Drake, error millonario (Los millonarios del Wonderland Club 1) 26
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Hallie

Cuando llegué a casa me metí directamente a la ducha.

Necesitaba quitarme de encima el frío, la lluvia y, si era posible, las últimas horas de mi vida.

Lo último no funcionó.

Casi media hora después estaba acurrucada en el sofá, con el pelo húmedo y una infusión caliente entre las manos, intentando entender algo que seguía sin tener ningún sentido.

Mi padre había matado a Olivia, Olivia había sido la novia de Drake y Drake lo sabía.

Él había sabido quién era yo desde el principio.

Y, por si aquello no fuera suficiente, mi padre había conseguido complicarlo todavía más antes de que terminara nuestra visita, porque me explicó que Drake había ido a verlo a prisión hacía un par de años.

Se había presentado allí y le había contado que yo trabajaba para él. Que estaba bien. Que era buena en mi trabajo. Que era… maravillosa.

Esa había sido la palabra. Maravillosa.

Después le había dejado claro que nunca lo perdonaría por lo que había hecho, pero que había querido conocerlo.

Y le pidió que no me contara sobre su visita.

No entendía nada.

¿Por qué me había contratado?

¿Por qué me había mantenido a su lado durante cinco años?

¿Por qué demonios había acabado enamorándose de mí?

Cogí el móvil. Necesitaba hablar con alguien. Con Blair no podía. Era su hermana. No quería colocarla en medio de aquello y, además, ni siquiera sabía cuánto conocía de toda la historia.

Trevor quedaba completamente descartado.

Y la única persona con la que podía hablar sin preocuparme por lo que pensara de Drake ni por tomar partido era Mía.

Abrí la aplicación.

—Mía.

Esperé.

Nada.

Volví a intentarlo.

La pantalla tardó unos segundos en responder:

—Se ha producido un error. Inténtalo de nuevo más tarde.

La miré con incredulidad.

—¿En serio?

Volví a pulsar y me devolvió el mismo mensaje.

—Perfecto. Cinco años hablando con una inteligencia artificial y decide abandonarme justo el día que descubro que mi novio sabía que mi padre había matado a su novia. Fantástico sentido de la oportunidad.

Dejé el móvil sobre el sofá.

Vibró casi inmediatamente.

Por un instante absurdo pensé que Mía había resucitado, pero no: era Drake.

El corazón me dio un salto mortal.

No había texto, solo un vídeo. Me quedé mirándolo sin llegar a abrirlo.

Había sido muy clara.

Le había dicho que no quería escucharlo. No quería explicaciones. No quería que cogiera todos aquellos hechos imposibles y los ordenara de una forma que consiguiera hacerlos parecer razonables.

Bloqueé el teléfono y lo dejé. No iba a verlo.

***

A la mañana siguiente seguía sin ver el video. Tampoco fui a trabajar, a pesar de ser lunes.

A las ocho y media debería haber estado en mi mesa revisando la agenda de Drake, respondiendo correos y recordándole alguna cosa que él aseguraría que ya recordaba.

En lugar de eso seguía en pijama.

Había apagado la alarma cuando sonó y enviado un único correo a Recursos Humanos diciendo que no iría por un asunto personal.

No sabía si volvería.

Cada vez que pensaba en entrar otra vez en Bond, sentarme frente al despacho de Drake y verlo al otro lado de aquellos cristales, se me cerraba el estómago.

Lo más lógico era dejarlo, tal como había dejado nuestra relación.

Habíamos sido oficialmente pareja durante menos de veinticuatro horas.

Veinticuatro putas horas.

Probablemente era algún tipo de récord.

Pasé la mañana haciendo cualquier cosa que me permitiera no pensar. Puse una lavadora que no necesitaba poner. Ordené un cajón. Empecé una serie y veinte minutos después me di cuenta de que no sabía ni cómo se llamaba la protagonista. Y cada vez que cogía el móvil, allí estaba. El vídeo.

No lo había eliminado.

Tampoco lo había abierto.

A mediodía estuve a punto de hacerlo, pero vencí la tentación.

A las tres volví a abrir nuestra conversación.

Cerré la aplicación.

A las cinco me preparé otra infusión.

A las cinco y cuarto ya estaba mirando el móvil otra vez.

Era ridículo.

Si quería dejar a Drake, podía hacerlo después de escuchar lo que tuviera que decir.

Si quería dejar Bond, también.

Ver un vídeo no cambiaba nada.

Solo me daría respuestas.

Cogí el móvil y pulsé reproducir.

Drake apareció en la pantalla. La imagen se movió durante unos segundos mientras dejaba el teléfono apoyado en algún sitio y después se sentó frente a la cámara.

No estaba en Bond. Reconocí el salón de su loft. Iba vestido en camiseta y vaqueros, con el pelo desordenado y una expresión cansada en el rostro.

—Hola, Hallie.

Hizo una pausa.

—Si estás viendo este vídeo, supongo que significa que has decidido escucharme.

Sé que me pediste que no intentara explicártelo, pero hay demasiadas cosas que necesitas saber antes de decidir qué quieres hacer conmigo.

Con nosotros. Incluso con tu trabajo. —Se inclinó hacia delante, apoyando los antebrazos sobre las piernas—.

Así que voy a contártelo todo. Tú decides si quieres seguir mirando.

Tragué saliva.

—Es cierto. Cuando te contraté sabía quién eras.

Todo empezó cuando recibimos tu currículum.

Recursos Humanos me pasaba los perfiles que consideraba más interesantes para que hiciera una primera criba antes de las entrevistas.

Vi tu nombre y reconocí el apellido enseguida.

Calloway. No era un apellido que pudiera olvidar.

Cuando al indagar confirmé que eras la hija del hombre que mató a Olivia yo…

simplemente no podía creerlo. ¿Cómo era posible que su hija tuviera la poca vergüenza de pedir trabajo en mi empresa?

Drake bajó la mirada durante unos segundos.

—Así que pedí que te citaran. Y voy a decirte algo de lo que no estoy orgulloso.

En aquel momento todavía estaba muy enfadado.

Con tu padre, con lo que había pasado, con un montón de cosas que llevaba años sin saber dónde colocar.

Así que fui mezquino. Quería conocerte. Quería sentarte delante de mí y hacerte pasar un mal rato.

Ponerte nerviosa. Hacerte alguna pregunta que no supieras responder.

No sé. Supongo que una parte de mí quería dejarte en ridículo y sentir que, durante cinco minutos, tenía algún tipo de control sobre algo relacionado con todo aquello.

Drake negó lentamente con la cabeza.

—Era injusto. Y bastante miserable. Pero te prometí que iba a contarte la verdad. El día de tu entrevista yo había tenido una reunión fuera. Volvía andando a Bond cuando te vi.

Fruncí el ceño.

—No sabía que eras tú, pero llamaste mi atención. Estabas parada delante del escaparate de una tienda. Había un vestido expuesto y estabas mirándolo. Te quedaste allí bastante rato.

Una sonrisa mínima apareció en su boca.

—Entonces miraste tus zapatos.

Se me cortó la respiración.

Sabía exactamente de qué estaba hablando.

—Tenían varios desconchones en la punta. Sacaste un rotulador permanente negro del bolso y empezaste a pintarlos. Allí mismo, en mitad de la calle. Después guardaste el rotulador, te miraste en el reflejo del escaparate, te colocaste el pelo y seguiste andando.

Drake guardó silencio un momento.

—Y yo te seguí.

Mi corazón latió más deprisa.

—No porque quisiera hacerlo. Íbamos al mismo sitio. Tardé unos minutos en darme cuenta de que eras tú. La mujer a la que iba a entrevistar unos minutos después. La hija del hombre que mató a Olivia.

Se frotó la mandíbula.

—Y algo cambió —continuó Drake—. Porque hasta ese momento eras una extensión de tu padre en mi cabeza.

Un apellido. La hija del hombre al que llevaba años culpando de haber destrozado mi vida.

Pero verte allí, intentando que unos zapatos viejos parecieran nuevos porque necesitabas aquel trabajo, me hizo darme cuenta de algo bastante obvio que debería haber entendido mucho antes.

Miró directamente a cámara.

—Tú no habías hecho nada.

Se me cerró la garganta.

—Entré en Bond detrás de ti y, antes de entrevistarte, pedí que averiguaran algo más sobre tu situación. No detalles privados ni nada que no pudiéramos consultar legalmente durante un proceso de selección. Solo quería entender qué había sido de ti después del accidente.

Hizo una pausa.

—Y descubrí que lo habías perdido casi todo. Tu padre había entrado en prisión. Tu familia se había roto. Tu madre había rehecho su vida y tú estabas intentando salir adelante sola. Y me sentí como un auténtico hijo de puta.

Una sonrisa amarga le rozó la boca.

—Así que cuando entraste en la sala de reuniones ya no quería dejarte en ridículo.

—Levantó los ojos hacia la cámara—. Quería darte una oportunidad.

Y no. Antes de que lo pienses, no te contraté por pena.

Ni porque sintiera que te debía algo. Clavaste la entrevista.

Me demostraste que eras eficiente, inteligente y jodidamente buena en tu trabajo.

Te contraté porque eras la mejor persona para el puesto y los últimos cinco años no han hecho más que demostrarme que acerté.

Hizo una pausa.

—Lo único que hice fue darte la oportunidad de sentarte delante de mí. El resto fue cosa tuya.

Bajé la mirada un instante.

—Y respecto a nosotros… —Drake respiró hondo—.

No sé si ahora mismo estarás pensando que esto está mal.

Que no podemos estar juntos por quién es tu padre o por quién era Olivia para mí.

Pero yo no lo veo así. Tu padre hizo algo que cambió mi vida para siempre.

Nunca voy a perdonarlo por eso. Y no necesito hacerlo.

Pero tú no eres tu padre, Hallie. Nunca lo has sido.

Se inclinó un poco hacia la cámara.

—Lo que ocurrió no invalida lo que siento por ti. Una cosa no borra la otra. Puedo haber querido a Olivia y puedo quererte a ti. Puedo odiar lo que hizo tu padre y saber, al mismo tiempo, que tú no tienes ninguna responsabilidad sobre ello.

Se quedó callado un instante.

—Y si hay algo de lo que estoy completamente seguro después de estos cinco años es de que cuando te miro ya no veo a la hija de nadie. —Sus ojos permanecieron fijos en la cámara—. Te veo a ti.

Se me llenaron los ojos de lágrimas.

—A la mujer que me organiza la vida, que discute conmigo por absolutamente todo, que lleva una puta libreta a todas partes y que consiguió enamorarse de mi socio mientras yo era demasiado idiota para darme cuenta de que me estaba enamorando de ella.

Lo que sí hice mal fue ocultártelo. Debí contártelo todo antes de que empezara a pasar algo entre nosotros y, sobre todo, aquella mañana en la que tú me contaste la verdad sobre tu padre.

Iba a hacerlo, pero me acobardé. Tuve miedo de perderte y seguí posponiéndolo hasta que fue demasiado tarde.

Lo siento, Hallie. No espero que me perdones ni que este vídeo arregle nada, solo necesitaba que conocieras toda la verdad antes de decidir qué quieres hacer.

Y, por si todavía tienes alguna duda, cuando ayer te pedí que fueras mi novia sabía perfectamente quién era tu padre.

Eso no cambió lo que sentía por ti. No lo cambia ahora. Te quiero, Calloway.

Pantalla en negro.