Dulce Amenaza Capítulo 21 Hermandad
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Capítulo 21 Hermandad

“Hermana, llegas justo a tiempo.” -La bruja dijo desde el interior de la casa. La puerta estaba abierta de par en par y desde el exterior podía ver velas encendidas. La antigua casa de dulces era solo una vieja y abandonada cabaña, una sombra de arcilla derretida sin atractivo aparente.

No había razón para entrar de puntillas ya que era obvio que alguien me esperaba.

A pesar de mi visible valentía, estaba temblando como adicto al crack rompiendo el vicio.

Toqué el bolsillo de mi pantalón, asegurándome de que el poni voodoo aún estuviera conmigo.

Pensar en lo mucho que Lilly me necesitaba en este momento, me daba la fuerza que tanto urgía.

El conjuro para proteger a Lilly estaba en mi mente, siendo repetido una y otra vez.

“¡Oh, qué pobre cosa eres! Debiste haber arreglado esas piernas tambaleantes. Se me hace difícil entender porque escoges ser débil, llena de defectos e imperfecciones. Oh, bien. Mejor para mí. Débil como eres, estaré pronto en Witch’s Hearth, ocupando tu espacio, completando lo que no tuviste el coraje de hacer. ”

Seguí el camino de velas por el interior de la casa. Los susurros y curiosidad provocados por mi visita anterior, habían sido reemplazados por un temor y un sonido mortificante como un crujir de dientes. Las paredes que se movían, estaban inertes, intentando esconder su latido de Edora.

Lo que más deseaba era verle la cara a esa maldita bruja. También quería golpearle su linda y perfilada nariz.

Su voz retumbaba en los pasillos. Doblé en varias esquinas hasta ver un cuarto oscuro y más amplio. Lo reconocí de inmediato aunque se veía distinto. Estabamos en el cuarto del espejo negro.

Lilly levitaba solo a pulgadas del suelo. Su cuerpo estaba extendido sobre un pentagrama de muerte. Había visto ese dibujo antes en uno de muchos libros, pero nunca le había prestado atención. No es el tipo de Maghkia a la que estoy acostumbrada.

“Aquí estoy, Edora.” -Me aventuré a decir, aunque no había visto su rostro y no estaba segura de que fuera ella la única involucrada en todo este conflicto. -“No hay necesidad de mantener aquí a la niña. Me ofrezco en substitución para tu sacrificio.”

Corrí el riesgo de caminar hasta Lilly, quien estaba petrificada del miedo. Para calmarla le susurré que todo estaría bien. ¿Por qué le mientes, Morgan? Me pregunté en silencio. ¿Por qué ser tan cruel y darle esperanzas sobre una vida que ninguna de las dos verá?

“Mi brillante hermana.” -La bruja respondió caminando cerca de la luz de las velas. -“Edora. Tienes razón. Pero siempre puedo ser la vieja Regal o una enfermera. No hay límite a lo que puedes ser y hacer si dominas tu Maghkia real.”

Su forma cambiaba, personificando el nombre que mencionaba. El daño que puede hacer una persona con un poder como ese es monstruoso. Eso debería ser ilegal en el mundo de la Maghkia.

Ahora todo estaba claro. Lo que la señorita Regal había dicho y hecho. La forma misteriosa en la que mi daga, con la que alguien había matado a Patrick, estaba en su posesión. El veneno en el hospital.

Y quién sabe cuántas cosas más.

“¿Qué tiene que ver Sam con todo esto?” -Quise saber.

“No te preocupes, querida hermana. Te lo contaré todo antes de matarlas a las dos. Es lo menos que puedo hacer. Pero por ahora, quiero mostrarte algo.” -Edora movió sus manos, algo similar a como lo hago yo, y una mesa chica apareció entre las dos.

Un libro descansaba en ella. -“Hazme el honor de abrir el libro, hermana.”

“Deja de llamarme hermana. No somos familia.” -Protesté agitada.

“Ilumina mi día, coja ridícula. Abre el maldito libro.”

Intenté ganar tiempo haciendo lo que Edora me pedía. Había que darle el crédito, incluso sus insultos sonaban épicos, aun cuando su entusiasmo era para anunciar nuestra inminente muerte.

Me arrodillé frente a la mesita y observé el libro. Lo había visto antes. El libro que apesta a cadáver descompuesto. Un pedazo de piel seca era usada como marca libros, separando las páginas.

Tal vez mi mueca fue muy notable o mi nariz se torció demasiado frente al fuerte olor a podrido. Edora encontró mi acto tan fascinante que no podía dejar de reírse de mí. Jamás había escuchado una risa tan macabra.

Mis dedos temblaban como una mezcla de crema batida y pudín abandonado justo en el centro de la Falla de los 19º con un terremoto magnitud ocho.

Haciendo el mayor esfuerzo para no dejar ver mi crisis nerviosa, traté de calmarme respirando profundamente.

Edora me observaba como si yo fuera un raro espécimen herido que había llegado indefenso a su balcón, mientras yo deseaba pensar que era más amenaza para ella que lo que Edora significaba para mí.

Quería convencerme a mí misma de que yo estaba llena de sorpresas, pero Edora estaba esperando algún truco de mi Maghkia en cualquier momento.

Y ella llevaba una vida entera entrenando para este momento.

“Es para hoy, Morgan. Es solo un libro. ¿No anduviste buscando conocer tu historia? Todo está ahí. ¿Quieres saber de ti? ¿De todos nosotros? Te estoy sirviendo en bandeja todas las respuestas. ¿Qué esperas?” -Ella regañó con voz engañosa.

Las respuestas a todas mis preguntas podrían estar esperando a que yo pasara las páginas.

Mi verdad podía estar a pulgadas de mis dedos.

Quién soy. Por qué estoy aquí. Dónde habían estado otros como yo.

Ya había tenido un vistazo cuando toqué el libro por primera vez. ¿Necesitaba -con total honestidad- tener esas respuestas… conocer esa parte de mi historia? ¿Acaso no era más sabio dejar de husmear en mi historia y crear una vida que yo escoja vivir?

El juego de presa y cazador de Edora había llegado al clímax y no había vuelta atrás. Mi mano se acercó a la portada del libro mientras una vocecita en mi interior me decía que no lo hiciera.

Con el más mínimo roce de mis dedos contra la áspera portada, sentí la picada de mil abejas asesinas por todo mi cuerpo.

¿Por qué? ¿Por qué esta vez había sido distinto?

Mis dedos ardieron peor que una quemadura con mis hornos. Una protesta adolorida escapó de mis labios mientras Edora murmuraba. A pesar del dolor y del violento fuego, no arrebaté mi mano, sino que sujeté la portada y abrí el libro.

Verdes llamaradas brotaban del libro. De su interior, una estrella de seis puntas rompió el fuego verde con sombras.

Cada punta señalaba un elemento. Tierra, agua, aire, metal, fuego, y otro símbolo que no pude reconocer.

Intenté tocarlo, ansiando que abriera un nuevo eslabón, como un mapa viviente desenrollado frente a mis ojos.

“Maghkia. Maghkia real.” -Dijo Edora, respondiendo a mi incertidumbre. -“No esos trucos comestibles tuyos.”

“Eso fue ofensivo.” -Me digné a decir. Mi Maghkia era tan válida como cualquier otra en el mundo.

“¿Lo sentiste?” -Preguntó acercándose a mí.

“¿Sentir qué?” -Mentí como si no hubiese sentido quemarme completa. Como si no hubiese estado aquí antes… como si no hubiese tenido visiones y pesadillas por culpa de este libro.

“Lee.” -Me gruñó.

“No entiendo esta escritura.” -Riposté, aunque sabía que mentía. Edora llegó a mi lado más veloz que un parpadeo y empujó mi cabeza al libro.

“¡Lee, Morgan!” -Chilló como mono aullador.

Ignorante de las consecuencias de mis acciones, comencé a leer en silencio, pero Edora exigió que leyera… nuevamente.

Esos extraños símbolos, ese lenguaje desconocido, de repente tuvo sentido. Todo se hizo reconocible y familiar. Cada palabra leída en voz alta era un nuevo dolor desgarrador en mi cuerpo. Quemaba peor que cualquier cosa que hubiese sentido en mi vida.

El dolor era tal que comencé a alucinar.

Érase una vez… intenté desafiar mis poderes.

Tenía tanta confianza en mí misma que me arriesgué a retirar un caliente molde del horno sin agarraderas o guantes.

Burbujas de agua crecieron rápidamente en mis escaldadas manos y no pude hacer nada para curarlas.

El pobre cheesecake que había horneado terminó disperso por el suelo y salpicado en las paredes de la cocina.

Las líneas de fresa se chorreaban por mis paredes como manchas de sangre de película de terror.

La Maghkia tiene sus limitaciones. La mía era mi orgullo.

Mis manos y brazos ardían tanto que resultaba insoportable, y tuve que dejar de leer para frotar mi adolorido cuerpo.

“Enséñame tus brazos.” -Ordenó Edora. Vacilante, escogí desobedecer.

Edora se arrodilló frente a mí, recogiendo su larga falda negra y haciéndola un nudo entre sus rodillas.

Como si yo me estuviera tardando una eternidad, Edora agarró una de mis manos y enrolló la manga hasta encima del codo.

No podía creer lo que veían mis ojos, así que los apreté fuertemente para sacar la imagen de mi mente.

Cuando volví a parpadear, las marcas seguían ahí, tan reales como Edora y como yo.

Enrollando sus propias mangas, Edora me mostró sus propios tatuajes verdes brillantes.

“Hermanas.” -Explicó como si fuera obvio, como si unos raros tatuajes traídos con Maghkia pudieran de alguna manera hacernos hermanas.

Abrí mis ojos aún más grandes para ver con detalle una serie de tatuajes que se extendían desde mis manos hasta mis brazos.

Cicatrices que brillaban verde como el fuego del libro se dibujaban en mi piel, abultándose como un gordo ciempiés.

Asustada, cerré el libro de prisa. No tenía más opción que creer que estaba poseído por el peor de los demonios.

“No temas al libro.” -Sonrió Edora. -“Teme de esos que viven y te desean muerta. Como yo.”

Arranqué mi mano de entre las de ella. Edora se mantuvo quieta, sonriendo mientras disfrutaba mi miedo. Lilly estaba dormida, ignorante de lo que sucedía a su alrededor. En silencio seguí repitiendo el hechizo protector, sabiendo en lo profundo que nadie vendría en nuestra ayuda.

“¿Por qué haces esto?” -Le pregunté.