Drake, error millonario (Los millonarios del Wonderland Club 1) 25
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Drake

Llovía desde hacía horas.

No se trataba de esa lluvia ligera que apenas modificaba el ritmo de Nueva York, sino de una tormenta que golpeaba los ventanales del loft y convertía la ciudad al otro lado del cristal en una masa borrosa de luces.

Miré el móvil otra vez.

DRAKE MURRAY

¿Cómo ha ido con tu padre?

Le había escrito hacía más de una hora, pero Hallie había leído el mensaje y no había contestado.

Al principio no le di importancia. Estaría con él. O volviendo a casa. O simplemente no tendría ganas de mirar el teléfono después de una visita que sabía que no siempre era fácil para ella.

Pero lo había leído.

Y Hallie contestaba.

Siempre.

Incluso cuando estaba enfadada conmigo. Sobre todo cuando estaba enfadada conmigo.

Abrí nuestra conversación y escribí otro mensaje.

DRAKE MURRAY

¿Todo bien?

Lo envié.

Pasaron cinco minutos.

Nada.

La llamé.

Tampoco respondió.

Empecé a pasearme por el salón.

Quizá estaba exagerando. La había visto el día anterior. La había besado antes de despedirnos y habíamos quedado en vernos hoy.

Mi novia.

Todavía me resultaba extraño pensar en ella así.

Ayer, en Luna Park, todo había parecido absurdamente fácil, pero hoy no contestaba.

Miré de nuevo el teléfono.

Nada.

Joder.

Estaba a punto de volver a llamarla cuando sonó el timbre del loft. Fui hacia la puerta. Hallie estaba al otro lado. Y supe que algo iba mal antes de que dijera una sola palabra.

Estaba empapada.

El pelo se le pegaba a la cara y a los hombros, la ropa estaba oscurecida por el agua y tenía los brazos caídos a ambos lados del cuerpo. No llevaba paraguas.

Pero no fue eso lo que hizo que se me encogiera el estómago.

Fue su cara.

—Hallie.

No respondió. Cruzó el umbral sin decir nada y cerré la puerta tras ella.

—Estás empapada. Voy a traerte una toalla.

—¿Conocías a Olivia Meyer?

Me detuve.

Todo mi cuerpo lo hizo.

Hallie me miraba con una expresión vacía. Y lo supe.

—Hallie...

—¿Era tu novia?

—Déjame explicarte.

Di un paso hacia ella.

—No me toques.

Me detuve inmediatamente.

—Vale.

—Contéstame. ¿Era tu novia?

No tenía sentido mentir.

—Sí.

Hallie cerró los ojos.

—Dios mío.

—Hallie...

—¿Mi padre mató a tu novia?

—Sí, pero...

—¿Lo sabías?

—¿Qué?

—Quién era yo cuando me contrataste. ¿Lo sabías?

Ahí estaba. La verdad que llevaba años escondiendo. O la mentira, según se mire.

—Déjame explicarte todo desde el principio.

—¿Lo sabías?

—Hallie...

—¡Contéstame!

—Sí.

Retrocedió un paso.

—Joder.

—Por favor, escúchame.

—No.

—Hallie.

—No. No quiero escucharlo.

—Tienes que hacerlo.

—No tengo que hacer nada.

Su voz no era alta. Eso era lo peor. Hallie gritaba cuando estaba enfadada conmigo. Protestaba, discutía, me llamaba imbécil.

Aquella mujer no hacía nada de eso. Y eso sí daba miedo. Mucho.

—Me contrataste sabiendo quién era.

—Déjame hablar.

—Llevas sabiendo quién soy durante cinco putos años, Drake.

Se llevó una mano a la frente y empezó a negar con la cabeza.

—No tiene sentido. Nada de esto tiene sentido. ¿Por qué contratar a la hija del hombre que mató a tu novia?

—Sí lo tiene. Si me dejas explicártelo...

—¡No quiero que me lo expliques!

Esta vez sí gritó.

Me callé.

Hallie respiró hondo, pero no pareció servirle de mucho.

—No sé qué parte de estos cinco años es real.

—Toda.

—No.

—Hallie, mírame.

—No me digas que te mire.

Apreté la mandíbula.

Había tantas cosas que necesitaba decirle que ni siquiera sabía por cuál empezar, pero ella no quería escuchar ninguna.

—No podemos ser novios.

Sentí que algo se me hundía en el estómago.

—No digas eso ahora.

—Mi padre mató a tu novia.

—Eso no tiene nada que ver con...

—¡Tiene todo que ver! —me cortó—. ¿Cómo coño no va a tener que ver?

—Tú no hiciste nada.

—No se trata solo de eso.

Negó con la cabeza otra vez.

—No puedo estar contigo sabiendo esto. No puedo. Y tampoco puedo seguir trabajando para ti.

—Hallie...

—Soy la hija del hombre que mató a tu novia. No puedo ser tu novia y tampoco puedo ser tu secretaria. Es absurdo. Todo esto es absurdo.

—No tomes ninguna decisión ahora. Estás en shock.

—Claro que estoy en shock.

Fue hacia la puerta.

La seguí un par de pasos y se volvió inmediatamente.

—No —me dijo. Me detuve—. No vengas detrás de mí. No me llames. No intentes explicármelo porque no quiero escucharte.

—Solo quiero que...

—Por favor.

Esa petición me calló.

Hallie abrió la puerta.

Durante un segundo pensé que se volvería. Que me miraría. Que me daría al menos la oportunidad de decir una sola de las cosas que me moría de ganas de decirle. No lo hizo. Salió y cerró la puerta detrás de ella.

Me quedé mirando la madera.

Había tenido años para contarle la verdad.

Ahora que por fin estaba dispuesto a hacerlo, Hallie ya no quería escucharla.

***

Dos horas después estaba sentado en el Wonderland con un whisky delante y cuatro hombres explicándome todas las formas en las que había sido un completo imbécil.

No podía decir que no me lo mereciera.

—Te lo dijimos —dijo Preston.

—Gracias. Eso ayuda muchísimo.

—No intento ayudar. Intento disfrutar del momento.

Rhys soltó una risa y yo le enseñé el dedo corazón antes de beber.

Había acabado contándoles lo ocurrido porque necesitaba hablar con alguien y, por desgracia, aquellos cuatro eran lo más parecido que tenía a una opción razonable.

—¿Has intentado llamarla? —preguntó Archer.

—Me pidió que no lo hiciera.

—Entonces no la llames.

—Un consejo brillante. ¿Alguno otro?

—Sí. No seas gilipollas conmigo porque tú hayas tardado cinco años en contarle a tu secretaria que conocías a su padre.

Apreté la mandíbula.

—No es tan sencillo.

Hallie se había marchado de mi casa sabiendo que Olivia había sido mi novia, que su padre había provocado el accidente en el que murió y que yo había sabido quién era ella desde el principio.

Nada más.

No sabía por qué la había contratado. No sabía qué había ocurrido durante aquellos cinco años. No sabía nada de lo que había pasado por mi cabeza cuando descubrí quién era ni todo lo que había cambiado desde entonces.

Y no me había dejado contárselo.

—Necesito que me escuche.

—Ahora mismo no quiere hacerlo —dijo Archer.

—Ya me he dado cuenta.

—Pues tendrás que encontrar otra forma.

Rhys se encogió de hombros.

—Siempre puedes grabar un vídeo y subirlo a TikTok. Eso se te da bien.

Lo miré.

—¿Qué?

—Un vídeo dramático. Tú mirando a cámara, música triste de fondo... «La historia que nunca le conté a mi secretaria».

Preston soltó una carcajada.

—Yo lo vería.

—Airear una de las partes más dolorosas de la vida de Hallie en internet no me parece la mejor demostración de amor —dijo Ross.

—Era una broma.

—Una bastante mala.

Siguieron hablando, pero yo había dejado de escucharlos.

Me quedé mirando a Rhys.

Después a Ross.

Algo acababa de encajar en mi cabeza.

—Joder.

Archer frunció el ceño.

—¿Qué?

Dejé el vaso sobre la mesa y me puse en pie.

—Tengo que irme.

—¿Ahora?

Cogí la chaqueta.

—Sí.

—¿Qué vas a hacer? —preguntó Preston.

Lo miré.

—Arreglarlo.

Y por primera vez desde que Hallie había salido de mi casa, supe cómo intentarlo.