Dulce Amenaza Capítulo 24 Explicaciones pendientes
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Capítulo 24 Explicaciones pendientes

Tras acostar a Lilly en el sofá, fui a arrodillarme frente a Mamá.

Su mirada era severa y ya me imaginaba lo que venía.

Ella no me recibiría en su familia. Ella nunca apoyaría ningún tipo de relación entre Sam y yo.

Y no la culpaba. Tenía toda la razón en querer proteger a Sam de mí y de gente como yo.

Al día de hoy, ningún cazador me ha hecho ningún daño. Quienes sí me han hecho daño son los de mi propia especie. Mi propia hermana. Mi propio linaje de brujas.

Irrumpí en llanto. ¡Maldita Edora qué viniste a arruinar mi vida cuando apenas comenzaba a vivirla!

Debí haberla matado. La muerte era lo único que ella merecía.

Esa tonta ambición desfiló frente a mis ojos y pronto me di cuenta que había perdido la poca felicidad que pude haber encontrado.

Sam era un boleto gratuito a la felicidad, a una familia, al amor real.

Y lo eché todo a perder sin haberlo intentado.

Mi vida estaba a punto de ser un soufflé perfecto, pero lo arruiné todo abriendo el horno un segundo antes de tiempo.

“Lo siento.” -Me disculpé con Mamá. De cierto modo ella parecía comprender mi miseria. -“No quise hacerla sufrir. Solo quería hacer feliz a Sam, pero ahora veo que no lo merezco.”

“Está bien, Morgan. Te entiendo.” -Dijo ella con tono afectuoso.

Acarició mi cabello y me permitió llorar en sus rodillas.

Yo estaba devastada por su sorpresivo entendimiento.

-“Pero necesito saber la verdad. Debes decirme quien realmente eres y no quiero mentiras. Sammy es mi vida. La tuya no significa nada en comparación con verlo sufrir y alejarse.”

El teléfono sonó, rompiendo la conversación profunda. Me apresuré a responder, dejando a Mamá en la espera de mi explicación.

“Oh, no.” -Logré decir antes que el teléfono se cayera de mi sudorosa mano. Caminé directo a la puerta mientras Mamá me llamaba. -“Perdóname, Mamá. Hablaremos luego. Sam se escapó del hospital sin decirle nada a Elizabeth.”

Conduje con cuidado por las oscuras calles mirando de izquierda a derecha intentando distinguir las caras de los pasantes. Ocasionalmente miraba por el retrovisor solo para volver a ver las mismas caras, las mismas luces.

Coraje e impotencia tomaron control de mi ser.

Toda mi vida había estado sola, por mi cuenta, intentando darle sentido a una vida que era insignificante.

Ahora todo era diferente. Una vida que parecía absurda se había llenado con familia, amor y problemas.

En un parpadeo, lo había perdido todo y me sentía tan vacía.

Mi corazón destrozado, el alma rota, y aun así seguía buscándolo. Tal vez Sam era la causa de tanto dolor. Tenía que ser él. ¿Quién más? ¿Qué más?

Frustrada de no encontrarlo por las calles, me dirigí al hospital.

El segundo en que me moví dentro de Emergencias, Elizabeth saltó sobre mí, temblando como una hoja que luchaba por sobrevivir en medio de la helada.

Buscando el consuelo y apoyo que yo no podía darle, Elizabeth sollozó en mi hombro.

Si solo supiera lo que venía a decirle, lo que Lilly había vivido bajo mi cuidado, me odiaría tanto o más que Mamá.

¿Quién lo habría pensado? Yo, Morgan Caprice, la más terca y determinada de todas las jóvenes, la única capaz de idear y llevar a cabo un plan de matar un pueblo entero para calmar la sed de venganza, ahora se preocupaba por la vida de un solo hombre.

Gracioso como el amor puede hacernos tan miserables y mojigatos.

Si fuese a recolectar lo que quedaba de mí, me iría con las manos vacías.

La chica que yo solía ser, ya no existe.

Quizá porque Sam significaba demasiado para mí, tanto que su existencia se había convertido en el fundamento de la mía.

Sin él, yo nunca sería la misma, pero la pregunta era: ¿Quería volver a ser la misma de antes?

¿O acaso había soportado todo en esta vida sin sentido esperando por su llegada?

Delirante de tantos anhelos de amor, decidí culpar de mi raro comportamiento a la falta de cafeína.

Debía ser. Una semana atrás no me habría importado nadie.

Mi vida era sencilla comparado al caos de hoy.

Me levantaba feliz en la madrugada añorando una enorme taza de café hirviendo y un pedazo de pan. Nada más.

Eso me hacía sentir viva.

“Elizabeth…” -Pronuncié su nombre sintiendo de antemano la punzante bofetada que estaba a punto de recibir. -“Lo siento.”

Me atreví a mirarla a los ojos, sintiendo culpa y tristeza. Su dolor se volvía mío y no pude evitar llorar sin consuelo.

“Sam va a estar bien.” -Dijo, intentando calmarme. Sus palabras solo trajeron más lágrimas. -“Puedo ver cuanto lo amas. Y él te ama profundamente. Jamás lo había visto tan determinado respecto a alguna persona. Lo vamos a encontrar.”

Ambas lloramos juntas como dos niñas después de pelear por los juguetes, abrazándonos como amorosas hermanas.

Debía decirle la verdad. Ella merecía saber lo que le había pasado a Lilly, y que soy una pésima cuidadora.

Soy tan irresponsable que no debo tener un hijo nunca. Un heredero de Witch’s Hearth.

“Lilly y Mamá…” -Comencé, buscando las palabras correctas para confesarle del horrible peligro que ambas habían sobrevivido.

“¿Repostera?” -Alguien interrumpió mi dolorosa confesión. Me di la vuelta para ver al agente Evo vestido con sus pijamas. -“Camina conmigo un minuto.”

Lo seguí fuera de Emergencias, dejando a Elizabeth con una enfermera que le revisaba los signos vitales.

“No sé qué sucede, pero Sam acaba de llamar. Sonaba consternado, como si alguien lo estuviera presionando. Volverá a llamar pero solo quiere hablar contigo.”

“Okay.” -Fue mi única respuesta pero era obvio que Evo esperaba detalles. Solo me encogí esperando.

“¿Algo que deba saber? ¿Algo que tú sepas y no has dicho? Sam puede estar en grave peligro.” -Dijo inteligentemente.

“Lamento no ser de mejor ayuda.” -Respondí torciendo los labios. Justo entonces el celular de Evo sonó. Respondió y me dio el teléfono. No podía escuchar nada, ni voces ni respiraciones. Nada.

“¿Hola, Sam?”

“Escucha con atención. Jerome está aquí. Te está buscando.” -Dijo sonando enfermo y nervioso.

“¿Dónde estás?” -Pregunté pero se negó a decirme.

“Hay otra cosa que debes saber.” -Sam dijo como si una confesión de vida o muerte estuviera a punto de ser revelada. -“Alguien de mi pasado nos está siguiendo. Quiere matarte y es mi culpa. Debí haber sabido que esto iba a pasar. ¿Cómo no lo vi venir?”

“Sam, basta. Dime dónde estás e iré por ti. Déjame ayudarte. Estamos juntos en esto, ¿cierto?” -Le dije casi rogándole para que me dijera su paradero.

“No. Ayuda a Elizabeth con Lilly y Mamá. Por favor.” -Rogó. -“Yo me haré cargo.”

“Ella se llevó a Lilly.” -Susurré intentando que Evo no escuchara. -“Casi mata a Mamá. Incendió mi casa. Estás enfermo y no te puedes proteger así.”

Pude haber jurado que Sam se ahogaba con la noticia.

“Están a salvo ahora. Haré lo que sea, dime dónde estás.” -Le supliqué entre lágrimas.

Ruidos se escucharon y pude notar otras voces. Sam discutió con alguien antes de que se escuchara un fuerte golpe. Otra voz de hombre hizo eco en el teléfono.

“Ve a mi casa, gallina coja. Si le dices algo al comedonas frente a ti,” -mire a Evo a la distancia. Era un buen hombre. Su esposa debe estar muerta de preocupación esperando su regreso. -“Mataré a Sam y su adorable familia antes de que puedas subirte a tu van.”

La línea se quedó en silencio tras una horrible risa. Ve a mi casa, dijo él. ¿Su casa? Jerome. Voy a matarte, Jerome Greenline.

“Entonces, ¿Dónde está?” -Preguntó Evo mientras tomaba su teléfono de mis acalambradas manos.

Si le dices algo al comedonas frente a ti, mataré a Sam y su adorada familia…

Estaba sola en esto. No había refuerzos.

“¿Repostera?” -Preguntó nuevamente. Lo miré a los ojos. Evo era un hombre impaciente, el mejor y peor atributo de un policía. Pero era otro pueblerino con el mismo mal hábito que todos los demás.

“Mi nombre es Morgan, agente Evo. O señorita Caprice. No lo olvide.” -Pronto me sentí valiente y atrevida. -“Y no. Sam no me dijo dónde está, aunque escuché sonidos de fondo. Como si estuviese cerca de un tren o una marina o algo de transportes.”

Mentir no me hacía una mejor persona, pero tampoco lo hacía decirle la verdad.

Era mejor despistar a la policía. Ellos irían en grupos, alertando con sus sirenas desde millas de distancia.

Yo prefería trabajar sola como un salvaje depredador.

Tras unos segundos, Evo por fin desapareció en su patrulla.

Sin tiempo para explicar, subí a mi van, dejando a Elizabeth sola en el hospital.

A donde yo debía ir, no había lugar para ella. Su presencia sólo sería considerada una amenaza adicional -si en realidad era una cazadora como Edora decía. Yo era suficiente presa y amenaza por el momento.

No pude evitar pensar en su casa. No en la casa de Sam, pues nunca he puesto un pie en ella.

Sino en la casa de Jerome. El romántico nido de amor de mi prima Lavender convertido en guarida de asesinos y brujas desquiciadas.

¿Cómo Lavender lidiaba con todo esto? ¿Cómo estaba ahora?

¿Ya se había reencontrado y reconciliado con el psicópata de su esposo?

¿Cómo había permitido que todo esto sucediera bajo su propio techo?

Estaba asumiendo que Lavender estaba allí y que Jerome la protegía. ¿Pero qué tal si ella era otra alma adicional que necesitaba ser salvada? Una de las muchas a las que yo había condenado a morir solo un par de días atrás.

Protegida solo con la daga que logré crear con Maghkia oscura, abandoné mi van a unas cuantas millas de la casa.

Ya lo había visto en muchas películas. El tipo bueno aparece de pronto, valeroso estaciona su carro justo cruzando la calle y ¡sorpresa, sorpresa!

Se delata a sí mismo. Muere destilando toda la sangre de sus venas en el pavimento sin haber impuesto justicia.

Fin de la historia. El mal resulta victorioso.