Dulce, Amarga Vida 12
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La puerta del consultorio se cierra tras de mí, y la voz de Leah rompe el silencio.

—¿Pasa algo, Willa?

Sacudo la cabeza, un gesto automático que contradice el torbellino en mi interior.

Tomo asiento antes de que Leah lo sugiera.

Cuando ella se acomoda, cruzando las piernas con su tablet en mano, asiento, sintiéndome ya contradictoria.

Leah comienza a escribir, y no puedo evitar preguntarme si mi vacilación inicial revela algo más que mi simple indecisión.

La verdad es que sí, muchas cosas me abruman.

Si quiero que me guíe, la honestidad es mi única opción.

He tenido una semana caótica. No he dejado de pensar en la forma en la que huí de Theo y siempre llego a la misma conclusión: había reprimido muchas emociones negativas y terminé explotando en el momento menos pensando. Así que pensé que una visita a Leah, una sesión repentina, no me vendría mal.

—¿Hay alguna posibilidad de que lo que yo te diga vaya a parar a manos de Recursos Humanos o Parker…?

—La hay —responde con una calma que contrasta con mi agitación—.

Pero solo en escenarios que ahora mismo considero remotos.

—Hace una breve pausa, y al percibir mi desconcierto, continúa—: Únicamente si me revelas que estás cometiendo algo ilegal, o si tu integridad o la de alguien más está en riesgo…

—Entiendo. —Mi mirada cae un instante, el tiempo justo para que mis dedos rueden el anillo plateado de mi pulgar, sopesando por última vez la decisión que ronda mi cabeza—. No he sido completamente honesta contigo.

—¿A qué te refieres exactamente? —Leah se reclina ligeramente en el sofá, apoyando el codo en el borde, su atención fija en mí.

—Mi ascenso me es indiferente, me da igual si… ¡Detesto trabajar en Healthchic, lo aborrezco! Pero ese no es el punto —me apresuro a decir—. El verdadero problema es que necesito ayuda, de verdad, y la única forma que encontré para estas sesiones fue mintiendo.

Después de unos segundos que se sienten eternos, bajo su mirada penetrante pero amable, Leah exhala un suspiro casi inaudible.

—¿Qué tipo de ayuda es la que necesitas?

—Tengo miedo —confieso—. Desde que recuerdo, he tenido miedo de fracasar, de no cumplir las expectativas, de no ser lo suficientemente buena.

Por eso nunca lo intento, nada de lo que realmente quiero hacer lo hago por miedo a que se desmorone.

¿Y entonces qué? ¿Qué pasa si no soy buena en lo que creo que soy?

—Seco una lágrima que se asoma, un movimiento rápido y torpe.

—En ese caso, aprendes. Si algo te gusta, si quieres dedicarte a ello y sientes que aún no eres buena, puedes prepararte, intentar mejorar.

Y si ves que no se te da bien, si te das cuenta de que no es lo tuyo, exploras otras opciones.

—Se encoge de hombros—. ¿No te parece emocionante?

Buscar aquí y allá hasta encontrar tu vocación.

—¿Pero a los treinta? —comento con un desánimo evidente—. ¿No es algo que se supone que hacemos antes de los veinte?

—¿Volvemos a lo mismo? Creía que habíamos avanzado.

Deja de ver la edad como un límite. No te cierres, Willa.

Y, sobre todo, no te preocupes. Mejor ocúpate.

—Hace una pausa—. Hagamos algo, visualiza esa vida que quieres, dentro o fuera de Healthchic, es tu decisión.

Simplemente identifica los problemas y busca soluciones. Un paso a la vez.

—¿Qué ocurre si la lista de problemas es interminable?

Lo es. No se limita a un plan y un préstamo. Implica lidiar con leyes y contabilidad. Implica alquilar un espacio, conseguir licencias. Implica dejar de cargar con esta sensación de fracaso.

—Un paso a la vez. Busca una solución para cada paso —recalca—.

Míranos ahora. Desde el inicio de nuestras sesiones has ocultado la verdad, pero hoy eliges la honestidad.

—Hace una pausa significativa—. Willa, entiendo que, a veces, la vida se presenta como un laberinto confuso, pero está en nuestras manos perdernos corriendo sin rumbo o avanzar con cuidado hasta hallar la salida.

La sesión concluye poco después, con la insistencia de Leah en que no vea mis preocupaciones como una montaña insuperable, para evitar que el agobio me paralice.

—Gracias de verdad. —Mi gratitud va más allá de su ayuda profesional, también agradezco su comprensión por mi engaño inicial.

—Mi rol aquí se centra en dificultades del ámbito laboral, así que, sea cual sea el obstáculo que enfrentes, si sientes que interfiere con tu desempeño, no dudes en volver, ¿entendido?

Asiento, una sensación de alivio me invade por haber sido sincera con Leah, por haber tomado una decisión acertada por primera vez en mucho tiempo.

* * *

Los viernes a las cuatro de la tarde, la oficina se sume en una pausa.

El cansancio se siente denso en el aire; nadie tiene la menor intención de seguir trabajando, ni siquiera de fingir interés.

De lunes a jueves, a esa hora, todos teclean frenéticamente o se mueven con prisa, como si su vida dependiera de ello.

Los viernes, en cambio, permanecen inmóviles, la mirada fija en la pantalla, el ceño muy fruncido.

Winston creía que pasábamos la tarde haciendo balances o informes, en lugar de mirar ofertas de Amazon.

Aunque ahora que lo pienso, a Winston era más fácil engañarle, no estoy tan segura de Parker.

No los culpo, al contrario, soy una más.

Cada viernes, a las cuatro, después de imprimir las estadísticas de Cynthia y mías, me pongo los auriculares y dejo que alguna canción recién descubierta en una banda sonora me anime la tarde, mientras organizo mi Pinterest (mi bolsillo no da para Amazon, así que evito tentaciones).

Sin embargo, hoy es la excepción. Esta semana lo es.

Desde mi último encuentro con Theo, hice lo que cualquier adulto haría tras derrumbarse ante su peor enemigo: desaparecer.

Y como ya no tengo que preocuparme por nuestro estúpido plan, puedo disponer de todo mi tiempo para seguir el consejo de Leah.

Abro mi libreta y apunto paso a paso todo lo que necesito para mi negocio.

Requiero de un plan y un presupuesto detallados antes de pedir el crédito.

Y aquí es cuando me arrepiento por haberme negado a recibir la ayuda de Theo.

¿Recuerdas cuando te dije que suelo pensar y pensar las cosas y al final solo tomo decisiones impulsivas de las que me termino arrepintiendo?

Nada más que añadir. Mientras encuentro una solución para ello, puedo ir reuniendo los demás requisitos.

Por último, abro mi calendario y me doy un margen de veinte días para tener todo listo.

No necesito preocuparme, necesito buscar soluciones.

Una vez más le doy un vistazo a mi lista de objetivos. Debo reconocer que luce mejor que hace diez años. Luce mejor que hace un par de meses. Al menos ya he tachado dos propósitos y estoy a punto de tachar un tercero.

Levanto la mirada y siseo a Cynthia para llamar su atención. Ella se señala y asiento.

—¿Tienes planes para mañana por la tarde? —pregunto, casi en un susurro.

—No, nada en especial, ¿por qué? —responde también en voz baja, intentando no romper el silencio casi sepulcral de la oficina.

—¿Te apetece tomar un café?

Cynthia asiente sonriente mientras me doy una palmadita mental. Hacer amigos no tiene por qué ser tan complicado, ¿verdad?

Un mensaje de mi jefa irrumpe en la pantalla, haciéndome saltar del asiento al instante.

Siento todas las miradas fijas en mí mientras cruzo la oficina hacia su despacho.

No puedo evitar pensar que mientras la mitad de mis compañeros se preguntan si Parker me llama para despedirme, la otra lo celebra por adelantado.

Al acercarme a la puerta, calculo mentalmente cuánto dinero tengo en el banco para saber cuánto podré aguantar sin ingresos hasta encontrar otro trabajo.

—¿Sí? —digo, abriendo la puerta con cautela.

Mi expediente está sobre la mesa. Bingo. Healthchic va a hacer recortes y yo soy la primera . Intento esbozar una sonrisa. Seis meses. Podría vivir seis meses de mis ahorros antes de tocar fondo.

—Siéntate, Willa —ordena Parker. Se reclina en su silla, con una tranquilidad pasmosa, como alguien que no tiene que cancelar su suscripción a Prime Video y Mubi ni aplazar su visita (otra vez) a Universal Studios Hollywood porque está a punto de quedarse sin trabajo—. He estado observando lo que haces.

Me ha pillado. Ha visto mi historial incluso en incógnito. Sabe que actualizo Pinterest desde la oficina, en horario laboral. Y que también he estado buscando cómo hacer bien una decocción para una tarea del curso de mixología .

Sin embargo, a pesar de mi pesimismo y mi miedo, su respuesta no puede estar más lejos de lo que he pensado.

—He revisado las evaluaciones de Winston, y me alegra saber que piensa como yo, Willa. Eres una empleada ejemplar, siempre lo has sido. Yo lo sé, lo sabe Winston. Por eso me sorprende que no te haya ascendido. De hecho, me molesta. Así que voy a arreglarlo yo misma.

—Pero si ya me has ascendido —arrugo la nariz al darme cuenta de que se me ha escapado en voz alta.

Por suerte, a Parker parece hacerle gracia. Se endereza en la silla y el cuero cruje bajo su peso.

—Así es, y aunque te has desempeñado muy bien, me comentaste que no te veías trabajando como analista de ventas, así que lo reconsideré.

—Apoya los codos sobre la superficie de cristal antes de continuar—.

Hablé con Voyter —el presidente de Healthchic— y le expliqué que la nueva bebida no ha tenido el impacto deseado en ventas porque no se está promocionando correctamente.

Toda la publicidad se centra en lo bonito que es el envase y lo genial que queda en las manos de Barbara Lewis —la modelo imagen de la campaña—.

¿De verdad pensaban que con eso basta? Quizá hace diez años, pero ahora no.

—Resopla mientras sus dedos tamborilean la superficie del escritorio—.

¿Sabes cuánta publicidad engañosa hay por ahí?

Miles. Todas prometen resultados milagrosos, pero ninguna muestra el proceso.

Y el proceso es lo único que nos garantiza que lo que vemos es real.

—Entiendo... —apenas musito, simplemente porque Parker hace una pausa y espera que diga algo.

—Healthchic tiene su propia página web, ¡su propio blog!

Y están completamente desfasados, ¿te lo puedes creer?

¡Se supone que somos chic ! —Exhala pesadamente, intentando recuperar la compostura, y luego continúa—: Le propuse a Voyter renovar el blog.

Le aseguré que tenía a la candidata perfecta para ello.

No…

Parker sonríe como si me anunciara que he ganado la lotería. Yo, en cambio, soy incapaz de parpadear, hablar o respirar.

—Yo... —intento decir.

—Escúchame, Willa —me interrumpe—. Eres enfermera, así que dominas la jerga médica.

Te encanta aprender cosas nuevas, y lo haces rapidísimo.

¡Y eres supercreativa! —dice, señalando mi camiseta que pone «Soy un 10, pero sé lo que es Panem (así que soy un 12)»—.

¡Mira tus camisetas, esas libretas que te haces tú misma!

Le dije a Voyter que tenía a la redactora perfecta... —hace una pausa dramática—: ¡Tú!

¿Yo?

¿Por qué yo?

A ver, que no voy a ser desagradecida. Parker me considera una buena trabajadora, una trabajadora creativa, una trabajadora que se merece un ascenso.

Pero, ¿es eso lo que quiero? Desde luego, no me apetece pasarme el resto de mi vida archivando carpetas con documentos que apenas entiendo o haciendo gráficos, que me parece aún peor.

¿Pero redactar? A veces me veo con chispa, lo que pasa es que…

¿escribir sobre batidos milagrosos que te dejarán como Barbara Lewis?

Lo más parecido a eso que he escrito es mi crítica de La Sustancia.

Ah, y también tengo una libreta llena de recetas de cócteles sin alcohol, pero nada de lo que he apuntado ahí se puede considerar escritura creativa. He necesitado creatividad para prepararlos uno a uno, pero ha sido todo a base de prueba y error.

—Si acepto… ¿van a echar a alguien?

Ni siquiera me he planteado del todo la posibilidad de aceptar, pero supongo que es momento de hacer las preguntas importantes.

—¿Qué? ¡No! —Suelta una risita antes de añadir—: Ahora mismo, los artículos los redacta uno de los community managers . No me extrañaría que esté usando inteligencia artificial para ello.

Vale, esto no me ayuda nada. Si me hubiera dicho que mi nuevo puesto implicaría el despido de otra persona, habría dicho: «¡Vaya! Qué mal, entonces mejor lo dejo pasar. Gracias». Y lo diría con total sinceridad.

—¿El sueldo? —Me aclaro la garganta—. ¿Cuánto ganaría en este puesto?

No voy a fingir que el dinero no me importa, porque una de las principales razones por las que no he dejado este trabajo es el terror que me da perder mi única fuente de ingresos. Es lo único que me permite cubrir mis necesidades básicas y las de mi madre.

—¡Esa es la mejor parte! —Se muerde el labio inferior mientras sonríe y se apoya con los antebrazos en el escritorio para acercarse más a mí—. ¡Es el triple de lo que ganas ahora mismo!

No está mal .

—No quiero presionarte, Willa. De hecho, he logrado convencer a Voyter y la junta está dispuesta a invertir más dinero en el blog, pero quieren hacerlo para el año nuevo.

Ya sabes, renovar la imagen y todo eso —explica—.

Eso significa que podrás sustituir a Cynthia sin problemas, y antes de que regrese, tendrás un nuevo puesto.

Te lo digo con antelación para que no te tome por sorpresa y puedas pensarlo bien. Consúltalo con tu novio, si lo deseas.

Por supuesto. Yo estoy mintiendo a mi jefa, mientras ella me ofrece una oportunidad mejor. Mucho mejor.

—Gracias, Parker. —Detesto que mi voz no transmita total convicción, porque realmente agradezco que se haya tomado la molestia de hacer… esto.

De nuevo dejo la rutina atrás, y no puedo estar más emocionada de llegar a casa.

Que mi madre me haya escrito para decir que hoy ella se encargará de la cena me viene de perlas por dos cosas: llego del trabajo más temprano y me libro de ver a Theo.

Aunque esto último es secundario; habría buscado otro lugar para comprar la cena o la habría preparado yo misma.

Pero a veces el universo parece conspirar a mi favor y…

Olvídalo, no recuerdo la última vez que eso sucedió.

Definitivamente no ahora, porque al abrir la puerta me encuentro de golpe con dos cosas: el delicioso aroma de la lasaña y el sonido de esa sonrisa inconfundible.

—¡Willa! —exclama mamá con alegría, sentada justo delante de él, frente a mí—. ¡Mira quién está aquí!

Theo se gira lentamente, apoyando el brazo en el respaldo del sofá, y con una sonrisa condescendiente, cargada de una sutil arrogancia, dice:

—¡Qué bueno verte!