Capítulo 8 Sorpresa, Sorpresa #5
“Adolorida y palpitante.” -Respondí con curiosidad. -“¿Cómo volví a casa?”
Quise preguntar por el paradero de mi vestido blanco y cómo terminé vistiendo esta indecente bata, pero el bochorno tomó control sobre mí. Qué tal si anoche nosotros… No. No debo considerar eso.
Esa no es una opción, Morgan. Sabes mejor que eso. No debes atarte a nadie de esa manera.
“Toma tu café. Te diré todo, pero te prometo que si te ríes saldré huyendo de aquí. Okay?”
Obedeciendo su mandato, me tomé el hirviente café de un solo trago aunque se sentía como lava bajando por mi garganta. Esperando escuchar la historia de la última noche, me enderecé en mi cama.
“Anoche tomaste demasiado vino y dormiste todo el viaje de regreso. Cuando llegamos no querías despertar y me sentía mal de dejarte dormir en el carro así que te cargué y te acomodé en tu cama.” -Dijo Sam, sonriendo. “Y eso fue todo.”
“Oh.” -Musité dudosa. Miré debajo de mi edredón para recordar el camisón que tenía. -“¿Qué le sucedió a mi ropa? Estoy vestida con un trapo muy indecente e inapropiado.”
“¡Oh, el baby-doll…!” -Sam se rió a carcajadas mientras se sentaba más cerca de mí.
-“Te levantaste en medio de la noche y pensé que eras sonámbula o algo por el estilo, pero no, estabas despierta. Ebria pero despierta. Comenzaste a desvestirte y te enredaste con el vestido. Te ayudé a quitártelo… Créeme, te estabas lastimando. Dijiste que te estaba sofocando. Así que cogiste ese baby-doll de tu armario, te lo pusiste y te dormiste.”
“¿En serio hice eso?” -Me cubrí el rostro para que Sam no pudiera notar las lágrimas de arrepentimiento por haber tomado demasiado vino. -“Qué vergüenza. De verdad lo lamento, Sam. ¡Perdóname!”
Nota mental: no volver a tomar. Me aloco demasiado.
Él me envolvió en un cálido abrazo y me sujetó con fuerza, meciéndome para calmar mi tristeza. Su esencia era relajante y me sentí segura entre sus brazos. Tan segura como un recién nacido descansando sobre el pecho de su madre.
“Es mi culpa. No sabía que era tu primera vez tomando. Pero no lo lamento. Todo fue divertidísimo.” -Respondió mientras jugaba con mi cabello.
“¿Divertidísimo?” -Protesté poniéndome de rodillas en la cama sin soltar el fuerte agarre que tenía en la sábana. -“Me desnudé frente a ti. Soy una desvergonzada.”
“Yo no diría eso. Lo consideraría un acto de confianza.” -Sam argumentó.
“¿Confianza? Desvestirme frente a un hombre que apenas conozco no es un asunto de confianza. ¿Qué mujer en su sano juicio hace algo por el estilo? Eso sólo significa problemas.” -Avergonzada, logré responder, aunque eso no me defendía para nada.
El rostro de Sam mostraba cuán ofendido se sentía por la acusación que estaba disfrazada en mis palabras.
“¿Y cuál es tu punto, Morgan? No me aproveché de ti. Estuviste desnuda frente a mí, sí, a centímetros, y aún así estás aquí, intacta. Sin arrepentimientos, sabes. Creo haberte dicho que no soy un depredador o un enfermo.” -Ahora me sujetaba por la barbilla, su rostro tan cerca del mío que me permitía distinguir cada pincelada de color en sus hermosos ojos azules.
-“Cuando ese día llegue, te quiero muy despierta, muy hambrienta de mí y completamente sobria.”
Escalofríos estremecieron mi cuerpo, cubriéndome con una nueva piel.
Avergonzada como ya me sentía, no pude evitar pensar en ese momento.
Sus palabras taladraban en lo profundo de mi ser y mis rodillas temblaban.
Todo mi cuerpo temblaba. Cuando ese día llegue, te quiero muy despierta, hambrienta de mí y completamente sobria.
Eso también sonaba a promesa. Otra más que no podía esperar a ver hecha realidad.
Una corriente extraña nos envolvía. Energía de esas que no lastima, pero que es imposible de ignorar.
Sam sujetó mi barbilla unos instantes y solo pude morderme el labio mientras lo observaba.
Imaginé cómo se sentiría besar sus labios y se me hacía la boca agua de solo pensarlo.
Jamás había sentido una sensación de deseo tan grande y tan inapropiada.
Ni con el croissant más mantequilloso, el eclair más relleno o el bizcocho de chocolate más rico y decadente, había tenido esta sensación en la boca.
La cercanía era peligrosa y el ardor en mi cuerpo era imposible de tolerar.
Desvié la mirada y agaché el rostro justo a tiempo para esquivar sus labios.
Tenerlo cerca era una tortura para mi mente y para mi cuerpo.
¿Qué haría Lavender en mi lugar? Ella diría algo como: el amor es como el ejercicio. No quieres hacerlo pero una vez comienzas solo puedes imaginarte completando un triatlón.
Exactamente igual me estaba sintiendo yo.
“Arréglate, Morgan. Voy a casa a bañarme y cambiarme de ropa. Te recogeré a las tres.” -Anunció Sam mientras salía de mi cuarto.
“¿Acaso no estás preocupado por mi estúpido comportamiento de anoche? ¿No has tenido suficiente ya?” -Le grité mientras me observaba avergonzada en el espejo.
Sam se asomó por la puerta, como si estuviera caminando en reversa.
“¿Más momentos como anoche? … Nunca serán demasiado.”