Drake, error millonario (Los millonarios del Wonderland Club 1) 16
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Drake

—Creo que teníais razón. Hallie me gusta.

No era exactamente la clase de frase que acostumbraba a pronunciar nada más entrar en el Ala del Espejo del Wonderland, así que conseguí algo poco habitual: que mis cuatro amigos se callaran al mismo tiempo.

Me serví un whisky mientras esperaba la reacción. No tardó en llegar.

—Quiero que conste oficialmente que yo lo dije primero —anunció Preston.

—Tú dices tantas cosas que alguna tenía que ser correcta por pura estadística —dijo Archer.

Rhys dejó escapar una carcajada.

—¿Podemos volver a la parte en la que Drake acaba de admitir que le gusta Hallie? Me gustaría disfrutarla un poco más.

—Qué inesperado —murmuró Archer.

—Vete a la mierda.

Había cometido un error yendo allí. Lo supe con absoluta certeza cuando Preston levantó su copa hacia mí como si estuviéramos celebrando algo.

Ross fue el único que no parecía especialmente interesado en recrearse en mi desgracia.

—¿Qué ha pasado?

Bebí antes de responder.

—Hallie me besó. Y yo le devolví el beso.

Preston me miró con las cejas levantadas.

—¿No se suponía que tenías que ayudarla a conquistar a Trevor? ¿En qué momento los besos entre vosotros se convirtieron en parte del plan?

—No fue premeditado. Yo solo quería saber si sabía besar, ella se ofendió e intentó demostrarme lo buena que era en la materia. Y bueno... lo es.

Rhys soltó una risa.

—Mucho debe de serlo para que un solo beso te haya hecho cambiar de opinión.

—No fue solo el beso.

El beso no había provocado nada. Como mucho, me había obligado a dejar de buscar explicaciones para algo que llevaba días ocurriendo.

—Me molestó que Trevor empezara a interesarse por ella —admití—. Me molestó verlo acercarse a su mesa. Me molestó encontrarlos riéndose juntos en la sala de descanso y ayer me autoinvité a comer con ellos porque él había ido a buscarla para invitarla a salir.

Preston esbozó una sonrisa lenta.

—¿Drake Murray celoso?

Le lancé una mirada asesina, pero no lo negué, y continué con mi reflexión.

—También llevo días pensando en ella más de lo que debería.

Sé cuándo está nerviosa antes de que diga una palabra, cuándo algo le pasa aunque asegure que está bien y qué cara pone cuando está intentando fingir que algo no le importa.

Y ayer, mientras Trevor intentaba conocerla durante el almuerzo, me di cuenta de que prácticamente todo lo que le preguntaba yo ya lo sabía.

Así que no. No fue un beso milagroso que de repente consiguió que Hallie me gustara.

El beso solo consiguió que dejara de comportarme como un gilipollas y lo admitiera.

Archer asintió lentamente.

—Bueno, lo de que hayas dejado de comportarte como un gilipollas todavía está por demostrar.

—Vete a la mierda.

—¿Ves? —Se llevó la copa a los labios—. Ningún cambio apreciable.

Lo ignoré y me pasé una mano por la cara, porque que me gustara Hallie era un inconveniente.

Y no solo porque fuera mi secretaria y aquello convirtiera cualquier intento de acostarme con ella en material suficiente para que Recursos Humanos me dedicara una reunión con presentación de PowerPoint incluida, sino por todo lo que arrastraba nuestra historia desde el principio.

—¿Y qué vas a hacer? —preguntó Rhys.

—Nada. No puedo hacer nada. Ella está enamorada de Trevor.

—Pero te besó a ti.

—Porque yo la desafié. Hallie lleva cinco años enamorada de Trevor.

Un beso conmigo no borra eso. Además, Trevor está empezando a interesarse por ella, así que es muy probable que tarde o temprano le pida una cita de verdad.

Y conozco a Trevor lo suficiente para saber que, si lo hace, se lo va a tomar en serio.

Él es así. Cuando alguien le gusta, no juega.

—Entonces detén el plan.

Miré a Archer.

—¿Y le digo qué? ¿Que llevo días ayudándola a conseguir exactamente lo que quiere, pero que ahora he cambiado de opinión porque resulta que la quiero para mí?

—Hombre, yo no utilizaría exactamente esas palabras —dijo Rhys.

—Gracias.

—Pero la idea general no me parece tan descabellada.

—A mí sí. Además, trabajamos juntos. Sería bastante incómodo para ambos seguir viéndonos todos los días después de que ella me rechazara.

—¿Por qué das por hecho que va a rechazarte?

Los miré con incredulidad.

—¿Es que no me escucháis cuando hablo? Está enamorada de Trevor. Lleva cinco años estándolo y ahora, por primera vez, él empieza a corresponderle. No veo exactamente en qué parte de esa historia entro yo.

—En la parte en la que os besasteis —dijo Preston.

—Eso no significa que quiera algo conmigo. Y, aunque lo quisiera, seguimos teniendo el problema de que soy su jefe. Por no hablar del otro asunto.

Esta vez nadie tuvo una respuesta inmediata.

No necesitaba explicar a qué me refería.

—Quizá ha llegado el momento de explicárselo todo, Drake —dijo Ross—. De hecho, nunca creí que fuera buena idea ocultárselo en primer lugar.

—Claro. Es justo lo que más me apetece ahora mismo. Decirle que me gusta y, acto seguido, explicarle que no la contraté solo por su currículum.

—Algún día tendrás que hacerlo.

—¿Por qué? Hasta ayer no existía ninguna razón para remover todo aquello.

—Ahora sí.

Apreté los labios.

—Ahora precisamente tengo todavía menos ganas.

—Eso no hace que vaya a desaparecer.

—Gracias, Ross. Muy útil.

—No pretendía ser útil. Pretendía recordarte que, si quieres algo con ella, hay una parte de vuestra historia que Hallie desconoce.

—No quiero nada con ella.

Los cuatro me miraron. Rectifiqué.

—No voy a hacer nada con ella. Solo tengo que dejar que pase el tiempo, que las cosas vuelvan a su sitio y que Trevor termine de hacer lo que lleva cinco años tardando en hacer. Estoy seguro de que dentro de unas semanas nos reiremos de todo esto.

Preston ladeó la cabeza.

—Sí. Ese plan no tiene absolutamente ninguna posibilidad de salir mal.

—Cállate.

Cogí el whisky y bebí, ignorando las miradas de los cuatro.

No hacer nada era lo más sensato. Hallie tendría la oportunidad que llevaba años esperando con Trevor, yo evitaría complicar una relación laboral que hasta entonces había funcionado perfectamente y todo lo demás podría seguir enterrado donde llevaba cinco años.

Solo tenía que volver a verla como antes.

Como Hallie. Mi secretaria. La mujer a la que estaba ayudando a conquistar a mi mejor amigo.

Y dejar de pensar en cómo me había besado.

No podía ser tan difícil.