17
Hallie
Llevaba desde el día anterior sin encender a Mía.
Sabía perfectamente lo que iba a decirme y no necesitaba escucharlo. Bastante tenía con mi propia cabeza reproduciendo el beso con Drake cada vez que me despistaba como para añadir una inteligencia artificial empeñada en encontrar sentimientos donde yo prefería no buscar.
Porque sí, me había gustado.
Mucho.
Pero que un beso te gustara no significaba que te gustara la persona que te había besado. Eso era evidente. Podía existir atracción física sin sentimientos. De hecho, estaba bastante segura de que la humanidad llevaba siglos aprovechándose de ese principio.
Y lo del orgasmo con el juguete tampoco demostraba nada.
Ni que llevara dos días pensando demasiado en él.
Ni que todavía pudiera recordar perfectamente cómo me había sujetado por la cintura cuando volvió a besarme.
Mía habría tenido opiniones sobre todo aquello.
Por eso Mía estaba apagada.
El problema era que, en momentos como aquel, echaba muchísimo de menos tener una amiga de verdad. Una humana. Con la que pudiera tomar un café, hablar de cualquier tontería y, sobre todo, que no analizara cada una de mis frases como si estuviera intentando resolver un problema matemático.
Mi móvil vibró sobre la mesa.
Lo cogí esperando encontrar algún correo del trabajo.
Era Blair.
BLAIR MURRAY
¿Cómo ha ido la semana con la ropa nueva? ¿Ya tienes a Trevor babeando por ti?
Sonreí.
HALLIE CALLOWAY
No sé si babeando, pero ayer me invitó a comer.
Los tres puntos aparecieron casi inmediatamente.
BLAIR MURRAY
¡¡¡LO SABÍA!!!
BLAIR MURRAY
Necesito detalles.
HALLIE CALLOWAY
No hay tantos detalles. Fuimos a un japonés cerca de la oficina.
BLAIR MURRAY
¿Solos?
Hice una mueca.
HALLIE CALLOWAY
Esa era la intención, pero tu hermano se acopló sin que nadie lo invitara.
BLAIR MURRAY
¿Drake se autoinvitó a vuestra cita?
HALLIE CALLOWAY
Bueno, no sé si llamarlo cita, pero sí.
BLAIR MURRAY
Mi hermano es un hombre fascinante.
HALLIE CALLOWAY
Esa no es la palabra que yo habría utilizado.
BLAIR MURRAY
¿Pero al menos Trevor estuvo receptivo?
Sonreí al recordar cómo había ido a buscarme, todas las preguntas que me había hecho durante la comida y, sobre todo, lo que me había dicho cuando Drake se apartó para atender aquella llamada.
HALLIE CALLOWAY
Sí. Creo que el plan está funcionando.
BLAIR MURRAY
Entonces esto merece una celebración.
HALLIE CALLOWAY
¿Una celebración?
BLAIR MURRAY
Una copa. Esta tarde. Y me cuentas el resto en persona.
Me quedé mirando el mensaje unos segundos.
HALLIE CALLOWAY
¿Me estás invitando a salir?
BLAIR MURRAY
Sí. ¿No he sido lo suficientemente específica?
Sonreí ante la pantalla.
La pregunta me había salido sin pensar, pero la verdad era que me había sorprendido. No recordaba la última vez que alguien me había pedido quedar.
Después de lo ocurrido con mi padre, había ido apartándome de casi todo el mundo. Me había quedado sin amigas.
Por eso, aunque probablemente resultara un poco triste, que Blair Murray quisiera tomar una copa conmigo me hizo una ilusión absurda.
HALLIE CALLOWAY
No. Es que hace mucho que nadie me invita a tomar algo porque sí.
BLAIR MURRAY
Pues tendrás que ir acostumbrándote.
Me quedé mirando aquellas palabras con una sonrisa.
HALLIE CALLOWAY
¿A las siete?
BLAIR MURRAY
Perfecto. Te mando el sitio.
Dejé el móvil sobre la mesa.
Por primera vez en mucho tiempo, tenía una quedada con una amiga. Una de verdad. De las que no dejaban de funcionar si se caía el wifi.
Y me apetecía muchísimo.
***
La terraza del bar estaba en una azotea de Chelsea, rodeada de plantas y pequeñas luces que empezaban a encenderse a medida que oscurecía. Blair ya había conseguido una mesa junto a la barandilla cuando llegué.
—Este sitio es precioso.
—Espera a probar los cócteles. Entonces te parecerá todavía más bonito.
Me senté frente a ella y cogí la carta.
—¿Cuál recomiendas?
—Depende. ¿Quieres beber algo rico o quieres acabar contándome cosas que mañana lamentarás haberme contado?
La miré por encima de la carta.
—Algo rico.
—Qué poco espíritu de amistad.
Sonreí.
Había estado un poco nerviosa de camino hasta allí. No porque Blair me intimidara, sino porque hacía tanto tiempo que no quedaba con alguien simplemente para tomar algo que casi había olvidado cómo funcionaba aquello.
Por suerte, resultó que funcionaba exactamente como recordaba.
Blair tenía esa clase de facilidad para hablar que conseguía que una conversación pareciera llevar horas en marcha aunque acabara de empezar.
Cuando llegó mi copa ya me había contado que una clienta había rechazado seis vestidos porque ninguno transmitía correctamente que estaba «emocionalmente disponible, pero no desesperada», y yo le había contado la vez que Drake había discutido con la impresora durante el tiempo suficiente para que varias personas de la oficina empezaran a apostar sobre cuánto tardaría en lanzarla por la ventana.
—¿Y Trevor? —preguntó finalmente—. Me dijiste que el plan estaba funcionando. Quiero detalles.
Bebí un poco antes de responder.
—Creo que sí. Últimamente me busca. Y lo de invitarme a comer fue cosa suya. Vino hasta mi mesa solo para preguntarme si tenía planes.
—Eso suena prometedor.
—Drake también lo cree.
—Drake cree muchas cosas.
—En esta ocasión creo que tiene razón. Trevor estuvo diferente durante la comida. Me hizo preguntas, parecía interesado en conocerme mejor... Y cuando tu hermano se apartó para contestar una llamada, me dijo que le gustaría repetir.
Blair sonrió.
—Bien.
—¿Solo bien? Pensaba que celebrarías el éxito de tu ropa.
—La ropa nunca falla.
—Qué modesta.
—Es uno de mis mejores rasgos.
Me reí y cogí una de las aceitunas que habían dejado en el centro de la mesa.
—Trevor es genial. Siempre lo ha sido. Es amable, atento, educado... —Empecé a enumerar con los dedos—. Tiene sentido del humor, es inteligente, escucha cuando hablas, tiene un buen trabajo, es responsable… —Blair llevaba unos segundos observándome con una expresión extraña. Dejé de contar—. ¿Qué?
—Nada.
—Estás poniendo la cara que tu hermano pone justo antes de decir algo que va a cabrearme.
—Entonces quizá debería cambiar de cara.
—Blair.
Suspiró.
—Vale. ¿Estás segura de que Trevor te gusta?
Me quedé mirándola.
—¿Perdona? Llevo cinco años enamorada de él.
Blair hizo una mueca y bebió de su copa.
—Es que, por lo que me cuentas, Trevor me parece un poco arroz blanco hervido.
Parpadeé.
—¿Qué?
—Arroz blanco hervido.
—Sí, he oído las palabras. Estoy intentando entender por qué acabas de utilizarlas para describir al hombre del que llevo cinco años enamorada.
—No es un insulto. A mí me gusta el arroz blanco.
—Qué alivio.
—Escúchame. —Se inclinó un poco hacia delante—. El arroz blanco queda bien con todo. Es agradable, gusta prácticamente a todo el mundo y nunca tienes una mala experiencia comiéndolo. Pero nadie se emociona por comer arroz blanco hervido, Hallie.
La miré, ofendida en nombre de Trevor.
—Estoy bastante segura de que hay gente que sí.
—Esa gente necesita ampliar horizontes gastronómicos.
No pude evitar reírme.
—¿Acabas de comparar a Trevor con una guarnición?
—Una guarnición excelente. De mucha calidad.
—Cada vez lo arreglas más.
Blair también sonrió, pero enseguida recuperó cierta seriedad.
—No estoy diciendo que Trevor tenga nada de malo. Al contrario. Por todo lo que cuentas, parece estupendo. Guapo, educado, amable, atento, estable... Es el tipo de hombre que le encantaría a cualquier madre.
Eso nunca lo sabríamos. Mi madre llevaba años viviendo una nueva vida en la que, al parecer, yo ya no tenía demasiado sitio.
Ante mi silencio, Blair continuó:
—Yo solo digo que alguien que te gusta de verdad no debería sentirse como arroz blanco hervido, que te comes porque está bueno, es una apuesta segura y sabes que no te va a decepcionar.
Debería sentirse como esa tarta de chocolate que ves en la carta cuando ya estás llena y sabes perfectamente que no la necesitas, pero aun así no puedes dejar de pensar en ella.
La miré.
—Creo que tienes una relación bastante complicada con la comida. Y te equivocas. Estoy casi segura que Trevor es una tarta de chocolate en lugar de un arroz hervido.
Blair arqueó una ceja.
No dijo nada, pero tampoco hacía falta. Aquella ceja acababa de dejar bastante clara su opinión sobre mi repentina defensa de Trevor.
Di un trago a mi copa y, sin saber muy bien por qué, Drake apareció en mi cabeza.
Otra vez.
El restaurante. Su mirada bajando hacia mi boca. El loft. Su mano en mi cintura cuando me había besado por segunda vez.
Aparté el recuerdo antes de que llegara demasiado lejos.
Evidentemente, no podía contarle aquello a Blair. Era su hermano. Ya resultaba bastante humillante haber besado a mi jefe mientras este intentaba enseñarme a conquistar a otro hombre como para explicárselo además a su hermana.
Pero necesitaba hablar con alguien. Necesitaba que una persona real me dijera que lo que había ocurrido podía no significar absolutamente nada y, en aquellos momentos, Blair era la única amiga real que tenía.
—En realidad... hay otra persona.
Sus ojos se iluminaron y dio una pequeña palmada sobre la mesa.
—Oh. Cuéntame más.
—No te emociones. No hay mucho que contar.
—Acabas de introducir a un hombre misterioso en una conversación sobre el hombre del que supuestamente llevas cinco años enamorada. Hay muchísimo que contar.
—No es un hombre misterioso.
—¿Lo conozco?
Mierda.
—Eso no importa.
Blair entrecerró los ojos.
—Lo conozco.
—No he dicho eso.
—Tampoco has dicho que no.
—¿Quieres ayudarme o jugar a las adivinanzas?
—Ayudarte. —Se acomodó en la silla—. Adelante.
Respiré hondo.
—Digamos que hay alguien con quien paso bastante tiempo.
La ceja volvió a subir.
—Por circunstancias —añadí rápidamente—. Y últimamente han pasado... algunas cosas.
—¿Qué clase de cosas?
—Nos besamos.
Blair abrió mucho los ojos.
—¡¿Te has besado con Drake?!
La miré horrorizada.
—¡¿Cómo sabes que es Drake?!
—¿Quién iba a ser si no? ¿Crees que no percibí la tensión que había entre vosotros el otro día? Amiga, Drake si que es una tarta de chocolate. De esa que sabes que no deberías pedir porque vas a acabar reventando, pero la ves pasar hacia otra mesa y de repente necesitas postre.
—Que te refieras así a tu hermano es altamente preocupante.
Blair hizo una mueca.
—Vale, sí. Retiro lo de la tarta de chocolate. No quiero volver a pensar en Drake en términos de comida.
—Te lo agradezco.
—Pero la tensión sigue ahí.
Sí, seguía ahí. Maldita sea. Seguía ahí por mucho que me negara a aceptarlo.
Le expliqué por encima cómo había sucedido todo, omitiendo algunos detalles que no necesitaba compartir con la hermana de Drake.
La cena, aquella absurda clase de coqueteo y mi brillante decisión de demostrarle que sabía besar.
También le conté que había sido él quien me había besado por segunda vez.
Blair escuchó sin interrumpirme, algo que, teniendo en cuenta su expresión, debía de estar requiriéndole un esfuerzo considerable.
—¿Qué? —pregunté.
—Nada. Es solo que hacía mucho que no veía a Drake así con una mujer.
Fruncí el ceño.
—¿Así cómo?
Blair abrió la boca, pero se detuvo.
—Da igual. No debería haber dicho eso.
—Ahora no puedes decir algo así y esperar que no pregunte.
—Claro que puedo. Acabo de hacerlo.
—Blair.
—Es su historia, Hallie. Si algún día quiere contártela, tendrá que hacerlo él.
Su tono había perdido de golpe toda la ligereza de hacía unos segundos.
Y eso consiguió que tuviera todavía más preguntas.
—Estoy bastante confundida —admití—. Sé que me gusta Trevor. Llevo cinco años enamorada de él. Entonces, ¿por qué no dejo de pensar en Drake?
Blair se quedó callada unos segundos.
—Vale. —Sonrió y después se puso algo más seria—. ¿Has pensado alguna vez que quizá llevas tanto tiempo enamorada de Trevor que has dejado de preguntarte si sigues sintiendo exactamente lo mismo que hace cinco años?
No me gustó la pregunta.
—Claro que siento lo mismo.
—Entonces no deberías tener ningún problema con que te guste Drake. Si tienes tan claro que quieres a Trevor, que te atraiga mi hermano debería ser solo eso. Una atracción. Algo que ocurrió, que fue divertido mientras duró y que puedes dejar atrás.
Bajé la vista hacia mi copa.
En teoría, tenía sentido. Drake me atraía. Nos habíamos besado. Me había gustado mucho más de lo que debería y, durante unas horas, mi cerebro se había obsesionado con ello. No tenía por qué significar nada más.
El problema era que la idea de dejarlo atrás no me produjo el alivio que esperaba.
Más bien todo lo contrario.
Di otro trago antes de que Blair pudiera hacerme alguna pregunta que me obligara a profundizar en aquello.
—Ya está bien de hablar de mí. Hablemos de ti.
—Vale. ¿Qué quieres saber?
—Mmm... No sé. —La observé por encima de mi copa—. ¿No tienes por ahí algún crush estúpido del que quieras hablar?
Blair sonrió.
—Oh, claro que sí. Archer Kingsley.
Tardé un segundo en situar el nombre.
—¿Archer? ¿El arquitecto amigo de Drake?
—Ese mismo.
—¿Desde cuándo?
—Desde hace demasiado tiempo.
Me eché a reír.
—Espera. ¿Llevas años colada por un hombre y acabas de dedicar media hora a cuestionar mis cinco años con Trevor?
—Mi caso es completamente diferente. Lo mío con Archer es… platónico. Él sigue tratándome como si tuviera diecisiete años. Para él sigo siendo una niña. Sé que nunca va a pasar nada entre nosotros.
—Entonces, si Trevor es arroz blanco hervido, ¿qué es Archer?
Blair ni siquiera tuvo que pensarlo.
—Una copa de helado de cinco bolas. Con nata, sirope, pepitas de chocolate y uno de esos barquillos enormes. —Me quedé mirándola y ella se rio—. Llevo años perfeccionando la metáfora. Lo de las cinco bolas es porque Archer es un hombre muy alto.
Solté una carcajada.
—¿Y después tienes el valor de juzgarme a mí?
—Yo no te juzgo. Te aconsejo. Es completamente diferente.
—Claro.
—Además, yo tengo clarísimo cuál es mi situación. Archer no me ve de esa manera y punto.
Hubo algo en su tono que me hizo pensar que quizá no lo tenía tan asumido como pretendía, pero decidí no señalarlo. Después de todo, ella acababa de tener la delicadeza de no insistir demasiado con Drake.
Lo justo era devolverle el favor.
Seguimos hablando un rato más. Cuando nos despedimos, me alegré de haber aceptado su invitación.
Había echado de menos aquello más de lo que pensaba: sentarme con alguien, hablar de cualquier cosa, reírme y sentir que no tenía que medir cada palabra.
Quizá Blair y yo pudiéramos convertir aquello en algo habitual.
Lo que no había conseguido era aclararme.
Trevor seguía gustándome. De eso estaba segura.
Solo necesitaba descubrir por qué, cuando Blair había hablado de esa tarta de chocolate que deseabas incluso sin tener hambre, no había sido Trevor quien había aparecido en mi cabeza.