Dulce Amenaza Capítulo 25 Bruja Muerta de Excursión #2
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Capítulo 25 Bruja Muerta de Excursión #2

“¿Por qué no fuiste a la iglesia? ¿Por qué enviar un mensaje de infidelidad y desaparecer? No lo entiendo.” -Le pregunté intentando llenar los vacíos de esta historia.

“Mmm.” -Edora susurró disfrutando cada sonido. -“¿Por qué, de hecho?”

Jerome me arrastró por el suelo y me acomodó de rodillas frente a Sam. Vergüenza, coraje y tristeza habitaban en las pocas lágrimas que se abrían paso en su rostro.

Lo próximo que supe fue que Sam yacía inconsciente en el suelo. Edora lo golpeó con su Maghkia. Ahora no solo Jerome me golpeaba, Edora también. Intenté llorar, pero era inútil. Nunca llegaría ayuda. Nadie aparecería ya que a nadie le importábamos.

Tirada en el suelo, casi derrotada, enterré mis dedos en la húmeda tierra y grité, clamando por ayuda.

“No hay necesidad de que Sam escuche lo siguiente.” -Dijo Edora con inocente sonrisa.

“¿Por qué, Edora? ¿Realmente lo quieres muerto?” -Le grité con profunda tristeza. Mi hermana. Mi propia hermana. La que nunca creí tener. Era diabólica.

“Por supuesto que sí, Morgan. Por supuesto.” -Siseó alegremente.

-“Estaba lista para casarme y dejar mi Maghkia atrás. Una vida normal parecía lo más apropiado. Un esposo, una familia. Ser corriente ya que en el fondo sabía que nunca sería reina de Witch’s Hearth.

Pero la noche antes de mi boda, Mamá y mi tierna cuñadita me invitaron a celebrar.

Quizá sospechaban de mí, de lo perfecta que era, ningún detalle se me escapaba, pero se me escapó el más importante: las otras mujeres de su vida.

Me desenmascararon y advirtieron que me alejara de Sam.

Lo preferían muerto en vez de con una bruja. Harán peor contigo cuando se enteren.”

“Mamá ya lo sabe.” -Confesé con atrevimiento. Una sonrisa se abrió paso al ver la frustración de Edora.

“¿Qué?” -Preguntó fingiendo que no me había escuchado.

“Mamá ya lo sabe. Eso fue lo que dije.” -Repetí a viva voz impregnada de confianza.

Un grito gutural escapó del interior de Edora, como si estuviera sufriendo. Ella era todo un engaño. Era imposible verla como alguien que había sentido amor alguna vez.

“Mamá está enferma y solo quiere que Sam sea feliz.” -Dije intentando hacerla entender.

“¿Y él…? ¿Sabe sobre ti? ¿Sabe lo que eres?” -Edora actuaba como una criatura herida. Su voz cambiaba abruptamente, de irritantes chillidos a ruegos susurrados. -“¿Sam lo sabe? ¿Crees que te querrá cuando lo descubra?”

“Sam no tiene por qué enterarse. No soy como tú. Puedo vivir alejada de todo esto.” -Tan pronto dije esas palabras supe que mentía. La palabra falsa estaba grabada con fuego en mi frente y Edora podía leerla con facilidad.

“Claro que no somos iguales. Eres la perfección de la familia. ¿No ves lo perfecta que eres?” -El sarcasmo con el que hablaba era despreciable.

Solo deseé que mi actitud sarcástica no fuera en nada similar a la de mi hermana.

-“Horrible caminar. Rostro normal. Pasas desapercibida por lo ordinaria que eres. Ciertamente Sam se quedará contigo… como su criada. Para que le limpies la sucia casa a una esposa apropiada y normal.”

Quise odiarla más pero era imposible. Cada vez que intentaba recolectar ese poderoso sentimiento de odio, nuestra sangre se interponía de la peor manera.

“No eres mejor que yo, Morgan. Nacimos iguales. La diferencia es que aún no has querido desarrollar tu maldad. Tu talento es un desperdicio. El mío, por el contrario, ha visto la satisfacción del triunfo y la grandeza. Por eso eres mejor opción que yo para ser reina de todos los aquelarres. Eres fácil de manipular. La marioneta perfecta para nuestra abuela. Ella se retirará como dicta la ley, y aun así reinará a través de ti.”

Tal vez Edora decía la verdad, pero hasta ese momento ella era la única amenaza a mi aburrida existencia.

He sido malvada, si. He sido perversa muchas veces. Mi corazón es oscuro y mi mente no es diferente a un saco de carbón. Pero nunca aspiraré a ser reina de nadie.

“¿No lo comprendes?” -Edora dijo mientras hundía profundamente la filosa daga en el brazo de Sam.

Él estaba indefenso, sus manos atadas a su espalda, tirado inconsciente en el suelo.

Más sangre brotaba de él. Si Edora continuaba, Sam no sobreviviría.

-“El secreto está en continuar hasta que ya no sientas nada.”

“¿Entonces ya no lo amas?” -Quise saber lo que ella sentía por Sam en el presente, aunque debí ser más sabia. La respuesta era bastante obvia. El darse a la tarea de planear toda esta venganza… eso grita celos por todas partes.

“¿Ya no?” -Dijo burlonamente mientras se reía.

-“Y nunca. Solo quería la normalidad que venía con él. Sus buenos modales. El hombre galante que me trataba como una mujer merecedora. ¿Pero amar? ¿Por qué debía atar mi corazón a algo tan inservible como eso? Pregúntale sobre el amor a madre y padre cuando pases al otro lado. Ellos te dirán mucho sobre amor.”

“Acabemos ya con ellos.” -Jerome interrumpió con voz urgente. -“Mátala ya para que pueda irme. Lavender debe estar asustada y estoy cansado de todo.”

Edora aleteó alrededor de Jerome, quien la observaba con cuidado. Mi hermana se reía, fascinada con la atención que recibía.

“Ayúdame a atarla al árbol.” -Le ordenó a Jerome mientras con su Maghkia arrebataba mi daga de sus manos, dejándolo desprotegido. -“Atrápala.”

No comprendo porque me dejé agarrar y amarrar a un árbol. Era un misterio o soy demasiado tonta. Tal vez era porque Sam seguía inconsciente, ignorante de todo a su alrededor. O ya me estaba rindiendo.

Me sentía tan idiota. Llena de poder como estaba y aun así me inclinaba y permitía que me siguieran tratando como basura.

Tras atarme, Edora acarició a Jerome en el rostro. Él ronroneó como un gatito mimado mientras se enroscaba y retorcía con su tacto.

“Solo una cosa necesito y serás libre de irte.” -Edora acomodaba algunos artefactos alrededor de mi árbol.

Velas rojas y negras intercaladas. Pronto comenzó a buscar entre los amarillentos papeles que tenía en su bolsillo.

Eran pedazos del libro con olor a podrido, otros pedazos que sobrevivieron y terminaron en su poder.

Se arrodilló en el suelo, acomodándolos sobre su regazo.

Con manos extendidas Edora convocaba su Maghkia oscura, la que se reunía como humo verde incandescente a nuestro alrededor.

Flotaba sobre mí como fantasmas con colmillos y ojos huecos.

No podía escuchar nada, solo un vacío y mi propia respiración.

La Maghkia que habitaba en mí se sentía atraída por el llamado de Edora, traicionándome igual que lo hacía mi hermana.

Mi voluntad era fuerte pero la mitad de mis poderes no eran del todo míos, sino robados.

Si me atrevía a cerrar mis ojos podía escuchar la paz y el viento susurrante. Emociones e ideas se volvían capaces de caminar cada curva de mi cuerpo, resistiendo cada maltrato. Mi Mahkia.

Cerré los ojos, intentando recrear aquel mítico momento en que pensé derrotar a Edora. Pensé en los lindos momentos de estas últimas semanas. Las sonrisas de los pueblerinos a los que ayudaba. La emoción de Lavender al sentirse viva. La inocencia en los ojos de Lilly.

Sentí el agua de mi laguna de lirios, la luz de la Luna en mi rostro, y solo pedí fuerza y poder.

La impaciencia reinaba sobre Edora mientras intentaba infructuosamente encontrar algo entre los papeles. Lo lanzó todo en un ataque de ira y se puso de pie resoplando humo por la nariz.

“Gracioso, Morgan. Muy gracioso. Desaparecer las palabras más importantes del libro no te salvará.” -Gruñó paseándose de un lado a otro.

Edora trataba de calmar sus sentimientos traicioneros.

Su Maghkia se tornaría terrible si era convocada bajo esa presión.

Me sentí orgullosa de haber robado cada letra del libro.

Para poder obtenerlas, tendría que devorarse hasta mi alma. -“Sé lo que tengo que hacer.”

Alejándose de mí, Edora se movía seductivamente hacia Jerome. No sabía lo que ella tenía en mente. Pronto caminó sobre Sam, pisoteando su pecho como si fuese solo un montón de hojas secas en su camino.

“Has sido de mucha ayuda.” -Edora elogió a Jerome cuando estaba a solo pies de distancia. -“Dejar a tu nueva esposa sola pensando lo peor, solo para ayudarme. El más fiel de los sirvientes. Merecedor de lo que quieras. Por el precio de algunas gotas de sangre te daré lo que me pidas.”

La sorpresa en el rostro de Jerome no tenía precio.

Invaluable es la sangre que nos corre por las venas y aún así negociamos con ella. Los tratos de los tontos.

“No creo…” -Jerome comenzó a decir. Con suerte ya habría notado que Edora solo lo engañaba y se daría cuenta que había estado equivocado todo el tiempo, odiándome sin razón.

“¡Shush!” -Edora lo calló colocando un dedo en sus labios.

-“Sabemos mejor que esto, Jerome. Mi amante… mi guardaespaldas. Me has servido bien, déjame recompensarte. Lo que sea que desees… Lo haré tuyo. El precio es tan barato ahora, solo unas gotas de sangre y te daré el mundo si es lo que deseas.”

Su voz era cautelosamente dulce, traicionando a Jerome con sutil labia.

“Debe haber algo que desees…” -Edora susurró mientras colocaba besos en la oscura sombra de su barba. -“Algo que no has sido capaz de conseguir solo. Dinero. Tierras. Mujeres. Hijos. Poder.”

Un pensamiento me azotó. Las viejas palabras de Jerome vinieron a mi mente.

Dijo que me quería, aunque se avergonzaba de mi caminar.

Me prometí en ese momento que si Jerome se atrevía a pedirme como recompensa, o peor aún…

“arreglar” mis pies, lo mataría ese mismo instante y pondría su cabeza en la pared de mi casa así como hacen los cazadores.

Mantuve mis ojos fijos en ellos, aunque su plática había pasado de amistosa.

Parecían hacer arreglos a su acuerdo, pero no escuché nada.