Dulce Amenaza Capítulo 8 Sorpresa, Sorpresa #2
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Capítulo 8 Sorpresa, Sorpresa #2

Sam no era nada para mí. No aun. Pero diez minutos atrás, él me había invitado a una cita.

Quizá sería conveniente decirle a esta chica que Sam estaba algo ocupado coqueteando con alguien más.

No. Era mejor mantenerlo en secreto. Aunque no será un secreto por mucho tiempo.

Estoy segura que mi apuesta con Connie no será el más guardado de sus secretos.

“¿Cómo te llamas?” -Le pregunté y su mirada se tornó feroz. En lo profundo de sus ojos podía ver las mismas llamas de fuego de hace dos noches.

“Edora.”

“Bueno, Edora. Me temo que debo pedirte que te vayas. Estaba a punto de salir cuando llegaste. La puerta debía estar cerrada con llave. Lamento el malentendido.” -Abrí la puerta y me quedé mirándola fijo, esperando que Edora desapareciera junto con todo lo malo que sentía por ella.

-“Siéntete en la libertad de volver cuando ya la tienda esté brindando servicios.”

Edora caminó a mi lado mirándome con una sonrisa entretenida en el rostro. No puedo negar que su cabello negro azabache y el pixie cut iban a la perfección con su aura oscura.

“Me aseguraré de ofrecerte un café la próxima vez.” -Dije intentando sonar amable.

Después que Edora se alejó, cerré por fuera con llave, no sin antes utilizar mi Maghkia para arreglarlo todo.

Un par de pasos adelante fueron suficientes para notar que mi minivan no estaba donde la había estacionado.

No estaba por ninguna parte. Miré para todos lados y comencé a creer que estaba volviéndome loca.

Estaba a punto de salir corriendo a mi tienda para llamar a la policía a reportar el robo cuando mi minivan pasó justo frente a mis ojos.

Sí. En movimiento. ¡Mi minivan estaba moviéndose! En un impulso toqué mi bolsillo para asegurarme que tenía las llaves en el mismo lugar que las había puesto hace casi cuatro horas. Me quedé petrificada preguntándome cómo rayos mi van se estaba moviendo si yo tenía las llaves.

El cristal del lado del pasajero se abrió y, para mi terror, Edora estaba tras el volante. Se me revolcó el estómago y una sensación horrible me quemaba el cuello y el rostro. Sentí el aire ponerse pesado y mi nariz comenzó a detectar olor a lluvia.

“Lindo auto.” -Gritó mientras subía el volumen del radio al máximo. -“Apuesto a que es una edición limitada.”

“¿Cómo abriste mi van?” -Le pregunté casi a gritos. Mi rostro estaba rojo como un bizcocho red velvet. -“¿Cómo la encendiste?”

Esa era la mayor de las interrogantes. ¿Cómo rayos encendió mi minivan sin las llaves?

“Morgan… Morgan…” -Escuché que alguien me llamaba, pero en ese momento solo quería recuperar mi LuxGen.

“Entra, Morgan. Vamos de shopping.” -Gritó Edora, abriendo la puerta del pasajero. Ignorantemente, subí a la minivan. Apagué la radio y me quedé mirando a Edora llena de rabia. -“¿Qué?”

“Bájate de mi carro.” -Exigí. -“Es una orden.”

Edora me miró como si yo fuera una niña malcriada haciendo un berrinche. Ella simplemente se rió y pisó el acelerador salvajemente.

“Tengo mucho que hacer, Edora. No tengo tiempo para jueguitos infantiles.” -Dije entre dientes. A lo lejos, escuché mi nombre nuevamente. Lavender había ido a buscarme. Traté de hacerle un gesto, gritarle algo, pero Edora había comenzado a conducir como un demonio.

“Lo sé, lo sé. Tienes una cita. Entiende que no puedes ir a la primera cita con esos trapos que siempre vistes. Para conquistar el corazón de un hombre debes complacer sus ojos.” -Pronunció como si fuera una experta en el amor.

“No. Te equivocas. Para conseguir el amor de un hombre debes conquistar su estómago primero y luego su corazón. Las apariencias son engañosas.” -Y añadí una mentirita para evitar que Edora supiera algo sobre mí. -“Todo el mundo sabe eso. Mi madre me lo enseñó cuando yo era pequeña.”

Una sonrisa sardónica se dibujó en su cara mientras hacía un sonido irritante, chocando la lengua contra el paladar.

“Eres terrible mintiendo, Morgan.” Descaradamente, Edora se atrevió a decir. -“Eres tan huérfana como Marilyn Monroe.”

Sin saber cómo defenderme, preferí guardar silencio.

Edora se dio cuenta de mi súbito cambio de ánimo y encendió la radio.

Cantando una terriblemente lenta canción, Edora golpeaba el volante con salvajismo.

En más de cinco ocasiones tuve que abalanzarme sobre el lado del conductor para sujetar el volante y así evitar un accidente o una caída por un acantilado.

Una hora más tarde Edora estacionó mi LuxGen increíblemente intacta.

Era un milagro del Universo que hubiésemos llegado enteros.

“Sígueme.” -Dijo Edora, abandonando mi minivan frente a una línea de tiendas.

No tenía otra opción más que seguirla. Torpe yo.

Por supuesto que tenía opciones. Dejar a Edora abandonada en esta ciudad y conducir de vuelta a Cadence, vestirme en mis trapos ordinarios y esperar que Sam llegara a recogerme. Claro.

Pero uno de mis mayores defectos era el exceso de curiosidad. Es tan fatal como una enfermedad sin tratamiento. De frente a la gigantesca vitrina supe que estaba muy lejos de casa. También me di cuenta de que no pertenecía a un lugar tan sofisticado como este.

Edora estaba parada al otro lado de la vitrina, sus manos llenas de ropa en lindas perchas satinadas. Me hizo un gesto para que la siguiera y así lo hice, no sin antes gruñir y bramar como un buey bajo azotes. Pero no podía evitar pensar en vestir algo hermoso para mi primera cita.

No era solo mi primera cita con Sam.

Era mi primera cita en toda mi vida. Y quizá sea la última. Lavender me aconsejó que viviera un poco y en este momento estoy siguiendo su consejo.

Ser empujada a un vestidor era algo nuevo para mí, pero Edora estaba actuando como la hermana o amiga que nunca tuve. También actuaba como la hermana o amiga que jamás he querido tener. Con Lavender tuve suficiente. Edora. era un teatro después de todo, y yo necesitaba ser consciente de eso.

Dos horas más tarde, estaba de vuelta en mi minivan.

El asiento trasero estaba lleno de bolsas con trajes, botas, ropa íntima y más ropa femenina.

Me cuestionaba si Edora me había llevado a comprar toda esa ropa para luego pedírmela prestada.

No me importó todo el dinero que gasté en renovar mi closet, solo quería volver a casa antes de las cinco de la tarde.

Nuevamente Edora tomó el volante, pero esta vez me pidió las llaves. Hice una nota mental de llevar a cambiar todos los seguros y la ignición de mi minivan. Solo por precaución. También debo considerar cambiar de auto.

“Érase una vez, una pequeña y dulce niña que fue llevada a una fiesta en la que nunca antes había participado. Allí se quedó dormida y tras despertar, descubrió que estaba cubierta de sangre. Esa pequeña había sobrevivido al sacrificio, y ella era la recompensa que habían recibido todos. A su alrededor dominaba la muerte, cuerpos inertes casi embalsamados con cera de las velas que aún no se habían consumido completas. Mientras se ponía de pie, la pobre niña no podía recordar nada de su vida, quien había sido hasta apenas algunas horas.” -Convencida de que me gustaban las historias, Edora comenzó a contarme una leyenda urbana sobre un conocido demonio durmiente.

Poco sabía yo que la historia estaba a punto de cambiar de la leyenda que todos habíamos escuchado para convertirse en una aterradora historia sobre brujas y quizá algo de mi pasado.

-“Solo una cosa sabía. Maghkia. La extraña corriente que recorrió su frágil cuerpecito, encendió todo el lugar en un fuego infernal, dejándola con sólo segundos para escapar. Justo frente a la casa de los horrores, la niña recordó que había dejado algo perdido entre el fuego. Con la inocencia olvidada entre las llamas, la niña logró crear un hechizo para recuperar su gran pérdida. En su lugar, la pequeña creó la casa con la que siempre había soñado, una deliciosa casa de regaliz y caramelo. De vez en cuando, alguien deambulaba demasiado cerca de la casa y la niña le dejaba lamer las paredes, mordisquear las verjas, pellizcar las puertas. Satisfechas y curiosas, las víctimas entraban a la casa y ayudaban a la niña a comer. Comer sus carnes.”

Horrorizada, le dije a Edora que su historia era solo un cuento para una fiesta de pijamas alrededor de una fogata. Se rió de mis palabras y estacionó mi minivan en una calle desolada. Cómo llegamos allí… No lo sé. No estaba enfocada en la carretera mientras Edora me contaba la historia de terror.

Abandonando el auto, me invitó a seguirla. Mientras yo también bajaba de la minivan, Edora mordisqueó la verja marrón que rodeaba la oxidada casa.

“¡Mmm! ¡Qué delicia!” -Edora estaba encantada con el pedazo de madera que había puesto en su boca. Era demasiado rara como para intentar tolerarla. -“¡Tienes que probarlo! ¡El mejor chocolate del mundo!”

¿Chocolate? ¿Acaso estaba loca? Este era el momento de probarme a mí misma lo mucho que toda esta situación y tanto plan maquiavélico me estaban afectando. Edora solo intentaba enloquecerme. Me estaba volviendo una víctima del delirio.

Para probar su error y mi aparente demencia, desgarré un pedazo de la verja, justo donde Edora había mordido. Casi caigo de espaldas en la sucia acera. Ese pedazo comenzó a derretirse entre mis dedos.

Era chocolate.

Capítulo 9: Perdidos y Hallados

Si no pudiera reconocer el chocolate, ingrediente básico de muchas de mis confecciones, no sería una repostera. Aquel pedazo de verja era, de hecho, chocolate. Chocolate de leche con arroz.

“Edora… Eddoooorrrraaaaa…” -A gritos, la llamé en repetidas ocasiones hasta que me di por vencida. Pensé haber visto su celaje irrumpiendo en una estructura en medio del pastizal.

Ella nunca me respondió y nunca regresó. Golpeé la puerta de la extraña casucha construida en medio de la nada, pero mis nudillos se embarraron con azúcar derretida.