Dulce Amenaza Capítulo 23 Una Pequeña Probadita
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Capítulo 23 Una Pequeña Probadita

Un grito desgarrador me arrebató la concentración, dándole a Edora la oportunidad de alejarse de mí.

Buscando la fuente de semejante grito, descubrí a Lilly flotando algunas pulgadas sobre mi cabeza.

No era Edora quien la controlaba, sino Lilly misma, intentando controlar los poderes que yo le había transferido por protección.

Me sonrojé de vergüenza. Lilly levitaba con facilidad dentro de la casa, con una Maghkia que ni siquiera le pertenecía.

Yo, que era la dueña de esa Maghkia, no había aprendido más trucos, solo hornear divinos bocadillos.

Su rostro alternaba entre sorpresa, sobre-entusiasmo y miedo y aún así luchaba por tomar control.

Volando sobre nosotras, Lilly dejó caer sobre Edora uno de los anaqueles llenos de libros. Edora intentó protegerse del ataque.

De cerca, Edora se veía tan indefensa que con una simple patada la lancé sobre la pequeña mesa con el libro de piel descompuesta.

Con el impacto, el libro comenzó a romperse en pedazos y llamas verdes emanaban de entre sus páginas junto con susurros y gritos.

Traté de sujetarlo en mis manos para evitar que terminara de desintegrarse pero las palabras y las cenizas se adentraron en mi piel sin permiso.

Un horrible ardor me recorrió completa y mi mente alucinaba con información que no comprendía.

Me encorvé para vomitar pero logré contenerme.

No era un buen momento. Me rehusaba a ser la heroína que tiene que salvarlos a todos y a sí misma y en vez de hacerlo, se vomita y se desmaya para despertar semanas más tarde en algún hospital y enterarse que alguien más fingió salvar al mundo, robó sus poderes y yo vuelvo a ser la misma fracasada que solo era dueña de una venganza que nunca podía realizar.

Edora saltó de prisa, poniéndose de pie con un solo movimiento. Me pateó con tanta fuerza que al abrir los ojos estaba fuera de la casa. Los gritos de Lilly me hicieron ponerme de pie más de prisa que lo que mi cuerpo me permitía.

Intenté volver a la casa pero un hombre viejo estaba parado frente a la puerta, obstaculizando el acceso.

Sus desaliñadas ropas olían a algo entre calabaza cocida en microondas y algarrobas, causándome nauseas severas.

El hombre estaba demasiado ebrio y para nada sorprendido de lo que sucedía en el interior de la casa.

“¿Esto es tuyo, linda?” -Preguntó mostrándome la daga que todavía estaba en mi van.

“¿De dónde la sacaste?” -Sobresaltada, intenté arrebatarle la daga de las manos. La pregunta que daba vueltas en mi cabeza era si el es real o es un truco de Edora. Pero debía ser cuidadosa.

El ebrio ocultó la daga tras su espalda, sonriendo con sus dientes amarillentos expuestos hasta las encías, y enroscándose como cable. No tenía tiempo para un borracho con pinta de pasar las noches jugando Ouija en un cementerio, que quería jugar a las escondidas a medianoche.

“Dentro de esta guagua.” -Respondió balanceando mis llaves en el aire.

“Idiota.” -Le respondí airada. -“Devuélvemelas.”

Mientras el vagabundo intentaba jugar, Lilly gritaba con más fuerza. Sus chillidos se asemejaban a los de un murciélago atrapado en plena luz del día.

Me sentí fuerte otra vez. Mi Maghkia completa resplandecía entre mis poros, luchando contra la Maghkia perversa y ajena que habitaba en mí, pero aún así tratando de complementarse por mi propio bien. Mi Maghkia de vuelta solo podía significar una cosa. Lilly estaba desprotegida.

Le pedí a mi Maghkia un hechizo que pudiera quitarme al viejo de encima y un bizcocho apareció en mis manos. ¿Un bizcocho… en serio? Por favor, tantas cosas… pero, ¿un bizcocho?

Al lanzarlo en la cara del vagabundo, dejó caer la daga al suelo. La tomé de prisa y regresé al interior de la casa. Nada podía haberme preparado para la escena que me esperaba. Casi me ahogo del horror.

“¡Oh, no! Lilly…” -Me abalancé sobre ella. Las lágrimas me traicionaron y ya no pude retenerlas. La abracé con fuerza mientras la empapaba con lágrimas.

Lilly tenía una herida abierta en la cabeza, sangre manaba a borbotones. Miré a Edora llena de odio y dispuesta a darle rienda suelta a mi ira, pero supe que Lilly había ganado esa batalla.

Rojos ojos parpadeaban en el rostro de Edora mientras se ponía de pie. No sé cómo reunió fuerzas para caminar hacia Lilly, pero así lo hizo. Antes de que ella pudiera tocar a mi sobrina, lancé un grito de guerra.

Como me levanté… no lo sé. Fue como si hubiera volado. Mi daga se detuvo a milímetros de su cuello, aunque hace un minuto no había dudado en matarla en un parpadeo.

“No te atrevas…” -Musitó Edora intentando sonar valiente.

Una oleada de Maghkia corrió a través de mi mano hacia la daga, tentándome a cortarle la yugular y decirle adiós por siempre.

Con gusto, cavaré un hueco en la tierra.

Con mis propias manos la sepultaré en diferentes partes del mundo, después de descuartizarla en mil pedazos para que nunca pueda volver.

Un pequeño disparo de Maghkia, ligero como un beso, sencillo como si escupiera humo de cigarro, voló directo a su rostro. Ni una palabra más salió de su boca porque se desmayó a mis pies.

“Gallina.” -Dije a su inconsciente cuerpo. Lilly se sentó de prisa, frotando su frente sangrante. Fui a su lado y la curé con un poco de mi Maghkia. -“Gracias Lilly. Nos salvaste a las dos.”

“¿Va a volver?” -Lilly preguntó temblorosa. La abracé con fuerza tratando de borrar todo el miedo y el dolor de su alma.

“Me aseguraré que no suceda.” -Le prometí a Lilly. Algunas hojas sobrevivientes de papel semi-quemado cayeron sobre mi regazo. Agarré los papeles y los escondí en mi bolsillo para leer sus secretos después.

Dejé a Lilly por algunos segundos y fui hacia donde Edora descansaba inconsciente.

Quise pensar que en algún momento de su vida, Edora había sido inocente.

Que solo era un monstruo pues había estado desprotegida toda su vida.

Después de haber conocido su monstruo interior, me tocó aceptar que hay personas que son solo monstruos aunque no exista explicación.

Edora no estaba.

Solo había un eco escapando de la casa de dulce.

El olor de su Maghkia perversa se disipaba sin permiso. Me quedé inmovil, mientras algo ardía por mis venas.

Por primera vez no le tuve miedo a Edora. Sentí miedo por mí misma.

“No tienes que preocuparte. Ya no nos molestará nunca jamás. ¿Quieres tener el honor de rescatar mi van?” -le dije a Lilly, mientras me prometía estar lista cuando Edora decidiera reaparecer.

Lilly me miró como si le hablara en chino. Señalé a mi van aún atrapada entre los troncos y ella rió con fuerza.

“¿De verdad quieres tu van?” -Lilly cuestionó.

Le enseñé los básicos de mi Maghkia. No importaba que lo supiera.

Después que esta noche termine, Lilly no tendrá ningún vínculo con mi poder, pero se había ganado el conocimiento y mucho más.

Ella era la verdadera heroína de nuestra historia. -“¡Yo quiero mis ponis!”

Nos reímos a carcajadas.

Lilly intentó con fuerza y le di una pequeña ayudadita sin que lo notara. Saltó de alegría al ver que los troncos que mantenían mi van atrapada se volvieron finos como una pequeña ramita. Lilly no podía creer que solo mover sus dedos tuviera tanto poder.

Conduciendo de vuelta a casa, Lilly se quedó dormida en el asiento trasero.

Mis manos reflejaban un brillante poder que emanaba desde dentro de la piel.

La mitad de los poderes de Edora me pertenecían ahora.

Era curioso cuán diferentes éramos. Su Maghkia tenía un brillo verdoso mientras que mi Maghkia era transparente e iridiscente como alas de hadas.

Entré en mi casa silenciosamente, cargando a Lilly sobre mi hombro.

El hedor a humo aún estaba impregnado en mis cortinas y paredes.

Mis plegarias pronto se desvanecieron cuando vi sus severos ojos casi ardiendo de rabia.

Mamá estaba esperando por mí meciéndose en la silla mecedora de piel.

Su rostro era sombrío y triste. La mejor palabra para describir el reflejo de su cara era DECEPCIÓN.

Una lágrima escapó de mis ojos cuando descubrí su semblante acusatorio sobre mí.

Si había algo a lo que debía temer más que a una hermana gemela diabólica que deseara matarme, era a una madre sobreprotectora, matriarca de cazadores de brujas.

“Tienes mucho qué explicar, jovencita.” -Mamá exigió con tono autoritario.