Dulce Amenaza Capítulo 19 ¿Cuánto apostaste tú? #3
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Capítulo 19 ¿Cuánto apostaste tú? #3

“¿Hay alguna razón por la que no deba sentirme así? Porque si existe alguna, necesito saberla.” -Le contesté suavemente.

“¡Me parece curioso!” -Sonrió con cierta condescendencia.

-“Un hombre no puede apostar por el amor de una mujer pero, por otro lado, esta mujer sí puede apostar por su amor.” -Lo miré absolutamente avergonzada.

¿Cómo se había enterado? ¿Acaso Connie me había delatado?

Mis oídos zumbaban como un tren siendo arrastrado por un tornado.

-“Al menos eso es lo que he escuchado. ¿Cuánto te costaría a ti o a Connie?”

Mi lengua había sido cortada de raíz y en su lugar sólo existía el sabor de limones agrios y sal.

“Oh, ya veo. Eres una hipócrita.” -arremetió Sam con un tono de burla. Tenía toda la razón. Soy una hipócrita. Condenándolo por el mismo delito que yo cometí. -“No tienes nada que decir. Sé exactamente lo que se siente. ¿Y tú? ¿Cuánto o qué les costaría yo?”

Mi labio inferior debía estar sangrando gracias a mis afilados colmillos mordiendo con fuerza. Recuerdo que Sam me llamó la atención por la acción. Incluso dio por terminada la conversación, pero yo no podía dejarla ir. Mi vergüenza hacía que la humillación se sintiera enorme.

“Connie se quedó en mi tienda el otro día después que te marchaste. Se dio cuenta de que algo sucedía entre los dos y me tomó por sorpresa. Dijo que se casaría contigo antes de fin de año o ella pagaría mi servicio de catering para la actividad de mi elección.” -Confesé.

“¿Valgo un catering para Connie?” Sam preguntó con gracioso repudio. -“¿Y para ti?”

“Connie quería mis servicios completos de catering, bizcocho, decoración y anfitrión para su fiesta de año nuevo.” -Me atreví a decir cubriendo mi rostro cansado. Lo único que deseaba hacer era llorar. “Esto está mal. Lo lamento.”

“¿Por qué habrías tú de pagar más que ella?” -Quiso saber con humilde curiosidad.Las palabras no esperaron para salir de mi boca. Convulsionaban la verdad aun en contra de mi voluntad.

“Porque yo soy la repostera lisiada. La mujer defectuosa del pueblo. Ella estaba tan segura de ganar que apuntó a un premio más alto.” -Molesta y humillada, les permití a todos esos pesares abandonar mis entrañas.

Era hora de dejar ir todo este dolor. -“¿No lo ves? Mujeres como yo, gente como yo, nunca llegan a tener un final feliz. El amor real nunca aparece. Las hadas no tintinean en nuestras ventanas al filo de una madrugada de amor. El brillo de felicidad, un primer beso que sea perfecto, citas románticas, pretendientes. Esas cosas me son prohibidas por esta sociedad anticuada.”

Puede que no todas esas cosas fueran ciertas. Quizá solo sucedía en este pueblo estancado en la prehistoria. Pero estaba tan cansada de los injustos límites impuestos, el rechazo, y lo que me permitían hacer esos que se llamaban perfectos.

“¿Nuestra primera cita no fue romántica y especial para ti?” -Sam preguntó con nerviosa expectativa.

Miré a sus ojos, resplandecían con una lágrima recién nacida que todavía no estaba lo suficientemente madura para caer.

Recordando esa noche, debía admitir que había sido el día más especial de toda mi vida.

“Lo fue.” -Confesé con casi un susurro.

“¿Tienes algún interés en el hombre que te coqueteaba en la boda? El arquitecto.” -Cuestionó, pero había cierto reclamo en la pregunta.

“No. Él no significa nada para mí.”

“Te invitó a salir. ¿Cierto? Lo vi en tus ojos. Te sentiste fascinada con la idea. Te sentiste… halagada. Pero lo rechazaste.” -Sus palabras ya no sonaban como un reclamo de celos, más bien curiosidad.

“No estoy interesada. Este pueblo está lleno de hombres anticuados. Pero los hombres de ciudad como él me parecen peor. Tienen la cabeza en el espacio. Para ellos, las mujeres de ciudad son presa fácil y las pueblerinas les parecemos aún más desesperadas. ¿Acaso parezco desesperada por irme y huir a una ciudad? Sé lo que hombres como él buscan y no estoy interesada en lo que ofrecen.” -Respondí confiada.

“¿Y qué piensas de mí?” -Sam forzó la pregunta. Para responderle, debía dejar expuestos mis sentimientos y no me sentía capaz de hacerlo.

“Eres un hombre. Tienes la intención de conseguir lo que otros también buscan.” -El inesperado retorcimiento de mi corazón me advertía de mi mentira. Sam era diferente. Todos son diferentes… al principio.

“Entonces no me conoces para nada. ¿Cuántas veces dormí en tu casa? ¿Cuántas noches nos acurrucamos en tu cama y nunca hice un movimiento? Te he visto desnuda. Te he bañado. Te he curado. Y nunca me aproveché de ti. ¿Crees que me faltaron oportunidades?” -Sam se defendió de mi acusación.

Me sentí avergonzada y mortificada.

“Puede que tengas razón pero, ¿no apostaste con Jerome para solo aprovecharte de mí?”

“Él apostó que yo no podía llevarte a la cama. Yo, por el contrario, quise llevarte a la cama desde el primer momento que te vi. Llevarte de la forma correcta. Después de jurar frente a Dios amarte y protegerte para siempre. Eres la mujer que había buscado toda mi vida.”

Mi alma volvió a romperse. Justo cuando creía que no quedaba nada para ser destruido.

“Y tú, ¿qué sientes? ¿No me quieres un poquito? ¿Me amas?”

Las palabras no salieron, se resistían. Estaba tan avergonzada que quería desaparecerme en ese instante.

Había demasiado de mí que Sam no conocía.

Muchas cosas entre nosotros que jamás nos permitirían ser felices.

Quizá era mejor dejar ir el sentimiento y comenzar a alejarnos.

¿Podríamos mantenernos lejos aun estando peligrosamente cerca?

Me ofrecí esta tonta idea. No existe tal cosa, Morgan, No seas tan ilusa.

La noche avanzó con el calor de la conversación y con ella mi preocupación de que no teníamos noticias de Elizabeth. Sam forzó la misma pregunta varias veces y mis sentimientos se vieron tentados a confesarlo todo.

Soy una bruja, Sam. ¿Podrías amarme después de esta confesión? ¿Dejarías de ser un cazador solo para ser amado por una bruja? No puedo desangrar mis venas por completo y de pronto ya no ser lo que soy. Ser cazador no está en tu ADN, al menos eso creo yo.

Para bien o para mal, las palabras estaban haciéndose paso entre mis labios. Estaba lista para decirlo todo pero nunca estaría preparada para su rechazo.

“¿Por qué no descansas un rato? Los medicamentos te están haciendo alucinar. No hay necesidad de hacernos esto. Mañana tal vez no recuerdes nada.” -Respondí cubriéndolo con la fina sábana y envolviéndolo con mi tibio edredón.

Solo dejé su rostro descubierto antes de plantar un beso tierno en su frente. -“Descansa.”

Ingenioso, policía después de todo, Sam me sujetó con su mano derecha, agarrando tiernamente mi nuca. El contacto de sus fríos dedos temblorosos envió electricidad a todos mis nervios, músculos y ligamentos.

“Aun podemos estar juntos. Haré lo que tenga que hacer. Solo dime que podemos hacer que esto funcione.” -La pasión en sus ojos era pura y la herida era mortal y tan profunda como un disparo a la cabeza.

“No.” -Le respondí con lágrimas brotando de mis ojos y depositándose como una semilla en su pecho agitado. Me sujetó con fuerza y estaba segura que él protestaría mi respuesta, pero solo quería ver la verdad revelada en mis ojos. -“Lo siento.”

Gracias a la misericordia, Elizabeth apareció. Estaba abrumada y un tanto mareada. La recibí con un cálido abrazo pero Sam se percibía distante. Sé cuál es su problema, detestaba molestar a su familia y ocuparlos con su enfermedad. Él nunca sería un dependiente, sino un macho alfa.

“¿Todo bien?” -Le pregunté preocupada. -“¿Cómo se siente Mamá?”

“¿Qué tiene Mamá?” -Sam preguntó, pero lo ignoramos.

“Está mejor, pero está con Lilly en el carro. Mi esposo no pudo tomarse el día. ¿Podrás llevarlas al apartamento de Sam mientras yo estoy aquí?” -Preguntó avergonzada.

Me imaginé a Mamá, pobrecita, imposibilitada de moverse, deseando tener quien la lleve al baño.

Y Lilly, cansada y hambrienta, necesitando que la acurruquen.

No tenía corazón para dejarlas por su cuenta.

“¿Qué tal si las llevo a casa conmigo y las cuido mientras vuelve el doctor? Solo serán unas horas. Podrán descansar y les haré algo rico de comer y en la mañana pasaremos por aquí para traerles un desayuno real. ¿Suena bien?”

“¿Harías eso? ¿Las cuidarías por mí?” -Preguntó aliviada.

“Por supuesto. No tienes de qué preocuparte. Lo que sea que necesiten, me llaman a la casa.” -Recogí mis cosas y abracé a Elizabeth con fuerza, asegurándole que sus tesoros estaban bajo buen cuidado. ¿Qué podía pasar si solo íbamos a dormir? Además, vivimos en el más aburrido de los pueblos.

Mientras caminaba hacia la puerta del hospital, con la silueta de Sam haciéndose cada vez más borrosa, entendí algo devastador.

Sam era el hombre que la vida me había enviado… y también el que el destino decidió quitarme.