Capítulo 12
Despertó más tarde que de costumbre, pues durante la noche no pudo descansar tranquilo, porque revivía el beso una y otra vez como si pudiese ir de nuevo a la posada a revivir cada segundo de aquel momento gozoso.
Desayunó solo en el comedor, porque sus padres no quisieron molestarlo.
Después salió rumbo a la residencia de lady Stell.
Deseaba hacerlo todo de manera personal para que se le diera celeridad a la investigación.
Con dos años en contra, no sabía si podrían encontrar algo que ayudara a dilucidar el asunto.
Una vez que tocó la puerta, el mayordomo de la residencia lo dejó entrar. Al poco tiempo vio a lord Stell. Este tenía un aire refinado, elegante, serio y confiable. Era quien llevaba los asuntos del banco, mientras su esposa se ocupaba de lo menos legal.
—Buen día, su excelencia, es extraño verlo por aquí... —saludó el conde.
—Lord Stell, solo he venido por un asunto particular para conversar con milady...
—Ah, ¿no me diga que entrará en negocios sucios? Déjeme convencerlo de quedarse en el camino del bien. Ella no debería patear la olla que le da de comer...
—Oh, no, no, lord Stell. Lo que deseo es que averigüe algo para mí, sobre el secuestro de lady Helen, la hija del duque de Albine...
—Mmm... Recuerdo ese caso. Pudo ser recuperada en dos horas a las afueras de la ciudad...
—Sí, pero nunca supimos sobre quiénes fueron los autores intelectuales.
—Ciertamente eran delincuentes comunes, pero contratados.
No creo que a esos hombres se les ocurriera secuestrar a la hija de un noble para obtener recompensa.
Es una pena que todos estén muertos y no podamos sacarles información, aunque, como dice Katherine, siempre dejan cabos sueltos.
No existe el crimen perfecto, solo que la familia no le dio más importancia porque querían resguardar la integridad de la joven.
Nosotros tratamos el asunto de forma privada, pero la gente supo lo que ocurrió; esa persona debió ser la que pensó en todo, aunque se anticipó en el chisme con exageraciones, lo que hizo que ella tuviese una vida difícil.
—Estuve pensando y creo que fue una familia poderosa la que no deseaba que milady tuviese una buena presentación en sociedad.
Todo esto debió ser por intereses frívolos y egoístas para sacar a la competencia del camino.
Fue más que planeado para hundir lo único valioso que tiene una dama: su reputación. ..
—Su excelencia, me gusta verlo por aquí... ¿Mi esposo no quiso darle dinero limpio? Tengo mucho que ofrecer, pero con tasas un poco usureras... —habló lady Stell que se acercaba con un niño pequeño agarrado a su mano.
Él hizo una inclinación de cabeza para saludarla.
—Lamento defraudarla, pero lord Stell me ha convencido de que continúe en el camino del bien; sin embargo, vine por otro asunto.
—¡Déjeme adivinar! Me encanta hacerlo para saber si mis informantes lo saben todo. Se trata de la mujer misteriosa de la taberna...
—Usted tiene la nariz en todas partes, milady...
—No sería quien soy si no tuviese el poder. El dinero es inútil comparado con la información que se puede recabar. Saber sobre los secretos de los demás mantiene vivas las conversaciones con mi queridísimo esposo...
—Me llamas chismoso frente al resto, querida. Me llevaré al niño para que no oiga tus maldades. No quiero que siga ese camino.
Lord Stell cogió a su hijo en brazos y lo llevó fuera de la casa.
—Su excelencia, usted quiere algo que yo ya tengo, pero que nadie me pidió. Apenas el caso se descubrió, seguí la pista hasta el culpable.
El corazón de William comenzó a latir con más fuerza. Lo que esa mujer podía decir valía oro.
—Hizo más de lo que se le pidió, milady...
—Cuando una mujer está involucrada, quiero que todo se resuelva. Por eso no descansé hasta que Hope tuvo su propia venganza. Lady Helen debe tener la suya. Ya era hora de que alguien se preocupara por ella para ayudarla. No merece lo que le ocurre.
—Lo que me diga lo aprovecharé y tomaré justicia por mi mano. Quiero limpiar su reputación y convertirla en mi esposa...
—La familia Preston es tan noble y limpia que me da vergüenza que vengan a mi territorio contaminado. Cedric es el único que puede estar aquí porque está tan sucio como pocos...
—La escucho, milady.
—Fue el marqués de Roosevelt. Aquel tiene una hija de la misma edad que lady Helen, aunque menos agraciada y más pobre.
Este hombre no toleraba a la hija del duque no solo por el valor de su dote, su dinero y su belleza, sino porque era orgullosa y se pavoneaba frente al resto, causando envidia en la pequeña temporada y cenas privadas de invierno.
No obstante, nada le salió bien, porque su hija tampoco se ha casado.
Echaron a perder la reputación de esa joven por nada.
Usted sabe, a un burro no hay forma de sacarle leche. No era bonita, ni codiciada.
—¡Maldición! Fue por nada... Qué frustración. Al menos debió valer la pena el sacrificio que hicieron para echar a perder la vida de milady. La originaron estúpidamente —gruñó con la ira corriendo por sus venas.
—Así es. Arruinaron la vida de una inocente. Lady Helen no es la más amable de las jóvenes, pero no merecía lo que le ocurrió. Su destino quedó marcado por esto y es muy difícil voltear la situación a su favor, no sin exponer a la familia del marqués, los verdaderos culpables de esta desgracia...
—Odio que mis suposiciones fuesen correctas. Quería creer que fue un secuestro al azar para llevar dinero, pero nada cuadraba en mi cabeza.
—Hace bien en suponer esto. Los delincuentes comunes no son tan inteligentes. De hecho, son analfabetos, no son capaces de hacer ni siquiera una intimación para el rescate... Espero haber sido de ayuda. Quisiera poder hacer más, pero lo que le digo es negro sobre blanco, no hay dudas.
William dejó la residencia de lady Stell con la cabeza más clara que nunca.
Se pondría a disposición de Helen para lo que necesitara; si lo que deseaba era vengarse, serviría a la familia del marqués de Roosevelt en bandeja de plata para el duque de Albine.
Sabía que este no se detendría a pensar en las consecuencias, porque nadie se detuvo a pensar en lo que le podía pasar a la reputación de una joven casadera.
Tomarían la justicia en su mano y la ejecutarían sin compasión.
Cualquiera podría decirle que no se involucrara, pero él estaba unido a Helen por el destino.
No tenía dudas sobre eso, lo sentía en su corazón.
Su encuentro en la taberna fue algo que la vida quiso que ocurriera; ambos eran las personas ideales en el lugar correcto.
Tal vez debió ser en otro sitio, mas William se conformaba con estar cerca de Helen.
Aquella tenía algo en particular que le atraía, no solo su belleza y carisma dignos de una gran matrona en el futuro, sino que su personalidad desequilibrada y pesimista eran como un aire fresco que le ayudaba a sus cansados pulmones a seguir adelante.
Quizá esto era lo que se sentía al estar enamorado.
No se había puesto a pensar en ello, aunque reconocía algunos síntomas que vio en algún momento en sus hermanos.
Comunicar lo que sabía debía hacerlo lo más pronto posible, pero no quería utilizar todas sus artimañas para acercarse.
Sus excusas debían ser pausadas e inteligentes, porque si de él dependiera, ya hubiese montado un campamento fuera de la residencia de la joven; no obstante, sus padres lo arrastrarían de la oreja para llevarlo a la casa de vuelta.
Decidió que la mejor forma de comunicarse era por una carta que tuviese algo de serio y a la vez encantador.
Su idea era enamorarla con las palabras para que, llegado el momento de decidir qué hacer con su vida, esta dijera que deseaba compartir lo que quedaba de ella a su lado.
Para eso debía hacer el trabajo previo. Ningún amor sobrevivía sin regarse, por eso William se encargaría de que a la semilla que deseaba que creciera en el corazón de Helen no le faltara riego.
***
Lo bueno de algunos días para Helen era cuando deseaban comer una sopa de pollo, un pato asado o una pata de cerdo, pues ella podía ir con sus utensilios hasta el chiquero, afilarlos y proceder a la matanza.
Desplumar y quitar la piel era otra parte que daba mucho trabajo, pero ella estaba encantada.
Cualquier cosa que la sacara del aburrimiento del bordado, libro o música, era bienvenido.
Lo malo era que su familia no era amante de sus buenas artes con el cuchillo. De verdad tenía talento para matar.
—¡Milady! —exclamó Ingrid, que llegó al jardín mientras ella recogía algunas hortalizas en su delantal.
—¿Qué ocurre? —curioseó la joven.
—Llegó una carta. Nadie la ha visto; la cogí antes de que lo hiciera su madre, apenas se descuidó y pude sacarla del montón. Todos sabemos que nadie más que cierto caballero le escribiría...
Helen dejó lo que estaba haciendo y se limpió las manos en el delantal para leer lo que le escribió el duque. Su corazón latía con fuerza al imaginar lo que podría ser. Solo esperaba que no se tratara de alguna mención indecente.
Mi adorada lady Helen
Me complace saludarla, como pocas veces tengo la oportunidad. Mi memoria no le hace justicia a su gracia y su belleza; la busco en medio de mis sueños y en cada rostro que alcanzo en las apresuradas calles de la gran ciudad.
Añoro el momento en que me diga que está dispuesta a ser la esposa de este humilde servidor. Me permito recordarle estas palabras en las próximas misivas que le escriba. Como demostración de mi afecto, espero que estos pendientes le gusten.
Atentamente,
Su prometido.
En la parte de debajo del sobre estaba el par de pendientes que le había enviado el duque.
Eran diamantes de excelente calidad. Con los años que tenía comprando joyas, lo sabía.
Ese obsequio era demasiado valioso. No podía evitar sonrojarse con las palabras que leía.
Podría tener sueños muy interesantes leyendo esa carta cada noche. Este hombre sabía jugar con su encanto.
—Se hace llamar un humilde servidor y después envía estos pendientes ostentosos. Dime a quién debo creerle, a sus acciones o sus palabras... —sopesó con una sonrisa sin dejar de mirar las joyas.
—¿Puedo leer su carta o tiene muchas cosas que no debo saber, milady?
—Léela. No hay misterios, pero no puedo pretender que no te dé envidia el contenido —afirmó pavoneándose—. Este caballero se toma en serio el papel de prometido falso.
Ingrid leyó con detenimiento y se conmovió. Al terminar, miró con reproche a Helen.
—No creo que alguien pueda fingir estos sentimientos, milady.
Creo que está aprovechando la oportunidad para seducirla entre líneas.
Es tan inteligente... No solo es atractivo, también tiene un cerebro que es capaz de hacer planes elaborados y eso es mucho para una cabeza masculina cuando se trata de romance.
—Lo ensalzas demasiado, Ingrid. Te aseguro que no es tan virtuoso como parece...
—O usted no es tan virtuosa como piensa y se está sobrevalorando.
—No lo sé, pero esto sirve para mí. Si mi madre quiere hurgar entre mis cosas, dejaré este pequeño dulce para que lo disfrute y no moleste.
El día que me pidan conocerlo, este caballero de armadura dorada tendrá que desaparecer.
Es lo más conveniente. Debo cuidar mi mente y no caer en la humillación. ..
Después de unos minutos, Harper fue al jardín y vio a su ama e Ingrid cuchicheando.
—Milady, su hermano le ha enviado una carta al duque de Welberg. Es probable que le pida venir a la residencia. Debería prepararse para la llegada de su excelencia en cualquier momento... —contó Harper con diligencia.
—No puede verme como una indigente. Soy la hija del duque. Cuando venga, me veré preciosa...