36 #2
—Gracias —digo en voz baja mientras le tomo la mano y lo guío al interior de la casa.
—Esto es para ti. —Alza una bolsa de regalo y me la entrega.
—¡Oh, por Dios! ¡Me encanta! —grito genuinamente emocionada al ver que es un pack de edición limitada de la saga completa de Crepúsculo , con videos del making of y comentarios del elenco y directores—. ¡Gracias, gracias, gracias!
Lo abrazo con fervor y le doy un beso en la mejilla.
—Sigo insistiendo en que Crepúsculo es espantosa, pero por ahí dicen que si no puedes con el enemigo...
Suelto una carcajada mientras dejo los regalos sobre la mesa detrás de mí y vuelvo a centrar toda mi atención en él.
—Ahora tendrás que ver el resto de la saga conmigo. No tienes excusa.
Theodore apoya ambas manos sobre la mesa, una a cada lado de mi cuerpo, dejándome atrapada en el glorioso espacio entre esta y su cuerpo.
—No hay plan al que me resista siempre y cuando tú formes parte de él.
—¿Ah, sí? ¿Por eso no te opusiste cuando te pedí que trajeras a tu madre? ¿Qué tal si mi plan era hacerle preguntas vergonzosas de cuando eras niño y hacerte escuchar todas esas anécdotas mientras Percival, probablemente, no pare de burlarse de tí?
—Debería preocuparme por lo específico que ha sido ese comentario pero estaba deseando que mi madre te conociera; bueno, técnicamente que se reencontraran, porque ella ya sabía perfectamente quién eras.
—Que no se te olvide que yo era una de las encargadas de recibir a los padres cada vez que había reunión con los profesores.
—Que no se te olvide que estaba loco por ti, así que hay una enorme posibilidad de que le hablara a mi madre sobre ti. Mucho.
Reprimo una sonrisa, y con ella, el impulso de abrazarlo, besarlo, volver a besarlo y perderme en esos brazos enormes y cálidos. Pero me fuerzo a recordar que estoy en casa, rodeada de invitados, y que más tarde tendré un momento para él.
La fiesta es un éxito rotundo. Todos se sienten cómodos, conversando, comiendo y bebiendo sin parar.
En algún punto de la noche, después de cantar el cumpleaños, Leah se despide; Percival y Parker entran en una acalorada discusión sobre un tema de bolsa que no me apetece entender; Ronnie logra captar la atención de Theodore mientras este charla con Cynthia; Mark, Frank, nuestra vecina Aida y Zoe debaten sobre los Mets o los Red Sox (me parece que ambos), mientras que Michaela y Jake no dejan de hablar y reír.
Me uno a Mamá y Susan, que mantienen una agradable conversación.
—Willa, Susan me está contando las obras benéficas en las que participa. La verdad, creo que me gustaría unirme también, si se puede.
—¡Claro que sí! —exclama Susan con entusiasmo—. Después de que me divorcié de Eli y los chicos estaban fuera de casa, me di cuenta de que tenía mucho tiempo libre y pasaba demasiado tiempo sola. Así que empecé a ir a fundaciones pequeñas y refugios para ayudar.
—Suena interesante —intervengo.
—Y lo es. No les voy a engañar, normalmente colaboro económicamente gracias a la herencia de mi ex marido, que me permite hacerlo.
Pero lo más gratificante es ir a los lugares donde puedes ayudar de verdad, ya sea cocinando en un refugio o llevando juguetes a hospitales y albergues.
Hay muchísimas actividades y… me hace sentir útil.
—¿No es maravilloso, Willa? —pregunta mi madre, totalmente fascinada.
—Realmente lo es.
—Oh, ¿sabes cuál fue el primer proyecto que organicé por mi cuenta? —exclama Susan, con un brillo de emoción en los ojos.
—¡No! ¿Cuál? —respondo, imitando su sonrisa, intrigada.
—¡Los cine fórums de la Universidad de Nueva York!
—Espera, ¿pero eso no era algo que ya existía...?
—No. Theo me contó que tenía una idea para recaudar fondos para distintos proyectos de alumnos.
Le ofrecí donar el dinero directamente a la facultad que lo necesitara, pero él se negó.
Insistió en que los cine fórums eran una mejor idea.
Así que me encargué de hablar con el decano para los permisos y cubrí el resto de los gastos.
—Una expresión de orgullo cruza su cara mientras pregunta—: ¿Fuiste a alguno?
—Seguramente a todos.
Los recuerdos de aquellos días regresan de golpe.
El segundo año de universidad fue el más difícil.
Pensé que el primero me prepararía, pero no fue así, y el miedo, fiel a su costumbre, comenzó a paralizarme.
Intenté distraerme con el club de lectura, pero no funcionaba del todo.
Sentía que me ocurría algo más. Fue entonces cuando volví a buscar a Pam, cuando recibí el diagnóstico de mi depresión, cuando empecé a medicarme.
Y aunque eso fue de gran ayuda, los cine fórums también lo fueron.
Cada vez que había una proyección, se transformaba en lo que más esperaba.
—Si me disculpan —digo, con dificultad.
Me pongo de pie y me dirijo hacia Theo, que sigue charlando con Cynthia, mientras Ronnie reposa cómodamente en sus hombros. Le pido un momento a solas. Cynthia se despide y busca asiento junto a Mark, con el resto del grupo, mientras Ronnie, visiblemente reacia, vuelve con Michaela.
Agarro la mano de Theo y lo llevo fuera de la casa, anhelando un espacio más íntimo. Él me mira con curiosidad sincera, pero me concede el turno para hablar primero.
—¿Por qué nunca me dijiste que eras tú quien organizaba los cine fórums en la Universidad?
—Técnicamente, fue mi madre quien lo hizo.
—Porque tú se lo pediste. ¿Por qué no me dijiste nada? —insisto, con la voz firme.
—Porque en aquel entonces no te hablaba.
—¿Y después?
—Porque lo olvidé —responde, con un leve encogimiento de hombros—. ¿Hace ocho años de eso? En serio, no lo recordaba.
—¿Por qué lo hiciste?
—Mamá seguro te lo dijo…
—Tu madre me dijo lo que tú le dijiste, pero… ¿había alguna otra razón?
Los músculos de su mentón se tensan visiblemente mientras desvía la mirada. Se pasa una mano por la nuca con un gesto de duda, sopesando sus siguientes palabras. Luego, con un suspiro pesado, vuelve a fijar sus ojos en los míos.
—Porque te veías... Todo el tiempo parecías estar triste, ¿vale?
Tal vez tus amigas no se daban cuenta porque no te conocían de antes, pero yo sí, y ese brillo que siempre tenías en tus ojos se había esfumado.
Entonces pensé que quizá era por… tu ansiedad, y sentí la necesidad de hacer algo.
Obviamente no podía acercarme a ti, eso te habría hecho aún más daño, así que pensé que si podías hacer algo que te gustara, si podías distraerte, te sentirías… un poco mejor.
No puedo seguir conteniendo las lágrimas.
Pensar en todo lo que había hecho por mí, desinteresadamente, se traduce en una emoción que no sé si sea capaz de soportar.
Estoy genuinamente conmovida y feliz, sobre todo feliz.
Porque aunque estoy llorando a mares, con la respiración acelerada y el corazón latiendo con tanta fuerza que parece amenazar con salirse de mi pecho, nunca antes me había sentido tan inmensamente feliz.
Por primera vez sé que puedo enamorarme.
Y que alguien puede amarme con la misma devoción.