Capítulo 10 No es magia, es Maghkia
El tiempo nunca había pasado tan deprisa. Las tres de la tarde llegaron casi sin darme cuenta.
Sam había regresado como prometido. En su ausencia había preparado una tanda doble de galletas de garbanzo.
Quería sorprenderlo como nunca nadie lo había hecho, pero no usaría mi Maghkia, quería hacerlo old school.
Horneé un flan de queso cremoso y perfecto, con endulzante saludable solo para consentirlo.
Cuando escuché sus pasos en mi balcón, estaba terminando de desmoldar el flan y le daba los últimos toques decorativos con unos merenguitos y frutas frescas.
Sentados a la mesa, observaba a Sam mientras comía el almuerzo que hice para los dos. No podía evitar cuestionarme el menú que había seleccionado, pues a mí me encantan los carbohidratos, pero me he dado cuenta que Sam no los disfruta.
Su rostro iluminado con saciada felicidad me obligó a reconsiderar mis antiguas metas.
Matar a estas personas malas y locas, vengar a mi familia y hacerles pagar por todas las burlas que me han hecho.
O quedarme aquí, alimentando con alegría a este locamente hermoso policía.
Casarme pronto con él y tal vez tener un hijo o dos. Vivir felices por siempre. El fin.
Despierta, Morgan. Las brujas no viven felices para siempre. Las brujas matan y comen niños vivos. ¿Qué? No. Eso no. Aquí estás, creando ilusiones falsas de una vida que no te pertenece.
Mi mente se ha vuelto mi peor enemiga. Traicionera y envidiosa.
Mantiene una inquebrantable batalla con mi corazón.
Se odian a muerte. Mi cerebro… tan lleno de razón.
Mi corazón… tan movido por las emociones.
Estos dos –mente y corazón- no quieren aprender a convivir juntos.
Pero ambos viven en una misma casa que no se puede dividir en dos.
La única opción es destruir la casa… quebrar su cimiento.
Para mi desgracia, la casa que tengo que destruir, soy yo.
Por supuesto que no tenía quínoa a la mano, pero algo de mi Maghkia bastó para hacer crecer algunas plantas en mi huerto privado.
Cosechar los granos miniatura y tenerlos listos para cocinar era la parte más graciosa.
Quizá hubiera sido más sencillo crear una bolsa de quínoa lista para cocinar pero ese no es para nada mi estilo.
Soy una persona complicada. Y aunque dije que no usaría mi Maghkia, me había quedado sin opciones con la quinoa.
Vegetales frescos, jengibre y carne tierna se convirtieron poco a poco en un delicioso stir-fry para acompañar la quínoa. Mientras Sam saboreaba y trataba de nombrar los ingredientes, yo me devoré mi comida. Algunas veces Sam acertaba el ingrediente. Otras veces estaba muy lejos de descifrarlo.
Hablar con él era espontáneo y cómodo. Se sentía familiar.
Por alguna razón Sam hacía que todo tuviera sentido.
Me hacía sentir importante, especial… y distante de la venganza vacía que había planeado toda mi vida.
Solo podía pensar en cuáles eran las razones de peso para derramar tanto mal sobre estas personas…
Mi conciencia…
La muy maldita me recuerda que nunca conocí a mi verdadera familia y aunque los creo muertos por mi culpa. Aunque quizá han vivido su mejor vida lejos de mí. Desde que tengo razón de ser, descubrí que me dejaron abandonada cerca de un pozo de agua cuando aún era una bebé débil y prematura.
“Si sigues haciéndome esto,” -Mi mente volvió a tiempo real cuando Sam comenzó a hablar. -“Haré un campamento justo frente a tu casa solo para oler lo que cocinas. Imitaré un hambriento cachorrito en esta ventana para que me alimentes cada vez que cocines.”
Su curiosa idea me hizo sonreír. ¿Un campamento? Esa sería una buena idea para la segunda cita. Puedo ser yo quien lo invite a un picnic en la laguna de lirios que tanto adoro.
“Bueno, hermosa. ¿Lista para irnos?” -Preguntó mientras extendía sus manos para agarrar las mías.
“Todavía no.” -Le dije. -“Falta el postre. Te preparé algo especial.”
Su expresión de sorpresa se quedará grabada en mi memoria mientras viva.
“¿Qué es?” -Preguntó mientras se frotaba las manos, listo para zambullir la cuchara en el delicado postre.
“Flan de queso, con un sustituto de azúcar.” -Me mordí el labio rogando por que le gustara. Le dio un bocado y luego otro. Me miraba entre bocados y sus Mmmm y Ohhhh eran la mejor respuesta.
“Wao! Estoy sin palabras. Jamás había probado algo tan espectacular. Debes tener magia en esas manos para crear algo tan sabroso.” -Me agarró las manos y plantó un beso en cada una.
Me acobardé por un instante. -“Eres la única bruja con la que me casaría,...” -Abrí los ojos como dos lunas llenas- “si fuera el caso.”
No se que paso por mi mente, pero era un buen momento para ir sembrando la semilla de mi verdad.
“No prometas cosas que no puedes cumplir.” -Mi tono de broma tenía la intención de relajarlo, pero mis palabras eran un intento de confesión.
Sam se rió, completamente ajeno de la verdad en esas palabras. Mi pobre, inocente Sam.
“¿A dónde dijiste que vamos?” -Pregunté llena de miedo y duda con la esperanza de cambiar el tema. Quizá yo era excesivamente desconfiada y no tenía nada que temer.
Solo a mí se me ocurre desconfiar de un hombre que se ofreció a lavar los platos. ¡Y lo hace! Es un green flag que debo celebrar.
“Es una sorpresa. Si te digo a donde vamos sé que dirás que no. No me arriesgaré a perder esta oportunidad.” -Respondió.
“En ese caso, llevaremos mi minivan por si necesito escapar. Te dejaré abandonado donde sea y huiré.” -dije intentando no reírme.
Mientras Sam sujetaba mi mano me sentía segura. Estaba convencida que no tendría que escapar de él… ni hoy ni nunca.
“Pero yo conduzco.” -Sam reclamó el volante.
“¿Por qué? ¿No confías en cómo conduzco? Estoy muy sobria.” -Protesté con una sonrisa.
“Te confío mi vida si eso quieres. Pero no conoces el camino hacia dónde vamos. Así que permíteme ser tu chofer y disfruta el viaje, hermosa.” -Cerró mi puerta y comenzó a conducir.
-“Y no escondas esas deliciosas galletas que horneaste. Podía olerlas por todo el camino hasta tu casa. ¡Así que entrega la evidencia!”
Ambos nos reímos hasta el punto en que nos dolían las costillas. Pronto, lágrimas escaparon de mis ojos. Lágrimas de felicidad que pronto se convirtieron en llanto de tristeza y pena. Sam detuvo la minivan a un lado de la carretera y se volvió hacia mí, limpiando mis lágrimas con sus manos.
“¿Por qué lloras, Morgan? ¿No te sientes bien? ¿Fue algo que dije?” -Pronto estaba envuelta en un abrazo protector. ¡Cuánto lo necesitaba!
“No. Tú eres perfecto. Yo soy tan perversa. No puedo creer lo afortunada que soy de tener un amigo tan maravilloso.” -Después de pronunciar cada palabra, me arrepentí. Aborrecí cada una de las letras que abandonaron mis labios. Quise morirme en ese preciso momento.
Sus ojos reflejaban la tristeza y el amor que sentía por mí. Sam era un ángel. Y yo no lo merecía.
“Primero, no eres perversa. Eres gentil. De otro modo me hubieras dejado morir aquella noche en la que mi azúcar se fue en negativo. Segundo, y más importante, si te hace sentir mejor, no somos amigos. Somos dos personas intentando conocerse mejor. Tengo intenciones de algo más que una simple amistad. Algo más profundo.”
Nuestras miradas se encontraron a medida que Sam cortaba la distancia entre los dos. Sam iba a besarme. Yo lo besaría también.
No, Morgan. Detente. Un beso sella el trato. ¿Quieres ponerle punto final a este capítulo y saltar la página? ¿Estás lista para dar ese paso?
Volví a acomodarme en mi asiento, agrandando nuevamente la distancia entre los dos. Desvié mi mirada hacia las lejanías y dejé que mi mente vagara por confines insólitos hasta borrar este deseo de mi piel.
“Muy bien.” -Respondió Sam con voz ronca y desafiante, como si de alguna manera me considerara un reto. Sus hombros se encogían nerviosamente. -“Puedo esperar por siempre. Lo juro.”
Pronto, nos estacionamos en un área residencial. Casas con lindos jardines y gramas verdes yacían a ambos lados de la calle. Niños felices jugaban con pelotas y perseguían translúcidas burbujas. Era la foto perfecta del white picket fence dream life del que Lavender siempre me hablaba.
“Mira, mami. ¡Llegó tío Sam!” -Una de las pequeñas gritó. Yo ya había abierto mi puerta para cuando Sam llegó a mi lado.
“¿Dónde estamos?” -Susurré la pregunta muy cerca de su oído. Él, en cambio, me sujetó la mano con fuerza y me di cuenta que estaba frío y sudoroso. ¿Será su familia? Solo esperaba que mi intuición estuviera equivocada.
“Visitando familia, cariño.” -Respondió casi besando mi cuello, mientras confirmaba una vez más que mi intuición no falla. -“¿Por qué? ¿Ya te quieres ir?”
“No me siento cómoda entre multitudes. Las personas me hacen sentir nerviosa.” -Le confesé. La verdad es que no estaba preparada para conocer a su familia, solo estaba lista para una cosa: venganza.
“Por eso no te dije nada. No puedo negar que también estoy muy nervioso. Eres la culpable de que sienta cosas que nunca había sentido, Morgan. Y que haga cosas que nunca he hecho.” -Se acomodó su hermoso cabello, intentando masajear su cráneo y aliviar las tensiones. -“Pero eso es ‘off the record’.”
Una linda niñita saltó sobre Sam, quien estaba listo para sujetarla y mecerla en el aire. Las risillas de la niña eran puras y provenientes de lo profundo de su corazón. Abrazando a Sam con fuerza, la niña le gritaba “Te amo” en sus mejillas.
“¡Miren quien está en casa! ¡El policía de la ciudad!” -Una mujer caminó hacia nosotros, besando a Sam en ambas mejillas.
Entonces me miró con curiosidad. Yo estaba tan nerviosa que no podía pronunciar una sencilla palabra.
Su voz era de sorpresa y de preguntas que se acumulaban y pronto saldrían de su boca. -“¡Hola!”
“Hola. Es un placer.” Le respondí.