Dulce, Amarga Vida 30 #2
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30 #2

—Gracias. —Suspiro audiblemente—. Lo siento. —Cierro los ojos y, sacudiendo la cabeza levemente, procuro elegir mejor mis palabras—. Gracias por mitigar el dolor y perdón por…

—No, Willa. No tienes que disculparte por nada.

Ni siquiera tienes que darme las gracias.

—Desvía su mirada un instante mientras muerde su labio inferior, una expresión de vacilación plasmada en su rostro—.

A veces pienso que debí enfrentar a Logan, pedirle que te dijera la verdad, pero habría sido un acto muy egoísta, ¿sabes?

, conseguir mi redención causando tu dolor.

Así que preferí callar, preferí darle otra oportunidad a él, ¿puedes creerlo?

Preferí creer que realmente sentía remordimiento o algo así.

—¿Logan te preguntó por qué lo hiciste?

—No. Yo le pregunté por qué lo hizo. Primero intentó hacerme creer que no fue él, pero los dos sabíamos que mentía. Él… Unos días antes nos había enseñado la foto en su casa, la tenía impresa, así que se la arranqué y la rompí…

—Oh, por Dios… —pronuncio por lo bajo, llevando una mano a mi boca.

—No sabía el contexto de la foto, tampoco dejé que lo explicara.

Simplemente la rompí y le dije que aquello no tenía ninguna gracia.

Un par de días después hizo lo que hizo.

Cuando finalmente lo admitió, me dijo que yo tenía razón, que no vio la crueldad de su broma sino después.

Me pareció genuinamente arrepentido, así que le creí.

Entre todas las personas que habitan en el mundo, entre las cientas que se han cruzado en mi camino, yo elegí como mejor amigo a un insensible, a un abusador que disfrutaba hacer bromas como las que yo fui víctima.

La ironía me golpea tan salvajemente que me hace reír, aunque de una forma amarga.

Me había equivocado con la misma eficiencia que él solía mentir.

—¿Por qué seguiste siendo su amigo? —Frunzo el entrecejo mientras intento descifrar la respuesta por mi cuenta—. Yo estaba ciega, yo… —lo había idealizado—, no me había dado cuenta de que era un imbécil. Pero tú…

—Quería pensar que estaba equivocado, ¿vale?

Logan había sido mi mejor amigo por casi diez años.

Lo quería como un hermano, así que me negaba a la idea de que mi hermano había crecido para convertirse en un imbécil.

Cuando me dijo que no tenía tiempo para participar en el Club de Cocina, le creí.

Cuando me dijo que estaba arrepentido por lo que te hizo, le creí también.

Era más fácil eso que pensar que era un narcisista que todo lo que hace es para su propio beneficio o disfrute.

—Theo sopesa sus palabras por un segundo antes de continuar—.

Años después, cuando lo recibí en mi piso, realmente quise creer que había madurado, pero…

—¿Por qué aceptaste preparar el banquete de su boda? ¡Theo, te engañaron!

—Vaya, Willa. Menos mal que me lo has dicho, no lo había pillado…

—Lo siento… —susurro apenada.

—Solo bromeo —responde sonriendo de forma ladina, aunque su gesto se ve ensombrecido enseguida—.

Creo que fue una cuestión de dignidad, ¿sabes?

De orgullo, no lo sé. Pude haberlo mandado a la mierda por todas las veces que me había engañado, que lo había dejado engañarme, y él habría pensado que mi cabreo era solo su victoria.

No iba a darle ese placer. Así que mi plan era asistir a la boda y ahí sí, definitivamente sacarlo de mi vida.

Sin darle una explicación, sin darle una última oportunidad.

Y definitivamente, sin el numerito del discurso, pero cuando te vi así tan…

—¿Hecha polvo?

—Alterada —corrige—. Ahí supe que no podía dejarlo salirse con la suya.

—¿Quieres decir que lo del discurso fue improvisado? —bromeo, fingiendo sorpresa—. ¡Qué talento!

—Digamos que fue el resultado de un ejercicio de introspección donde me dí cuenta de todas las veces que lo dejé salirse con la suya. —Mientras habla, empiezo a caminar de nuevo—. Más de veinte años de amistad vistos sin filtros.

Una vez más, pienso en todo lo ocurrido, intentando descifrar si algo se me escapa, si alguna interrogante sigue sin respuesta y me doy cuenta de que la hay. Existe un detalle que ni siquiera logro encajar en todo este desastre.

—¿Por qué le pediste que me invitara? —Cuando mi mirada se cruza con la suya, el arrepentimiento en su rostro es palpable.

—Es tu mejor amigo. ¿Era? —Sacude levemente su cabeza—.

Lo cierto es que las fotos de la boda estarían en todos lados y pensé que cuando las vieras, no te ibas a sentir bien al saber que en uno de los momentos más importantes de su vida, él te había excluido.

Él estaría feliz, mientras tú estarías intentando comprender qué hiciste para que no te quisiera allí.

Me conoce tan bien que sus palabras me agitan el corazón, ¿en el buen sentido? Quiero decir, me recuerda que con él puedo ser yo misma como no lo he sido nunca con nadie más y aunque es agradable, es extraño. Es esperanzador.

—¿Y la idea esta de ser tu novia falsa? —Él gira su rostro y me dedica una mirada cómplice. No puedo evitar sonreír y mi gesto se refleja en su rostro—. ¿Qué fue eso?

—A eso le llamo «tocar fondo» —admite—. Realmente quería demostrarte que había cambiado, realmente quería acercarme a ti. Y me dijiste que necesitabas un novio falso, yo no quería ir solo…

—¡No te dije que necesitaba un novio falso! —digo divertida, dándole un golpecito en su costado con mi codo—. Te dije que no iba a ir.

—Y te habrías sentido fatal si hacías eso antes de ir a la boda de tu mejor amigo.

La verdad, yo habría podido ir con cualquiera, pero solo necesitaba el perdón de una persona: el tuyo.

Así que, no lo sé, pensé que si en ese tiempo te demostraba que no soy el villano sin contemplación que creías, entonces podrías perdonarme.

Incluso si al final decidías no ir a la boda, habríamos pasado juntos el tiempo necesario para demostrar la verdad, que nunca te haría daño. Que siempre…

—¿Nunca deseaste secretamente que me enterara de quién era Logan realmente?

—Deseaba lo mejor para ti. Cada día.

—Bueno, creo que se ha cumplido.

No voy a mentir. Aún escucho el nombre de Logan y me siento rota.

Reservé mi confianza para nada. Al final, la mentira y el dolor me han alcanzado demostrándome que la vida no se trata de eludir el dolor porque evidentemente es imposible, se trata de tomar riesgos.

Y Theo está aquí para sostenerme, para ayudar a minimizar ese sufrimiento.

Una mentira ha tenido que romperse para descubrir cómo luce una amistad verdadera.