Capítulo 3 ¿Otra Bruja?
Ser llevada como una criminal común era una experiencia nueva para mí. Sam, el apuesto padrino de bodas convertido en terrible policía, me había dejado con otro oficial que me transportaría a mi encuentro con la justicia.
Justo afuera de mi tienda, el agente Sam Whilhey se alejó en una motora sin dar indicios de que se acordaba de mí.
En la estación de policía, fui llevada a un salón de interrogatorios y dejada allí sola.
Me senté a pensar. Mi cabeza estaba llena de tantos pensamientos contradictorios, tantos sentimientos encontrados, que ya no podía pensar con claridad.
Descansando mi cabeza en la fría superficie de la mesa de acero inoxidable recordé lo que Sam había dicho.
Me encontraba en el cuartel bajo la sospecha de haber envenenado al pueblo.
“¿Agua?”
Me enderecé en la fría silla y lo miré. La confusión se apoderó de mí. Confusión y dolor. ¿Cómo alguien podía ser capaz de hacerme sentir perpleja y tan nerviosa cuando era yo quien jugaba a ser la reina de las abejas asesinas? Sam volvió a repetir su pregunta y me limité a negar con la cabeza.
“Morgan, necesito que me digas con exactitud qué hiciste ayer.” -Cuestionó, todo oficial siguiendo el protocolo.
“¿Antes o después de bailar contigo?” -Me atreví a responder con un tono nada agradable.
“¿Crees que esto es gracioso? ¿Acaso sabes la razón por la que estás aquí? Hay acusaciones de peso en tu contra y tu quieres jugar a flirtear.” -Me regañó.
“Perdón.” -Dije mientras miraba hacia mis sudorosas manos que estaban amarradas como un nudo sobre mi regazo. ¡Rayos! Este hombre conoce seriamente cómo hacer que una mujer sienta vergüenza.
“¿Qué hiciste ayer? ¿Usaste algo nuevo en las comidas? ¿Alguien te ayudó a cocinar o en la recepción?” -Sam continuaba con su interrogatorio.
“Nadie me ayuda a cocinar. Siempre lo hago sola. En la recepción tuve ayuda para servir los entremeses y la comida.”
“¿Conoces a esas personas? ¿Les tienes confianza?” -Prosiguió él. -“Necesito que me hagas una lista de sus nombres.”
Se me hacía difícil comprender por qué estos problemas estaban buscándome. Creí que esto se relacionaba al incidente de esta madrugada y la sábana de Jerome, pero estaba muy equivocada.
“No entiendo lo que está pasando. Jamás he tenido problemas en mi vida.” -Le confesé mientras escribía algunos nombres en la hoja de papel que me dio. -“¿Cómo sería yo capaz de envenenar a esta gente, en especial a Lavender, que es mi única familia?”
Tan pronto las palabras abandonaron mis labios, lamenté haberlas dicho. Mis mejillas se sonrojaron y temí estar delatándome. Mi mente gritaba irónica: ¿Cómo, Morgan? ¿No recuerdas el cómo o el porqué?
¿Qué tal si mi odio por estas personas era tan grande que se había convertido en una especia mágica para sazonar la comida?
No. No podía ser posible. He cocinado con odio revolviendo mis fundamentos desde que llegué a este pueblo de hipócritas profanos y no he matado a nadie. Aun.
“Verás, Morgan. Personas enfermaron anoche. Invitados de la boda. Gente que comió tu comida y tus postres. Ayúdame a razonar, por favor.”
Lo único que venía a mi mente era que mis pensamientos habían hallado una forma de entrar a mi comida para envenenar a las personas, pero no podía decirlo…
Y él nunca podría comprobarlo. Mi mayor anhelo mientras cocinaba no era matarlos a todos, solo a Jerome.
Pero no puedo decirle eso. No puedo decir nada.
No puedo dejar que él conozca toda mi rabia y mi odio. Jamás lo diré en voz alta frente a él.
“Jerome envió a algunos amigos a ayudar en la mesa del buffet. Dijo que eran gente de confianza. Tú estabas allí también. Me dijiste que me observabas mientras servía comida a los invitados. No estás enfermo. Las personas que vi esta mañana tampoco estaban enfermas y estoy segura de haberlos visto comer en la boda.” -Dije en mi defensa.
“No sé lo que vi.” -Respondió él mientras miraba fijo a mis ojos.
-“Si no resolvemos esto tendrás que quedarte aquí encarcelada mientras se arregla un juicio. Estas son alegaciones muy serias. Puedes ser acusada de intento de asesinato y premeditacion, o peor de intento de asesinato en masa. Ayúdame, Morgan. Ayúdame a tener un mejor juicio sobre ti. ¿Alguien además de ti tuvo acceso a la comida? ¿Alguien o algo sospechoso? ¿Algo que haya salido mal?”
Quería ayudarlo. Quería poder decirle algo, pero lo único que había salido mal es que había perdido la oportunidad de utilizar la boda de Lavender para envenenarlos a todos, y alguien se me había adelantado.
No me interesaba tomar crédito por el crimen de alguien más.
Pero si el delito era mío y estas personas morían por cuenta mía, felizmente reclamaría la autoría.
Su ceño estaba tan fruncido que sus cejas casi se tocaban.
Las líneas de expresión que aparecieron en las esquinas de sus ojos mostraban preocupación.
Esas y otras cosas lo hacían lucir aún más atractivo.
Mi corazón latía más deprisa que cuando bailaba una balada en sus brazos.
Justo antes de que Connie Marie Valence -mejor conocida como la Rubia Devoradora de Hombres- apareciera y lo arrebatara de mis manos.
“Esta mañana Jerome dijo algo que, si lo pienso con detenimiento, me parece sospechoso.” -Confesé recordando nuestra pelea mañanera.
“Y eso fue qué exactamente…” -Preguntó Sam sin mucho interés.
“Dijo que gracias a sus ancestros le había ordenado a Lavender no comer nada en la boda.” -No sentí ningún arrepentimiento cuando, a propósito, cambié las palabras de Jerome para que sonaran un poco peor.
Quizá él había utilizado “dicho” en lugar de “ordenado”, pero Sam no tenía que saber ese pequeño detalle. ¿Cierto?
“¿Por qué le diría eso a su esposa? ¿Por qué no tenía permitido comer nada?” -Sam caminaba de un lado al otro recitando esas preguntas.
Ciertamente no me estaba preguntando a mí.
Yo no tenía respuesta a las extrañas palabras de Jerome, pero estaba disfrutando demasiado mientras observaba el sólido cuerpo de Sam y su arma firmemente atada a sus abdominales.
Desde este día estaba oficialmente enamorada de hombres uniformados con permiso de portar armas peligrosas.
“¿Cuáles son los síntomas que tienen las personas?” -Pregunté mientras me di cuenta que Sam me había descubierto mirándolo de manera poco disimulada.
Él me observaba por el rabillo del ojo, una sonrisa pícara en su boca.
Un hombre como él debía estar tan acostumbrado a esto…
A ser observado y devorado por hambrientas miradas.
Un golpe en la puerta arrebató la mágica electricidad que estaba surgiendo entre los dos. Otro oficial se asomó y llamó a Sam a una esquina. Después de haber intercambiado algunas oraciones, ese oficial salió del cuarto de interrogatorio y Sam recogió todos los papeles, lanzándolos al zafacón.
“Acompáñeme, señorita. Permítame escoltarla de vuelta a su hogar.” -Sam ofreció mientras extendía su mano hacia mí, así como había hecho el día anterior en la boda.
No hice ninguna pregunta ni perdí un segundo.
Me apresuré a deslizar mis dedos entre los suyos y caminar rápidamente fuera de la estación de policía.
No puedo darle un nombre a lo que estoy sintiendo justo ahora pero es muy obvio que el amor y el odio vienen sujetos de las manos como amantes.
Temprano en casa y sin nada que hacer, encendí mis hornos, cerré todos mis libros de cocina, y dejé que mi mente creara una nueva obra maestra.
Lo que vino a mi mente olía a él. Cada bocado sabía a su voz- macarons de frambuesa y chocolate- y de repente lo odié con fuerzas.
Quise despreciarlo por ser rudo y gentil, severo y tierno.
Todas esas cosas entremezcladas en el fino hombre que parecía ser.
Me repetía que debía tener cuidado ya que Sam había sido el padrino de la boda de Lavender, lo que significaba que él era amigo del idiota de Jerome.
La ecuación se resumía fácilmente en que Sam sería un idiota también.
Quise engañarme y creer que él era distinto.
Cuando me trajo a casa hoy, se comportó como todo un caballero de clase y respeto.
“Te pediría que me invitaras a tu casa pero creo conocerte lo suficiente como para no arriesgarme. Así que te veré luego.” -Su rostro reflejaba lo opuesto a lo que decía.
¡Qué curioso! La forma en que los ojos pueden traicionarnos.
Los suyos gritaban: si me invitas a entrar aprovecharé para besarte.
Decir que no me sentí tentada a invitarle a tomar café me convertiría en una mentirosa, pero me mantuve firme.
Técnicamente me había arrestado esa misma mañana, y me había amedrentado como a un criminal común. Muestra algo de respeto por ti misma, Morgan.
“Lo lamento, agente. Acabas de arrestarme hace apenas unas horas. Yo le llamaría conflicto de intereses.” -Contesté coquetamente.
“Técnicamente, eso no fue un arresto. Necesitas ir esposada para que cuente como arresto. Simplemente usaba la técnica del policía malo.” -Trató de defenderse en vano mientras se alejaba, pero el daño ya estaba hecho. Era mejor de esa manera. Nuestros caminos no volverían a cruzarse jamás.
Me encontraba descansando aliviada, después de que el culpable de la enfermedad de los pueblerinos resultara en un agua contaminada que habían tomado de un pozo cercano -del que yo no tenía nada que ver, por supuesto.
Mi alma se sentía inexplicablemente cómoda con no ser una asesina.
Muy tonto de mi parte, ya que no debería preocuparme si aun me encontraba planificando convertirme en una asesina en masas bastante pronto.
Mientras preparaba el menú para el día siguiente, me percaté que me había quedado sin pitahaya para las tartas.
El aire nocturno olía a cilantro y perejil, aromas herbáceos que me arrastraban lentamente a través del húmedo fresco de la noche. Prepararme para enfrentar los desafíos del próximo día parecía más complicado con la imagen de Sam Whilhey grabada en mi cabeza.