Dueño de tu Mujer (novela de infidelidad, cornudo, hotwife) Capítulo 7 #4
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Capítulo 7 #4

Rodrigo escupió grueso sobre su verga, untándola bien, y se acomodó en la entrada.

Empujó la cabeza gruesa contra su agujero, forzando los labios a separarse alrededor de él.

Y entonces, con un gruñido animal, se la ensartó de un solo golpe brutal, seco y hasta la base, clavando cada centímetro de su polla gruesa en el interior apretado y caliente de Maca.

—¡Ahhhhhh! —gritó ella.

Y sentí que mi corazón explotaba junto a su grito.

El sonido fue carnoso, obsceno, un “schlurp” húmedo y profundo cuando su verga invadió y dilató las paredes vaginales de la chica sin piedad.

Maca soltó otro alarido desgarrador de dolor y sorpresa, un grito gutural que salió desde lo más hondo de su pecho y que fue inmediatamente amortiguado por la mano enorme de Rodrigo, que le tapó la boca con fuerza, aplastándole la cabeza contra el colchón y casi cubriéndole también la nariz.

—¡Mmmphhhh! —el sonido ahogado vibró contra la palma de él mientras su cuerpo se arqueaba violentamente, los músculos de su abdomen contrayéndose, sus pechos pequeños rebotando con el impacto.

Sus ojos se pusieron en blanco por un segundo, lágrimas frescas brotando y corriendo por sus sienes.

El dolor era tan intenso que sus piernas temblaban incontrolablemente alrededor de las caderas de Rodrigo, los talones clavándose en la cama.

Y yoo no podía creer que estuviera pasando esto, con Maca, justo cuando estaba a dos meses de casarse, con un hombre que la amaba, un hombre que se supone que ella amaba.

—¡Rodri! ¡Aaaagggg!

—¡Shhhh! Calladita, perra —le siseó Rodrigo al oído, su aliento caliente y alcoholizado contra su cara, mientras empezaba a bombear sin darle tiempo a adaptarse—.

Que tu futuro esposo todavía viene caminando por la avenida como un imbécil.

Si gritas, va a entrar y te va a ver con mi verga hasta el fondo de tu coño de novia infiel.

Y empezó a follarla con fuerza salvaje.

¡Plaf! ¡Plaf! ¡Plaf!

El sonido húmedo y repetitivo de sus huevos pesados golpeando contra el culo pálido de Maca llenó la recámara junto con el chapoteo constante de su coño empapado siendo destruido.

Rodrigo sacaba casi toda su verga gruesa, dejando solo el glande dentro, y luego la clavaba hasta los huevos con golpes brutales que hacían rebotar todo el cuerpo de la chica.

—¡Ah! ¡Ah! ¡Aaaagggg!

Cada embestida abría su coño al límite, las paredes internas apretándose desesperadamente alrededor de la intrusión venosa, creando fricción ardiente y húmeda.

Los muslos de Maca temblaban incontrolablemente, sus rodillas intentando cerrarse por instinto pero siendo mantenidas abiertas por las manos fuertes de Rodrigo.

Su cuerpo quizá virginal, el que seguramente había guardado para su noche de bodas, estaba siendo sacudido como una muñeca de trapo.

No era hacer el amor; era una cogida brutal, un deporte de dominación donde Rodrigo la usaba para descargar su lujuria, metiéndosela hasta el útero con cada penetrada, obligándola a recibir cada centímetro grueso y caliente.

Maca lloraba en silencio bajo la mano de Rodrigo, lágrimas y babas escapando por los bordes de sus dedos, su rostro rojo y congestionado de dolor y placer.

Pero el alcohol, el dolor inicial lacerante y la dominación bruta comenzaron a mutar en algo oscuro y asquerosamente placentero. Sus gemidos ahogados empezaron a cambiar de tono. Rodrigo le apartó la mano de la boca con una sonrisa sádica.

—¡Ahhh! ¡Me duele… ahhh… duele tanto… pero no pares!

—gimió Maca con voz rota y desesperada, abriendo los ojos desorbitados, la boca abierta en un jadeo constante.

Su llanto se transformó en gemidos profundos y lascivos.

Clavó las uñas con fuerza en la espalda del rubio, arañándolo hasta dejar marcas rojas, arqueando la cintura y levantando las caderas para recibirlo más profundo, más duro—.

¡Ahhh, Dios mío, sí! ¡Más adentro, Rodri! ¡Rómpeme el coño!

Y yo no podía creer lo que oía. Me parecía irreal que chica seria de nóminas, estuviera en este estado de excitación. Ni siquiera en un relato erótico me habría imaginado algo semejante, que una chiquilla pudiera comportarse así en tan solo un par de horas de seducción.

Y lo peor, sabiendo que su novio andaba cerca de aquí.

Rodrigo soltó una risa baja y victoriosa, sintiendo su dominio sobre la muchacha adúltera.

Detuvo sus embestidas de golpe, dejando solo la mitad de su verga gruesa dentro de ella.

Maca se retorció desesperada en las sábanas empapadas, intentando follarse sola contra él, su coño contrayéndose y chupando la polla que la estaba dejando a medias.

—Dile a Marquito que te mire, princesita —gruñó Rodrigo, agarrándola fuerte del cabello y obligándola a girar la cabeza hacia mí—. Dile en voz alta de quién es esta panocha consensuada ahora. ¿Mía o de tu prometido? ¡Habla fuerte, puta!

Maca se retorció como una posesa, desesperada por el orgasmo que le acababan de negar, ahogada en alcohol, lujuria y sumisión total. Su coño palpitaba visiblemente alrededor de la verga de Rodrigo, chorreando jugos espesos que le corrían por el culo y manchaban las sábanas.

—¡Tuya… es tuya, Rodri! —balbuceó con un hilo de voz vergonzoso y quebrada, pero cada vez más alto—. ¡Soy tuya esta noche! ¡Este coño es tuyo, métemela toda, Rodri!

Rodrigo soltó una carcajada sádica y triunfal.

Se sacó la verga por completo con un sonido húmedo y obsceno, dejando el coño de Maca abierto, rojo y palpitante, goteando hilos gruesos de sus jugos.

La verga le brillaba completamente cubierta de la crema blanca y espesa de la chica.

Agarró a Maca por la nuca con brutalidad y le aplastó el rostro contra su miembro caliente y empapado.

—Límpiala, puta. Límpiame tus propios fluidos. Chúpate todo lo que le sacaste a tu coño caliente.

Y Maca, la dulce y tierna Maca, abrió la boca como una puta hambrienta.

Sacó la lengua y lamió desde los huevos hasta el glande, tragando su propia abundante lubricación con gemidos bajos y vergonzosos, chupando y succionando cada centímetro del falo, limpiando sus propios fluidos antes de que Rodrigo la agarrara de las caderas y se la ensartara en el coño de nuevo hasta el fondo con un golpe salvaje para terminar el trabajo.

El alcohol y la fuerza bruta la habían convertido en una perra en celo en menos de quince minutos. Todas eran iguales. Las mujeres con “valores” solo eran rameras reprimidas esperando que un cabrón como David o Rodrigo tuviera los huevos de abrirlas a la fuerza.

Mi Regina… mi Regina seguramente estaba haciendo exactamente lo mismo en este instante, portándose igual de sucia y puta, montada en la verga gruesa de David, rogándole por más leche mientras yo me escondía como una rata en esta esquina.

No pude evitarlo. La fricción constante y humillante de la mano de Rubí frotando mi patética y pequeña erección a través de la tela del pantalón, sumada a la imagen mental de mi jefe fornicando a mi mujer, colapsaron mis sentidos por completo.

Un espasmo incontrolable me recorrió el cuerpo entero.

Me vine miserablemente en mis propios pantalones, chorros calientes y abundantes de semen saliendo a borbotones, empapando mi ropa interior y filtrándose hasta la tela exterior.

Solté un quejido mudo y patético en la esquina del cuarto, apretando los dientes con fuerza, el rostro ardiendo de humillación mientras Rubí seguía palpándome y apretándome el bulto mojado, haciéndome sentir cada gota caliente y pegajosa escurriendo y manchando mi ropa interior.

Temblando violentamente, las lágrimas me corrían por las mejillas.

Rodrigo siguió tirándosela con renovada furia, usando a Maca como un juguete hasta vaciarse dentro de ella con gruñidos guturales, llenándole el útero de semen caliente y espeso.

Maca cayó pesadamente sobre las sábanas, jadeando con la boca abierta, con los ojos en blanco, las piernas separadas y escurriendo los fluidos de su agresor. Estaba arruinada. Ya no era la princesa intocable de Evaristo. Era la sobra sucia del tipo de sistemas.

Rodrigo se sacó el falo con un sonido húmedo. Se limpió cínicamente en la tela del propio vestido de flores de Maca y se subió el cierre de su pantalón. Se giró y me miró desde la cama.

Bajó la mirada hacia mi entrepierna, notando la mancha oscura de humedad que se asomaba en mi pantalón, delatando mi clímax de perdedor.

—Mírate nomás, te corriste en los pantalones como un pinche puberto pervertido, asqueroso de mierda —me dijo Rodrigo, con una mueca de asco—.

Y ahora más te vale que tengas el hocico bien cerrado.

Ahora tú también estás metido en esto. Eres nuestro cómplice.

Si hablas, Rubí le contará todo a recursos humanos y yo mismo le diré a Evaristo que nos diste tu bendición para la cogida.

—¡Son unos putos enfermos de mierda, tú y Rubí!

Rubí se rio por lo bajo, apartando la mano de mi entrepierna empapada y acomodándose el escote.

—Vamos a vestirla rápido, antes de que Evaristo llegue de la farmacia. Vamos. Ayúdame, Marquito, levanta a la novia, que quedó deshecha.

Me puse de pie sintiendo que las piernas me temblaban y que la humedad fría de mi ropa interior me quemaba de vergüenza. Le bajamos el vestido rápidamente, ignorando las bragas blancas que quedaron tiradas debajo del buró, y le pusimos los lentes torcidos en la cara.

Diez minutos después, el timbre del interfón del departamento sonó con un zumbido agudo.

Rodrigo abrió la puerta de la recámara y asomó la cabeza hacia el pasillo.

—¡Pásale, güey, está abierto! —gritó, con la voz más cínica y fraternal del mundo.

Escuché los pasos apresurados del llamado Nerd acercándose por el pasillo, sudando por la larga caminata, con una bolsa de plástico de la farmacia crujiendo en su mano.

—¡Ay, Dios mío, Maca! —exclamó Evaristo, entrando a la recámara a toda velocidad.