Capítulo 13
—Entonces es verdad que le interesa el joven duque, milady —se burló Harper.
—Ese es asunto mío. Si no estás de acuerdo, puedes comenzar a remover la tierra; tengo mucho que plantar... —dijo la joven que metió la carta en su escote para continuar recogiendo hortalizas.
Pensar en que él estaría pronto por la residencia la llenaba de una emoción desconocida.
No podrían hablar de la misma manera en que lo habían hecho en la taberna, pero con verlo se conformaba.
Se sentía como un pequeño ave del jardín comiendo migajas de pan de un niño descuidado.
En ese instante era un manjar. Deseaba observar su porte elegante y serio pasando por el umbral de su casa con la intención de deleitar a sus pobres ojos.
Lo único que debía hacer era saber con exactitud cuándo iría él para no parecer parte del servicio.
Por la tarde fue a la habitación de su hermano, que parecía disfrutar del aislamiento; estaba sentado en la cama leyendo.
—¿Por qué no sales a que te agarre un poco de sol? Estás más pálido que de costumbre. Tantos días encerrado te hacen daño —comentó la joven que fue con la bandeja del té para compartir.
—¿Acaso soy una de tus plantas para necesitar sol? Lo necesario lo recibo en la ventana. La verdad es que me agito si bajo las escaleras. Tendré que esperar un par de días más hasta que mi condición se estabilice y pueda hacer una vida normal.
—Lo siento, James. Sé que es mi culpa. Fui una hermana inconsciente que eché a perder un buen negocio para ti...
—No está perdido. He invitado a William para que me visite y podamos conversar. Por ningún motivo quiero verte cerca, no deseo que lo distraigas.
—¿Distraerlo? ¿Cómo lo haría? —preguntó con fingida inocencia.
—Noté que llamaste su atención, pero eres tonta y desaprovechaste una buena oportunidad. Me hubieses ayudado más cooperando, dándole una sonrisa amable, pero nada de eso se te pasó por la cabeza; preferiste avergonzarme con un lunar y la verruga. Te quité las orejas de elfo y eso tampoco funcionó.
—Lo lamento. No lo volveré a hacer, es una promesa. Si hubiese sabido que lo pasarías tan mal, me hubiese recostado en la cama para que el duque se aprovechara de mí y así salvar tu vida. Puedo hacer muchos esfuerzos por ti, hermano...
—¡Tú! —La señaló—. ¡Desvergonzada! Deberías tener un mínimo de recato.
—¿De qué me sirvieron dieciocho años de recato? Bah, no sirve para nada. Cuidé mi reputación y el nombre de esta casa y, ¿qué obtuve? Rechazos y humillaciones. Ahora entiendo la razón por la que los libertinos hacen lo que desean sin temor a las consecuencias.
—No sigas por ese sendero, Helen, al menos no si de verdad quieres que me recupere. Si quieres matarme, sigue diciendo tonterías que agraven mi situación. Solo te pido lo esencial: decoro y recato.
—Estaba haciéndote un chascarrillo. No haría lo que dije, era solo para saber si tu corazón soporta un poco de presión. Pasaste la prueba con éxito...
—No me hagas bromas, cualquiera de ellas es una palada en el cementerio. Aprende a cuidar tu lengua, hermana mía.
—Siempre estoy haciendo tonterías, ¿puedes disculparme?
También prometo ser más amable con el duque.
Debo compensar mi grosería de la última vez.
Puedo ser solterona, pero lo seré con respeto por los demás.
Quizá en el futuro él pueda ayudar a esta hermana tuya por si te mueres por andar rabioso por la vida.
—¿No crees que tengo razones suficientes?
Dime la verdad, no te burles de mí. Llevo dos años rompiéndome la cabeza por ti, para entenderte e intentar que quieras un esposo para que te cuide y te acompañe cuando yo ya no esté.
Hoy nos tienes a nosotros tres, pero nuestros padres se hacen mayores y yo tengo un pie del otro lado y los buitres me visitan en la ventana esperando que me convierta en su carroña favorita.
No quiero hacerte jurar nada en mi lecho de muerte; me parece deshonesto.
Prefiero arreglar todo en vida. Escucha, Helen, si William te propone matrimonio, le dices que sí y punto.
Es lo que más te conviene y te dará prestigio; no debes desconfiar de él, no es un hombre convencional de los que creen que una mujer pierde valor por no tener virtud.
—Yo tengo mi virtud, pero nadie me cree, James.
No quiero esforzarme en probar mi valor; prefiero no intentar que la gente confíe en mí, ¿para qué hacerlo?
Siempre me han tratado bien y he sido mimada por esta familia.
Sé que no conseguiré a nadie que me crea y me trate con respeto como ustedes.
Sé que conspiran en mi contra, pero es por el inmenso cariño y temor que sienten al creer que en su ausencia no me esperará nada bueno.
Es entendible, pero yo no soportaría que no me trataran con el mismo amor y cuidado que aquí.
Siempre quise salir de esta casa siendo amada, pero mis sueños se desvanecieron y solo queda desconfianza de lo que me rodea.
—No atentes contra la vida de tu joven hermano, Helen. Cuando dices esas palabras, mi pecho se aprieta y el aire escasea, porque no puedo hacer nada más que intentar persuadirte para que cambies tu destino.
—No intentes salvar a quien no quiere ser salvado, James.
Es más fácil y evitas el sufrimiento. No veo nada malo en vivir como soltera en un lugar lejano y pequeño.
Tendré animales y a mis sirvientes. Si dejas mucho dinero para que lo administre, jamás pasaré hambre o peripecias.
Para una dama, lo importante es tener techo, comida y salud.
Debo aceptar lo que me toca; no lo hago con una sonrisa, pero lo acepto como viene.
Incluso tal vez adopte a algún niño de esos que la gente abandona por ahí si se me antojara ser madre.
No todo es malo si ves la libertad con otros ojos.
Después de reunirse con su hermano, no pudo sacarle información sobre el horario del duque.
Tendría que cuidar su apariencia en todo momento.
Verse inmaculada se volvió algo importante.
Por un lado, no quería compromisos, pero quería gustarle a ese hombre y deseaba aprovecharse de eso para su beneficio.
¿Quién cuestionaría los intereses secretos de una solterona que ni siquiera entraba en los círculos sociales? Suponía que absolutamente nadie.
Tendría que ser paciente para poder sobrevivir ese par de días mientras esperaba el momento oportuno de mostrar su encanto casero.
Mientras aguardaba, pensaba en darle una respuesta al duque, pero no se atrevía a escribirle; sin embargo, sabía que, si no lo hacía, la situación no sería creíble; ella debía corresponder a las atenciones de su supuesto amor a distancia.
Se decidió escribir unas palabras para enviárselas a William.
Quizá si intercambiaban misivas una vez por semana, todo sería más sencillo y no existirían presiones, salvo la que le pondría fin con la supuesta muerte.
***
Al despertar, William se preparaba para salir a practicar un poco de esgrima en casa de Charles.
Lo hacían a veces cuando estaban aburridos.
Su cuñado era un hombre de costumbre y los miércoles los dedicaba a alguna actividad que él denominaba casera y masculina en la que excluía a su hermana.
Con frecuencia invitaba al resto de los cuñados y se turnaban para sus prácticas.
Las habilidades físicas eran importantes para ellos y más en tiempos de caos y guerras.
Necesitaban mantenerse activos, por lo que varios de ellos habían superado la barrera de los treinta años.
Mientras iba de salida de la casa, vio al sirviente de lady Helen llegando a su casa.
—Su excelencia, disculpe la molestia. Milady le envía una respuesta a su carta. Dice que es bueno mantener las apariencias correspondiendo a sus palabras...
—Gracias. Ella siempre tan adorable, sin intentar fingir un poco de aprecio —dijo William cogiendo la carta. La leería en el carruaje.
Harper hizo una reverencia y se retiró tan rápido como llegó.
Cuando William tomó asiento en el coche, este miró el papel que tenía en las manos por un par de minutos.
Por un lado, estaba ansioso por leer lo que ella le había escrito, pero por el otro, sabía que no podía esperar demasiado de alguien que tenía el corazón congelado y la mente cuadrada.
Tan solo al pedirle que razonara sabía que no podría hacerlo, al menos no sin hacer un festival de lástima por su situación cuando sabía que no era culpable de nada.
Todo pudo haberse solucionado si se hubiera plantado frente a los demás con el apoyo de sus padres, pero pasó todo lo contrario; como una tortuga, vivía dentro de su caparazón.
Cuando cogió valor suficiente para soportar cualquier golpe o decepción, rompió el sello y comenzó a leer.
Estimado prometido
Las palabras no son fáciles, son costosas para quien duda de la sinceridad de las personas.
El temor impide que las ideas se distorsionen, dejando solo la realidad de su presencia, esa que no comprende negativas y que acepta lo malo como bueno.
No sé si se trata de lealtad, pero si no lo es, se parece demasiado.
Me despido esperando su próxima carta para saber qué le parece mi visión de la vida.
Atentamente.
Su prometida.
Para su sorpresa, no tuvo que cortarse una vena por la tristeza.
Era evidente que ella se había esforzado por demostrar un poco de afecto.
Era lenta, pero estaba seguro de que algo brotaba en su interior, dándole esperanza para que su vida cambiara.
A Helen solo le faltaba comprensión, alguien que estuviese dispuesto a todo por ella, y él era esa persona.
Desde que la vio, supo que no importaba el tamaño de su cruz; la seguiría hasta los confines del universo si pudiese.
Ese día estuvo hasta la tarde en casa de su cuñado, practicando, comiendo y bebiendo para pasar el rato como buen noble ocioso, pues en dos días más iría a la casa del duque de Albine para continuar sus negociaciones con James.
Este ya se sentía mejor para poder hablar mucho tiempo y debatir; solo debía cuidar de no matarlo, como le advirtió el mismo marqués en su carta invitándolo a discutir sus pendientes.
Debían soportar un par de días más para poder disfrutar de la presencia de la joven.
Pensó en arreglarse mucho e ir cargado como un pavo real para que ella viera que a él le sobraban recursos y que le daría una buena vida si Helen decía que sí a su propuesta de matrimonio.
Sabía que estaba siendo demasiado positivo, pero confiaba en sus habilidades.
Tuvo demasiado tiempo de práctica para poder hacer un buen papel en ese aspecto.
El libertinaje no solo significaba placer, sino también entrenamiento para buscar esposa.
Con lo que aprendió, la joven no tendría escapatoria; tarde o temprano debía caer en sus manos.
***
En casa del duque de Albine desde la cocina decidieron que ese día comerían pato. Matar emplumados era la especialidad de Helen. No tuvo que hacer mucho esfuerzo para cogerlo porque el gallinero no era tan grande como para que pudiese escapar.
Mientras hervía el agua para colocar el ave para poder desplumarla, vio que Ingrid corría hacia ella como si estuviese desesperada.
—¡Milady! ¡¿Qué está haciendo?! Debería estar viéndole hermosa, no como un perro de cacería.
—¿Cuál es el apuro?
—¡El carruaje del duque de Welberg está frente a la residencia!
—¿¡Qué?! ¿¡Qué clase de pecado cometí en mi vida anterior para tener que soportar este tipo de humillaciones!? No puedo creer que esté aquí cuando estoy matando un pato. Qué miseria —se quejó.
—Se ve muy hermosa, pero el hedor del pato contamina la zona; su oloroso perfume francés no puede contrarrestarlo.
—Pues bien. Debe verme en mi ambiente natural. Mato animales para practicar para mi futuro. No es motivo para esconderse. Debo tener valor y sonreír con los pendientes que llevo días poniéndome. Al menos verá que tengo voluntad de seguir este juego como él quiere.