34 #2
—¿Por pensar que soy ruidosa? No, la verdad es que sí lo soy. —Arruga su nariz como un gesto divertido y luego suelta—: Mentiría si no digo que también tenía una percepción diferente de ti, pero lo importante es que ahora sé cómo eres, y me gusta más esta versión. La real.
Esbozo una sonrisa de agradecimiento y, no lo niego, aún cuando la tengo a mi lado, empiezo a echar a Cynthia de menos.
Mi corazón da un vuelco cuando el reloj marca las tres en punto.
La reunión con Parker está agendada y espero que ella también lo tenga presente, no quiero importunarla.
Imprimo la carta que transcribí: dieciocho líneas llenas de frases trilladas que, de alguna manera, intentan suavizar el hecho de que he decidido no pasar un minuto más en esta empresa.
Guardo la hoja en su sobre y la escondo en el bolsillo de mi pantalón.
Mientras camino hacia el despacho de Parker, ruego mentalmente para que se tome bien la noticia. Sé que algunos jefes no reaccionan de buena manera a las renuncias, solo espero que Parker no sea una de ellos.
—¡Adelante! —exclama desde el interior de su despacho, justo después de que yo llame a la puerta.
Al adentrarme, la misma sensación que me asaltó en la consulta de Leah me embarga de nuevo. Es como si en apenas tres días hubiera transcurrido un año completo. No puedo evitar sentirlo todo remoto, distante, como si todo fuera ya un mero recuerdo.
—Parker, tengo algo que decirte —anuncio, mientras apoyo todo mi peso en una sola pierna.
—Vienes a presentar tu renuncia, ¿no es así?
—Yo voy a… —Guardo silencio al procesar lo que acaba de decir. ¿Lo sabe?—. ¿Cómo es que…?
—Lo intuí desde el momento en que me trajiste la copia de ese contrato con el prestamista para que le diera un repaso —confiesa—.
Sé que ocultaste tu nombre y el de la otra parte y no te juzgo en absoluto —se apresura a añadir—, pero en cuanto vi el concepto del negocio, la temática con las películas, el local en el Soho…
Supe que eras tú. Así que, me imaginé que si firmabas ese contrato, tarde o temprano esto acabaría sucediendo.
—No quería engañarte. —Avanzo un par de pasos, despacio, y tomo asiento para continuar—.
Todavía no estaba segura de hacerlo. Así que no quería que creyeras que me marcharía o que te estaba traicionando, porque no solo eres una jefa estupenda, eres una buena amiga.
Y tú siempre estás pensando en mí, en cómo ayudarme a escalar en la compañía, mientras yo…
Noto lo rápido que he estado hablando cuando la respiración se me acelera hasta el punto de que mi pecho sube y baja deprisa.
—Willa, respira un momento, por favor —me insta Parker con un toque de diversión—.
No te estoy echando la culpa de nada. Ya te lo dije, sabía que estabas analizando la propuesta, pero, sinceramente, cuando vi el plan de negocio y la oferta del prestamista, supe que si no aceptabas es porque no eres tan inteligente como creo.
—Sonríe de manera divertida mientras se balancea en su silla giratoria—.
De verdad que valoro que me consideres tu amiga, porque yo también te considero así —retoma, con su tono tranquilo de siempre—, por eso te deseo lo mejor.
Aunque, no voy a negarlo, como jefa, me duele una barbaridad perder a una gran trabajadora.
—Ya basta, Parker. Nunca he sido una gran empleada. —Podría preguntarle a cualquiera de mis compañeros y todos dirían lo mismo.
—Oye, que yo no miento —suelta—. Lo que digo es lo que pienso. Y a estas alturas, deberías saberlo. De hecho, eres tú la que debería dejar de mentir. —Alza una ceja, poniendo una cara impostada de superioridad.
—Yo no… —¿ miento ? Vaya descaro el mío. Ni siquiera me atrevo a decirlo.
—¿Cómo que no? —replica—. Estuviste trabajando seis años en un puesto que no querías y nunca te quejaste ni una sola vez. Al contrario, siempre te mostraste tan dispuesta a hacer tu trabajo y a aprender en otras áreas.
—Ah, pero eso es porque era mi trabajo. Y Healthchic...
—Healthchic te parece una mierda. Tu trabajo te parece una mierda.
No tienes por qué mentir, al menos ya no —responde, divertida—.
¿Sabes una cosa? —dice levantándose de su asiento y acercándose a mí—.
Cuando llegué a Healthchic también lo odiaba, odiaba el concepto.
Odiaba darme cuenta de que mi físico había tenido tanto que ver, o más, que mi currículum en mi elección para el puesto.
La cuestión es esa, odiaba Healthchic, pero no el trabajo que había conseguido: ¿Jefa legal en el Departamento de Finanzas?
¡Un sueño hecho realidad! Decidí no dejar que el odio me dominara cuando podía disfrutar cada minuto de mi trabajo.
Así que procuré concentrarme en lo positivo.
—¿Qué es...?
—Aunque se llame Healthchic, la empresa no promueve la salud, sino la delgadez, los cuerpos esbeltos, el fitness.
Pero las mujeres que compran nuestros productos buscan justo eso, quieren convertirse en la mejor versión de sí mismas, aunque eso implique ser delgadas y esbeltas.
Y nosotros les facilitamos que eso sea posible.
—Hace una pausa—. Las mujeres debemos tener el cuerpo que nos dé la gana.
Si tener curvas las hace felices, que las tengan.
Si quieren estar delgadas, que lo estén.
Y nosotros ayudamos a ese grupo. —Nunca lo había enfocado de esa manera, la verdad.
Y por un instante, siento un poco menos de desprecio por Healthchic—.
Tú has sido sincera conmigo, yo lo seré contigo.
Yo tampoco quiero esto —dice indicando la oficina—.
No de manera permanente, al menos. No voy a parar hasta sentarme en el puesto más alto.
Y una vez allí, Healthchic no será solo una fábrica de batidos de proteína para lucir bien.
Será una fábrica de proteínas para estar bien.
Saludable. Independientemente de la forma del cuerpo.
Esa es otra de las cosas que me maravilla de Parker: su tremenda ambición.
Cuando llegó aquí, no se postuló para un cargo cualquiera; lo hizo para ser jefa de departamento y lo logró.
Enseguida, manifestó su intención de hacerse con la Dirección, y se esforzó muchísimo hasta demostrar que era la candidata idónea para el puesto.
No me sorprendería verla en un par de años como la CEO de esta compañía.
—Te admiro, Parker. Y puede que haya mentido sobre Healthchic, y sí, realmente detestaba mi trabajo. Pero todo lo que he dicho sobre ti es verdad. Te admiro y te considero una amiga.
—Yo también lo hago.
—Casi se me olvida… —Saco del bolsillo el sobre con la carta de dimisión y se lo doy—. Gracias por todo.
Parker lo coge y resopla, fingiendo estar molesta.
—¿Sabes qué es lo peor? Ni siquiera puedo mandar a la mierda a tu nuevo jefe por quitarme a una de mis mejores empleadas porque resulta que tu nuevo jefe eres tú.
Y ni siquiera puedo enfadarme por perderte porque te quiero y por eso deseo que te vaya muy bien, mucho mejor que en estos últimos seis años.
—Con un gesto me indica que me ponga de pie y cuando lo hago me da un abrazo efusivo, como si lleváramos años sin vernos—.
Dime una cosa, ¿ofrecerás bebidas con café descafeinado, verdad?
—Pongo una cara de asco evidente y ella se echa a reír—. ¡Ay, Dios! ¿Nuestra amistad peligra?
—Solo si me dices que prefieres el café, aunque sea descafeinado, antes que el café de cebada y otra porquería de esas.
—¡Ah, no! Eso sí que no. La cebada solo en la cerveza —suelta entre risas, antes de abrazarme una vez más.
Al menos me llevo una enseñanza de este lugar: No es difícil conectar con la gente; lo complicado es encontrar a las personas correctas, pero una vez que lo haces, todo fluye, como si fuera pura magia.
* * *