Dueño de tu Mujer (novela de infidelidad, cornudo, hotwife) Capítulo 8 #3
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Capítulo 8 #3

Mi esposa y mi jefe estaban conectados al mismo tiempo.

Mi paranoia, alimentada por el dolor de cabeza, se disparó como pólvora.

¿Se estaban escribiendo? ¿Se estarían mensajeando en este preciso instante?

Me imaginé a Regina, acostada en nuestra cama matrimonial, mordiéndose el labio inferior, recibiendo mensajes sucios de David.

Quizá él le estaba diciendo lo rica que le había sabido la noche anterior, o quizá la estaba castigando psicológicamente por haber huido a la madrugada.

Me pasé las siguientes tres horas sentado en la sala, como un zombi, entrando y saliendo de la aplicación, intercalando entre el perfil de David y el de mi esposa.

Si ella se conectaba a las 2:45 pm, él aparecía en línea a las 2:46 pm. Si él se desconectaba, ella tardaba un minuto en hacer lo mismo. Era una tortura.

Me estaba volviendo loco con mis propias suposiciones, rastreando los fantasmas de una infidelidad digital porque no tenía el valor de patear la puerta de mi cuarto y exigirle que me enseñara el celular de trabajo que "se le había perdido".

A las cinco de la tarde, escuché el seguro de la recámara girar.

Me enderecé en el sofá. Regina salió, vestida con unos shorts deportivos y una camiseta holgada. Pasó frente a mí, caminando hacia la cocina. No me miró. Su rostro estaba inexpresivo, como si yo fuera un mueble más de la casa. Abrió el refrigerador, sacó una botella de agua y se sirvió un vaso.

—Regi... —empecé, con voz ronca.

—No me hables, Marco —me cortó ella, con una frialdad glacial—. No quiero hablar contigo por ahora.

Agarró su vaso y regresó a la recámara. El portazo y el sonido del seguro volvieron a encerrarla en su fortaleza. Me dejó con la palabra en la boca, masticando mi propia basura.

La culpa empezó a mezclarse con el morbo de una forma insoportable. Mi mente saltó de Regina a Maca.

La imagen de la dulce chica de nóminas, con el vestido floreado arremangado, empapada en sus propios fluidos mientras el patán de Rodrigo se la tiraba, cruzó mi mente.

Y luego, el rostro de Evaristo. Ese pobre ingenuo cargándola en brazos, dándome las gracias con lágrimas en los ojos por "cuidar" de su princesa.

Yo era un monstruo. Un cómplice asqueroso. Había atestiguado la muerte prematura de un matrimonio puro antes de que siquiera se celebrara la boda, y no había movido un solo dedo para impedirlo.

Bueno, hice lo que pude, pero ante el consentimiento de Maca no hubo mucho más que yo pudiera hacer.

Necesitaba hablar con alguien. Necesitaba un ancla, un consejo de alguien fuera de esta oficina maldita antes de que el cerebro me reventara.

Busqué en mis contactos el nombre de Iker.

Iker no era un simple amigo, era mi hermano de vida.

Habíamos crecido en el mismo pueblo, en la provincia, corriendo por calles de y soñando con escapar de la mediocridad.

Para mí, Iker representaba todo lo sólido y masculino que a mí me faltaba.

Él había entrado a la milicia, ahora era sargento y pasaba la mayor parte del tiempo fuera de la ciudad, en operativos en zonas calientes.

Yo, en cambio, había estudiado administración para terminar encorvado frente a una computadora.

Con él compartía casi todo. Éramos polos opuestos, pero nuestra lealtad era de hierro. Iker conocía mis traumas, sabía lo que el divorcio de mis padres me había afectado. Mis papás se casaron a los dieciocho años en el pueblo, llenos de ignorancia y calentura.

Para cuando yo tenía doce años, y con mi hermana menor y mi hermano mediano de por medio, el matrimonio de mis padres se había convertido en un infierno de gritos, resentimientos y cuernos.

La ruptura fue un escándalo en el pueblo. Mi madre se largó con otro, mi padre se dio al alcohol. Yo me juré que jamás repetiría esa historia. Y mírame ahora.

Presioné el botón de llamada, pero me mandó directo a buzón. Iker debía estar en algún operativo en la sierra. Así que abrí su chat de WhatsApp.

Necesitaba desahogarme, pero la vergüenza era una mordaza. No podía decirle: "Iker, mi esposa se está cogiendo a mi jefe, yo lo permití y me masturbé escuchándolo".

Iker, siendo el militar recto y duro que era, tomaría el primer camión a la ciudad y me rompería la cara por cobarde antes de ir a matar a David.

Así que recurrí a la verdad a medias. Le conté la tragedia de Evaristo, usándola como un espejo de mis propios pecados.

Marco (6:10 pm): Hermano, necesito un consejo urgente. Cuando tengas señal, lée esto. Estoy hecho mierda.

Marco (6:12 pm): Ayer en la noche pasó algo asqueroso con gente de la oficina.

Una chica que te había mencionado, Maca.

Se va a casar en dos meses con un buen amigo mío.

Pues ayer, en una fiesta, se la agarraron entre dos del trabajo.

La emborracharon, la manipularon sutilmente aprovechándose de sus dudas, y un cabrón de sistemas se la cogió en un cuarto.

El novio estaba afuera. Y lo peor de todo, Iker...

yo estaba ahí. Yo me di cuenta de la trampa.

Entré al cuarto para sacarla, pero ella...

ella estaba tan ebria y caliente que dijo que lo quería, que era consensuado.

Y yo me quedé congelado. No hice nada. El novio llegó, le dieron las gracias y se la llevó sin saber que se va a casar con una mujer arruinada.

Envié los mensajes. Las palomitas se quedaron en gris. Tiré el celular al sofá y me pasé las manos por la cabeza rapada.

Las horas pasaron. El sol se ocultó, sumiendo la sala en penumbras. Cerca de las diez de la noche, mi celular vibró sobre la mesa de centro. Lo agarré de un salto. Era Iker.

Iker (9:45 pm): Qué puta mierda acabo de leer. ¿Estás hablando en serio, Marco?

Iker (9:45 pm): Dime que es una broma.

Marco (9:46 pm): Ojalá lo fuera. Estoy desesperado, Iker.

Iker (9:46 pm): Pues no hay nada que pensar, cabrón. Le tienes que decir a tu amigo hoy mismo. Ahorita.

Marco (9:47 pm): No puedo. Me tienen amenazado. Rubí es la amante del jefe. Si abro la boca, me corren. Además, Evaristo me agradeció por cuidarla. No me va a creer. Encima me echará la culpa también. Pensará que yo fui parte del plan.

Iker (9:48 pm): Que te corran me vale madres. Consigues otro trabajo. No puedes dejar que ese pobre güey se case con una mujer así.

Tragué saliva. Lo que Iker no sabía es que la excusa del trabajo era solo una fachada. Lo que de verdad me frenaba era mi propia proyección.

Marco (9:50 pm): Pero Iker, velo de esta forma. Si le digo, la boda se cancela. Él la ama con locura, es toda su vida. Su relación se va a ir a la mierda. Y eso es exactamente lo que los que le hicieron la trampa quieren. Quieren verlos destruidos. Si hablo, les doy el gusto a esos cabrones.

El chat se quedó en "Escribiendo..." por casi un minuto entero.

Iker (9:52 pm): ¿Te estás escuchando, Marco? ¿Darles el gusto? El gusto ya se lo dieron cogiéndose a la novia. Lo que tú estás haciendo es proteger a los agresores y a la vieja para no mancharte las manos.

Marco (9:53 pm): Ella estaba ahogada en alcohol, la manipularon sutilmente toda la noche... fue un momento de debilidad.

Iker (9:54 pm): Tú mismo dijiste que al final ella quiso. Las cosas como son. Si le ocultas esto a tu compa, lo estás condenando a vivir engañado. Lo estás volviendo un cornudo.

La palabra "cornudo" me dio un golpe físico en el pecho. Sentí como si Iker me estuviera hablando directamente a mí. Me estaba diciendo a la cara lo que yo era.

Marco (9:56 pm): Si él nunca se entera, puede seguir siendo feliz con ella. Su amor es puro. Si él no sabe, nada cambia en su mundo.

Iker (9:57 pm): No mames. Un matrimonio basado en una mentira así no es amor puro. Es una farsa. Es una casa construida sobre mierda.

Iker (9:58 pm): Los huevos se demuestran en estos momentos, hermano. Le dices tú, o consigo el número del tal Evaristo y le digo yo.

El pánico me invadió. Iker era capaz de hacerlo.

Marco (9:59 pm): ¡No! Prométeme que no te vas a meter. Por favor. Te lo conté en confianza. Es mi problema en la oficina, yo lo resuelvo.

Iker (10:01 pm): Piénsalo bien, Marco. El silencio te hace cómplice. Si te quedas callado viéndolo caminar al altar, eres igual de basura que el güey que se la cogió.

Iker (10:02 pm): Me tengo que desconectar. Mañana salimos a patrullar la sierra. Haz lo correcto.

La foto de perfil de Iker desapareció, volviendo al gris del modo apagado.

Tiré el celular al sillón, pasándome ambas manos por la cabeza, sintiendo la soledad más aplastante de mi vida.

Iker acababa de destrozar mi excusa. Yo no me quedaba callado para salvar la relación de Maca y Evaristo.

Me quedaba callado por pura cobardía, igual que me estaba quedando callado mientras mi propia esposa chateaba con el hombre que me la había robado.

El sábado se convirtió en domingo, y la dinámica no cambió.

David me aplicó la ley del hielo más sádica y absoluta que he experimentado.

Cero respuestas. Cero indicios. Regina se la pasó todo el domingo encerrada, saliendo solo para agarrar comida y regresar a la cueva. La casa se sentía como una tumba.

Y yo, el responsable y pusilánime de este infierno, me pasé el fin de semana durmiendo en un colchón helado, revisando las horas de conexión de mi esposa y mi jefe, ahogándome en la culpa de Maca y esperando a que llegara el lunes.

El despertador sonó a las seis de la mañana del lunes como una sentencia de muerte.