Dulce Amenaza Capítulo 15 Derretida
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Capítulo 15 Derretida

Una tenue luz se colaba por mis ventanas.

Mi cuerpo estaba doblado como una cuchara, pero el dolor había desaparecido.

Intenté enderezarme pero una fuente de calor me sujetaba con fuerza.

Se movió suavemente, bostezando para luego volver a abrazarme como su almohada de algodón egipcio personal.

La sonrisa que se abrió paso en mi rostro fue rápidamente reemplazada por terror.

¿Qué tal si Edora o la bruja estaban espiándome a través de las cortinas semi-abiertas?

El peligro era algo a lo que nunca me había sentido expuesta. El miedo era solo una exageración plasmada en cuentos de hadas para que los niños pensaran bien antes de actuar. A pesar de todas esas advertencias, arruinamos todo sin medir consecuencias. Y yo no soy la excepción.

Intenté desterrar el peligro y el miedo de mi mente, y concentrarme en la presión que el pecho de Sam ejercía en mi espalda.

Su cuerpo completo estaba presionado contra el mío, provocando sensaciones que nunca había experimentado, y dando respuestas sobre anatomía masculina a preguntas que nunca había tenido.

Era relajante, como un masaje dado con una pluma de seda. Calmante como un té de avena y lavanda.

Minutos después, Sam se volteó. Permaneció dormido tras liberarme de su fuerte abrazo. La vergüenza me invadía pues nunca me puse mi pijama. Aún envuelta en la misma toalla, me levanté y caminé hacia el baño intentando ser lo más sigilosa posible.

Después de vestirme y lavarme la cara y la boca, fui a la cocina.

Mientras se colaba el café que tanto necesitaba, me senté a hacer una lista de las cosas que debía comprar para la boda del día siguiente.

No podía abandonar mis responsabilidades, en especial las que me daban una oportunidad gloriosa para ejecutar mi venganza.

Mañana era el día perfecto para poner fin a las burlas y a las persecuciones de Edora y la bruja. Dejaría todo empacado y me iría de Cadence por siempre. Una salida triunfal con los rayos rojizos del atardecer.

Sé de antemano cuando cada celebración va a ocurrir en este pueblecito. Siempre y cuando se requiera un bizcocho o comida, soy la primera en enterarse después de los homenajeados.

La idea de acabar con estas personas y todas sus burlas crepitó mi mente. Durante toda mi vida he soportado el desprecio de personas a las que trato con amabilidad y es hora de convertirme en su espejo. Es hora de reflejar de vuelta lo que ellos son en realidad. Es hora de…

Escuchar las pisadas de Sam por la casa me trajo a la realidad el tiempo suficiente para descubrir que escribí acabar con todos en mi lista de cosas por hacer. Horrorizada, taché las palabras con mi bolígrafo negro hasta que solo se notara un incomprensible error.

No. Por más difícil que fuese, aun me quedan obligaciones pendientes en este pueblo. Algunas bodas que arreglar. Un baby shower era inminente.

Ninguna de esas preparaciones serán necesarias si los matas a todos mañana y acabas con esto. Sin errores esta vez, Morgan.

“¡Estás demasiado concentrada! Ni siquiera notaste que el café hierve.” -¡Qué habilidad tan increíble poseía Sam para hacerme sobresaltar! Me sirvió una taza de café y se sentó frente a mí en la mesa. -“¿Estás bien?”

“Si.” -Susurré mientras sorbía mi abrasante café para evitar dar detalles. Mantuve la mirada agachada pues no encontraba ni las fuerzas ni la dignidad para mirarlo. Me sentía vil y desvergonzada. Aparte de mentirosa.

“¿Quieres hablar sobre lo que pasó anoche?” -Sam forzó el interrogatorio.

“Nope.” -Mirando directo a sus tiernos ojos azules sentí la necesidad de explicar más allá de un simple no. -“Mi vida es muy complicada, Sam. Nunca podrás comprender el desastre que mi vida representa. Es mejor para ambos si solo te apartas de mí.”

Él sorbió su café tranquilamente, mientras yo rogaba para que considerara mi petición. A pesar del peso de mis palabras, Sam solo se rió.

“Eres divertida, Morgan. Complicada, si. Pero estoy seguro que la espera y la dedicación valdrán la pena.” -Se levantó como si estuviésemos hablando del cuidado del jardín y lavó su taza. -“Tengo que irme. El deber me llama. Te veré luego.”

Inmóvil, permanecí en la misma posición, sosteniendo la taza de café como si me estuviera salvando de un volcán en erupción. ¿La espera vale la pena? ¿Qué estaba esperando Sam?

“Por cierto,” -dijo casualmente mientras se asomaba por la puerta -“De corazón espero que vayas conmigo a la boda mañana. Recibí una invitación también. ¿Quién lo diría? Mi turno termina hoy a las diez de la noche y disfrutaré de veinticuatro horas On Call. Si necesitas un ayudante para cocinar, hornear, o degustar… Estoy On Call. ¡Así que Call me!”

Me hizo reír cuando, con sus dedos, hizo un gesto de teléfono cerca de su oído mientras decía Call Me.

El día transcurrió con normalidad. La comida desapareció tan rápido como tardé en prepararla. Sin mucho tiempo que invertir en toda la preparación, dejé que mi Maghkia se hiciera cargo del menú.

Decepción.

Decepción oscura y punitiva como mi propia sombra, fue lo que sentí cuando esperé con ilusión que Sam viniera a almorzar, pero nunca llegó.

Maghikamente cerré los seguros y recogí el dinero de las ventas del día.

Mientras acomodaba la caja registradora, me di cuenta de una pequeña cajita que yacía abandonada en el mostrador.

No estaba ahí hace unos minutos mientras limpiaba.

Metí el dinero en mi cartera y atraje la caja hacia mí con dedos danzantes, haciéndola bailar en el aire como diminuto remolino.

Algo sonó en el interior y la curiosidad me obligó a derramar el contenido sobre el mostrador. Varias fotografías cayeron de la caja.

Tomé las fotos y las ojeé de prisa. La primera era de Sam caminando en el bosque detrás de mi casa durante la noche.

La otra era Sam nuevamente. Esta vez abría la puerta del carro de policía para que Connie subiera a él.

Una brillante sonrisa en el rostro de ambos se tornó en flechas apiñadas en mi alma.

La próxima foto era Sam detrás de mi casa.

Estaba agachado, observando algo con interés.

Acerqué la foto a centímetros de mi cara.

Para mi terror, él estaba mirando la daga.

Mi daga. Pasé la foto de prisa. Mi corazón ya no aguantaba más.

La última foto era de Jerome. Yacía cubierto en hojas, justo como yo lo había dejado.

¿Qué significaba esto? ¿Todas esas fotos fueron tomadas la noche que intenté matar a Jerome… o la noche que Jerome intentó matarme a mí? ¿Porqué Sam estaba tan cerca? ¿Me había descubierto?

Miré la foto de Jerome nuevamente. Una sustancia oscura manchaba sus brazos y la foto en mis manos comenzó a gotear sangre.

Sangre real sobre mis vitrinas.

Suprimiendo un gemido asustado, quemé las fotos en el aire. Mi única esperanza era que quien hubiera traído esas fotos, no hubiera tenido la brillante idea de enviar una copia a la estación de policía.

“Justo lo que necesitaba…” -me dije con sarcasmo. Una lluvia torrencial inusual dificultaba la visibilidad. El vapor que salía al contacto de la lluvia con la carretera hirviendo era criminal.

Conduje con nervios amordazados hasta el supermercado sin dejar de sospechar que Sam era, en cierto modo, responsable de que Jerome aún no hubiera aparecido.

Mi cara estaba enfebrecida y mis coloradas orejas delataban mi ira.

Pero más que su incierta responsabilidad sobre el paradero de Jerome, la foto de Sam con Connie era la que más me molestaba.

¿Debía confrontarlo? Mala idea. Ya había quemado la evidencia.

¿Debía decirle que había escuchado un ‘rumor’ sobre él y Connie?

No. Sonaría demasiado interesada y celosa.

La duda debe ser razón suficiente para descartarlo por completo de mi vida.

Nunca había sentido celos en toda mi existencia, así que lidiar con triángulos amorosos, mentiras y dudas era como seguir una brújula averiada.

El supermercado estaba demasiado lleno a esa hora. Las seis de la tarde parecía ser la hora predilecta de estos pueblerinos para hacer sus compras. Protesté en silencio mientras empujaba el carrito, intentando reunir todas mis cosas sin olvidar las más importantes.

Con suerte llegué a los huevos y la mantequilla con bastante rapidez.

Siendo los últimos artículos de mi lista, pronto estaría refugiada en mi van y de vuelta en casa.

Pensar en todas las cosas que debía hacer antes que volviera a salir el sol resultaba la mejor manera de expulsar cada una de las preocupaciones inútiles en mi mente.

“¿Cómo te va?” -Estoy segura de haberle estado cantando a los huevos cuando su chillona voz asesinó la atmósfera de alta calidad de la comida orgánica a mi alrededor.

Connie me observaba con una expresión complacida y su madre, otra carroñera igual que su hija, me miraba hacia abajo desde el invisible palacio en las nubes donde habita su ego y su cerebro.

“¡Increíble!” -Respondí intentando verme más feliz de lo que en realidad me sentía.

“No importa.” -Connie ignoró mis palabras con un vaivén de manos. -“¿Has visto a Sam el día de hoy? Es muy escurridizo a veces.”

“¿Sam? ¿Cuál Sam?” -Pregunté pretendiendo no entender de quien hablaba.

“Del Agente Whilhey, por supuesto. ¿Lo has visto?” -Aunque ella trataba de actuar con normalidad, la desesperación estaba trazada entre sus finas cejas.

Torcí los labios mientras trataba de saborear un pensamiento.

Tal vez si lo vi. Amaneció en mi cama está mañana.

“No.” -Me atreví a decir con acento hipócrita, obviando mencionar nuestro secretito nocturno. -“Qué pena no poder ayudarte.”

“No te preocupes, hija.” -Su inoportuna madre interrumpió mi feliz venganza silente. -“Estoy segura que después de su visita de anoche, volverá pronto.”

En ese momento me arrepentí de mi estúpido pacto de silencio. Debí decirlo: anoche estuvo en mi casa, me bañó, me cuidó y durmió conmigo.

Sus palabras me cayeron encima tan pesadas como una gigante estatua de hielo.