Dulce Amenaza Capítulo 20 Maghkia forzada… Mala Para El Alma
72%

Capítulo 20 Maghkia forzada… Mala Para El Alma

La vida nos pone pruebas imposibles solo para recordarnos que no somos tan grandes, ni tan intocables, ni tan fuertes como creemos. En mi caso, esa era una lección que ya había aprendido. Entonces, ¿qué la vida esperaba de mí? ¿Cual era mi lección?

Que no soy tan fría, insensible y calculadora como siempre he creído.

Pensé que lo peor ya había pasado. Que mi desgracia se quedaría atrás, junto con la confesión de amor de Sam y el desastre que ambos habíamos ocasionado en nuestras vidas.

Pensé que el mundo ya nos dejaría en paz, pues nuestro amor, ese que pudo haber sido, pero jamás será, había llegado a su final.

Encontré el carro de Elizabeth rápidamente.

No fue complicado ya que se había estacionado justo al lado de mi van.

Golpeé el cristal del auto con suavidad, esperando no asustarlas.

Cuando me vieron, ambas comenzaron a saltar de felicidad, obligando al carro a mecerse de lado a lado como un terremoto.

Mi corazón se encogió. Nadie en toda mi vida se había sentido tan feliz de verme como estas dos mujeres. Y ni siquiera éramos familia.

“Las llevaré a casa, chicas.” -Les dije mientras ambas me abrazaban casi dejándome sin respirar.

Era muy tarde. Casi las once de la noche cuando me estacioné en mi garaje.

Primero ayudé a Mamá a sentarse en la silla de ruedas a la que estaba confinada hasta recuperarse de los golpes.

Era una mujer muy fuerte, y mientras una cadera dislocada amenazaba con sacarla de circulación, esta viejita… era la más resistente de todas.

Conozco mi casa. Cada parte de ella. Sé con exactitud donde dejo cada tazón y cuchara que poseo. El cuchillo de mantequilla en la mesa disparó mi señal de alerta.

Quizá estaba exagerando y siendo paranoica. Tal vez solo estaba confundida y lo había dejado yo misma cuando vine a bañarme para volver al hospital. Me convencí de que estaba cansada y me estaba imaginando cosas.

“¿Tienen hambre?” -Les pregunté. Ambas respondieron que tenían los ‘munchies’. Escogieron sándwiches y yo les ofrecí una variedad de jamones y quesos.

“¿Puedo cortar lechuga?” -Preguntó Lilly. Yo estaba más que feliz de permitírselo. Se sentó frente a la mesa y le di un picador y un cuchillo de mantequilla, botando a la basura el que estaba abandonado sobre la mesa.

Estómagos llenos, las llevé al cuarto libre y acomodé allí sus cosas. Mamá se quedó dormida casi inmediatamente después de llevarla al baño y darle sus medicamentos.

“Eres la mejor novia que Sam puede tener. Dios te bendiga.” -Me pellizcó las mejillas con fuerza y comenzó a roncar.

Lilly se acostó con su abuela, abrazando su unicornio de peluche.

Las besé en la frente y le susurré que estaría en el otro cuarto y que podía llamarme si me necesitaba.

Entre bostezos, logró decirme gracias antes de dormirse.

Tras un baño rápido, me puse unos pantalones de yoga y una camiseta.

Tenían un aroma diferente… y caí en cuenta que eran las mismas ropas que Sam había usado cuando se había quedado la primera vez.

Me quedé dormida bajo el hechizo de su perfume natural, y tuve un sueño locamente bueno, pero loco al fin.

La realidad me reclamó con fuerza, resoplando en mis oídos como silbato de tren.

No estaba dispuesta a acabar el sueño abruptamente, abrí solo un ojo, anhelando que el sueño permaneciera conmigo cuando volviera a quedarme dormida.

Una sombra se arremolinó en mi cama, acomodándose cerca de mí.

Mi sábana me fue arrebatada y el frío golpeó mis pies.

Me estaba preparando para patear el bulto que se arrastraba por mi cama, temiendo que los fantasmas pudieran ser tan reales como las brujas, cuando escuché su tierna vocecita.

“Mamá ronca.” -Pensé que inventaba cosas, hasta que recordé que Lilly y Mamá estaban aquí conmigo. No me lo había imaginado. Sam estaba en el hospital. Nos habíamos traicionado, y la confianza y la fe en nosotros se había desgarrado.

Me encontraba sola en el mundo, pero acompañada de dos personas que no sabían nada de mí.

“Oh.” -Reconocí, envolviéndola con toda la sábana. -“Puedes quedarte aquí conmigo.”

Convocar de vuelta el mismo sueño fue un error superior.

Todo se tornó oscuro y difícil de soportar.

No existía el paraíso para las brujas. No había un cielo donde la Maghkia fuera permitida.

La maldición que me acechaba desde el nacimiento solo era fecunda en los infiernos.

El amor era otro de los engaños del mundo. El mayor de todos.

Su voz era distante, pero la escuchaba llamarme.

Un miedo estaba incrustado en su siempre melodiosa voz.

Quedé sentada en la cama buscando a Lilly pero la cama estaba vacía.

Me llamó otra vez y corrí fuera de mi cuarto.

Un calor sofocante se abría paso por el corredor, obligando a brotar gordas gotas de sudor de todo mi cuerpo.

Fuego.

¡Mi casa estaba en fuego!

Lilly apareció arrastrándose por el corredor e intenté sujetarla. Segundos pasaron y la tuve a pulgadas de mis dedos.

Su pequeño cuerpecito levitó sobre mi cabeza mientras un vacío succionó el aire de mis pulmones.

“Te lo advertí, bruja. Pero no sabes obedecer instrucciones. Ahora esta frágil cosita pagará por tus pecados.” -Una mujer gritó y vi su silueta entre las sombras de mi casa. ¿Acaso Mamá también estaba poseída?

No. Ella no podía. Estaba profundamente dormida y no podía caminar por sí sola a causa de su cadera. Las palabras de Edora rebotaron en mi mente. Mamá no es una vieja debilucha, sino una guerrera cazadora.

“No pudiste completar tu plan. Ni siquiera conmigo presionándote. ¿Cómo pueden estos humanos normales importarte tanto? ¿Y qué los de nuestra sangre? ¿Te importamos nosotros también?”

El fuego se propagaba de prisa. Las paredes de mi cuarto comenzaban a arder al igual que el baño.

Pronto, el cuarto en el que Mamá dormía estaría en llamas también.

Consideré mis opciones. Cargar a Mamá hasta fuera de la casa o seguir a quien se llevaba a Lilly.

Si me quedaba, Lilly desaparecería y eso sería mi culpa.

Si seguía a Lilly, Mamá moriría calcinada en mi casa.

No importa la decisión, yo era la culpable de cualquier resultado.

Corrí, pero me resbalé en un charco que Lilly hizo antes de acostarse y yo había olvidado limpiar. Me caí de espaldas y golpeé mi cabeza. Mis piernas sufrían, aprisionadas bajo todo mi peso.

Los gritos de Lilly comenzaron a alejarse.

Intenté enderezarme pero mis piernas quedaron enredadas en las tuberías del lavamanos.

Mientras trataba de liberarme, aflojé la tubería.

Un fino chorro de agua me salpicó. Pateé las tuberías con fuerza y las rompí.

Mientras el agua comenzaba a acumularse en el piso del baño, yo me sujeté del inodoro para ponerme de pie.

Fue dificultoso, ya que resbalar y morir rompiéndome el cuello parecía bastante sencillo, pero una terrible idea.

El pomo de la ducha estaba hirviendo pero aun así le di vueltas hasta encender el agua fría.

Tiré de la manguera retráctil lo más que pude y mojé hacia el otro cuarto.

Luego la coloqué en el piso para que el agua saliera al pasillo.

Con suerte eso mantendría el fuego a raya.

Por favor, Dios. Permite que Mamá duerma como un tronco.

Fuera de la casa, el ruido de una motora retumbaba con fuerza. Corrí rogando a Dios nuevamente para que no fuera Sam que había escapado del hospital y había aparecido frenético.

“No eres la única bruja con una increíble nave.” -Gritó la bruja desde la distancia.

No pude ver su rostro ni reconocer su voz entre tanto ruido y mi casa crujiendo.

El silenciador de la motora escupió fuego mientras la bruja aceleraba, arrastrando a Lilly como una cometa por el aire.

Un segundo después, habían desaparecido. La bruja. La motora. Lilly.

Elizabeth iba a matarme.

Sam iba a matarme.

La bruja iba a matar a Lilly.

Todo era mi culpa.

¿Qué hago? ¿Qué hago? ¿Cómo la salvo? ¿Cómo saber a donde se llevaron a Lilly? ¿Cómo no me di cuenta que esto iba a pasar? ¿Cómo bajé la guardia? Me golpeé la cabeza varias veces contra la puerta de entrada y fue entonces cuando noté un mensaje grabado con fuego en la madera.

Te lo dije.

¿Qué me dijo? ¿Quién me advirtió?

Solo podía pensar en un lugar donde debía comenzar mi búsqueda. Algunas personas vinieron a mi mente, pero a ninguno los creí capaces. Al final, solo quedaba Edora.

Todo comenzó cuando ella apareció en mi patio. Y todo se torna caos nuevamente cuando ella aparece.

Una sirena resonó por el camino que guiaba a mi casa.

Gracias a Dios por su misericordia. Eso era lo único bueno de un pueblo pequeño.

Los chismes y el humo se huelen rápido. Mientras el camión de bomberos se acercaba, entré a mi van y la conduje afuera.

A estas alturas, el fuego había devorado casi todo mi cuarto, pero al parecer el agua del baño impedía que el fuego se propagara.

Un bombero gritaba instrucciones a su equipo. Me detuve para avisarle que la madre del agente Whilhey estaba en el interior de la casa, y que debían ser cuidadosos con ella por su cadera.

“¿Fue un accidente o incendiaste la casa a propósito?” -Me preguntó el jefe de bomberos.

“¿En serio? ¿Todo lo que pasa en este estúpido pueblo es mi culpa?” -Discutí a la defensiva. -“Alguien hizo esto y secuestró a mi sobrina. Debo irme.”

¿Mi sobrina? Sam y yo no éramos nada y yo llamaba sobrina a Lilly.

Mientras más rápido conducía, más ideas descabelladas desafiaban mi imaginación. ¿Las brujas serían capaces de matar a Lilly? Cuanto más me lo preguntaba, más me convencía que quien estuviese haciendo esto no se inmutaría cuando llegara el momento de utilizar su poder.

Si solo pudiera tener una forma de proteger a Lilly mientras llegaba a ella… Haría lo que fuese. Si Lilly fuese tan fuerte como yo… Si pudiera utilizar mi Maghkia para protegerse, para usarla de escudo… Podríamos tener suficiente tiempo.

Arranqué el espejo retrovisor. Rebusqué en cada gaveta, pero no encontré velas.

Me estacioné a un lado del camino, consciente del valor del tiempo, y fui a la parte trasera para reunir mis artefactos acostumbrados.

Tenía miel y vinagre. Azúcar áspera, blanca y negra.

No encontraba velas, ni siquiera velas de cumpleaños.

Tropecé con el saco de nilón en el suelo, y de este salieron algunas velas blancas. La afilada hoja de la daga aún estaba manchada con la sangre seca de Patrick. Me encogí de asco, dándome cuenta que nunca había visto la sangre de otra persona en toda mi vida.

Acomodé todas las cosas en el asiento del pasajero y resumí la marcha. Con mi mano derecha encendí las velas y utilicé su propia cera para pegarlas al espejo. Un pequeño poni representaba a Lilly para el hechizo. Si, lo sé. No juzguen a la bruja. Sabía lo que estaba haciendo.

“Para convocar protección,

y la lucha resistir,

permitan que Lilly posea mis poderes

hasta que esta noche llegue a su fin.

Que espíritus malignos caigan sobre mí

para salvar a Lilly de todo mal.

Concédanme servir de escudo

para que la maldad pueda rebotar.”

Derramé un poco de miel sobre las velas y las rocié con ambas azúcares, repitiendo los versos una y otra vez.

Mientras me acercaba a la casa de dulce, más débil me sentía, pero no me detuve.

Eso solo podía significar que mi hechizo estaba funcionando.

Tal vez estaba aprendiendo a usar la parte de Maghkia que nunca había practicado.

El acceso final a esa calle estaba bloqueado por troncos.

Por supuesto… como en las películas, me dije en tono sarcástico.

Ya no podía recordar la última vez que había sido sarcástica ni con mi propio reflejo.

Tantas cosas habían pasado en tan poco tiempo.

Estaba perdiendo una parte de mí… mientras otra parte estaba despertando.

Si mi Maghkia no estuviera enfocada en transferir mis poderes a Lilly, podría haber hecho algo para aclarar el camino. Forcé mi van por sobre uno de los troncos, pero solo conseguí averiarla. Maldije entre dientes y abandoné mi ya no tan genial LuxGen y corrí por la calle rumbo a mi perdición.

Maldije una vez más. En situaciones como esta, de vida o muerte, mis piernas resultaban una desventaja.

Puede que Edora hubiese tenido razón. Si solo las hubiese arreglado con agitar una mano…

No sería tan distinto a preparar un buffet o un postre fino y complicado. Solo si lo hubiese deseado en realidad.

Pero no lo deseaba. No quería ser distinta a lo que soy, aunque soy distinta a todos. Mi meta nunca había sido ser un clon de la muchedumbre.

La oscuridad no era de gran ayuda. Las pocas luces que alumbraban la calle parpadearon hasta que dejaron de existir.

Me quedé en un abismo tan terriblemente oscuro que no podía ver ni la punta de mis zapatos.

Aun así seguí corriendo. La casa no estaba muy lejos.

Podía sentir su fuerza magnética. Y yo era otro metal insignificante atraído hasta la perdición que aguardaba en su interior.

Justo cuando creí estar frente a la casa, mi pierna se enredó y caí de cara al suelo. ¡Ouch! Mi quijada dolió al rasparse con rocas filosas.

Finalmente tuve mi pie libre pero dolía demasiado. Se había torcido. Cojeando y torcido.

Mi única preocupación era rescatar a Lilly completa.

Y viva.