Capítulo 17 Traicionada
Los precipitados golpes en mi puerta me alertaron que la mañana había llegado. Traté de revolverme en mi cama para ponerme de pie a ver quien llamaba desconsideradamente.
No pude moverme. Estaba atada con los brazos de Sam como si fuera una goma elástica hecha de sólido caramelo. ¡Sam estaba otra vez en mi cama!
No me interesaba protestar pero no recuerdo qué pasó.
“Morgan. Morgan. ¡Abre la puerta!”
Empujé a Sam cuando escuché la voz de Lavender chillando cerca de la ventana de mi cuarto. Sam cayó al suelo y se disponía a protestar mi hostilidad cuando salté hacia él como una pantera y le cubrí la boca, haciéndole un gesto para que se mantuviera callado.
“Morgan… te lo advierto. Si no abres la puerta, la romperé si es necesario.” -Amenazó ella. -“Sé que hay un hombre en tu casa. Ábreme la puerta ahora.”
“Espera un minuto.” -Le grité, aun sin saber cómo actuaría. -“Dame un momento.”
Me puse un cami negro, mi equipo ortopédico, seguido de unos leggings apretados que simulaban jeans.
“Por favor, vete.” -Le dije a Sam acariciando su aún asustado rostro con mi mano izquierda. -“¿La puerta trasera?”
Me alejé de Sam, mas no pude evitar reírme ante el gesto atrevido que hizo. Arqueó su ceja y me dio una sonrisa de esas que los labios se hinchan mientras se tuercen a un lado…
Con los brazos cruzados frente a mí, me dirigí a abrir la puerta. Lavender se arrojó dentro de mi casa como madre enojada que venía a castigarme y azotarme.
“¿Qué es tan urgente que logró sacarte de tu nidito de amor?” -Pregunté sin considerar mis palabras. Su cara había envejecido en cuestión de días. La novia de hace una semana era solo una tenue sombra.
“¿Has visto a Jerome desde… lo que pasó en tu tienda?” -Preguntó con tono demandante. Solo negué con la cabeza. -“¿Y a Patrick?”
“¿Quién es Patrick?” -Pregunté adormecida.
“El sobrino de la señorita Regal. Vende vegetales en el mercado.”
“Lo siento. No he visto a ninguno de ellos. He estado muy ocupada últimamente.” -Me adelanté a decirle antes que siguiera con las preguntas.
Ella caminó alrededor, intentando espiar al interior de la casa. Le bloqueé el paso.
“¿Quién está ahí contigo? ¿Es Jerome, verdad? Sabía que él tenía algo por ti, un entusiasmo muy obsesivo. Pero nunca pensé que tú fueras capaz de hacerme esto.” -Me gritó cegada por sus celos absurdos.
“¿Qué… de qué hablas?” -Le pregunté incrédula. ¿Qué clase de mujer creía que yo era? Yo podía ser muchas cosas, pero jamás una roba-hombres. -“Odio a Jerome. Es un cerdo. ¿Cómo crees que yo te haría una porquería así? Eres solo una chiquilla ignorante.”
“Entonces explícame por qué Jerome te llamaba en nuestra noche de bodas. Deja de esconderlo aquí. Oblígalo a que venga y me diga en la cara lo que deba decirme.”
“¿Qué tengo que explicar? Que te lo explique él que es quien te falta al respeto.”
“Tú lo estás escondiendo aquí. Nunca quisiste que estuviera conmigo.” -Atacó mientras lloraba.
“Te equivocas, Lav. Jerome no está aquí. No me importa él, ni Patrick. No me importa nadie. No me interesas tú y tu inútil dicha matrimonial. Y si no lo quería contigo es porque pensé que merecías algo mejor.” -Le gruñí.
“No mientas.” -Mi propia prima me contradecía entre llanto y miradas de desprecio. -“Planeaste todo esto. ¡Eres una maldita bruja roba hombres!”
Sin darme cuenta, la estaba cacheteando con fuerza. Se lo merecía. Ofendida, trató de irse pero la sostuve por los brazos, lista para abofetearla de nuevo. Lavender se mantuvo firme, retándome.
“¡Whoa!” -Dijo Sam saliendo de mi cuarto sin camisa. Por un instante me dejó sin aliento, pero esa parecía una sensación común cuando él estaba cerca. -“¿Qué hacen? Dejen de pelearse. ¡Ustedes son familia! ¡Familia!”
Sujetándome por los hombros, me alejó de Lavender y se colocó en medio de las dos. El rostro de asombro de Lavender no tenía precio. Le hubiera concedido un deseo Maghkico a quien se hubiera arriesgado a tomar una foto de su rostro anonadado.
“¿Sam? ¿Agente Sam?” -Lavender preguntó sin poder creer lo que veían sus ojos.
“Por supuesto que soy yo, señora Greenline.” -Contestó con una tímida sonrisa. -“¿Esperabas encontrar a Morgan con alguien más? Lamento decepcionarte, pero soy yo el hombre misterioso en la vida de tu prima.”
Su pregunta me envió una señal de alerta. ¿Era que acaso Lav y el resto del mundo debían suponer que Sam dormía en mi casa?
“Si pasaste la noche aquí no sabes sobre Patrick Regal. Lo encontraron muerto hace una hora. Velas negras y una daga estaban en su cuerpo.” -Lavender informó cubriéndose la cara con ambas manos.
Hice lo mismo, aunque no por las mismas razones.
¿Una daga? ¿Mi daga? ¿Con mis huellas dactilares en ella?
Esto no podía estar pasándome. -“La señorita Regal está enloquecida. Solo lo tenía a él en el mundo.”
Sam fue a mi cuarto y volvió completamente vestido. Me besó la mejilla mientras salía apresurado como huracán.
“Has caído muy bajo, Morgan. Pregúntale a tu novio cuanto Jerome le pagó por llevarte a la cama.” -Lavender escupió las palabras en mi cara antes de correr fuera de la casa tras Sam.
Me enrosqué en mi cama para llorar otra vez. Una vez más me odié con fuerza. Se me hacía imposible creer esas palabras pero era la explicación más sencilla a la insistencia de Sam.
Una semana viviendo bajo un engaño, entusiasmada con un amor que era fingido. Creyendo que un hombre como él podía fijarse en alguien como yo. Soñando que merezco algo de normalidad.
Determinada en ponerle un alto a todo esto, salí de mi casa y conduje hasta mi tienda. Hoy sería un día distinto. Días de duelo siempre traen clientes buscando comida de duelo. Yo estaba afligida también, pero quedarme en la cama era inútil.
Horneé donas sencillas y pastelillos de guayaba y queso. Frituras de carne y un bizcocho sencillo de vainilla estaban listos para alimentar la multitud. Empaqué algunas cosas, escribí una nota que pegué a la puerta y cerré con llave. Caminé algunas calles hasta la casa de los Regal.
¿Por qué hacía esto? No lo sé. Lástima, tal vez. Tristeza, quizá. ¿Remordimiento? Posiblemente. Y algo de culpa también.
La curiosidad de si hablaban algo de la daga… mi daga… era lo que me impulsaba en este momento.
La casa estaba desierta, lo que era extraño con pueblerinos tan entrometidos.
A esta hora la casa debía haberse llenado de la ‘crema’ de la sociedad y de las lloronas mal pagadas.
Subí dos escalones, sujetándome del barandal de metal.
La señorita Regal estaba sentada detrás de unos tiestos de flores a un lado del balcón.
Ella me vio antes de que yo tuviera la oportunidad de tocar la puerta.
“¡Oh, querida! Te esperaba.” -Dijo ella como si yo hubiese llamado para anunciar mi visita. -“Ven, siéntate conmigo.”
Hice como me pidió y ambas nos quedamos calladas por varios minutos. Finalmente encontré palabras.
“Lamento la partida de su sobrino.” -Dije tontamente.
“¿Lo lamentas?” -Preguntó como si me culpara de algo.
“Por supuesto que sí, señorita Regal. No conocía a Patrick, pero Lavender me contó lo sucedido. Es muy triste.” -Le extendí la caja de pastelillos que había preparado. -“No sé hacer nada aparte de hornear. Si necesita algo, no dude en pedirlo.”
Me levanté lista para marcharme. Eso era lo más sencillo.
“Eres justo como tu madre. Siempre buscando las palabras correctas, tratando de mantener la paz. Tan bella pero desafiante de las reglas del mundo.”
Me quedé inmóvil. Acababa de mencionar a mi madre. Tal vez ella podía ayudarme a comprender mi pasado, mi historia.
“Terca como tu padre. Pero igual de valiente.” -Añadió.
Mi sorpresa fue inmensa. Un segundo atrás planeaba huir, y ahora necesitaba quedarme.
La señorita Regal había lanzado un anzuelo y yo había caído.
Sus palabras eran fuego y mi curiosidad la cera.
Me derretirá, sí. Pero mientras acaba conmigo, también me dará algo de luz.
“¿Usted conoció a mis padres?” -Pregunté, agachándome frente a sus artríticas rodillas.
“Ya hace mucho tiempo.” -Dijo torciendo sus arrugados labios.
“Cuénteme, por favor.” -Le rogué.
“No creerás una palabra.” -Protestó ella, gesticulando con la mano para eliminar la conversación.
“Lo haré.” -Le aseguré aunque yo dudaba de poder hacerlo.
Me guió dentro de la casa y la escena era abrumadora. Fotos de Patrick por todas partes. La casa era un templo de adoración a él. Patrick era una energía extraña que permanecía en la casa, oprimiendo todo a su alrededor, succionando el aire de mis pulmones, juzgándome con su severidad.
“Amo a Patrick. Es el hijo que nunca tuve. ¿Lo conociste?” -Preguntó sin mirarme. Estoy segura de haberle respondido eso antes.
“No tuve el placer. Lavender dijo que vendía vegetales en el mercado pero yo cosecho los míos así que nunca voy al mercado.” -Expliqué.
Se excusó y me pidió que la esperara en la sala, rodeada de las mil fotos de Patrick.
Estaba a punto de irme. La razón volvía a mí, arrastrándome hacia fuera de la casa, cuando la señorita Regal volvió con un pequeño sobre.
Se sentó y comenzó a hablar de los buenos tiempos cuando era libre, como yo. Como yo, nunca tomó un esposo.
“No porque me faltara elegancia o pretendientes. Pero tengo mis secretos. No te culpo por lo que le hiciste a Patrick. Decía cosas espantosas de ti. La mayoría eran mentiras.”
“Yo no hice nada.” -Protesté levantándome de prisa.
“No tienes que ofenderte, Morgan. Te conozco más de lo que crees. Te conozco tanto como a tu madre. El poder te busca aunque lo rechaces. La gente no entiende eso.”
Abriendo el sobre, la señorita Regal extrajo una foto. Oh, no. ¿Más fotos de Patrick? Ya había tenido suficiente. Me la entregó y la miré. Cuatro mujeres reían de alguna broma.
Yo no lo entendía.
“Esta soy yo. La de los zapatos planos. Y tu madre es esta. Siempre descalza.” -Contemplé a mi madre por primera vez. Éramos tan parecidas que pude jurar que era yo viajando en el tiempo. -“¿Notas algo en la foto?”
Encogí los hombros sin comprender su pregunta.
“Escobas Descalzas. Un club para hacer bromas sobre brujas y magos.” -Dijo casualmente, señalando con un fino dedo algunas escobas a sus pies.
“¿Está bromeando? ¿Ustedes eran brujas? ¿Brujas reales?” -Pregunté con voz casi inaudible. Casi estallo en risa. De pronto, todo comenzaba a tener sentido. Por eso la señorita Regal aseguraba conocerme más que cualquier otra persona. Pues conocía bien a mi madre y ambas eran brujas… como yo.
“Oh, no, Morgan.” -Me corrigió, pero la verdad aparecía reflejada en el brillo de sus ojos. Su rostro era más pálido que antes. -“Era un club de amigas. Para reírnos un rato. Poco sabíamos que una de nosotras albergaría en su vientre la maldición de la Maghkia creciendo dentro.”
¿Maghkia? Había dicho Maghkia, no magia.
“¿Qué significa?” -Mi mente estaba entumecida. Quise vomitar de súbito. Todo a mi alrededor era confuso y mi cabeza pesaba una tonelada.
“No puedes huir de lo que eres, pero puedes controlarlo. Doma el espíritu maligno que habita en ti clamando por almas y sangre. Tú eres la maldición por la que murió tu madre. Su sangre se derramó por ti. La vida de tu padre se extinguió por tu causa también. El demonio que intenta tomar posesión de ti y te fuerza según su discreción está ganando ahora. Le permites ganar cuando matas gente. Le diste una victoria cuando mataste a Patrick.”
“¡Yo no lo maté!” -Le dije nuevamente mientras reprimía las lágrimas que querían brotar. Ella se levantó y comenzó a caminar frente a su falsa chimenea.
“Devuelve su sangre con tu sangre. Sus vidas con tus vidas. Y hazte a ti misma un favor…” -Gruñó lanzándome una bolsa negra de nilón. -“Hazlo con la misma daga con la que mataste a Patrick.”