetros más angosto.
Casi me da un infarto al sentir un poco de movimiento adicional en mis manos. La Naturaleza estaba ayudándome.
Comencé a lanzar lenguas de mi Maghkia con la esperanza de romper la cuerda que me ataba, pero solo estaba lastimándome.
Seguí pidiendo con más fuerzas para que el Universo me escuchara y el viento comenzó a soplar con fuerza.
Quizá esa era mi respuesta. Seguí implorándole al Universo y la Luna se cubrió completa.
Una pesada neblina dificultaba la vista, y aun así sentí el movimiento en el bosque mientras se acercaba cada vez más.
Agachada y sigilosa, una silueta reluciente salió de detrás de la sombra de los árboles.
Casi me desmayo al reconocer a Lavender dentro de ese ser de luz radiante.
O estaba viendo visiones por culpa de la espesa neblina…
Una mujer desconocida se ocultaba con ella, sus ojos tan brillantes como el fuego.
Estos contrastaban con los platinados cabellos que caían sobre su rostro.
Con ágiles movimientos, la brillante figura, que pensé era Lavender, comenzó a aflojar la soga que me mantenía prisionera, hasta que se dio cuenta que yo la observaba con expresión fantasmal.
Un grito se reunió en mi garganta, pero la otra mujer me hizo un gesto de que todo saldría bien. Quise creerle, pero no podía.
“¿Lavender?” -Pregunté, aunque con duda. - “¿Eres tú? ¿Qué está pasando? ¿Qué eres?”
Ella solo me ignoró.
“Sálvate.” -Susurró la figuera reluciente mientras la soga se aflojaba. -“Jerome se ha enloquecido. Tan pronto te liberemos, corre y no mires atrás.”
“No puedo.” -Susurré entre dientes. -“Tengo que salvar a Sam.”
La discusión alrededor se tornaba más acalorada. Jerome intentaba sujetar a Edora a la distancia de sus brazos, pero ella se había armado con las dos dagas. El rostro de Jerome fue imposible de leer cuando cayó al suelo de rodillas.
La expresión de Lavender era neutra, como si no le afectara en absoluto.
“Lo siento.” -Logré decirle. -“Jerome no te merece.”
Mi hermana estaba parada frente a él, observándolo con el asombro de un niño. Él pronunció unas mudas palabras, cuestionando el porqué de semejante traición. Asombrada, Edora levantó su pierna y, poniéndola sobre el pecho de Jerome, lo pateó para que quedara acostado en el suelo.
Acercándose a mí, Edora volvió a arrodillarse. Murmuró algunas palabras vacilantes, creando un pentagrama como el que había hecho en la casa de dulces. El pentagrama de la muerte.
Detrás de mí, las dos mujeres continuaban trabajando para liberarme mientras los ojos de Edora se volvían blancos.
Las palabras que salían de su boca se volvían verdes lenguas de fuego que arrancaban el poder de mí.
Mi Maghkia se volvía débil, más por miedo de que Edora pudiese absorber no solo su poder, sino todo el mío también.
Apresurada, Edora se levantó y con una de las dagas perforó en el interior de mi codo. Sentí mi vena explotar como palomitas en el microondas antes de que un chorro de mi sangre salpicara la daga, el rostro y hasta el vestido de Edora.
“Tardaré solo un minuto. Puedes ir despidiéndote del mundo, ya que pronto conocerás a nuestros padres en el infierno.” -Me cacheteó con fuerza, y se llevó la daga ensangrentada.
Las velas que rodeaban mi árbol tenían llamas que se extendían tan altas como yo, y parecían antorchas de Tiki.
Intenté gritarle a la mujer a mis espaldas para que se apurara, pero evité hacerlo para no alertar a Edora.
El sudor me cubría, obligando a mi ropa a pegarse a mi cuerpo como aguavivas.
-“Ahora, la sangre de la heredera inocente.”
Gotas de mi sangre cayeron de la resplandeciente daga a un caldero que yacía en los pies de Edora.
“Y la sangre del sacrificio.” -La otra daga flotó del suelo directo a la mano de Edora.
Alejándose del caldero, creí que lastimaría a Sam nuevamente.
Me sentí aliviada cuando vi que hundía la navaja en el cuerpo de Jerome.
Me sentí mal por Lavender, y quizá un poquito por Jerome.
Pero me tranquilizaba saber que Sam estaba bien.
En segundos, la sangre de Jerome se unía a la mía en el fuego.
Una sustancia burbujeante tomó forma, creciendo como una obesa sombra.
“Esto está mal, Morgan. Edora está invocando al Ang Max Yawa.” -Dijo la mujer de plateados cabellos. Yo no entendí nada. -“Casi termino aquí pero temo que Edora va demasiado rápido. Te ató con un nudo de destino. Si lo rompo con Maghkia, ella lo sabrá.”