Dulce Amenaza Capítulo 15 Derretida #3
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Capítulo 15 Derretida #3

Las maripositas revoloteaban a mi alrededor, esperando su cóctel de buenos días. Aun en los días más agitados, siempre les dejaba un puñado de azúcar y a cambio, ellas hacían un espectáculo para mí.

Cerré mis ojos y me sentí profundamente tranquila, aunque tenía mil razones para no estarlo.

Morgan… Ten cuidado.

Las mariposas me alertaban. Nunca eran específicas, pero siempre eran acertadas.

Por hoy, solo una cosa me inquietaba. Sam quería que fuera su acompañante en la boda.

La boda era justo en la iglesia. Uno de todos los libros que leí vino a mi mente.

Según el autor, las brujas se derriten al pisar suelo sagrado.

Este sinsentido comenzó a afectarme grandemente.

¿Era esa la advertencia de mis amigas del bosque? Les pregunté directamente, pero ellas dijeron a coro: Morgan, ten cuidado.

“¿Puedes ponerte esto para la boda?” -Dijo Sam, apareciendo sin ser detectado.

Estaba parado sin camisa en mi pórtico, majestuoso, delicioso como una hogaza de pan recién horneado bañado en glaseado, su cuerpo hinchado de músculos.

El sol era su cómplice, bañando su piel en los lugares correctos.

Mi quijada estaba en algún lugar del suelo recogiendo piedrecitas.

Él era un dios griego y yo… una graea.

Mi parte predilecta de esta boda es que solo me habían contratado para hacer el bizcocho y la comida.

Hoy no serviría a nadie, ni siquiera respondería preguntas sobre cada bocado.

El menú había sido estrictamente elegido y el presupuesto era muy ajustado.

La familia de la novia estaría a cargo de servir, atender, y de cada detalle trivial.

Yo solo hago la entrega y disfruto la fiesta.

Este trabajo puede llegar a tener muchos ángulos irritantes.

Sin desearlo, he sido forzada a ser testigo de terribles escenas o escuchar confesiones y secretos dejados para último minuto.

Pero si desaparecen las servilletas… Si los vasos no eran suficientes…

Ese no era mi problema hoy, hoy le corresponde a alguien más.

Sam insistía en acompañarme, en aparecer juntos, algo que debí haber tomado como una buena señal de sus intenciones, pero me negué rotundamente. No estaba preparada para enfrentar el desafío de una apariencia pública aún.

No sabía cuál excusa darle, así que seguí apareciendo infinitas bandejas de comida, usándolas como excusa para sobrellenar mi van y dejar solo mi asiento disponible para que no existiera la posibilidad de viajar juntos.

Por supuesto me sentí obligada a vestir el traje de coctel verde y negro que Sam había escogido, pero no protesté. Había sido una hermosa elección.

Estaba preparándome para vaciar mi van en el patio de la iglesia, pero no había nada allí. Ni siquiera mesas para el buffet. El aire era caliente y húmedo. Mi peor miedo era ver tan increíble bizcocho arruinado por el calor.

Abejas zumbaban alrededor y alguna esporádica mariposa susurraba cosas cerca de mis oídos. Sus palabras eran augurios de mala suerte. Tristes noticias que manchaban con pena la felicidad que se aproximaba.

Ten cuidado, Morgan. La novia es un caos, Morgan.

Moscas volaban por todas partes. La peor de las plagas si se considera una boda en el exterior. Cerré mi van tan rápido como pude. Si los susurros eran ciertos, Dariel -la novia- estaba llorando en un escondite cercano.

La encontré pasado un minuto. Sentada en un tronco caído, Dariel lloraba sobre su traje de novia. No debí haber sentido compasión por ella, pero la empatía me ha afectado mucho últimamente.

Intenté expulsar la sensación, regañándome por semejante debilidad. Una persona como yo, planeando matarlos a todos sin remordimientos, no podía ser capaz de sentir compasión.

“¿Dariel? ¿Qué pasó?” -La llamé a la distancia, intentando infructuosamente de no asustarla. -“¿Todo en orden?”

“¿Cómo me encontraste?” -Preguntó frotándose su ya enrojecida nariz.

“Digamos que me lo dijo un pajarito.” -Una sonrisa comprensiva acompañó mis palabras. Me lo había dicho un pajarito. Y también las mariposas.

“No pudimos pagar por la decoración.” -Confesó estallando en llanto. -“Me siento tan mal. Pensamos que podíamos hacerlo nosotros pero nadie vino a ayudarnos. Ni siquiera nuestras familias.”

Sentí que el coraje que habitaba en mi interior se multiplicaba. Siempre pensé que estas personas eran perfectas, con familias perfectas y vínculos perfectos que desquitan sus frustraciones con gente como yo.

El rechazo que Dariel recibía el día de su boda me hacía comprender la triste realidad de muchos. Ninguno de ellos es perfecto. Han sido tan humillados como lo he sido yo. Por primera vez sentí pena. Pena genuina.

“¿Y lo resuelves escondiéndote a llorar cuando tu boda es en menos de media hora? Eso no es muy ingenioso de tu parte.” -La regañé con disgusto.

“No sé qué hacer. Tantos años invertidos en aprender a ser una esposa apropiada y no he aprendido nada de valor.” -Confesó con tristeza.

“Estas personas han estado mal informadas por varias generaciones. Esposas reales deben ser seres multifuncionales con la capacidad de desarrollar nuevas habilidades, no solo criar hijos. ¿Sabes que -fuera de este pueblo- hay un mundo moderno con mujeres empoderadas viviendo sueños que a ti nunca te permitirán tener?”

Dariel me observó como si nos estuviéramos viendo por vez primera. Una venda había caído de sus ojos al fin.

“Debes tener razón. Por eso siempre te he admirado en secreto. La única mujer realmente independiente en todo el pueblo. Tú debes enseñarnos todo. Con tu problema para caminar deberías ser la más débil de todas. Pero eres la más fuerte.”

Sus palabras me ocasionaron una mezcla de emociones. Nunca nadie me había admirado. Jamás alguien había reconocido admirarme. Esto me hacía sentir más perversa aún. Yo merecía todo el mal del mundo.

“¿Qué me sugieres, Morgan?” -Dariel preguntó con el brillo de esperanza danzando sobre ella.

No era difícil saber lo que yo debía hacer. Pero me preguntaba si debía hacer lo correcto… O debería tomar este momento como un regalo kármico.