Dulce Amenaza Capítulo 10 No es magia, es Maghkia #2
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Capítulo 10 No es magia, es Maghkia #2

“Elizabeth, esta es mi…” -Sam hizo una pausa mientras pensaba en la forma más apropiada de presentarme con su familia. -“Mi amiga Morgan. Morgan, estas son mi hermana Elizabeth y mi sobrina Lilly, la cumpleañera.”

“Es un placer conocerte, Morgan. Bienvenida a casa.” -Solo después de la presentación, Elizabeth me abrazó fuertemente.

“El placer es mío.” -Logré responder, intentando ofrecer mi sonrisa más amable. A pesar de que trabajo directamente con personas, interactuar socialmente nunca ha sido mi fuerte. Prefería la barrera física y emocional que me regalaban mis vitrinas.

“¡Mami!” -Elizabeth gritó hacia la casa. Ella sonreía ampliamente mientras miraba a Sam con ojos de complicidad. -“¡Mami, Sam trajo una chica!”

Pronto, una mujer mayor, asistida por un bastón de madera, caminaba hacia nosotros.

“¿Qué dices? ¿Qué Sammy trajo una muchacha? ¿Estás segura o me estás engañando otra vez?”

Analizé las preguntas de la señora tratando de disimular mi sorpresa. Sam se veía muy avergonzado y aun así no se atrevió a soltar mi mano.

“Aun tienes tiempo de escapar.” -Me susurró.

“¡Por favor! Esto se está poniendo interesante.” -Dije, rechazando su tentadora oferta. Mientras la madre de Sam se acercaba a paso vacilante, Lilly sujetó mi mano y me agaché para quedar a su altura.

“Entonces, hermosa Lilly… ¿Cuántos años tienes ahora?” -Le pregunté mientras Sam protestaba para que no lo soltara.

“Soy grande ahora. ¡Tengo tres años!” -Lilly respondió mostrándome tres dedos.

“¡Increíble! Tres años. ¡Eres realmente grande!” -La elogié y ella hizo un gracioso baile. -“¿Y qué pediste de regalo?”

Lilly se acercó y me susurró un secreto. Para mi sorpresa, el regalo que más quería no se compra con dinero. ¡Qué chica tan lista!

“¡Sammy, bebé, ven con Mami!” -La señora llamó a Sam desde algunos pies de distancia. Sam me ayudó a pararme -como si supiera que de hecho necesitaba un pequeño jalón- y juntos caminamos hacia su madre. -“¡Oh, por Dios! Sam Whilhey. Pareciera que hace solo una semana que te vi.”

“Hace una semana, madre.” -Respondió Sam abrazando a su madre con su brazo libre.

“Sí, y sin embargo eras tan pequeño entonces. Pero mírate ahora. Eres todo un hombre trayendo una novia a casa.” -Continuó diciendo su madre mientras le pellizcaba las mejillas.

“Me estás haciendo abochornar.” -Bromeó él.

“¡Y tú debes ser la novia de Sammy!” -La señora se dirigió a mí. Un sudor helado recorrió mi columna vertebral. Los acelerados latidos de mi corazón me prometían un ataque cardíaco masivo. ¿Entonces así es que se siente estar enamorado?

Estando de pie frente a la madre de Sam no pude evitar pensar en caminar hacia atrás lentamente y subir a mi van y conducir hasta mi casa a máxima velocidad. ¿Acaso dijo novia?

“Soy Morgan.” -Dije simplemente. La señora me sujetó el rostro y estudió mis ojos. Su reacción fue extraña pero no dijo nada. -“Es un placer conocerla, señora Whilhey.”

“Ven aquí, tesoro. Llámame Mamá.” -Y arrancándome con fuerza de la mano de Sam, Mamá me envolvió en un sofocante abrazo, fuerte como agarre de oso.

Su olor a alcoholado me hacía cosquillas en la nariz, pero de cierto modo ese olor se asemejaba a familia.

-“Hoy me siento tan feliz. Una gran familia feliz. Ahora estamos completos. Vamos, vamos. Ven para que conozcas al resto de la familia. Hay una gran familia esperando. Te van a adorar.”

Era demasiada familia en una charla tan corta. La familia que yo conocía era muy pequeña. Lavender y sus padres. Nadie más. Siempre había tenido curiosidad por la forma en la que se desenvuelven las familias grandes, pero no es que tenía curiosidad de averiguarlo parándome en medio de ellos.

Fuimos al patio trasero donde una fiesta de cumpleaños estaba en pleno apogeo. Muchos familiares e invitados bailaban y charlaban felizmente. Mamá fue a la mesa del DJ y tomó el micrófono.

“Aquí, todos… ¡ATENCIÓN! Digan hola a Sam.” -Mamá gritó con fuerza.

Todos los invitados se dieron la vuelta para mirarnos.

Todos saludaron y agitaron sus manos hacia nosotros.

Los niños corrían hacia Sam, abrazándolo donde lo pudieran agarrar.

Todos querían su atención, o al menos un abrazo.

Los niños estaban tan felices de verlo. Sam era como Santa Claus.

Las personas nos saludaban y Sam se puso rojo de vergüenza. Yo estaba más avergonzada que él. Las miradas de las personas fijas en nosotros, en su mano sujetando la mía como si perteneciéramos juntos.

“Y conozcan a Morgan, la novia de Sam.”

Un eco de asombro corrió de lado a lado, como personas haciendo la ola en un evento deportivo. Decenas de ojos me miraban con curiosidad mientras se acercaban a felicitarnos. Un aplauso estruendoso rugió, vitoreando a Sam por la adquisición de una novia.

De entre el gentío, se escuchaban las frases: Por fin, ya era hora, gloria a Dios.

Esto ya se estaba volviendo más incómodo de lo que yo había imaginado.

Estaba a punto de correr y desaparecer pero sentí pena de Sam.

Su mano apretando la mía con fuerza me decía que me necesitaba.

Sentí tristeza por su rostro abochornado, pero al menos él tenía una familia que lo esperaba con amor.

Gracias a Dios, todo volvió a la normalidad después de un minuto y fuimos libres de movernos del pedestal donde Mamá tenía a Sam.

Lilly vino a buscarme y me llevó al interior de la casa. Me enseñó algunos libros de fotos donde Sam era el centro de atención. Las fotos de la infancia: Toda una tradición cuando llegaba una novia o novio a la casa por primera vez.

Una de las fotos en particular llamó mi atención.

Sam estaba vestido formal, un boutonniere rojo en su chaqueta.

Comparé la foto con la de la boda de Elizabeth, pero no era el mismo Tuxedo, entonces…

asumí que era otra boda. ¿Acaso Sam había estado casado alguna vez?

No le había preguntado pero recuerdo escucharlo hablar de soltería.

Elizabeth y Mamá entraron a la casa y, sentándose cerca de mí, comenzaron a explicarme las fotos. Cuando pregunté por la foto de Sam en Tuxedo, entre ellas hubo un cruce de miradas -miradas de conspiración- y bajaron la vista.

“Fue un día muy triste para todos. Sam iba a casarse con una mujer que amaba locamente. Haciendo la historia corta, ella no apareció en la iglesia, solo envió una amiga disculpándose. Había escapado con otro hombre.” -Mamá respondió en voz baja.

“Ha sido un solitario desde entonces. Eso ya hace tres años, antes del nacimiento de Lilly. Pero ahora estás aquí y parece que Sam ya ha decidido retomar su vida.” -La explicación de Elizabeth fue interrumpida por el teléfono.

Ella se disculpó para ir a contestar la llamada.

Mamá se sentó muy cerca de mí, descansando su cabeza sobre mi hombro mientras me daba palmaditas en la mano con una sonrisa de encanto.

“Haré lo que sea para verlo feliz otra vez. No importa lo que me cueste, quiero ver a Sammy radiante y feliz. No importa lo que tenga que hacer, Sam necesita ser amado. Es un gran hombre. Y yo me estoy poniendo muy vieja. ¡Quiero tener más nietos! ¿Harás lo que sea por hacerlo feliz, Morgan?”

Me puse morada al escuchar la declaración de Mamá. Su pregunta había hecho un nudo en mi garganta. Justo en ese momento Sam entró a la casa, salvándome de responder.

“Aquí estás. Te he buscado por todas partes. Estaba a punto de llamar al cuartel para reportar un secuestro. Quien diría que tendría que arrestar a mi propia madre por ese delito.” -Bromeó entre risas.

“No te preocupes, hijo. Te la robaré de vez en cuando, así que ve acostumbrándote.” -Le respondió Mamá. Su espontaneidad y afecto me hicieron reír. Me invadía un sentimiento extraño. Algo que podría llamarse felicidad. Felicidad real. Un sentido de pertenencia que jamás había experimentado.

“¡Siempre hay un problema!” -Dijo Elizabeth tras enganchar el teléfono. Su frustración invadía la casa entera. -“Anais, la chica que hizo el bizcocho, tuvo un accidente y el bizcocho es un completo desastre. ¿Qué voy a hacer?”

¡Oh, no! Me dije en mi interior. Pobre Lilly. Uno de sus deseos de cumpleaños era un bello bizcocho para poder soplar las velas, y no lo tendría. Eso era injusto.

“Si voy a la tienda más cercana, ¿Me harán un bizcocho para ya?” -Todos miramos a Elizabeth. Su rostro destilaba molestia e impotencia. La respuesta a su pregunta era obvia. No.

Lilly cubrió su pequeño rostro con ambas manos mientras yo la escuchaba sollozar a través de sus pequeños deditos. Gordas lágrimas corrían por sus mejillas y mi corazón dio un salto adolorido.

“Lilly, ¿Quieres saber un secreto?” -Lilly caminó hacia mí con rostro triste. Su labio inferior temblaba y ella estaba a punto de reventar en un llanto inconsolable. -“¿Quieres saber en qué trabajo?”

Ella asintió con la cabeza y sus ojos brillaron.

“Esa minivan que está en la calle tiene la parte trasera refrigerada para algo muy increíble. Hago bizcochos. Es muy probable que tenga allí algunos bizcochos frescos. Solo debemos decorarlos.” -Intenté alegrarla con la idea aunque era un gran riesgo que estaba corriendo.

No había nada en mis refrigeradores, pero eso estaba por cambiar.

“¿De verdad?” -Me preguntó la niña llena de emoción.

“Por supuesto. ¿Quieres ayudarme a decorar un hermoso bizcocho? ¡Te daré chispas de sabores! ¡Y chocolate chips también!” -Le prometí. Tras pedirle permiso a Elizabeth, Lilly pudo acompañarme y manos a la obra.

Lilly sostuvo mi mano mientras caminábamos por el jardín.

Le dije a Sam que continuaran la fiesta mientras nosotras trabajábamos el bizcocho.

Nadie debía enterarse de lo que había pasado, así que le prometí estar lista en treinta minutos.

Dentro de mi van, abrí los refrigeradores tras agitar mis manos con sutileza.

“Tadá…” -Hice una reverencia tipo bailarina de ballet. Invité a Lilly a ponerse cómoda y se sentó a jugar con muchos Little Ponies que aparecieron por Maghkia.