Dulce Amenaza Capítulo 8 Sorpresa, Sorpresa
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Capítulo 8 Sorpresa, Sorpresa

¿Qué sé yo acerca de las brujas? No mucho. La realidad es que los libros de historia y de cuentos no nos hacen mucha justicia. Si las brujas viviéramos en casas de jengibre… ¿Cómo sobreviviríamos a las hormigas bravas y las cucarachas mientras dormimos?

Si las brujas tuviéramos piel verde y narices torcidas y largas como zanahorias… ¿Cómo iríamos a las tiendas a comprar nuestras provisiones y aún así pasar desapercibidas? ¿Hechizos de embellecimiento?

Si las brujas voláramos sobre escobas de paja…

¿No sería ingenioso patentar el invento y hacer montones de dinero?

¿Y nadie se ha puesto a pensar cuán incómodo es viajar sentados en un pedazo de madera, el cabello y rostro expuesto a vientos, lluvia, relámpagos o granizo…

Cuándo puedes viajar cómodamente en carro, tren o avión con aire acondicionado y calefacción?

Si así funcionan el resto de las brujas, no lo sé. No he conocido ninguna.

Pensando en esas y muchas más cosas sin sentido, fui al trabajo. Mi tienda estaba devastada, como si un huracán categoría cinco hubiera golpeado por horas. Era obvio que debería mantener la tienda cerrada por el día o hasta que lograra reparar todo y acomodar cada cosa en su lugar.

El teléfono comenzó a sonar mientras yo barría en suelo, reuniendo vidrios rotos, tan rotos como mi alma. Plásticos y vidrios crujían bajo mi peso a medida que caminaba a responder el teléfono.

“Repostería Dulce Amenaza. ¿Cómo puedo ayudarle?” -Entoné la melodía intentando subir mi ánimo.

“Quiero una cita contigo, por favor.” -Una alegre voz masculina dijo.

“Creo que tiene número equivocado, señor.” -Respondí torciendo los labios. -“Pero le puedo preparar un bouquet de cupcakes y fresas con chocolate para su chica. Cuando consiga una.”

Me reí como una muchacha risueña, pero al darme cuenta, me sentí cursi.

“¡Oh, vamos, Morgan! Suplicaré si tengo que hacerlo. Cena conmigo, por favor.” -Me pidió mientras yo comenzaba a imaginar su rostro, un auténtico placer. Me derretí por dentro al escuchar sus palabras.

“¿Sam?” -Pronuncié su nombre solo para estar segura que no era algún tonto burlandose de mí. No sería la primera vez. Ni la segunda. -“¿Cómo te sientes?”

“Mucho mejor gracias a ti.” -Respondió con una risita.

Ese sonido era una coqueta canción. -“Aunque me sentiría extra cuidado si salieras a cenar conmigo esta noche. Estoy en el turno de la madrugada así que saldré a eso de las cuatro de la tarde. Sería una buena idea ir a la ciudad más cercana a un lindo restaurante lejos de los entrometidos del pueblo.”

“No lo sé, Sam. Tengo demasiado que arreglar. Mi tienda es un desastre mayor.” -Protesté ligeramente.

A pesar de que me gustaba como sonaba eso de escapar a una ciudad cercana con este guapo policía a mi lado, no podía evitar recordar que tenía planes mayúsculos para ellos, Sam incluido.

La muerte estaba a solo un postre de distancia, era mi lema más motivacional.

¿Pero qué pasaría con mi apuesta con Connie? Tenía que ganar el corazón de Sam y darle ese golpe a ella. ¿Pero con qué propósito? Todos estarían muertos pronto.

“¿Es que no mereces un descanso? Déjame mimarte. Romper la rutina puede darnos una mejor perspectiva de la vida en este pueblito y fuera de él.” -Sam sonaba muy convincente. Demasiado convincente. -“Además, no tienes nada que perder. Y te lo debo. Me salvaste la vida anoche.”

La duda y el autosabotaje me estaban consumiendo.

“¿Por qué haces esto?” -La curiosidad siempre tomaba control sobre mí. Querer saber las razones no me ayudaría a sentirme mejor. Cuando las cuerdas están atadas, la marioneta no puede caminar por cuenta propia. Y ya estaba cansada de ser la dócil marioneta.

“Quizá quiera decírtelo en persona y no en una llamada. Te prometo que no te arrepentirás de salir conmigo.” -Sus susurros eran una loción calmante para mi alma adolorida, un bálsamo para mi espíritu destrozado, un refugio para mis orígenes desconocidos.

-“Si no te gusto para otra cosa, al menos prometo hacerte reír.”

Me quedé callada, con el teléfono pegado a mi oreja.

Sus palabras hacían eco en las profundas paredes de mi alma.

¿Qué vas a decir ahora? ¿Cómo vas a decirle que no?

Mi respiración abandonó mi cuerpo pero aun así conseguí mantenerme viva, un soplo de vida danzaba en mi interior, cosquilleando mis emociones enterradas.

“Hagamos algo. No me respondas ahora.” -Sam tomó la palabra tras mi largo silencio.

Probablemente se temía el inminente rechazo.

-“Iré por tu casa como a las cinco. Si no abres la puerta dejaré de insistir y de molestarte, y prometo mantenerme alejado de ti si es lo que realmente deseas. Solo piénsalo, por favor. Soy un buen hombre. No soy un asesino, un psicópata o un depredador. Lo prometo. Solo dame la oportunidad de conocernos.”

Insegura de la respuesta, una risita nerviosa escapó de mis labios. Estaba tan nerviosa como jamás lo había estado en toda mi vida. Pero por supuesto, jamás me habían invitado a una cita.

“Eso sonó horrible.” -Trató de corregirse mientras se regañaba a sí mismo.

-“Eso es exactamente lo que diría un asesino psicópata. Ignora lo que dije, te veo a las cinco. Espero verte. Adiós.” -Después de esas palabras nerviosas, la comunicación se cortó.

Era obvio que Sam había enganchado por miedo a que dijera que no.

Observando el reloj, descubrí que eran un poco más de las nueve y treinta.

Siete horas eran mi salvavidas. Siete horas para decidir qué hacer, para limpiar este reguero y remendar los fragmentos que estaban vagando en mi ser.

Diecinueve años no habían bastado para conocerme a mi misma y solo tenía siete horas para recoger lo mejor de mí y tomar sabias decisiones.

¡Qué mucha falta me hacía Lavender! Ella siempre actuaba como mi conciencia. Lavender siempre sabía qué hacer.

Manos a la obra, continué barriendo el suelo.

Era obvio que a este paso terminaría de limpiar dentro de una semana.

El trabajo manual es complicado y, ¿Por qué me molestaría haciéndolo si con agitar mi mano puedo arreglarlo todo?

Un movimiento aquí… Un movimiento allá. Cada cosa comenzaba a caer en su lugar.

El vidrio se unió de forma tal que no parecía haberse quebrado jamás.

Las bombillas se arreglaron con Maghkia.

Podría jurar que danzaba en medio del polvo, recogiendo sillas mal ubicadas y abrazando la escoba en un baile de idilios, cuando un golpe en la puerta principal me asustó.

Dejé de bailar y la música que sonaba en mi cabeza se detuvo por igual.

Petrificada en medio del desastre, mis talones anclados al suelo, miré a quien tocaba.

Para mi consternación, la puerta se abrió. La chica que vi en el bosque tras mi casa entró como un inquietante fantasma. ¿Cómo? ¿Olvidé cerrar con llave? No. Estoy segura de haberlo hecho.

“Hola. Busco trabajo. ¿Sabes de alguien que necesite contratar ayuda?” -Dijo ella como si no nos hubiésemos conocido en circunstancias aterradoras dos noches atrás.

“Lo lamento. No conozco a nadie.” -Dije con cautela, aunque hubiera respondido que yo necesitaba ayuda.

Ayuda para guiarla a la misma puerta por la que entró -la puerta que estaba cerrada con llave.

Ayuda para saber más sobre esa bruja que ella y Jerome han hablado.

Ayuda para matar a Jerome ya que no logré hacerlo por mi cuenta.

Ayuda con el reguero que mi vida se ha tornado recientemente.

“¿Por qué estás aquí?” -Me atreví a preguntar.

Yo no le temía a nadie pero esta muchacha era algo espeluznante.

Quizá eran sus ojos marrones con un tono de rojo lo que me provocaba desconfianza, o era lo que su mirada trataba de esconder y delatar a la vez.

Tal vez era esa fingida sonrisa burlona y desquiciada.

Ella no podía ser mayor que yo, pero parecía haber vivido más.

“Solo pasaba por aquí.” -Dijo con una tonta sonrisa. -“Necesito trabajo. Mis padres me dejaron y si no consigo empleo o marido pronto… No sé qué será de mí. ¿Qué me recomiendas?”

Su situación me hizo reír. ¿Acaso estaba buscando opciones?

Un marido o un trabajo. Muy graciosa, la tontuela.

Mentiras, mentiras, mentiras. Todo lo que decía era mentira.

El aire me aplastaba de dolorosa forma y la gravedad se tornaba débil.

Llámenle instinto, premoniciones o como quiera que deseen, pero esta chica tenía un aura perturbadora.

“Un trabajo parece una buena idea. Te ayuda a obtener independencia.” -Respondí con seguridad.

“Y si escojo la opción del esposo, ¿Conoces algún hombre bueno que sea soltero y guapo con salario estable?” -Continuó preguntando. Me reía por dentro. Ella era tan divertida como cualquier otra pueblerina.

“Es una opción personal. Hay muchos chicos lindos por el mundo, otros son guapos y depravados. Deberás estudiarlos meticulosamente.” -Ofrecí irritada. -“Lamento ser tan directa pero te agradezco que te retires. Hoy el negocio permanecerá cerrado.”

Ella comenzó a caminar a mi alrededor haciéndome sentir como animal en el rodeo. Por la forma en que me miraba parecía ser yo el tema bajo escrutinio.

“¿Y qué tal el nuevo policía? ¿Es soltero? ¡Es muy guapo!”

“¿Quién? ¿El agente Whilhey?” -Logré decir mientras mis cejas subieron tanto que casi tocan el techo.

¿Acaso era Sam la razón de que esta chica apareciera?

¿Había venido hasta aquí a preguntar por Sam?

¿Era tan obvio que nos estábamos viendo o ella comenzó a seguirme después de que la encontrara en el lago, y me acechaba como mi propia sombra?

Ella asintió con la cabeza rápidamente. -“No tengo idea si es soltero o no.”

Traté de mantener la calma, de tener los pies en el suelo.

Muestra desinterés, Morgan. Me repetí.